Nacida para Seducir
A
Castora le gustaba burlarse de él, pero lo hacía tan abiertamente que no
resultaba maliciosa.
Algo
extraño. Se terminó el café de golpe.
–Con
tanto movimiento, seguir las clases en el colegio debió de ser todo un reto.
–Cuando
eres siempre la recién llegada, acabas desarrollando ciertas habilidades.
–No
lo dudo. –Empezaba a darse cuenta dónde se había originado esa actitud
antagónica–. ¿Fuiste a la universidad?
–A
una pequeña universidad de arte. Tenía una beca, pero lo dejé al segundo año.
Bueno, es el lugar donde más tiempo he estado.
–¿Por
qué te marchaste?
–Me
gusta viajar. Nací para vagar, nene.
Lo
dudaba. Castora no era así por naturaleza. De haber sido criada de manera
diferente, estaría casada y dando clase en la guardería a sus propios hijos.
Dejó
un billete de veinte dólares sobre la mesa y cuando no esperó la vuelta, ella
reaccionó de manera previsible.
–¡Por
dos tazas de café, un donut y un bollo que no has terminado!
–Pues
cómelo tú.
Ella
cogió el bollo con rapidez. Mientras cruzaban el aparcamiento, él estudió los
dibujos que le había hecho y se dio cuenta de que había salido ganando con el
trato. Por un par de comidas y el alojamiento de una noche, había recibido
material para la reflexión, ¿cuántas veces ocurría eso en su vida?
A
medida que transcurría el día, Peter observó que Castora se sentía más
inquieta. Cuando se detuvo para echar gasolina, ella salió disparada al baño,
dejando en el coche el bolso negro de lona. Mientras llenaban el depósito, Peter
no se lo pensó dos veces: se puso a registrarlo. Ignoró el móvil y un par de
blocs, y fue directo a por la cartera. Contenía un carnet de conducir de
Arizona –era cierto que tenía treinta años–, carnets de bibliotecas de Seattle
y San Francisco, una tarjeta ATM, dieciocho dólares en efectivo y la foto de
una mujer de mediana edad con apariencia delicada delante de un edificio en
ruinas. Aunque era rubia, tenía los mismos rasgos delicados y menudos que
Castora. Debía de ser Virginia Esposito. Registró más a fondo el bolso y sacó
un talonario de cheques y dos cartillas de cuentas bancarias de un banco de
Dallas. Cuatrocientos dólares en la primera y mucho más en la segunda. Castora
tenía buenos ahorros, ¿por qué actuaba como si estuviera en la ruina?
Ella
regresó al coche. Él metió todo de nuevo en el bolso, lo cerró y se lo entregó.
–Estaba
buscando caramelos.
–¿En
mi cartera?
–¿Cómo
ibas a tener caramelos en la cartera?
–¡Estabas
registrándome el bolso! –Por la expresión de su cara dedujo que fisgonear no
era algo que la molestara mientras no fuera ella el objetivo. Un dato a tener
en cuenta para no perder de vista su propia cartera.
–Prada
hace bolsos –le dijo mientras se alejaban de la gasolinera en dirección a la
interestatal–. Gucci hace bolsos. Eso que tú llevas parece una de esas cosas
que regalan cuando uno se compra un calendario de tías.
Ella
saltó indignada.
–No
puedo creer que estuvieras registrándome el bolso.
–Y
yo no puedo creer que dejaras que te pagara la habitación de hotel ayer por la
noche. No es que estés precisamente en la ruina.
El
silencio fue su única respuesta. Ella se volvió a mirar por la ventanilla. Su
pequeña estatura, los hombros estrechos, los delicados codos que surgían de las
mangas de la enorme camiseta negra... todos esos signos de fragilidad deberían
haber despertado los instintos protectores de Peter. No lo hicieron.
–Alguien
me vació las cuentas hace tres días –dijo ella sin aspavientos–. Por eso estoy
ahora en la ruina.
–Deja
que adivine. Gonza, la serpiente.
Ella
se tiró distraídamente de la oreja.
–Así
es. Gonza, la serpiente.
Estaba
mintiendo. Lali no había dicho ni una palabra sobre las cuentas bancarias
cuando había atacado a Gonzalo el día anterior. Pero por la triste expresión de
su cara estaba claro que alguien le había robado. Castora necesitaba algo más
que transporte. Necesitaba dinero.
Peter
se sentía orgulloso de ser el tío más generoso del mundo. Trataba a las mujeres
con las que salía como sí fueran reinas y les hacía buenos regalos cuando su
relación terminaba. Nunca había sido infiel y era un amante desinteresado. Pero
el antagonismo de Lali reprimía su tendencia natural a abrir la cartera. Le
dirigió una mirada a su cabello revuelto y a esa pobre excusa de ropa. No era
precisamente una mujer imponente, y bajo circunstancias normales, jamás se
habría fijado en ella. Pero la noche anterior, ella había levantado una señal
de stop bien grande y el juego había comenzado.
–¿Y
qué vas a hacer? –le preguntó.
–Bueno...
– Lali se mordisqueó el labio inferior–. La verdad es que no conozco a nadie en
Kansas City, pero tengo una compañera de universidad que vive en Nashville. Y
ya que vas a pasar por allí...
–¿Quieres
que te lleve a Nashville? –Lo hacía parecer como si le hubiera pedido que la
llevara a la luna.
–Si
no te importa...
No
le importaba lo más mínimo.
–No
sé. Nashville está muy lejos, y tendría que pagarte las comidas y otra
habitación de hotel. A menos que...
–¡No
pienso acostarme contigo!
Él
le dirigió una sonrisa perezosa.
–¿Es
que sólo piensas en el sexo? No pretendo lastimar tus sentimientos, pero,
francamente, te hace parecer bastante desesperada.
Era
un truco demasiado manido, y ella se negó a morder el anzuelo. Así que se puso
unas gafas de sol baratas de aviador que le hacían parecer Bo Peep a punto de
pilotar un F-18.
–Tú
sólo conduce y sigue tan guapo como siempre –dijo ella–. No hay necesidad de
que te exprimas el cerebro dándome conversación.
Tenía
más temple que ninguna mujer que hubiera conocido.
–La
cosa es, Lali, que no soy sólo una cara bonita, también soy un hombre de
negocios, con lo cual espero ver los frutos de mi inversión. –Debería sentirse
tan ofendido como sonaba, pero en realidad estaba disfrutando demasiado.
–Tienes
un retrato original de Lali Esposito –dijo ella–. También tienes un vigilante
para tu coche y un guardaespaldas que alejará a tus admiradores. Honestamente,
debería cobrarte. Creo que lo haré. Doscientos dólares hasta llegar a
Nashville.
Antes
de que él pudiera soltarle lo que pensaba de esa idea, SafeNet los interrumpió.
Hola Boo, soy Sean,
Lali
se inclinó hacia el micrófono.
–Boo,
demonios. ¿Qué has hecho con mis bragas?
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20 comentarios y subo MAS.
1 comentario = 1 minuto = mas caps :)

que bueno el videito laliter, estos dos nos matan...
ResponderEliminarmás nove
me encanta espero mas
ResponderEliminar@Angie_232alma
jajajajajaja maas novee estaa geniaal me encantaa
ResponderEliminar@maaff_lazaro
jajajajaj que hdp lali con lo que dijo a lo ultimo jajajajajaj MAS NOVE.
ResponderEliminar@foreverlaliterr
Jajajaja me encanta el video haha q lindo peter tuvo una enseñanza hahah mas mas mas mas
ResponderEliminarMas mas mas mas mas
ResponderEliminarPeter sabe k Lali le miente, xk no le dijo nada a Gonzalo del dinero .
ResponderEliminarAntes d k suceda nada ,Lali ya marca su terreno ,hace bien su trabajo,jajaja Peter debe estar divertido.
ResponderEliminarRecien pude leer jaja mato ese final jajjaja
ResponderEliminarEspero maas :)
besitoos
Arii
@AriadnaAyelen
me encantaaaaaaa!
ResponderEliminarmassss! sube otro porfa
ResponderEliminarjajajajaja me acabo de empesar a leer la nove... y ME ENCANTA..... Lali es una genia....
ResponderEliminarquiero mas nove!!!!!
Besos q estes bien...!!!! :)
ja ja es una genia lali más!
ResponderEliminarMe he leído tu nove desde el celu la mitad de capis y luego en la madrugada los que faltaban, me gusta porque es cómica y sexy a la vez, yo sinceramente quiero que Lali caiga ante sus encantos jaja:).
ResponderEliminarGracias por pasarme el link por tw, espero que me sigas avisando aunque ya la guardé en favoritos.
Masi_ruth