Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

miércoles, 11 de julio de 2012

Nacida para Seducir Cap 16


     Nacida para Seducir

 -Peter, tu madre se está muriendo. 

Gimena abrió la boca en estado de shock. Peter se quedó petrificado.

–¿De qué estás hablando?

Lali lo había dicho en sentido figurado –ciertamente, Gimena se estaba muriendo por dentro–, pero Peter se lo había tomado al pie de la letra. No debería haber abierto la boca. Pero, honestamente, ¿acaso podían empeorar más las cosas?

Lali bajó lentamente la escalera.

–Tu madre... esto... el médico... –intentó arreglarlo–. Tiene un soplo en el corazón. Tu madre se está muriendo, pero no quería decírtelo.

Gimena agrandó sus ojos verdes.

Lali llegó abajo y se agarró a la barandilla del pasamanos. Bueno, quizá se le había ido un poco la mano, pero en lo que concernía a las relaciones maternas, se sentía demasiado implicada para comportarse de manera responsable.

El rostro de Peter había adquirido un tono ceniciento. Miró a su madre.

–¿Es cierto?

Gime movió los labios, pero no emitió ningún sonido. Lali apretó la barandilla con más fuerza. Finalmente, Gime salió de su estupor y tragó saliva.

–Puede... que no sea tan grave.

–Pero los médicos no se arriesgan a dar un diagnóstico favorable –dijo Lali con rapidez.

Peter le dirigió a Lali una dura mirada.

–¿Y tú cómo lo sabes?

Buena pregunta.

–Tu madre no tenía intención de contármelo, pero tuvo un pequeño desvanecimiento allá arriba.

Gime se sintió ofendida.

–No tuve un desvanecimiento. Ni pequeño ni grande. Sólo me sentí algo indispuesta.

Lali la miró con tristeza.

 –Qué valiente eres.

Gime fulminó a Lali con la mirada.

–No quiero hablar de ello, y apreciaría que tú tampoco lo hicieras.

–Siento haber traicionado tu confianza, pero me parecía una crueldad no contárselo.

–No es problema suyo –replicó Gime.

Si Lali había abrigado alguna esperanza de que Peter tomara de inmediato a su madre entre los brazos para decirle que ya era hora de arreglar sus viejas diferencias, salió rápidamente de su error cuando él se encaminó con paso airado hacia la puerta principal. Al desvanecerse sus pasos, Lali  optó por mostrar una expresión satisfecha.

–Creo que las cosas han ido bien, ¿no te parece? Bien mirado es lo mejor que podíamos hacer.

Gime parecía a punto de lanzársele al cuello.

–¡Estás como una cabra!

Lali dio un paso atrás.

–Pero aún sigues aquí.

Gime alzó las manos, los brazaletes tintinearon y los anillos brillaron.

–Lo has empeorado todo.

–Con franqueza, me parece que las cosas no podían ponerse peor de lo que estaban. Pero no soy yo la que tiene reservada una habitación en un hotel de Nashville para mañana por la noche, o ¿es que me he perdido algo?

El motor del Vanquish rugió al cobrar vida, y las ruedas rechinaron en la grava. Gime perdió algo de fuelle.

–Se va a celebrarlo. Seguro que invita a todo el mundo en un bar.

–Y yo aquí pensando que la relación que tengo con mi madre es retorcida.

Gime entornó los ojos.

 –¿Y quién eres tú de todos modos?

Lali odiaba las preguntas de ese tipo. Virginia le habría contestado diciendo que ella era hija de Dios. A Lali le hubiera gustado que su padre, el Altísimo, se compadeciera de ella en ese momento y reclamara su presencia, antes de tener que explicarlo todo sobre Gonza y el disfraz de castor. Por fortuna, Gime encontró su propia explicación.

–No importa. El efecto que tiene mi hijo en las mujeres es algo legendario.

–Soy pintora.

Gime la recorrió con la mirada, desde la descuidada coleta hasta sus botas militares llenas de rozaduras.

–No eres el tipo de mujer con la que suele salir.

–Eso seguro, mi cociente intelectual tiene tres dígitos y me distingue de todas ellas.

Gime se sentó en el penúltimo escalón.

–¿Qué demonios voy a hacer ahora?

–Tal vez podrías intentar reconciliarte con tu hijo mientras esperas los resultados de las últimas pruebas. Considerando los asombrosos avances de la medicina en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares, estoy bastante segura de que recibirás buenas noticias.

–Era una pregunta retórica –dijo Gime secamente.

–Sólo era una sugerencia.

Gime se marchó poco después a la casita de invitados, y Lali vagó por las habitaciones silenciosas y polvorientas. Ni siquiera la maravillosa renovación de la cocina de la casa podía animarla. No importaba que sus motivos hubieran sido nobles, no tenía por qué andar ejerciendo de hada madrina ni intentar arreglar los líos familiares de otras personas.

Al anochecer, Peter todavía no había regresado. Cuando la oscuridad envolvió la casa, Lali descubrió, para desesperación suya, que sólo la cocina y los cuartos de baño disponían de luz. Esperaba sinceramente que Peter regresara pronto a la casa, porque había pasado de ser un lugar acogedor a uno amenazador. El plástico que cubría el hueco de la puerta de la sala crujía como huesos secos. Los suelos rechinaban. Como no había puertas, no podía encerrarse en un dormitorio, y sin coche, no podía ir al pueblo y buscar un autoservicio abierto las veinticuatro horas. Estaba atrapada. No podía hacer nada más que irse a dormir.

Deseó haberse hecho una cama mientras todavía había luz. Anduvo a tientas apoyándose en los respaldos de las sillas del comedor para llegar a la lámpara portátil que los carpinteros habían dejado en una esquina. Unas amenazadoras sombras danzaron por las paredes del comedor cuando la encendió. Rápidamente la desenchufó y con cuidado subió por las escaleras, agarrándose al pasamanos mientras arrastraba el cable de la lámpara tras ella como si fuera una cola.

Había cinco dormitorios a cada lado del pasillo, pero sólo uno tenía cuarto de baño con instalación eléctrica. Cuando alcanzó el interruptor, las grandes sombras danzantes la pusieron tan nerviosa que fue incapaz de avanzar más. Las luces del baño eran muy débiles, pero eran mejor que nada. Conectó la lámpara portátil y la dejó en una esquina de la habitación. Luego extendió las sábanas apiladas encima del colchón. La cama era enorme con un cabecero curvo en madera de cerezo, pero no tenía pies. La cama, y un tocador de tres cuerpos eran los únicos muebles de la estancia. Seis ventanas sin cortinas la observaban como si de unos ojos oscuros y amenazadores se tratasen.

Puso una escalera de mano que el pintor había dejado en el pasillo delante de la puerta para hacerle saber a Peter que esa habitación ya estaba ocupada por esa noche. La escalera no le impediría entrar, pero ¿para qué iba a querer hacerlo? Después de las estremecedoras noticias que había recibido sobre su madre, no estaría de humor para intentar seducirla.

Llevó la lámpara portátil al pequeño cuarto de baño y se lavó la cara. Como Peter se había marchado con todas sus cosas, tuvo que cepillarse los dientes con un dedo. Se sacó el sujetador por la sisa de la camiseta y se quitó las botas, pero se dejó puesto todo lo demás por si tenía que salir pitando de la casa. No era una persona que se pusiera nerviosa con el coco, pero ahora estaba fuera de su elemento, y dejó a su lado la lámpara portátil cuando se metió en la cama. Sólo después de haberse acomodado la apagó y la metió bajo las sábanas donde podía acceder a ella con más rapidez.

Una rama rozó una de las ventanas. Se oyó un susurro en la chimenea. Ella se imaginó a un montón de murciélagos preparándose para entrar por la boca de la chimenea. «¿Dónde estaba Peter? ¿Y por qué no había puertas en ese lugar?»

Deseó haberse ido a la casita de invitados con Gime, pero no la había invitado. Quizá Lali había sido un poco brusca con ella, pero le había proporcionado a la madre de Peter algo de tiempo, que era más de lo que Gime habría logrado para sí misma. Era una belleza débil, después de todo.

Lali intentó sentir autocompasión, pero no podía mentirse a sí misma. Se había metido donde no la llamaban. Por otro lado, ocuparse de los problemas de los demás la había hecho olvidarse de sus propias preocupaciones.

Una tabla del suelo rechinó. Gimió la chimenea. Agarró el mango de la lámpara portátil y clavó la vista en el marco sin puerta.

Pasaron los minutos.

Poco a poco, fue relajándose y se sumergió en un sueño inquieto.

La despertó el ominoso rechinar de una tabla del suelo. Abrió los ojos y vio que una sombra amenazadora se cernía sobre ella. Agarró la lámpara portátil, la sacó con rapidez de debajo de las mantas y atizó a la sombra con ella.

–¡Joder! –Un rugido familiar resonó en la quietud de la noche.

Lali encontró el interruptor con los dedos. De puro milagro no le había roto la bombilla protegida por la rejilla de plástico, y la luz mundo la habitación. Un millonario quarterback muy enfadado se cernía sobre ella. Estaba sin camisa, furioso y se restregaba el brazo por encima del codo.

–¿Qué demonios crees que estás haciendo?

Ella se incorporó con rapidez sobre las almohadas, agarrando la lámpara con fuerza.

–¿Yo? Eres tú el que entraste a hurtadillas...

–Es mi casa. Te lo juro por Dios, como me hayas lastimado el brazo de lanzar...

–¡Bloqueé la puerta! ¿Cómo has podido entrar con la escalera delante?
          ____________________________________________________________
En que lio se metio Lali ?
Muchas firmas = Otro cap.
Gracias Lindos =) :) :) :) :) :) :) :) :) :) :) :) =)

15 comentarios:

  1. Mas noveeeeeeeeeeeeeeeeeeeee quiero otra ya :D

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  2. Me encantaaaaaaa!!! Mas mas mas mas mas mas mas mas

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  6. Ahora su se armo haha pobre lali cm se mete en líos mas ama mas

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  7. Nacida para seducir,jajaja,yo diría nacida para meterse en todos los lios ,propios y ajenos,jajaja,los borda.

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  8. Mas novela quiero saber k le dice Peter ,ya k la puerta estaba bloqueada.

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  9. Seguro k Lali, ocupó la habitación d Peter.

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  10. Jaja mee encanto la ultimaa partee quiero maas :DD!!

    @maaff_lazaro

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  11. Creo que se metio en un gran lio jaj
    Sube otroo, besitoos (:



    Arii
    @AriadnaAyelen

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  12. Espero que luego Peter no la odie por mentirle.
    Masi_ruth

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