Nacida para Seducir
La
puerta del baño se cerró. Lali gimió y bajó el pie a la alfombra. Debería haber
fingido que tenía migraña. O lepra... o cualquier otra cosa para poder escapar
a su habitación. ¿Por qué no la había ayudado una amable pareja de jubilados?
¿O uno de esos tíos dulces y sensibles con los que se sentía tan cómoda?
Oyó correr el agua de la ducha. Se la imaginó resbalando sobre ese cuerpo de anuncio. Él estaba acostumbrado a utilizarlo como un arma, y, como no había nadie cerca, era ella quien estaba en su punto de mira. Pero con hombres tan lujuriosos como él había que mantener la distancia.
Tomó un largo trago de cerveza. Se recordó que Lali Esposito no huía. Jamás. Por fuera parecía frágil, como si cualquier ligera brisa pudiera tumbarla, pero por dentro era fuerte y eso era lo que verdaderamente importaba. Así era como había sobrevivido a una infancia itinerante.
«¿Qué importaba la felicidad de una niña, por muy querida que fuera, cuando había tantos miles de niñas en el mundo amenazadas por bombas, soldados o minas terrestres?»
Había sido un día horrible, y los viejos recuerdos hicieron acto de presencia.
–Lali,
Mariano y yo queremos hablar contigo.
Lali todavía recordaba el descolorido sofá a cuadros del minúsculo apartamento que Emi y Mariano tenían en San Francisco y la manera en que Emi había palmeado el cojín de su lado. Lali era menuda para ser una niña de ocho años, pero no lo suficiente como para sentarse en el regazo de Emi, así que se había acomodado a su lado. Mariano estaba sentado enfrente y acarició la rodilla de Lali. Lali los quería más que a nadie en el mundo, incluida esa madre que no había visto desde hacía casi un año. Lali había vivido con Emi y Mariano desde los siete años, e iba a vivir siempre con ellos. Se lo habían prometido.
Emilia llevaba su pelo rubio claro recogido en una trenza que le caía sobre la espalda. Olía a curry en polvo y a pachuli, y siempre le daba arcilla para que jugara a las cocinitas. Mariano era un afroamericano grandote que escribía artículos para periódicos subversivos. Llevaba a Lali al parque del Golden Gate y la montaba a caballito sobre sus hombros cuando salían a la calle. Si tenía pesadillas, iba a su cama y se quedaba dormida con la mejilla apoyada en el hombro cálido de Mariano y los dedos enredados en el largo pelo de Emilia.
–¿Recuerdas, cielito –dijo Emilia–, que te contamos que en mi útero estaba creciendo un bebé?
Lali lo recordaba. Se lo habían mostrado en unas fotografías de un libro.
–El bebé va a nacer pronto –continuó Emilia–. Eso quiere decir que las cosas van a ser diferentes.
Lali no quería que fueran diferentes. Quería que se quedaran exactamente igual.
–¿El bebé va a dormir en mi habitación? – Lali tenía por fin una habitación propia y no quería compartirla.
Mariano y Emilia intercambiaron una mirada antes de que Emilia respondiera:
–No, cielito. Es algo mejor. ¿Recuerdas a Felicitas? Nos visitó el mes pasado, es la señora que fundó Artistas para la Paz. ¿Te acuerdas que nos habló de su casa en Alburquerque y de su hijo, Stefano? Te enseñamos donde está Nuevo México en el mapa. ¿Te acuerdas de cuanto te gustó Felicitas?
Lali asintió ignorando su destino.
–Pues adivina –dijo Emilia–. Tu madre, Mariano y yo lo hemos arreglado todo para que vayas a vivir con Felicitas.
Lali no lo entendió. Observó sus grandes sonrisas falsas. Mariano se frotó el pecho por encima de la camisa de franela y pestañeó como si estuviese a punto de llorar.
–Emi y yo te vamos a echar mucho de menos, pero tendrás un enorme patio donde jugar.
Eso
no era lo que ella quería. Sintió náuseas y le dieron arcadas.
–¡No! No quiero un patio. ¡Quiero quedarme aquí! Me lo prometisteis. ¡Dijisteis que podría vivir aquí siempre!
Emi la llevó a toda prisa al cuarto de baño y le sujetó la cabeza mientras vomitaba. Mariano se dejó caer en el borde de la vieja bañera.
–Queríamos que te quedaras, pero eso fue antes de saber lo del bebé. Las cosas son ahora más complicadas por el dinero y eso. En casa de Felicitas tendrás otro niño con quien jugar. Será divertido.
–¡También aquí tendré un niño con quien jugar! –había sollozado Lali –. Tendré al bebé. No dejéis que me vaya. ¡Por favor! Seré buena. Seré tan buena que no os molestaré nunca.
Todos habían acabado llorando, pero al final, Emi y Mariano la habían llevado a Alburquerque en su vieja furgoneta oxidada de color azul y se habían marchado sin despedirse.
Felicitas era gorda y le enseñó cómo tejer. Stefano de nueve años le enseñó a jugar a las cartas y a la Guerra de las Galaxias y así un mes siguió a otro. Gradualmente, Lali dejó de pensar en Emi y Mariano y comenzó a querer a Feli y a Stef. Stef era su hermano secreto y Felicitas su madre secreta, e iba a quedarse con ellos para siempre.
Entonces, Virginia Esposito, su madre de verdad, regresó de América Central y se la llevó. Fueron a Texas, donde vivieron con un grupo de monjas activistas y pasaban juntas todo el día. Su madre y ella leían libros, hacían proyectos artísticos, practicaban español, y mantenían largas conversaciones sobre cualquier cosa. Pasaba días enteros sin pensar en Feli y Stef. Lali comenzó a adorar a su madre y se mostró inconsolable cuando Virginia se fue.
Feli se había casado otra vez y Lali no podía regresar a Alburquerque. Las monjas se quedaron con ella hasta que terminó el año escolar, y Lali transfirió su amor a la hermana Jime. La hermana Jime llevó a Lali a Oregón, donde Virginia había dispuesto que Lali se quedara con una agricultura orgánica llamada Blossom. Lali se había aferrado tan desesperadamente a la hermana Jime que Blossom tuvo que separarla a la fuerza.
El ciclo comenzó una vez más, pero esta vez Lali se cuidó de tomar afecto a Blossom y cuando se tuvo que marchar, descubrió que no resultaba tan doloroso como las otras veces. Desde entonces, era más cuidadosa. En cada cambio que siguió, mantuvo la distancia emocional, hasta que, al final, apenas le dolía partir.
Lali miró la cama del hotel. Peter estaba excitado y esperaba que ella le solucionara el problema, pero él no sabía cuán arraigada era su aversión a las relaciones esporádicas. En la universidad había observado a sus amigas, que al igual que en Sexo en Nueva York, se acostaban con todo aquel que pillaran. Pero en lugar de sentirse bien, habían acabado deprimidas. Lali había sufrido demasiadas relaciones cortas en su infancia y no quería añadir ninguna más a la lista. Si no contaba a Gonzalo –algo que no hacía–, sólo había tenido dos amantes, los dos artistas, dos hombres que habían dejado que fuera ella la que llevara la voz cantante. Era mejor de esa manera.
El pomo de la puerta del cuarto de baño se movió. Tenía que actuar con cautela a la hora de tratar a Peter, si no quería que la dejara tirada por la mañana. Por desgracia, el tacto no era lo suyo.
El salió del cuarto de baño con la toalla enrollada alrededor de las caderas. Parecía un dios romano que se hubiera tomado un respiro en mitad de una orgía mientras esperaba que le enviaran a la siguiente virgen. Pero cuando la luz le dio de lleno, ella cerró los dedos sobre el bloc. No era una divinidad romana perfectamente esculpida en mármol. Tenía el cuerpo de un guerrero... fuerte, poderoso, y preparado para la batalla.
Peter se dio cuenta de que ella miraba las tres delgadas cicatrices de su hombro.
–Un marido celoso.
Ella
no lo creyó ni por un segundo.
–Los peligros del pecado.
–Hablando de pecado... –Su perezosa sonrisa exudó seducción–. He estado pensando... se hace tarde y somos dos desconocidos solitarios con una cama confortable y no veo mejor manera de entretenernos que hacer uso de ella.
Había dejado de lado la sutileza para lanzarse directo a la línea de meta. Su hermosa cara y su estatus de deportista le daban mucha seguridad con las mujeres. Ella lo comprendía. Pero ella no era como las otras mujeres. Él se acercó más. Olía a jabón. Consideró volver a jugar a lo de los gays, pero, ¿para qué molestarse? Podía pretextar dolor de cabeza y huir de la habitación, o podía hacer lo que siempre hacía: enfrentarse al reto. Se levantó de la silla.
–Vamos a dejar las cosas claras, Boo. No te importa que te llame Boo, ¿verdad?
–De hecho...
–Eres guapísimo, sexy y tienes un cuerpo de infarto. Tienes más encanto del que debería tener ningún hombre. Tienes mucho gusto con la música y además eres muy rico. Y simpático. No creas que no me he fijado. Pero lo cierto es que no me pones.
Peter
frunció el ceño.
–¿Que no te pongo?
Ella intentó parecer abochornada.
20 COMENTARIOS Y MAS CAPS !!!!
Que pensara Peter de ella y de su dibujo? Terminara Lali en su cuarto ??

Q feo todo lo q paso lali!! Más!
ResponderEliminarCuando termine esta semana me pongo a leerla bien :)
ResponderEliminarLeí solo un poco pero esta muy buena!
Anda a diseño-anadir un gadget- y agrega el que dice seguidos :) Así puedo seguirte y me aparece cada vez que subís y no me olvido de leerla!
Beso
Menuda vidita con razón ,no se enamora ,si todos/as las personas k ella amaba,terminaban dejándola en manos d otros/as.Ni k decir d la madre ,k aparece d vez en cuando y le cambia d nuevo todos los esquemas.
ResponderEliminarEl ego d Peter ,Lali se lo acaba d tirar x los suelos.Ella le habla con la verdad d lo k ve ,pero dudo mucho k lo haga con lo k siente.
ResponderEliminarAyyy pobre lali la pasa d un lugar en otro :( ..haha pero peter nada tonto ...mas mas mas
ResponderEliminarpff no quee feo pobree lali :// JAJA' & con lo peter ya se dejaron de sus jueguitos ;) mee encantaa quiero maas :DD!!
ResponderEliminar@maaff_lazaro
m
ResponderEliminars
ResponderEliminarn
ResponderEliminaro
ResponderEliminarv
ResponderEliminare
ResponderEliminarjajja mass novee
ResponderEliminarpobre lali :(
como sufrio lali pobre:( espero mas
ResponderEliminar@Angie_232alma
pobre lali;( subi mas
ResponderEliminar@Angie_232alma
Mas me encanta!!!
ResponderEliminarMe da pena lali, ha tenido una vida dura... Saludos,,,
ResponderEliminarMas mas mas mas mas mas mas mas mAs mas mas
ResponderEliminarMas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mAs
Mas nove!!!!
ResponderEliminarsuni maas :D quiero ver que pasa con lali & peter
ResponderEliminarPobre Lali q infancia!
ResponderEliminarPobre lali osea, ir de casa en casa asi HORRIBLE.
ResponderEliminarJAJAJAJAJ me mato peter la propuesta que le hizo jajajaj
YO SI FUERA LALI NO LE DIGO QUE NO NI LOCA AJAJAJAJ
besos
@foreverlaliterr