Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

viernes, 31 de agosto de 2012

Luna de Miel en el Desierto Cap 22 y 23

                                        Luna de Miel en el Desierto


Antes de poder responder, apareció el campamento ante su vista. Constaba esencialmente de una enorme tienda, capaz de albergar todo un banquete nupcial a la inglesa. Y estaba plantada en un valle entre dunas.

—Se trata de una reliquia del tiempo de los shikars… los cazadores de tigres —sostuvo Peter—. El abuelo de Nico invitaba aquí a altos dignatarios, en visita por Rajastán. Surcaban el desierto a toda velocidad en sus Rolls-Royce y apuntaban a los felinos desde el maletero abierto. Ahora nos puede parecer extraño que quisieran cazar tigres, pero para los shikar, era una cuestión de supervivencia. Lo que condujo al exterminio de estos animales no fueron esos hombres sino la destrucción de sus hábitats. Por lo que no tienes que tener escrúpulos de dormir bajo el mismo techo que aquellos cazadores de trofeos.

El comentario estaba tan alejado de sus pensamientos, que Lali estuvo a punto de reír.

—No los tengo —le aseguró ella—. Aquella era otra época con otros valores. Nico me comentó en cierta ocasión que algunos turistas estaban en contra de las cabezas disecadas de tigre presentes en palacio. Él les suele explicar que son reliquias del pasado. Como las huellas de las manos de las viudas que se sacrificaban en las piras funerarias de sus esposos. No recuerdo la fecha en que dichos sacrificios fueron prohibidos.

—Hace unos ciento setenta años —contestó Peter—. Detesto ver esas pequeñas huellas en las paredes de palacio. No puedo comprender como hombres poderosos e influyentes podían permitir que continuara esa costumbre. Al menos, si les importaban sus viudas.

Lali se arrepintió de haber mencionado el tema. Quizá aquella evocación del pasado recordara a Peter la muerte de su primera esposa.

Aquella noche, Lali no quería que Peter pensara en la mujer con la que se había casado por amor. Aunque después de todo era natural que hubiera recordado a Nuala en algún momento.

Ella misma había recordado la boda de varias amigas…

Cuando se acercaron a la gran tienda, dos empleados de palacio los recibieron en la entrada. Les sonrieron cordialmente y se ocuparon en seguida del equipaje.

El interior de la carpa albergaba más de una habitación. La principal era el salón amueblado con cómodos asientos, mesas bajas e incluso un escritorio. Sobre el suelo de lona estaban extendidas varias lujosas alfombras.

—Es mejor que tomemos el té fuera —sugirió Peter.

A continuación, intercambió unas palabras con los sirvientes.

—Si te quieres lavar las manos, la tienda de abluciones de las mujeres está en esa dirección —dijo Peter con un gesto—. La de los hombres está en la opuesta.

Mientras esperaba que ella volviera de lavarse las manos, Peter pensó que habría preferido pasar la luna de miel en otro lugar. Debería haber reservado una suite en el hotel del palacio de Udaipur. Aunque allí solía haber muchos turistas, en las habitaciones privadas había más intimidad.

Peter y Lali tendrían que esperar hasta después de la cena para que se retiraran los sirvientes y poder estar solos.

La razón por la cual no había reservado una suite en Udaipur, el palacio más romántico de Rajastán, se debía a Nuala. Había estado allí con ella como en tantas otras partes de la India. Incluso habían acampado en el desierto, pero sin todo ese lujo. El único asistente que habían tenido había sido un conductor de camellos ebrio. Les seguía con sus pertenencias, mientras ellos iban a pie. Y por la noche, dormían en sacos de dormir a la intemperie.

Pero eso había ocurrido hacía mucho tiempo y lo mejor era olvidarlo. Por ese motivo había recurrido a la haveli. La verdad era que el cambio de planes parecía haber alterado los nervios de Lali.

Peter no estaba muy seguro de lo que la preocupaba. Porque estaba claro que a su edad ya no era una cría. Debía tener que ver con sus experiencias sexuales anteriores. Se ponía malo con sólo pensar que algún hombre la hubiera maltratado. A pesar de estar segura de sí misma como profesional, en otros aspectos,Lali era muy vulnerable.

Lali vio desde el otro lado de la estancia a Peter con los brazos cruzados. Tenía aspecto de todo menos de ser feliz. Pero su expresión lúgubre desapareció cuando la divisó. No obstante, Lali temió que se hubiese arrepentido ya de un matrimonio tan precipitado. Tuvo ganas de preguntarle en qué pensaba, pero no lo hizo.

—Los visitantes que vengan después de nosotros no podrán quejarse de las instalaciones sanitarias —repuso Lali—. Teniendo en cuenta donde estamos, son estupendas.

—Me alegro que des tu visto bueno —dijo Peter.

A ella le dio la impresión de que, más que un recién casado parecía un viajero en la primera noche de un tour organizado.

En cierto modo, su voz sonaba aburrida.

Lali se preguntó cómo transcurriría la tarde hasta la hora de acostarse. Pero, aliviada, vio entrar a los sirvientes con una bandeja, dispuestos a servir ritualmente el té.

Después del té les sirvieron varias bebidas mientras contemplaban la puesta de sol. Como sonido de fondo sonaba un gramófono con canciones de principios de siglo. A Nico le había parecido una idea original, propia de la clientela más sofisticada.

Cenaron a la luz de las velas, charlando acerca de sus lecturas infantiles y juveniles. A pesar de ser un tema anodino, Lali no estaba del todo relajada.
 
                                   Luna de Miel en el Desierto

 
—La mejor manera de comer la comida hindú es con las manos —adujo Peter—. Si lo haces con cubiertos es como si bebes vino con una paja. No tiene el mismo sabor. Pero para los occidentales no es fácil atreverse; es algo demasiado sensual.

—Puede que de niños les regañasen por comer con los dedos —respondió Lali con humor.

—Tienes razón, la mayoría de los miedos comienzan así. A una de mis hermanas le encantaba correr descalza. Alguien le dijo para que dejara de hacerlo que el brezo del suelo estaba lleno de serpientes. Aunque de hecho las hay, el riesgo de que te piquen es mínimo. Pero una vez metido en el cuerpo, el miedo es muy difícil de vencer.

—Lo sé —agregó Lali—. A mi madre le asustaban mucho las arañas y a mí también. Pero cuando Gaston era pequeño intentaba dominarme para no contagiárselo a él. ¿Tú tienes alguna fobia, Peter?

—No me gustan nada las cuevas —prosiguió él—. He intentado bajar bajo tierra varias veces pero no lo he podido soportar.

A Lali le gustó su respuesta tan sincera.

—Ya eres mayorcito para merodear por túneles subterráneos —exclamó Lali—. A mí tampoco me gusta la oscuridad ni el peligro de quedar atrapado. Hay un profesor en Marsden al que le encanta la espeleología. No me gustaría que se lo transmitiera a Gaston. Me horrorizaría que tuviese un accidente…

Lali sintió un escalofrío. Justo al mismo tiempo se dio cuenta de que quizá no era muy oportuno hablar de Gas aquella noche. Se suponía que era su marido el que tenía que centrar su atención.

—Yo en tu lugar no me preocuparía —repuso Peter—. Ahora se ha encaprichado con querer aprender a volar. ¿No te importaría, verdad?

—En absoluto, volar, hacer vuelo sin motor o parapente… Al fin y al cabo, todo eso ocurre por encima de la tierra —expuso Lali.

Tras la cena, los criados les sirvieron el café y se retiraron. Por fin estaban solos.

—¿Pongo más música? —preguntó Peter.

—Me parece bien —respondió Lali.

En vez de darle cuerda al gramófono, Peter se fue a buscar un radiocasete portátil. Puso una cinta que Lali identificó al momento como una de sus favoritas antes de abandonar Inglaterra.

—Yo también la tengo —exclamó ella sonriendo.

—Qué coincidencia —repuso él—. Esto es un buen augurio.

Cuando la cinta finalizó también habían terminado con el café que quedaba.

—Lo más bonito del desierto es el amanecer —dijo Peter—. Si queremos estar despiertos para entonces es mejor que nos retiremos.

—Voy a lavarme los dientes —adujo Lali, que se imaginaba que su camisón estaría desplegado en la tienda de abluciones.

Sin duda, algún sirviente se habría encargado de deshacer su equipaje. Eso ya no la sorprendía tanto como al principio.

Junto al lavabo había una jarra termo con agua caliente. Afortunadamente, no tendría que lavarse con agua fría.

Cuando volvió a la tienda principal, Peter estaba esperándola vestido con una túnica de seda azul oscuro. No llevaba nada debajo y por eso el vello del pecho asomaba por la abertura. Tema los tobillos desnudos y en los pies llevaba el calzado propio de Rajastán.

Sintiéndose particularmente nerviosa, Lali pasó frente a Peter y se dirigió hacia el dormitorio.

Nico le había comentado que las alcobas debían contar con todo tipo de comodidades para proporcionar el máximo confort.

Las tiendas para los turistas normales estaban equipadas con dos camas. Pero en aquella tienda habían dispuesto un diván. Estaba compuesto por tres colchones y estaba cubierto con unas sábanas especiales y una especie de quilt.

Lali se fijó en la luz de las velas que estaban encendidas a cada lado del diván.

—Ha sido un día muy largo —expuso Peter—. Me imagino que lo que más te apetece será acurrucarte en la cama y dormirte pronto.

La respuesta más sincera habría sido asentir, pero ¿cómo le iba a decir eso? Ahora ya era su esposa.

Por muy anticuado que pareciese, ella se sentía con el deber de satisfacer los instintos masculinos en su noche de bodas.

De pronto, Peter se acercó a Lali y posó las manos sobre sus hombros.

—Tratemos de ser honestos y abramos nuestros corazones —siguió diciendo Peter—. Éste no es un matrimonio corriente. En público ya hemos interpretado nuestros papeles. Ahora veremos cómo vamos a llevar nuestra vida íntima. No existen normas ni deberes. Ignoremos las convenciones y hagamos caso a nuestros instintos. Mi instinto me dice que necesitas descansar. Es mejor que nos durmamos pronto.

Y, tomándola por la mano, la llevó a un lado de la cama y descubrió las mantas. Como si fuera una niña, le desabrochó los botones de la bata y luego se la quitó.

—Vamos, métete —la animó—. Las sábanas no estarán frías. Varias botellas de agua caliente antiguas las habrán calentado.

Mientras se metía en la cama, Peter colocó su bata sobre una silla de campo y apagó una de las velas con los dedos.

Incapaz de asumir que él no iba a hacer nada en su noche de bodas, Lali se dedicó a observarlo tapada hasta la barbilla.

Cuando Peter se disponía a desabrochar su túnica, la miró a los ojos.

Se metió en la cama y apagó la otra vela. La tienda quedó sumida en la más absoluta oscuridad.

Entre los dos cuerpos tendidos había una gran distancia, teniendo en cuenta lo grande que era el diván.

—Buenas noches, querida. Que duermas bien.

—Buenas noches —repuso Lali.

Ella estaba decepcionada, incluso resentida con él. Lo único que había conseguido posponiendo el encuentro era exacerbar más la tensión. Que rancio había sonado ese «Buenas noches, querida». Era el tipo de cosas que les decían los hombres de la edad de su padre a sus esposas. Para ellas, el sexo era más un deber que un placer.

Lali se preguntó cómo reaccionaría Peter si atravesara ese territorio desértico que los separaba. ¿Qué ocurriría si ella le incitaba a que la poseyera? Pero no se atrevió a hacerlo. Lo cual, para una mujer de su edad era algo ridículo. ¿Por qué tenía que comportarse como una mojigata?

En plena noche, Lali se dio cuenta de que la situación había cambiado. Después del primer sueño se despertó y pudo comprobar que el brazo de Peter descansaba sobre su cintura. Contra su espalda reposaba su torso masculino.

Lali se encontraba muy a gusto. Pero, ¿cuándo se había acercado a ella? ¿Lo había hecho conscientemente o dormido? Lo más probable era que lo hubiese hecho a propósito.

Tras su sobresalto, notó la reacción de Peter. La estaba besando en el hombro haciéndole cosquillas.

Pero ella se hizo la dormida, cosa que era imposible teniendo en cuenta lo rápido que le latía el corazón. ¿Sabría Peter que estaba despierta o querría despertarla él mismo?
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Yo no creo que Peter se aleje de ella esta noche. Que pasara?
Lo siento. Estoy por estrangular al tipo del internet!!! =G

Gracias.

martes, 28 de agosto de 2012

Luna de Miel en el Desierto Cap 21

                                        Luna de Miel en el Desierto


Lali no se esperaba el regalo y no tenía nada para ofrecerle a cambio. La pequeña caja contenía un maravilloso par de pendientes de oro y rubís. Ella sabía que Jaipur, la capital de Rajastán, era conocida por los numerosos establecimientos donde tallaban y pulían piedras preciosas. Pero no se podía imaginar que en Karangarh realizasen unas joyas como aquellas. Los pendientes eran del mismo tono que el conjunto que iba a ponerse.

Gaston se quedó con ella hasta que se dirigieron hacia el ala del hotel donde iba a celebrarse la ceremonia y la recepción.

En la puerta, dos empleados de palacio la obsequiaron con una guirnalda de jazmín a modo de corona. A Gaston le ofrecieron otra hecha con caléndulas.

Nico y Peter también llevaban colgando del cuello una guirnalda de flores.

El miembro del Registro Civil que iba a casarlos había llegado ya. Después de las presentaciones, todo el mundo ocupó su lugar. Al cabo de unos instantes Peter y Lali fueron proclamados marido y mujer. A continuación, se hicieron las fotos de rigor.

Cuando estuvieron tomando champán, fue cuando ella pudo agradecerle a su esposo los pendientes que le había regalado.

—Estaba seguro de que te vestirías como las novias de la India. El rojo te favorece; estás guapísima —le dijo él sonriendo.

—Gracias —respondió ella, preguntándose si sería sincero o simplemente amable.

Cuando terminó el almuerzo, Nico hizo un pequeño discurso deseándoles salud y felicidad.

—Y ahora, quiero daros una sorpresa —agregó el Maharajá—. Pensabais que ibais a celebrar la luna de miel en la última haveli que hemos restaurado, ¿no es cierto? Pues vais a cambiar de planes. Podréis inaugurar el tour «Luna de Miel en el Desierto». Peter conoce este medio natural perfectamente, así como sus habitantes. Lali lleva aquí poco tiempo. No obstante, ha sabido captar perfectamente cómo adaptar las viejas tradiciones al futuro inmediato. Parecen ser la pareja más idónea para someter a prueba este nuevo recorrido.

Lali sonrió aunque en el fondo estaba horrorizada.

La haveli que había mencionado Nico era una de las mansiones construidas en los viejos tiempos por ricos mercaderes. Ahora que estaba restaurada iba a albergar la oficina de turismo, más dos apartamentos de lujo en el piso de arriba. Uno de ellos era el que iban a haber ocupado los novios.

Lali pensó que si pasaban la luna de miel en el desierto, Gaston se encontraría más desplazado. Pero Nico guardaba otra carta en la manga. Nada más acabar la boda, iba a volar a Jaisalmer, otra ciudad fortaleza de Rajastán. Y se iba a llevar con él al niño.

—¿Estabas al corriente del cambio de planes? —le preguntó Lali a Peter, una vez que hubieron despedido a Gaston y a Nico.

—Sabía lo de Jaisalmer, pero no lo de la puesta a punto del nuevo recorrido turístico —exclamó Peter, con humor—. Es muy típico de Nico. Cuando se le ocurre una idea, no para hasta ponerla en marcha. Verás cómo nos hace un auténtico examen a la vuelta. Incuso tendrás que tomar notas.

Aunque estaba completamente serio, Lali captó la broma y rió alegremente.

—¿Está muy lejos? —preguntó ella—. Necesito ponerme ropa cómoda para el viaje.

—Mientras te cambias me enteraré de todos los detalles —agregó Peter—. No creo que el enclave esté muy alejado. Te recogeré en cuanto sepa todos los datos.

Y se despidió de ella besándole la mano, antes de encaminarse hacia sus habitaciones.

Lali ya tenía en una maleta lo que pensaba ponerse durante dos días completos en la haveli. Además, había planeado llevar el conjunto rojo el resto del día. Pero ahora, tenía que desvestirse y enfundarse unos pantalones militares y una camiseta.

Cuando los dos estuvieron listos, se reunieron.

—Como me imaginaba, el lugar no está lejos pero el trayecto para alcanzarlo resultará más largo de lo normal. Así, las parejas tendrán la sensación de estar más alejadas de la civilización. ¿Nos vamos?

Normalmente, Lali tenía un buen sentido de la orientación, pero una vez que salieron de Karangarh, la arena, las dunas, todo el paisaje le parecía igual.

Ella se preguntaba cómo sería el campamento, y cuantos hombres cuidarían de ellos. También se quedó pensando si Peter querría hacer el amor por la noche o si se retirarían pronto a dormir.

¿Qué actividades ofrecería el tour además de la posibilidad de hacer el amor? ¿Leer, pasear por las dunas…? Para una pareja de enamorados el planteamiento de Nico era una brillante idea. Pero en aquel matrimonio, el amor sólo estaba presente en uno de los cónyuges. El desierto era el lugar más inoportuno para permanecer durante cuarenta y ocho largas horas.
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Perdon, No tenia internet!
Si no se cae el internet les dejo 3 capitulos hoy!
Gracias! :D

domingo, 26 de agosto de 2012

Luna de Miel en el Desierto Cap 20

                                              Luna de Miel en el Desierto


Eugenia no asistió a la boda, porque coincidía con un acto público imposible de eludir. Al menos eso dijo por escrito. Pero les envió un exquisito regalo de boda. Era una miniatura india donde aparecían dos amantes descansando cerca de un lago rodeado de lotos. Junto al cuadro había una nota en la que les deseaba toda una vida de felicidad conyugal. Lali supo que en ella estaba expresando sus intenciones más sinceras.

 Lali se despertó aquella mañana dispuesta a no empañar con ningún recelo el día de su boda. Se suponía que tenía que ser el día más bonito de su vida.

Hasta entonces, el acontecimiento más importante había sido el día de su graduación en la Universidad. Y por supuesto, el día que vio el rostro de su hijo. Dadas las circunstancias, Lali había temido no poder quererlo. Pero en cuanto lo vio no pudo resistir el instinto de protegerlo y acunarlo.

Afortunadamente, no se parecía al padre. Para entonces, Lali ya no sentía nada por él. De hecho, nunca había estado enamorada de él. Se había dejado llevar por el impulso de la juventud. Y si no hubiera sido por la ayuda de su padre, el descuido podría haberle arruinado la vida.

Gaston apareció en su dormitorio mientras se estaba maquillando. Habían decidido previamente que la ceremonia y la celebración serían de lo más informal. El novio y el padrino-hijastro vestirían camisas con el cuello abierto y unos chinos. Los que llevaba Gaston habían sido confeccionados por un sastre de Karangarh.

—Hola, mamá —dijo el niño—. ¿Estás nerviosa?

—No mucho —repuso Lali—. Estás muy guapo. ¿Te gusta mi traje?

Y la madre hizo un gesto hacia el conjunto que estaba colgado de una percha.

Se había decidido a llevar una versión de un traje típico de la India. La larga túnica y el pantalón estaban confeccionados con seda fucsia y roja. Aunque los colores podían parecer atrevidos para Europa, en Rajastán resultaban espléndidos.

—No sabía que las novias se vistieran de rojo —comentó Gaston.

—En la India, sí —contestó Lali—. Se ponen saris de color rojo y dorado.

—Por cierto… se me olvidaba —exclamó Gaston—. Esto es para ti de parte de Peter. Me lo dio ayer por la noche.

Y el niño sacó de su bolsillo una pequeña caja de terciopelo.
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Perdon por ayer, mañana les dejo el casamiento.  
Feliz dia del actor!!! @laliespos en @lapeleapelicula
Me encanta !! El nuevo LOOK de Lali.