Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

lunes, 30 de julio de 2012

Nacida para Seducir Cap 59

                                      Nacida para Seducir

Lali contempló el retrato acabado antes de salir de la casa. En él, Nita aparecía con un traje de noche azul claro de una exhibición de danza de los años cincuenta, y tenía el pelo recogido en un moño estilo años sesenta que dejaba a la vista unos pendientes de diamantes que Marshall le había regalado el día de su boda, en los setenta. Se veía delgada y encantadora. Tenía la piel perfecta y estaba maquillada sólo lo justo. Lali la había pintado posando en una majestuosa escalinata con Tango a sus pies. Nita había intentado que eliminara al perro del retrato.

–No es tan malo como esperaba –dijo Nita la primera vez que vio el retrato colgado sobre el empapelado dorado del vestíbulo.

Lali tomó eso como que le había encantado, y, a pesar de lo ostentoso que resultaba el cuadro, estaba muy orgullosa de lo bien que había captado la imagen que tenía Nita de sí misma: la mirada de gatita sexy en los ojos, la provocativa sonrisa de los labios rosados, y el toque perfecto de platino del peinado. Más de una vez había pillado a Nita estudiando el retrato en el pasillo, con una expresión de nostalgia en sus viejos ojos.

Ahora que Lali disponía de efectivo en la cartera no había ninguna razón para quedarse. Podía marcharse de Garrison cuando quisiera.

Nita apareció a sus espaldas y juntas partieron hacia la granja para la cena de los domingos. Peter y Cande hicieron hamburguesas en la parrilla y Lali se encargó del acompañamiento: frijoles con ensalada de sandía condimentada con menta y zumo de lima. No le había dado el primer bocado a la hamburguesa, cuando Peter empezó a incordiarla para que le hiciera los murales, acusándola de ingratitud, de cobardía artística, y alta traición; cosas fáciles de ignorar. Hasta que Gime metió baza.

–Sé lo mucho que amas esta casa, Lali. Me sorprende que no quieras dejar tu impronta en ella.

A Lali se le puso la piel de gallina, y mientras todos se dedicaban a tomar otra ración, ella supo que tenía que pintar los murales. No sólo para dejar su impronta en la casa como había dicho Gime, sino que también quería dejar su huella en Peter. Los murales durarían años. Cada vez que Peter entrara en esa habitación, él se vería forzado a recordarla. Podía olvidar el color de sus ojos, incluso su nombre, pero mientras esos murales estuvieran en las paredes, no podría olvidarla a ella. Lali empujó la comida a un lado del plato, se había quedado sin apetito.

–Vale, los haré.

A Gime se le cayó un trozo de sandía del tenedor.

–¿De verdad? ¿No cambiarás de idea?

–No, pero recuerda que te lo advertí. Mis paisajes son...

–Mierdas sentimentaloides. –Apuntó Peter con una sonrisa–. Lo sabemos. Enhorabuena, campanilla.

Nita levantó la vista de sus frijoles. Para sorpresa de Lali no protestó.

–Con tal de que me hagas el desayuno, y vuelvas a tiempo de hacerme la cena, no me importa lo que hagas.

–Lali se quedará ahora en la caravana –dijo Peter sin tapujos–. Será lo más conveniente para ella.

–¿No querrás decir que es más conveniente para ti? –replicó Nita–. Lali es tonta, pero no estúpida.

Lali podría habérselo rebatido. Pero no sólo era tonta, era completamente estúpida. Cuanto más tiempo permaneciera allí, mucho más le costaría luego marcharse. Lo sabía por experiencia. Bueno, tenía los ojos bien abiertos. Echaría muchísimo de menos a Peter cuando se fuera, pero se había pasado toda una vida diciéndole adiós a la gente que le importaba, así que ya debería estar acostumbrada.

–No hay motivos para que sigas viviendo en ese mausoleo –dijo Peter la noche siguiente cuando cenaban en el Barn Grill–. No cuando vas a trabajar todos los días en la granja. Sé cuánto te gusta dormir en la caravana. Incluso te instalaré un retrete portátil de Porta Potti para ti sola.

Ella quería quedarse en la granja. Quería escuchar el débil repiqueteo de la lluvia de verano sobre el techo de la caravana mientras se quedaba dormida, hundir los pies descalzos en la hierba mojada cuando saliera por la mañana, dormir toda la noche acurrucada junto a Peter. Quería todo aquello que sabía que la torturaría cuando se marchara de allí.

Lali dejó la jarra de cerveza sobre la mesa sin haber bebido ni un solo sorbo.

–De ninguna manera pienso renunciar a que mi Romeo trepe por el balcón todas las noches en busca de su golosina preferida.

–Cualquier día me partiré la cabeza por catar esa golosina.

Eso no ocurriría. Sin que Romeo lo supiera, Julieta había contratado a Chauncey Crole, que era el hombre para todo del pueblo, para reforzar la barandilla de hierro.

Syl apareció de pronto en la mesa. Una vez más quería conocer los progresos de Lali para convencer a Nita de que accediera al plan de mejora del pueblo. Por enésima vez, Lali intentó convencerla de lo inútil de esa tarea.

–Si yo digo blanco, ella dice negro. Cada vez que intento hablar con ella del tema, empeoro las cosas.

Mery le birló a Lali una patata frita y comenzó a mover el pie al ritmo de la canción «Honky Tonk Badonkadonk» de Trace Adkins.

–Tienes que adoptar una actitud más positiva, Lali. Díselo, Peter. Dile que nadie consigue nada sin una actitud positiva.

Peter le dirigió a Lali una mirada larga y penetrante.

–Mery tiene razón, Lali. Una actitud positiva es la clave del éxito.

Lali pensó en los murales. Pintarlos sería como mudar de piel, pero no de una manera natural como cuando uno se quema por el sol, sino de una manera dolorosa, como si la piel estuviera en carne viva.

–No puedes darte por vencida –dijo Mery–. No cuando todo el pueblo depende de ti. Eres nuestra última esperanza.

Cuando Mery se marchó, Peter pasó un trozo de perca asada al plato de Lali.

–Las buenas noticias son que la gente está tan ocupada dándote la lata que han dejado de prestarme atención a mí –dijo él–. Ahora ya puedo comer tranquilo.

No mucho después, Karen Ann arrinconó a Lali en el aseo de señoras. En el Barn Grill ya no le servían alcohol, pero eso no había mejorado su carácter.

–No sé si lo sabes Lali, pero Mister Perfecto se está tirando a todo el pueblo a tus espaldas.

–Ya lo sabía. De lo que no estoy tan segura es de si sabes que yo también me estoy tirando a Ronnie a tus espaldas.

–Gilip*llas.

–Deberías intentar centrarte, Karen Ann. –Lali arrancó una toalla de papel del dispensador–. Tu hermana fue quien te robó el Trans Am., no yo. Yo soy la que te pateó el culo, ¿recuerdas?

–Sólo porque estaba borracha. –Se apoyó una mano en la cadera huesuda–. ¿Obligarás a esa vieja bruja a abrir el pueblo, sí o no? Ronnie y yo queremos poner una tienda de cebos.

–No puedo hacer nada. ¡Nita me odia!

–¿Y qué más da? Yo también te odio. Pero eso no quiere decir que debas hundirte en la miseria y dejarnos en la estacada.

Lali soltó la toalla de papel mojada en las manos de Karen Ann y regresó a la mesa.

El último día de junio, Lali cargó sus utensilios de pintura en el asiento de atrás del Vanquish de Peter, lo sacó del garaje de Nita, y enfiló hacia la granja. En lugar de abandonar Garrison, iba a comenzar a trabajar en los murales del comedor. Se había puesto tan nerviosa que no pudo desayunar y llevó todas las cosas adentro con el estómago revuelto. Simplemente con mirar las paredes en blanco, sentía que las manos se le ponían húmedas y pegajosas.

Todos excepto Peter asomaron la cabeza por allí mientras hacía los preparativos. Incluso apareció Jack. Lali lo había visto media docena de veces en las últimas semanas, pero aún se tropezaba con la escalera de mano cuando él andaba cerca.

–Lo siento –dijo él–. Creí que me habías oído llegar.

Ella suspiró.

–No habría servido de nada. Nunca dejaré de ponerme en ridículo en tu presencia.

Él sonrió ampliamente y la abrazó.

–Genial –masculló Lali–. Ahora no podré lavar esta camiseta en lo que me queda de vida, y era mi favorita.

Cuando él se marchó, ella pegó algunos bocetos en las paredes para poder mirarlos mientras trabajaba. Con un carboncillo, comenzó a esbozar los contornos por las paredes: las colinas y el bosque, el estanque, un pasto recién segado. Cuando estaba delineando la cerca, oyó que se detenía un coche en el camino de entrada y echó un vistazo por la puerta.

–Dios Bendito.

Salió al porche y observó cómo Nita salía del Corvette rojo. Gime había debido de oír también el coche, porque apareció por detrás de Lali y soltó un taco.

–¿Qué está haciendo? –le gritó Lali–. Creía que usted no podía conducir.

–Por supuesto que puedo conducir –le espetó Nita–. ¿Para qué querría un coche si no puedo conducirlo? –Señaló con el bastón hacia el sendero adoquinado–. ¿Qué tiene de malo el cemento? Cualquiera puede partirse la cabeza. ¿Dónde está Cande? Debería estar aquí ayudándome.

–Aquí estoy, señora Garrison. –Cande se acercó corriendo. Por una vez no llevaba la guitarra a cuestas–. Lali no me dijo que iba a venir.

–Lali no lo sabe todo. Sólo cree que lo sabe.

–Estoy maldita–masculló Lali–. ¿Qué he hecho para merecer esto?

Cande ayudó a Nita a entrar en la casa y la condujo directamente a la mesa de la cocina.

–Me he traído el almuerzo. –Nita sacó el sandwich que Lali le había metido en una bolsa antes de salir–. No quiero ser una molestia.

–Usted no es una molestia –dijo Cande–. Cuando acabe de comer, le leeré el horóscopo y le tocaré la guitarra.

–Necesitas practicar ballet.

–Lo haré. Después de tocar la guitarra.

Nita soltó un carraspeo.

Lali apretó los dientes.

–¿Qué está haciendo aquí?

–Cande, ¿podrías mirar si tenéis mayonesa de Miracle Whip? Como a Lali no le gusta esa marca, se cree que no le gusta a nadie más. Así es Lali. –Cande fue a la nevera a por un bote. Nita se lo quitó de las manos y le pidió a Gime un té helado–. Nada de esas cosas instantáneas. Y con mucho azúcar. –Le ofreció a Cande la mitad de su sandwich.

–No gracias. A mí tampoco me gusta esa mayonesa.

–Tienes que acostumbrarte a comer de todo.

–Gime dice que no se deben comer cosas que no te gustan.

–Eso valdrá para ella, pero no para ti. Sólo porque estuvieras algo gorda no significa que debas convertirte en una anoréxica.

–Olvídelo, señora Garrison –dijo Gime con firmeza–. Cande no se está convirtiendo en una anoréxica. Sólo presta más atención a lo que come.

Nita carraspeó de nuevo, pero si se trataba de Gime, sabía cuándo no discutir.

Lali regresó al comedor con la fuerte sensación de que ése no sería el único día que Nita se pasaría por allí.

Más tarde llegó Peter, sucio y sudoroso, de trabajar en el porche. Lali decidió que había una gran diferencia entre un hombre sudoroso que no se duchaba con regularidad y otro que se había duchado esa misma mañana. El primero era repulsivo, el segundo no. No es que quisiera precisamente acurrucarse contra su pecho húmedo, pero tampoco le desagradaba la idea.

–Tu sombra está echándose un sueñecito en la sala –le dijo Peter, ignorante del efecto que él y su camiseta húmeda tenían sobre ella–. Esa mujer tiene más agallas que tú.

–Por eso nos llevamos tan condenadamente bien.

El examinó los bocetos que Lali había pegado en la puerta y en los marcos de las ventanas, luego centró la atención en la enorme pared, donde ella había empezado a trabajar en el cielo.

–Éste es un proyecto muy grande. ¿Cómo sabes por dónde empezar?

–De arriba abajo, de claro a oscuro, desde el fondo al primer plano, de las pinceladas más finas a las más gruesas. –Se bajó de la escalera de mano–. El hecho de que conozca la técnica no quiere decir que no vayas a lamentar haberme forzado a realizar este trabajo. Mis paisajes son...

–Mierda sentimentaloide. Ya lo sé. Me gustaría que dejaras de preocuparte. –Le pasó el rollo de cinta adhesiva que ella había dejado caer y estudió las latas de pintura–. Veo que son pinturas de látex.

–También trabajo con esmalte y óleo porque se secan más rápido, y las utilizo directamente del bote si quiero un color más intenso.

–Y la arena para gatos que saqué del coche...

–Es la mejor manera de eliminar la trementina con que limpio mis pinceles. La absorbe y luego puedo...

Cande entró a tropel en la habitación con la guitarra a cuestas.

–¡La señora Garrison me acaba de decir que su cumpleaños es dentro de dos semanas! Y nunca ha tenido una fiesta de cumpleaños. Marshall sólo le regalaba joyas. Peter, ¿podríamos hacerle aquí una fiesta sorpresa? Por favor, Lali. Podrías hacer un pastel y algunos perritos calientes y cosas así.

7 comentarios:

  1. ay k linda cande, con lo mala k es nita con ella y va y se preocupa x ella! keremos mas laliter! keremos un baby laliterr!ª xfaaaa siguelaaa felicitaciones bss @monibicolor

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  2. Cande avasallando a todos, para conseguir una fiesta para Nita,algo debió ver en esa mujer,parece k la impresiona tanto k la obedece.Hacer el mural le va a llevar a Lali un buen tiempito.

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  3. Cande es un amor, nita creo q por una vez se siente bien , querida de nuevo, me encanta!! Más!

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  4. Jajajajaj q graciosa cande jajajaja me encanta mas mas mas

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  5. Me gusta que Peter le diga sentimentaloide jaja:) y pues si Lali se va todos la recordarán, espero que no sea así.
    Masi_ruth

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  6. Aai que linda Cande, es como ingenua! Jej
    Espero maas :)
    Besito


    Arii
    @AriadnaAyelen

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