Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

martes, 10 de julio de 2012

Nacida para Seducir Cap 11


                                     Nacida para Seducir
A Castora le gustaba burlarse de él, pero lo hacía tan abiertamente que no resultaba maliciosa.
Algo extraño. Se terminó el café de golpe.

–Con tanto movimiento, seguir las clases en el colegio debió de ser todo un reto.

–Cuando eres siempre la recién llegada, acabas desarrollando ciertas habilidades.

–No lo dudo. –Empezaba a darse cuenta dónde se había originado esa actitud antagónica–. ¿Fuiste a la universidad?

–A una pequeña universidad de arte. Tenía una beca, pero lo dejé al segundo año. Bueno, es el lugar donde más tiempo he estado.

–¿Por qué te marchaste?

–Me gusta viajar. Nací para vagar, nene.

Lo dudaba. Castora no era así por naturaleza. De haber sido criada de manera diferente, estaría casada y dando clase en la guardería a sus propios hijos.

Dejó un billete de veinte dólares sobre la mesa y cuando no esperó la vuelta, ella reaccionó de manera previsible.

–¡Por dos tazas de café, un donut y un bollo que no has terminado!

–Pues cómelo tú.

Ella cogió el bollo con rapidez. Mientras cruzaban el aparcamiento, él estudió los dibujos que le había hecho y se dio cuenta de que había salido ganando con el trato. Por un par de comidas y el alojamiento de una noche, había recibido material para la reflexión, ¿cuántas veces ocurría eso en su vida?

A medida que transcurría el día, Peter observó que Castora se sentía más inquieta. Cuando se detuvo para echar gasolina, ella salió disparada al baño, dejando en el coche el bolso negro de lona. Mientras llenaban el depósito, Peter no se lo pensó dos veces: se puso a registrarlo. Ignoró el móvil y un par de blocs, y fue directo a por la cartera. Contenía un carnet de conducir de Arizona –era cierto que tenía treinta años–, carnets de bibliotecas de Seattle y San Francisco, una tarjeta ATM, dieciocho dólares en efectivo y la foto de una mujer de mediana edad con apariencia delicada delante de un edificio en ruinas. Aunque era rubia, tenía los mismos rasgos delicados y menudos que Castora. Debía de ser Virginia Esposito. Registró más a fondo el bolso y sacó un talonario de cheques y dos cartillas de cuentas bancarias de un banco de Dallas. Cuatrocientos dólares en la primera y mucho más en la segunda. Castora tenía buenos ahorros, ¿por qué actuaba como si estuviera en la ruina?

Ella regresó al coche. Él metió todo de nuevo en el bolso, lo cerró y se lo entregó.

–Estaba buscando caramelos.

–¿En mi cartera?

–¿Cómo ibas a tener caramelos en la cartera?

–¡Estabas registrándome el bolso! –Por la expresión de su cara dedujo que fisgonear no era algo que la molestara mientras no fuera ella el objetivo. Un dato a tener en cuenta para no perder de vista su propia cartera.

–Prada hace bolsos –le dijo mientras se alejaban de la gasolinera en dirección a la interestatal–. Gucci hace bolsos. Eso que tú llevas parece una de esas cosas que regalan cuando uno se compra un calendario de tías.

Ella saltó indignada.

–No puedo creer que estuvieras registrándome el bolso.

–Y yo no puedo creer que dejaras que te pagara la habitación de hotel ayer por la noche. No es que estés precisamente en la ruina.

El silencio fue su única respuesta. Ella se volvió a mirar por la ventanilla. Su pequeña estatura, los hombros estrechos, los delicados codos que surgían de las mangas de la enorme camiseta negra... todos esos signos de fragilidad deberían haber despertado los instintos protectores de Peter. No lo hicieron.

–Alguien me vació las cuentas hace tres días –dijo ella sin aspavientos–. Por eso estoy ahora en la ruina.

–Deja que adivine. Gonza, la serpiente.
Ella se tiró distraídamente de la oreja.

–Así es. Gonza, la serpiente.

Estaba mintiendo. Lali no había dicho ni una palabra sobre las cuentas bancarias cuando había atacado a Gonzalo el día anterior. Pero por la triste expresión de su cara estaba claro que alguien le había robado. Castora necesitaba algo más que transporte. Necesitaba dinero.

Peter se sentía orgulloso de ser el tío más generoso del mundo. Trataba a las mujeres con las que salía como sí fueran reinas y les hacía buenos regalos cuando su relación terminaba. Nunca había sido infiel y era un amante desinteresado. Pero el antagonismo de Lali reprimía su tendencia natural a abrir la cartera. Le dirigió una mirada a su cabello revuelto y a esa pobre excusa de ropa. No era precisamente una mujer imponente, y bajo circunstancias normales, jamás se habría fijado en ella. Pero la noche anterior, ella había levantado una señal de stop bien grande y el juego había comenzado.

–¿Y qué vas a hacer? –le preguntó.

–Bueno... – Lali se mordisqueó el labio inferior–. La verdad es que no conozco a nadie en Kansas City, pero tengo una compañera de universidad que vive en Nashville. Y ya que vas a pasar por allí...

–¿Quieres que te lleve a Nashville? –Lo hacía parecer como si le hubiera pedido que la llevara a la luna.

–Si no te importa...
No le importaba lo más mínimo.

–No sé. Nashville está muy lejos, y tendría que pagarte las comidas y otra habitación de hotel. A menos que...

–¡No pienso acostarme contigo!

Él le dirigió una sonrisa perezosa.

–¿Es que sólo piensas en el sexo? No pretendo lastimar tus sentimientos, pero, francamente, te hace parecer bastante desesperada.

Era un truco demasiado manido, y ella se negó a morder el anzuelo. Así que se puso unas gafas de sol baratas de aviador que le hacían parecer Bo Peep a punto de pilotar un F-18.

–Tú sólo conduce y sigue tan guapo como siempre –dijo ella–. No hay necesidad de que te exprimas el cerebro dándome conversación.

Tenía más temple que ninguna mujer que hubiera conocido.

–La cosa es, Lali, que no soy sólo una cara bonita, también soy un hombre de negocios, con lo cual espero ver los frutos de mi inversión. –Debería sentirse tan ofendido como sonaba, pero en realidad estaba disfrutando demasiado.

–Tienes un retrato original de Lali Esposito –dijo ella–. También tienes un vigilante para tu coche y un guardaespaldas que alejará a tus admiradores. Honestamente, debería cobrarte. Creo que lo haré. Doscientos dólares hasta llegar a Nashville.

Antes de que él pudiera soltarle lo que pensaba de esa idea, SafeNet los interrumpió. Hola Boo, soy Sean,

Lali se inclinó hacia el micrófono.

–Boo, demonios. ¿Qué has hecho con mis bragas?
__________________________________________________________________
20 comentarios y subo MAS. 
1 comentario = 1 minuto = mas caps :)

14 comentarios:

  1. que bueno el videito laliter, estos dos nos matan...
    más nove

    ResponderEliminar
  2. me encanta espero mas

    @Angie_232alma

    ResponderEliminar
  3. jajajajajaja maas novee estaa geniaal me encantaa

    @maaff_lazaro

    ResponderEliminar
  4. jajajajaj que hdp lali con lo que dijo a lo ultimo jajajajajaj MAS NOVE.

    @foreverlaliterr

    ResponderEliminar
  5. Jajajaja me encanta el video haha q lindo peter tuvo una enseñanza hahah mas mas mas mas

    ResponderEliminar
  6. Peter sabe k Lali le miente, xk no le dijo nada a Gonzalo del dinero .

    ResponderEliminar
  7. Antes d k suceda nada ,Lali ya marca su terreno ,hace bien su trabajo,jajaja Peter debe estar divertido.

    ResponderEliminar
  8. Recien pude leer jaja mato ese final jajjaja
    Espero maas :)
    besitoos


    Arii
    @AriadnaAyelen

    ResponderEliminar
  9. jajajajaja me acabo de empesar a leer la nove... y ME ENCANTA..... Lali es una genia....
    quiero mas nove!!!!!
    Besos q estes bien...!!!! :)

    ResponderEliminar
  10. Me he leído tu nove desde el celu la mitad de capis y luego en la madrugada los que faltaban, me gusta porque es cómica y sexy a la vez, yo sinceramente quiero que Lali caiga ante sus encantos jaja:).
    Gracias por pasarme el link por tw, espero que me sigas avisando aunque ya la guardé en favoritos.
    Masi_ruth

    ResponderEliminar