Y, entonces, por si acaso ella creía que con esa conversación su noche
había llegado a su fin, la abrazó y volvió a colocársele encima. La besó
despacio, con ternura, esperando a que se recuperara para volver a seducirla de
nuevo. Le besó los bordes de la máscara, las mejillas y, por fin, los labios...
hasta que ella empezó a moverse debajo de él, buscando sus caderas con las
suyas.
Peter le hizo el amor por segunda vez y, al terminar, ambos estaban
exhaustos, satisfechos. El se permitió incluso el lujo de quedarse dormido
entre los brazos de ella. ¿Cuánto hacía que no pasaba toda una noche con una
mujer? Demasiado. Se había olvidado de lo agradable que era sentir la calidez
de otra persona a su lado, de lo que era sentir aquellas suaves curvas contra
sus muslos.
Se le estaban cerrando los párpados cuando se dio cuenta de que no
sabía el nombre de su misteriosa dama, y que, por lo tanto, le sería imposible
encontrarla si ella le daba plantón la siguiente semana. Si cambiaba de opinión
y no aparecía, la perdería para siempre. Una parte de él sabía que si eso
llegaba a suceder podría superarlo. Pero otra...
Y fue esa parte la que le hizo abrazarla y apretarla contra él con
todas sus fuerzas.
Aún faltaban varias horas para que amaneciera cuando Lali Esposito
abrió los ojos.
Dios santo, ¿cómo había corrido el riesgo de quedarse dormida? Era muy
tarde. Si quería coger el primer tren y convencer a su madre de que no había
salido de su habitación en toda la noche, tenía que irse de allí cuanto antes.
No podía perder más tiempo mirando embobada cómo Peter dormía,
escuchando su suave respiración y sus suspiros.
Aunque, a decir verdad, podría pasarse toda la eternidad haciendo
simplemente eso. Era tan atractivo, que sólo con mirarlo se le rompía el
corazón, la máscara que le cubría el rostro no le molestaba en absoluto, pues Lali
conocía de memoria cada uno de sus rasgos.
Ni siquiera aquella cicatriz podía empañar la perfección de su rostro.
Ahora tenía los ojos cerrados, pero cuando los abría eran de un verde
clarísimo, con diminutas motas marrones. Tenía la nariz larga y prominente, los
pómulos marcados, y la mandíbula cuadrada. Pero lo que a ella más le gustaba
era su boca. Le encantaba ver cómo Peter la movía al hablar, cómo la curvaba al
sonreír. Y lo que más le gustaba era sentirla encima sobre la suya.
«Gracias, Dios. Gracias por hacerme este regalo.»
Lali no pudo resistir la tentación de tocarlo una última vez, a pesar
de que corría el riesgo de despertarlo. Le apartó un mechón de pelo de la
frente, acariciando la oscura y sedosa textura entre sus dedos.
¿Esa noche había sucedido de verdad o había sido todo un sueño? ¿De
verdad le había entregado la virginidad al único hombre que se había ganado su
corazón? ¿Y de verdad le había oído susurrar su nombre, o su loco corazón se lo
había imaginado?
Tenía tantas preguntas que su mente parecía incapaz de centrarse en
ninguna. Había hecho lo que se había propuesto y no iba a lamentarlo. Si aquel
acto tenía consecuencias, les haría frente. Lali no esperaba nada de Peter,
pero deseaba con todas sus fuerzas que...
Deseaba poder vivir sin aquel incesante deseo que sentía por él, un
deseo que la seguía a cada paso que daba, que determinaba todas y cada una de
las decisiones que tomaba. Tal vez ahora pudiera ser libre. Pero había aceptado
volver a verlo la próxima semana. Eso no era la libertad, eso era el principio
de una aventura. Una que ella no podía tener. Que no podía permitirse. Que era
demasiado arriesgada.
Salió de la cama despacio. Las piernas apenas la sostenían, las
rodillas le temblaban, la incomodidad que sintió entre las piernas le recordó
que lo sucedido allí había sido muy real y no un sueño. Se vistió tan rápido y
bien como pudo. Ya se peinaría en uno de los baños de abajo antes de salir a
buscar un carruaje.
Al llegar a la puerta, dudó unos instantes, y miró de nuevo al hombre
que estaba tumbado en la cama. Se sentía culpable por abandonarlo mientras
dormía, sin decirle nada. Bajó la vista hacia su vestido y se arrancó una
escarapela del mismo. Había tantas que podría arrancarse seis sin que nadie se
diera cuenta, así que una no tendría importancia. Dejó el adorno de seda encima
de la mesa, junto al pañuelo de cuello de Peter.
Bueno, al menos así sabría que había pensado en él antes de irse.
Miró por última vez al hombre que había cambiado su vida para siempre
y, sigilosamente, salió de la habitación. Corrió escaleras abajo, se acicaló,
tal como había planeado, y salió de la casa en busca de un carruaje. Por suerte
para ella, la calle Saint Row estaba plagada de ellos. Al parecer, era de lo
más habitual que los clientes del club lo abandonaran a primera hora de la
mañana.
Le pidió al cochero que la llevara a la estación y se metió dentro. El
coche no había llegado ni a la esquina cuando las lágrimas empezaron a resbalar
por sus mejillas. ¿Qué diablos le pasaba? Había tenido la noche más maravillosa
de toda su vida, había vivido una experiencia sin igual con el hombre de sus
sueños y él la había hecho sentir como si no hubiera nadie en el mundo
comparable a ella.
Entonces, ¿por qué se sentía tan mal?

Deseo cumplido.Pero ese sentirse tan mal ,espero k se deba ,a k el realmente no supo k era ella.
ResponderEliminarK relajadito y feliz k se quedó Peter .Ahora le entrará el pánico ,hasta el fin d semana siguiente.
ResponderEliminarSe debe sentir mal porque el no sabe quien en verdad era ella y encima lo dejo soolo sin despedirse,,
ResponderEliminarGenial la nove, espeero mas
besoo :)
Arii - @AriadnaAyelen
Haha por lo menos le dejo un recuerdo ;) mas mas
ResponderEliminarMe encanta!!! Espero con ansias el próximo encuentro más!!!
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