Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

jueves, 15 de noviembre de 2012

La Mascara Del Amor Cap 12

                                    La Mascara Del Amor


Las cualidades que busco en un esposo son sencillas —contestó tranquila. —Lo único que quiero es que ese hombre me quiera por encima de todas las cosas, incluso de su caballo, su fortuna y su orgullo.

Para Peter, escuchar esa declaración tan sencilla y a la vez tan imposible fue como recibir un puñetazo en el plexo solar. Pobre Lali, iba a llevarse una gran decepción. ¿Cuán perverso era al alegrarse de que aquéllos fueran sus requisitos? Tal vez pudiera encontrar un hombre que la amara más que a su caballo, quizá incluso a uno que la quisiera más que a su fortuna, pero jamás encontraría ninguno dispuesto a sacrificar su orgullo, no sin que ese hombre terminara por odiarla por ello.

¿Más que a su caballo? —bromeó. —Mi querida muchacha, creo que pides demasiado.

Él sonrió de oreja a oreja para que supiera que estaba de broma, y, al parecer, ella se relajó un poco. Peter jamás había sentido tan duramente su rechazo. Ellos siempre habían sido muy buenos amigos, a pesar del tormento que ello suponía para el duque. Así que cuando le devolvió la sonrisa, fue como recibir un regalo del ciclo.

Tal vez pudiese pasar por alto ese detalle si el caballero en cuestión fuera muy atractivo.

Los tres se rieron y pronto el ambiente fue de lo más amistoso. Peter cogió otro sándwich y vio que Emilia preparaba un plato para su hija.

Tienes que comer algo, Mariana. No quiero que te pongas enferma.

¿Enferma? —La joven se rió. —Si quiero que los vestidos que Peter me ha comprado me queden bien, tengo que vigilar que me llevo a la boca.

La mirada de él se desvió inmediatamente hacia su boca. Tenía el labio superior ligeramente curvado y el inferior muy carnoso. A él se le ocurría como mínimo una cosa que le gustaría deslizar allí.

Dios, era un canalla. Un canalla despreciable. Pensar así sobre las mujeres era lo que le había causado tantos problemas años atrás. Tal vez ahora ya no fuera como antes, pero tampoco podía decirse que hubiera renunciado totalmente a sus costumbres de libertino.

Lali hizo caso a su madre y aceptó el plato lleno de sándwiches y galletas que ésta le ofrecía. Incluso llegó a comer algo antes de volver a centrarse en las invitaciones.

¿Cuántas provenían de gente a la que de verdad le apeteciera estar con ellas? Probablemente menos de la mitad. Algunos debían de haberlas enviado porque era lo que se esperaba de ellos; Lali seguía siendo la hija de un conde, aunque arruinado, y, gracias a Peter, tenía una dote más que generosa. Otros seguro que sólo lo habían hecho porque tenían ganas de curiosear sobre él. Ésos se llevarían una gran decepción. Su preciosa Lali era muy leal. Ella nunca lo criticaría. En ese sentido, era su mejor amiga, aunque en ocasiones quizá a ella le habría ido bien darle la espalda.

Al duque le habían atacado antes de que Charles lo perdiera todo, así que, en aquel entonces, la lealtad de Lali no estaba motivada por el sentido de la supervivencia. Sencillamente, la joven no era capaz de darle la espalda a alguien que le importaba.

Darse cuenta de eso afectó a Peter mucho más que el navajazo que le cruzaba la cara.

Gracias —dijo de repente, ganándose dos miradas de sorpresa, —a ambas.

Emilia se detuvo a medio camino de servirse otra taza de té.

¿Por qué?

Por vuestra amabilidad. —Peter tenía un nudo en la garganta y no podía dejar de mirar a Lali. —Me siento honrado de contar con vuestra amistad.

La expresión de la joven se suavizó y se transformó en algo que él fue incapaz de descifrar, pero que le llegó al corazón. ¿Qué diablos le pasaba? Sólo llevaba unas horas con ella y ya estaba perdiendo la cabeza.

Siempre la tendrás —contestó despacio. Y luego miró a su madre. —¿No es así, mamá?

Maldita fuera, por un segundo se había olvidado de Emilia.

Por supuesto —respondió ésta con una sonrisa, colocando una mano sobre la rodilla de Peter. —Siempre.

De algún modo él consiguió esbozar una sonrisa antes de inventarse una excusa para salir de allí cuanto antes y dejarlas solas. Sintió la incrédula mirada de Lali fija sobre su espalda al abandonar el salón, y tuvo que obligarse a no mirar atrás. Porque si lo hacía no se hacía responsable de sus actos.

Al fin y al cabo, todavía le quedaba algo de orgullo.


Tienes que probar este pastel.

Lali  sabia que de nada le serviría discutir con su amiga Rochi, así que abrió la boca y aceptó el pedazo de tarta de chocolate. Tendría que comer poco a la hora de cenar si quería caber en los vestidos.

Mmm —reconoció, al sentir cómo el bizcocho se fundía en su lengua. —Está buenísima —Estaban en la terraza de la mansión que tenía la familia de Rochi en Londres. La vizcondesa de Rothchild daría una merienda cada año por esas fechas para celebrar el inicio de la Temporada. Era la primera quincena de mayo, pero el jardín de los Rothchild estaba repleto de damas luciendo vestidos de colores con sombrillas de encaje para cubrirse del suave sol de mediodía.

Creo que cogeré otro trozo —dijo su amiga con un suspiro. Rubia con la piel color marfil y ojos azules, Rochi era delicada como una azucena y con la determinación de un roble.

Lali la miró incrédula y algo envidiosa.

Si yo comiera como tú, pesaría cien kilos.

Rochi dejó el plato vacío a un lado y se limpió las comisuras de los labios con la servilleta.

El mérito es de mi madre, que vigila todo lo que como cuando estamos solas. Casi no me deja probar nada.

Lali miró a las damas y caballeros que había charlando a su alrededor y vio a lady Rothchild riéndose con su madre, que parecía una orquídea negra en medio de flores de colores.

¿No se dará cuenta de todo lo que estás comiendo ahora?

Rochi se lamió un poco de chocolate que le había quedado en los labios.

Está demasiado ocupada haciendo de anfitriona. Además, si me lo pregunta, le diré que es para ti. Lali se río.

¿Como esa vez que te pillaron con los puros de tu padre?

La patricia nariz de Rochi se arrugó.

Eran asquerosos. Y a ti no te riñeron tanto como me habrían reñido a mí.

Eso era cierto, pero Lali prefirió no decírselo. La madre de Rochi era una arpía, y siempre encontraba defectos a su dulce hija.

Si quieres otro trozo de pastel, deberías ir a cogerlo antes de que se termine.

Su amiga se levantó de la silla y fue hasta la mesa en la que un lacayo servía los dulces.

Lali aprovechó esos minutos de soledad para observar. La mayoría de las damas presentes las habían recibido con los brazos abiertos después de que la madre de Rochi las presentara. Nadie se habría atrevido a desafiar en público a lady Rothchild. A pesar del escándalo que tenía el pasado de Lali, ella seguía siendo la hija de un conde. El titulo de su padre había pertenecido a la familia durante siglos y era uno de los más antiguos de toda Inglaterra.

A decir verdad, algunos invitados se habían alegrado sinceramente de verlas, y la joven y su madre habían recuperado varias amistades, así como ganado varias imitaciones.

Por el momento, lo de reaparecer en sociedad estaba saliendo tal como había esperado, aunque la auténtica prueba de fuego sería el primer baile. Lali trataba de no pensar en ello, pero deseaba con todas sus fuerzas que fuera tal como recordaba, tal como había soñado. Llevaba un vestido perfecto, a la última moda, y tenía que reconocer que estaba muy guapa. No le importaría no tener el carnet de baile lleno de nombres, con unos pocos le bastaría para estar contenta. Muy contenta.

Incluso aunque Peter no estuviera allí. Al pensar en eso, perdió algo de entusiasmo.

Cuando su amiga regresó, Lali vio horrorizada que traía consigo dos platos, cada uno con un enorme pedazo de pastel.

Rochi —se quejó. —Quieres que engorde, ¿a que sí?

Por supuesto que no, pero conociéndote como te conozco, seguro que estarías guapísima aunque pesaras una tonelada. —La obligó a coger el plato. —Quiero que seas feliz, cómetelo.

¿Y se supone que voy a encontrar la felicidad en un trozo de tarta de chocolate? —le preguntó con una sonrisa.

Me apuesto lo que quieras —contestó Rochi con la boca llena.

Oh —exclamó ella, seria. —Tienes razón, estoy a punto de entrar en el paraíso.

Hablando del paraíso —dijo Rochi unos minutos más tarde, —cuéntame que pasó en el Saint Row.

¡Baja la voz! —Nerviosa, miró hacia ambos lados para asegurarse de que nadie la había oído, pero comprobó que estaban solas en aquel banco.

No me hagas callar. Lali Esposito. ¡Soy tu mejor amiga, y hace días que me tienes en ascuas! Exijo saber los detalles

Con las mejillas sonrosadas, ella se quedó mirando el pastel a medio comer que tenía en el plato. El sentido de la oportunidad de Rochi dejaba mucho que desear, pero al menos había conseguido que dejara de comer

¿Qué quieres saber?

La otra la miró incrédula.

Todo, por supuesto. —Entonces, como si se diera cuenta de con quién estaba hablando, suspiró. — ¿Lo encontraste?

Lali asintió.

Sí. —Creyó que el rostro le iba a arder y apartó la mirada. —Oh, Rochi.

Su amiga le cogió la muñeca y el tenedor golpeó contra el plata
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Ya se La foto es con Euge!
Perdon por no subir! Estaba en Disney Land Paris.
Hace 2 dias, llegue a casa. 
Tengo muchos deberes!
Mis conejos estan enfermos.
Pronto habra Maraton!
Gracias

jueves, 8 de noviembre de 2012

La Mascara Del Amor Cap 11


                                     La Mascara Del Amor

Esas de ahí —señaló el, —¿son las que tienes intención de rechazar?

Las mejillas de la muchacha, que normalmente estaban pálidas como el marfil, se sonrojaron.

Creo que es lo mejor.

Peter se sorprendió.

Te ruego que me disculpes, pero después de haber estado tanto tiempo alejada de la vida social creía que os apetecería ir a todas partes. —En especial, teniendo en cuenta lo impaciente que había estado ella para regresar a ese nido de pirañas y ratas inmundas que era la alta sociedad londinense.

Lali lo miró con lo que podría llamarse indignación ¿Había también resentimiento en aquella mirada? Ridículo. Después de todo lo que él había hecho por ella y por su madre, ¿qué motivo podría tener para pensar mal de él? Peter siempre había sido amable con ellas, y jamás se le ocurriría decirles cómo tenían que vivir la vida ni a qué fiestas tenían que asistir. Maldición, si él nunca iba a ninguna.

Porque una de estas imitaciones es de lady Francis y la otra de lady Devane. ¿No son esas dos algunas de las damas sospechosas de estar detrás de tu ataque? ¿O acaso no escuché bien la conversación que mantuviste con mi padre?

¡Lali! —Emilia estaba tan sonrojada por el atrevimiento de su hija que parecía a punto de estallar.

Peter se sentía más arrepentido que humillado por el recordatorio. De hecho, le emocionaba pensar que la joven estuviera dispuesta a ignorar a aquellas dos damas de la alta sociedad por él.

Jamás debiste haber oído esa conversación —se lamentó. —Pero ya que fue así, supongo que no puedo negarlo, aunque la verdad es que nunca encontré suficientes pruebas en contra de ninguna de ellas. No quiero que rechaces ninguna invitación por mí, pero tampoco quiero que asistas a una fiesta en la que no vayas a estar cómoda.

Ella apartó la vista y volvió a ignorarlo, a evitarlo.

Estoy convencida de que sólo me han invitado para preguntarme por ti.

Lali —la reconvino su madre. —No me gusta que seas tan mal pensada.

Su hija se encogió de hombros.

Pero es así, mamá. Y eso no significa que no tenga razón. No quiero tener nada que ver con una dama capaz de cometer tal vileza, tenga el título que tenga.

Peter podría besarla hasta cansarse, sólo por ser tan leal. Peter podía sentir toda la indignación que quisiera en su nombre, pero él sabía que se tenía merecido lo que le había sucedido esa noche. De hecho, aquel incidente le había cambiado la vida para siempre, para mejor.

Había quien creía que rehuía a la sociedad porque tenía miedo o se sentía humillado. Otros porque no quería que lo vieran con la cara desfigurada. Pero no era verdad. Peter no quería tener nada que ver con la sociedad porque odiaba las sucias mentiras que se ocultaban tras aquella superficie de modales y absurdas normas de etiqueta. Evitaba los actos sociales porque le daban asco.

Eres una persona con un gran sentido del honor y de la lealtad. Lali —le dijo, aunque ella seguía sin mirarlo. —Me recuerdas a tu padre.

La muchacha levantó la cabeza, tenía los ojos brillantes por las lágrimas.

Gracias.

Charles Esposito había sido un gran hombre, pero sin cabeza para el dinero ni los negocios, igual que muchos otros miembros de su clase. Esa había sido su perdición; años de gastar sin control, comprando todo lo que se le antojaba para él, o para su esposa y su hija. Peter, igual que todos los demás, no tenía ni idea del estado real de las finanzas de su amigo, pues Charles nunca le dijo nada. Así que cuando se arruinó, lo perdió todo.

El pobre jamás consiguió superarlo.

Peter sostuvo la mirada de Lali, ahogándote en la profundidad de aquellos ojos castaños. No tenía ni idea de cuánto rato estuvieron mirándose, pero cuando Emilia carraspeó, supo que había sido demasiado.

Jamás he podido darle las gracias por todo lo que ha hecho por nosotras, su gra... Juan Pedro.

Mi querida dama, es del todo innecesario. —Podía parecer que sólo estaba siendo educado, pero lo decía de verdad.

Aun así —insistió lady Esposito. —Has sido muy amable con mi hija y conmigo. Regalarle una temporada a Lali... jamás podré agradecértelo lo suficiente.

El volvió a mirar a la silenciosa joven que estaba sentada a su escritorio.

Ver a Lali felizmente casada será agradecimiento suficiente.

Emilia se río feliz, como haría cualquier madre al pensar en los esponsales de su hija, pero el rostro sonrojado de la muchacha palideció en cuestión de segundos. Cualquiera diría que Peter acababa de darle un puñetazo.

Claro que yo no tengo nada que decir acerca de tu posible marido. Lali. —Pensó que buena parte de la sociedad londinense asistiría a su boda. Y también pensó que quizá a ella le daría vergüenza que él estuviera allí, con aquella cicatriz.

Asimismo pensó o, mejor dicho, sintió como una patada en la cabeza, que ver a Lali  casándose con otro tipo le apetecía casi tanto como que lo castraran.

Quizá menos.

Carraspeó, consciente del silencio que se había instaurado en el salón.

Puedes tomarte todo el tiempo que quieras. Me ocuparé de vosotras todo el tiempo que sea necesario.

¡Oh! —Emilia se llevó las manos a su voluptuoso pecho. —¡Eres muy amable!

Peter se esforzó por esbozar una sonrisa antes de volver a mirar a la joven que ocupaba una parte excesiva de su mente.

¿Has pensado alguna vez qué cualidades buscas en un marido, Lali? Tal vez conozca a algún joven que pueda encajar. —Ninguno tanto como él. Ninguno se arrodillaría delante de ella y la adoraría del modo en que él ya lo hacía.

Dejando a un lado su obsesión. Peter la respetaba. Había presenciado cómo había pasado de ser una niña malcriada a una joven capaz de estar junto a su padre cuando éste tuvo que enfrentarse a la ruina. Una mujer que lo había cuidado después de que lo atacaran, que había consolado a su madre cuando ambas perdieron al hombre que las cuidaba. Por eso Peter no había dudado ni un instante en ocupar su puesto, porque a él nunca lo habían querido ni necesitado como aquellas mujeres querían y necesitaban a Charles Esposito. Ocuparse de ellas le había aportado tanto que jamás podría compensarlas por ello.

Lali estaba jugando con un sobre por abrir, recorriendo el borde con los dedos. Tenía la mirada fija en la mesa, pero en ese instante la levantó y miró a Peter. Esta vez no le cupo duda: en los ojos de la muchacha brillaba un desafío que lo desconcertó.

Las cualidades que busco en un esposo son sencillas —contestó tranquila. —Lo único que quiero es que ese hombre me quiera por encima de todas las cosas, incluso de su caballo, su fortuna y su orgullo.