—Creo que para tu
primer baile deberías ponerte el vestido azul. Y para el segundo quizá el rosa.
¡Qué amable ha sido el duque al regalarte estos vestidos tan bonitos! Tienes
que acordarte de darle las gracias.
Lali sonrió a su madre. Apenas le había dado tiempo de respirar desde
que habían salido de Bramsley. Aunque le encantaba ver a su madre tan animada
después de haber pasado los dos últimos años deprimida, desde la muerte de su
marido, a Lali le hubiera gustado estar un rato tranquila con sus pensamientos
antes de llegar a la mansión Ryeton.
—Le daré las gracias
a Pe... al duque, mamá, le lo prometo.
La mujer sonrió y entrelazó las manos en el regazo, igual que una niña
embargada de felicidad. Contenta, miró por la ventana del carruaje.
—Hacía tanto tiempo
que no venía a Londres que me había olvidado de lo mucho que lo echaba de
menos.
Su madre no había estado en Londres desde la muerte de su padre. Lali,
al menos, había visitado a una de sus amigas el año pasado, pero no durante la
Temporada, por supuesto. Aquélla era su primera Temporada en tres años. Tres
largos años en los que no se había puesto ningún vestido que no fuera negro o
gris Tres años sin bailar y sin llevar flores en el pela Hacía mucho que no se
arreglaba con la esperanza de que algún posible pretendiente se fijara en ella.
Tres años... hasta la noche anterior.
Algo más por lo que tenía que estarle agradecida a Peter. A ese paso,
se pasaría toda la semana dándole las gracias.
Una parte de ella no podía quitarse de encima la sensación de que lo
sucedido la noche anterior había estado mal, de que había cometido un pecado.
Pero había tenido tantas ganas de cometerlo... Lo deseaba más que nada en el
mundo, más que su padre no hubiera perdido toda su fortuna.
Y había sido maravilloso, más de lo que habría podido imaginarse
jamás, pero también había sido horrible, porque por mucho que Peter hubiera
pretendido que le estaba haciendo el amor a ella, en realidad creía estar
haciéndoselo a otra persona. El jamás sabría la verdad, y eso empañaba la
belleza de su noche juntos, a pesar de los remordimientos que Lali pudiera
tener.
Su madre se alisó la falda negra de seda. Se negaba a quitarse el luto
y a vestirse de otro color. Afortunadamente, era una de esas mujeres a las que
el negro les sentaba muy bien, dándole un aspecto triste pero elegante. Lali estaba
convencida de que ni siquiera la reina Victoria sería capaz de encontrar un
defecto en su aspecto. Llevaba la melena negra recogida en un moño tan tirante
que en cualquier otra dama habría resultado desfavorecedor. Tenía la piel muy blanca,
mucho más que la de Lali, que se parecía más a su difunto padre, y los ojos
verde claro como la hierba. Era tan guapa que casi dolía verla tan contenta. Se
merecía ser feliz.
—¿Y tú qué te pondrás
para asistir mamá?
—Seguro que
encontraré algo, —le respondió sin darle demasiada importancia.
Negro, Simple y sencillo, lady Mardsen no quería que nadie se fijara
en ella, y eso bastaba para que recibiera más atención de la deseada. Bastaría
con su aspecto para atraer las miradas de varios caballeros. Sólo la armadura
negra la protegía.
Eliminando la corta distancia que las separaba, Lali le cogió la mano
con cuidado de no despertar al pequeño fox terrier que dormía a su lado.
—¿Tratarás de pasarlo
bien, no?
Sonriéndole, de ese modo compasivo del que sólo es capaz una madre, le
colocó la palma encima.
—Por supuesto. —Lo
que significaba que se empaparía de la felicidad de Lali y nada más.
Y no era que ella fuera la encargada de la felicidad de su madre. Por
supuesto que no. Ésta nunca se lo había hecho sentir así, pero eso no evitaba
que la joven tuviera la sensación de llevar esa carga sobre los hombros.
—Tal vez pudieses ir
a visitar a tus amigas de antes —le sugirió, apoyándose de nuevo en su
respaldo, a medida que el carruaje se balanceaba al cruzar la calle adoquinada.
—Renovar viejas amistades.
La mujer la miró ligeramente sorprendida.
—Bueno, sí, supongo
que podría. —Le sonrió. —Sería maravilloso volver a verlas.
La presión que sentía Lali en el pecho se aflojó un poco, una presión
que ni siquiera sabía que estaba allí hasta que desapareció.
—Estoy segura de que
a ellas también les gustaría volver a verte, mamá. -Al menos las que habían
sido sus amigas de verdad. A las demás, quizá les preocupara que su padre
hubiera perdido toda su fortuna y le darían la espalda, pero siempre quedarían
las que harían un esfuerzo al saber que eran las protegidas del duque de
Ryeton.
Dios santo, la lista de agradecimientos seguía creciendo.
Lali estiró la espalda. ¿Cuánto faltaba para llegar a la mansión
Ryeton?
Su madre debió de darse cuenta de que estaba incómoda.
—Ya casi hemos
llegado —le dijo, mirando el paisaje.
La joven vio entonces que el carruaje atravesaba las columnas de la
entrada. La verja de acero se cerró detrás de ellas y siguieron adelante por un
camino de grava que conducía a un patio sombreado.
La mansión Ryeton. El corazón le dio un vuelco. Habían llegado.
¿Qué esperaba que sucediera cuando entraran en la casa? ¿Que Peter las
recibiera y, al verla, se diese cuenta de que era su amante y cayera postrado a
sus pies? Tal vez incluso le suplicaría que se casara con él, obligándola a
desobedecer las órdenes de su padre y convertirse por fin en su esposa.
Lo que de verdad le gustaría a Lali sería ser capaz de estar frente al
duque sin sentir que el mundo se desvanecía bajo sus pies. Le gustaría saber
que lo que sentía por él podía sentirlo algún día por otro hombre, aunque fuera
una milésima parte. No tenía más remedio que creer que eso era posible.
Un lacayo con la librea de Ryeton les abrió la puerta del carruaje y
colocó los escalones. Luego, ayudó primero a su madre a salir del mismo, y
después a ella. Su madre con Maurice, su perro, en brazos, la esperó
disfrutando de la brisa del atardecer.
Lali fue tras ella. El aire era relativamente fresco comparado con el
del coche, pero no tan agradable como en Kent, que era a lo que estaban
acostumbradas. Pero bueno, estaban en Londres, y eso hacía que todo les
pareciera bien.
Mientras los lacayos descargaban el equipaje, ambas mujeres subieron
los escalones de la entrada. Westford, el mayordomo, abrió la puerta y las
recibió con una sincera sonrisa.
—Lady Emilia, lady
Lali, es un placer volver a verlas.
Dentro de la casa, a Lali empezó a latirle el corazón con más fuerza.
¿Iría Peter a recibirlas? ¿O todavía no estaría en casa? Quizá seguía en Saint
Row, en la cama donde ella lo había dejado esa mañana...
—¡Emilia, Lali!
Un escalofrío le recorrió la espalda al oír su voz. Sólo él las
llamaba por sus nombres. Los padres de Lali habían insistido en ello, en
especial después de salvarlos. Era más de lo que se permitía habitualmente,
pero de algún modo les había parecido bien darle tal privilegio al duque.

Me encanta más!
ResponderEliminarAadsafdsasdafsafdsaf quiero ver que le dice e e e e e e e. Maaaas
ResponderEliminarEmilia parece k intuye el interés d Lali en el duque,seguro estaría satisfecha d esa unión ,con tal d ver feliz a su hija.El k si k estará feliz con su llegada es el duque,jajaja.
ResponderEliminarAa se reencontraron, yo creo que el sabe que era ella la de la noche pero no lo quieere reconocer!
ResponderEliminarEspeero mas, beso :)
Arii - @AriadnaAyelen
mas!
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