-Peter, tu
madre se está muriendo.
Gimena abrió la boca en estado de shock. Peter se quedó petrificado.
–¿De
qué estás hablando?
Lali lo había dicho en sentido figurado –ciertamente, Gimena se estaba muriendo por
dentro–, pero Peter se lo había tomado al pie de la letra. No debería haber
abierto la boca. Pero, honestamente, ¿acaso podían empeorar más las cosas?
Lali bajó lentamente la escalera.
–Tu
madre... esto... el médico... –intentó arreglarlo–. Tiene un soplo en el
corazón. Tu madre se está muriendo, pero no quería decírtelo.
Gimena agrandó sus ojos verdes.
Lali llegó abajo y se agarró a la barandilla del pasamanos. Bueno, quizá se le había
ido un poco la mano, pero en lo que concernía a las relaciones maternas, se
sentía demasiado implicada para comportarse de manera responsable.
El
rostro de Peter había adquirido un tono ceniciento. Miró a su madre.
–¿Es
cierto?
Gime movió los labios, pero no emitió ningún sonido. Lali apretó la barandilla con
más fuerza. Finalmente, Gime salió de su estupor y tragó saliva.
–Puede...
que no sea tan grave.
–Pero
los médicos no se arriesgan a dar un diagnóstico favorable –dijo Lali con
rapidez.
Peter
le dirigió a Lali una dura mirada.
–¿Y
tú cómo lo sabes?
Buena
pregunta.
–Tu
madre no tenía intención de contármelo, pero tuvo un pequeño desvanecimiento
allá arriba.
Gime se sintió ofendida.
–No
tuve un desvanecimiento. Ni pequeño ni grande. Sólo me sentí algo indispuesta.
Lali la miró con tristeza.
–Qué
valiente eres.
Gime fulminó a Lali con la mirada.
–No
quiero hablar de ello, y apreciaría que tú tampoco lo hicieras.
–Siento
haber traicionado tu confianza, pero me parecía una crueldad no contárselo.
–No
es problema suyo –replicó Gime.
Si Lali había abrigado alguna esperanza de que Peter tomara de inmediato a su madre
entre los brazos para decirle que ya era hora de arreglar sus viejas
diferencias, salió rápidamente de su error cuando él se encaminó con paso
airado hacia la puerta principal. Al desvanecerse sus pasos, Lali optó por
mostrar una expresión satisfecha.
–Creo
que las cosas han ido bien, ¿no te parece? Bien mirado es lo mejor que podíamos
hacer.
Gime parecía a punto de lanzársele al cuello.
–¡Estás
como una cabra!
Lali dio un paso atrás.
–Pero
aún sigues aquí.
Gime alzó las manos, los brazaletes tintinearon y los anillos brillaron.
–Lo
has empeorado todo.
–Con
franqueza, me parece que las cosas no podían ponerse peor de lo que estaban.
Pero no soy yo la que tiene reservada una habitación en un hotel de Nashville
para mañana por la noche, o ¿es que me he perdido algo?
El
motor del Vanquish rugió al cobrar vida, y las ruedas rechinaron en la grava. Gime perdió algo de fuelle.
–Se
va a celebrarlo. Seguro que invita a todo el mundo en un bar.
–Y
yo aquí pensando que la relación que tengo con mi madre es retorcida.
Gime entornó los ojos.
–¿Y
quién eres tú de todos modos?
Lali odiaba las preguntas de ese tipo. Virginia le habría contestado diciendo que
ella era hija de Dios. A Lali le hubiera gustado que su padre, el Altísimo, se
compadeciera de ella en ese momento y reclamara su presencia, antes de tener
que explicarlo todo sobre Gonza y el disfraz de castor. Por fortuna, Gime
encontró su propia explicación.
–No
importa. El efecto que tiene mi hijo en las mujeres es algo legendario.
–Soy
pintora.
Gime la recorrió con la mirada, desde la descuidada coleta hasta sus botas militares
llenas de rozaduras.
–No
eres el tipo de mujer con la que suele salir.
–Eso
seguro, mi cociente intelectual tiene tres dígitos y me distingue de todas
ellas.
Gime
se sentó en el penúltimo escalón.
–¿Qué
demonios voy a hacer ahora?
–Tal
vez podrías intentar reconciliarte con tu hijo mientras esperas los resultados
de las últimas pruebas. Considerando los asombrosos avances de la medicina en
el tratamiento de enfermedades cardiovasculares, estoy bastante segura de que
recibirás buenas noticias.
–Era
una pregunta retórica –dijo Gime secamente.
–Sólo
era una sugerencia.
Gime se marchó poco después a la casita de invitados, y Lali vagó por las
habitaciones silenciosas y polvorientas. Ni siquiera la maravillosa renovación
de la cocina de la casa podía animarla. No importaba que sus motivos hubieran
sido nobles, no tenía por qué andar ejerciendo de hada madrina ni intentar arreglar
los líos familiares de otras personas.
Al
anochecer, Peter todavía no había regresado. Cuando la oscuridad envolvió la
casa, Lali descubrió, para desesperación suya, que sólo la cocina y los cuartos
de baño disponían de luz. Esperaba sinceramente que Peter regresara pronto a la
casa, porque había pasado de ser un lugar acogedor a uno amenazador. El
plástico que cubría el hueco de la puerta de la sala crujía como huesos secos.
Los suelos rechinaban. Como no había puertas, no podía encerrarse en un dormitorio,
y sin coche, no podía ir al pueblo y buscar un autoservicio abierto las
veinticuatro horas. Estaba atrapada. No podía hacer nada más que irse a dormir.
Deseó
haberse hecho una cama mientras todavía había luz. Anduvo a tientas apoyándose
en los respaldos de las sillas del comedor para llegar a la lámpara portátil
que los carpinteros habían dejado en una esquina. Unas amenazadoras sombras
danzaron por las paredes del comedor cuando la encendió. Rápidamente la
desenchufó y con cuidado subió por las escaleras, agarrándose al pasamanos
mientras arrastraba el cable de la lámpara tras ella como si fuera una cola.
Había
cinco dormitorios a cada lado del pasillo, pero sólo uno tenía cuarto de baño
con instalación eléctrica. Cuando alcanzó el interruptor, las grandes sombras
danzantes la pusieron tan nerviosa que fue incapaz de avanzar más. Las luces
del baño eran muy débiles, pero eran mejor que nada. Conectó la lámpara
portátil y la dejó en una esquina de la habitación. Luego extendió las sábanas
apiladas encima del colchón. La cama era enorme con un cabecero curvo en madera
de cerezo, pero no tenía pies. La cama, y un tocador de tres cuerpos eran los
únicos muebles de la estancia. Seis ventanas sin cortinas la observaban como si
de unos ojos oscuros y amenazadores se tratasen.
Puso
una escalera de mano que el pintor había dejado en el pasillo delante de la
puerta para hacerle saber a Peter que esa habitación ya estaba ocupada por esa
noche. La escalera no le impediría entrar, pero ¿para qué iba a querer hacerlo?
Después de las estremecedoras noticias que había recibido sobre su madre, no
estaría de humor para intentar seducirla.
Llevó
la lámpara portátil al pequeño cuarto de baño y se lavó la cara. Como Peter se
había marchado con todas sus cosas, tuvo que cepillarse los dientes con un
dedo. Se sacó el sujetador por la sisa de la camiseta y se quitó las botas,
pero se dejó puesto todo lo demás por si tenía que salir pitando de la casa. No
era una persona que se pusiera nerviosa con el coco, pero ahora estaba fuera de
su elemento, y dejó a su lado la lámpara portátil cuando se metió en la cama.
Sólo después de haberse acomodado la apagó y la metió bajo las sábanas donde
podía acceder a ella con más rapidez.
Una
rama rozó una de las ventanas. Se oyó un susurro en la chimenea. Ella se
imaginó a un montón de murciélagos preparándose para entrar por la boca de la
chimenea. «¿Dónde estaba Peter? ¿Y por qué no había puertas en ese lugar?»
Deseó
haberse ido a la casita de invitados con Gime, pero no la había invitado.
Quizá Lali había sido un poco brusca con ella, pero le había proporcionado a la
madre de Peter algo de tiempo, que era más de lo que Gime habría logrado para
sí misma. Era una belleza débil, después de todo.
Lali intentó sentir autocompasión, pero no podía mentirse a sí misma. Se había
metido donde no la llamaban. Por otro lado, ocuparse de los problemas de los
demás la había hecho olvidarse de sus propias preocupaciones.
Una
tabla del suelo rechinó. Gimió la chimenea. Agarró el mango de la lámpara
portátil y clavó la vista en el marco sin puerta.
Pasaron
los minutos.
Poco
a poco, fue relajándose y se sumergió en un sueño inquieto.
La
despertó el ominoso rechinar de una tabla del suelo. Abrió los ojos y vio que
una sombra amenazadora se cernía sobre ella. Agarró la lámpara portátil, la
sacó con rapidez de debajo de las mantas y atizó a la sombra con ella.
–¡Joder!
–Un rugido familiar resonó en la quietud de la noche.
Lali encontró el interruptor con los dedos. De puro milagro no le había roto la
bombilla protegida por la rejilla de plástico, y la luz mundo la habitación. Un
millonario quarterback muy enfadado se cernía sobre ella. Estaba sin camisa,
furioso y se restregaba el brazo por encima del codo.
–¿Qué
demonios crees que estás haciendo?
Ella
se incorporó con rapidez sobre las almohadas, agarrando la lámpara con fuerza.
–¿Yo?
Eres tú el que entraste a hurtadillas...
–Es
mi casa. Te lo juro por Dios, como me hayas lastimado el brazo de lanzar...
–¡Bloqueé
la puerta! ¿Cómo has podido entrar con la escalera delante?
____________________________________________________________
En que lio se metio Lali ?
Muchas firmas = Otro cap.
Gracias Lindos =) :) :) :) :) :) :) :) :) :) :) :) =)


Mas noveeeeeeeeeeeeeeeeeeeee quiero otra ya :D
ResponderEliminarMe encantaaaaaaa!!! Mas mas mas mas mas mas mas mas
ResponderEliminarMAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE
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ResponderEliminarMas nove!,,
ResponderEliminarAhora su se armo haha pobre lali cm se mete en líos mas ama mas
ResponderEliminarNacida para seducir,jajaja,yo diría nacida para meterse en todos los lios ,propios y ajenos,jajaja,los borda.
ResponderEliminarMas novela quiero saber k le dice Peter ,ya k la puerta estaba bloqueada.
ResponderEliminarSeguro k Lali, ocupó la habitación d Peter.
ResponderEliminarJaja mee encanto la ultimaa partee quiero maas :DD!!
ResponderEliminar@maaff_lazaro
Creo que se metio en un gran lio jaj
ResponderEliminarSube otroo, besitoos (:
Arii
@AriadnaAyelen
Massssssss nove
ResponderEliminarMás nove!!!
ResponderEliminarEspero que luego Peter no la odie por mentirle.
ResponderEliminarMasi_ruth