Luna de Miel en el Desierto
Lali se dirigía a una
entrevista de trabajo que había aparecido en los anuncios del Times. En él proponían un empleo
apasionante, muy bien remunerado y con posibilidades de establecerse en un país
exótico. El perfil a cubrir era el de una profesional altamente cualificada.
Se alegraba de haber
sido seleccionada, pero no estaba convencida de poder ganar el puesto. Aunque
ella se consideraba buena, en el mundo del diseño había mucha competencia.
La dirección indicada se
encontraba en la zona más elegante de Londres. Se trataba de un edificio de
apartamentos con un portero uniformado en la puerta. Mientras le indicaba su
nombre, Lali fue consciente de ser observada por un joven vestido de gris.
Tenía aspecto de ser un policía secreto.
El joven escolta la miró
a los ojos fríamente. Sin duda, debía de ser extremadamente eficiente filtrando
las visitas. Lo que significaba que los propietarios de los apartamentos eran o
muy ricos o muy importantes.
—Señora, encontrará al
doctor Lanzani en el cuarto piso, puerta dos —repuso el portero acompañándola
hasta un lujoso ascensor.
Por el camino, Lali se
preguntaba si el doctor Lanzani sería su jefe, y si se trataría de un médico.
Acabó concluyendo que probablemente no sería doctor en medicina. Aquello no
tenía nada que ver con el diseño textil.
La puerta del ascensor
se abrió antes de que Lali pudiese adivinar qué tipo de doctor sería. Allí se
encontraba una sala con un sofá, sobre el cual colgaba un cuadro de Gustav
Klimt. Lali pensó que no sería un original. ¿O quizá sí? A esos niveles todo
podía ser posible.
A un lado de la sala
había un letrero que indicaba donde estaba el apartamento dos. Caminando por la
mullida moqueta, la joven llegó a la hora convenida y llamó al timbre.
Cuando la puerta se
abrió, Lali se encontró a un hombre con la mirada aún más fría que la del
guarda del vestíbulo.
Aunque ella no solía ser
tímida, aquel hombre la hizo titubear. Eso se debía a que era increíblemente
atractivo, sin ser del todo guapo. Jamás había conocido a nadie con un carisma
tan contundente.
Con un nudo en la
garganta, se dirigió a él.
—¿Es usted el doctor Lanzani?
—Sí, pase.
Su voz era brusca y
profunda y daba la sensación de tener otras cosas más interesantes que hacer que
una entrevista.
Cuando entró, Lali fue
plenamente consciente de su presencia masculina. Notaba su altura, su
constitución e incluso la energía física que irradiaba. Sin saber por qué, su
mente la transportó a cierto momento de su infancia. Recordó haber ido al zoo
de Regent's Park y ver a un leopardo. Este animal en peligro de extinción
sobrevivía perfectamente en el parque zoológico. Sin embargo, era incapaz de
disfrutar de la potencia de su carrera veloz.
No sabía muy bien por
qué aquel hombre le había hecho recordar aquel episodio de su niñez.
Probablemente tenía algo que ver con su aspecto salvaje.
El lugar donde se iba a
llevar a cabo la entrevista era un amplio salón decorado elegantemente, con
objetos orientales. Lali no sabía con certeza cuál era el país de origen de
aquellos objetos.
Muy a pesar suyo, ella
no había viajado mucho. Era uno de los motivos por los que había solicitado el
empleo: estaba deseando conocer el mundo. Pero, dándose cuenta de que el doctor
Lanzani ni había sonreído ni le había dado la mano, pensó que no tenía
posibilidades.
—Siéntese —le indicó el
hombre, mirando hacia el sofá que estaba situado en frente, y tras de una mesa
de cristal.
—Gracias —accedió Lanzani.
Durante unos instantes,
el hombre miró intensamente a Lali que trató por todos los medios de no apartar
los ojos. Había algo extraño en aquella mirada vigilante. No se trataba del
deseo que puede sentir un hombre hacia una mujer. Por supuesto, no era ésa
tampoco la intención de Lali.
Esa mañana se había
vestido para tener aspecto de profesional eficiente. Muchos hombres la habían
mirado en el tren de cercanías y en el vestíbulo de la estación. Ella sabía que
aún era muy atractiva. A los treinta y dos años no había perdido ni un ápice de
su sex appeal, heredado de su madre.
Cuando parecía que el
silencio no iba a terminar nunca, Lali intervino.
—¿Va usted a entrevistar
a mucha gente?
—A cinco personas, todas
igualmente cualificadas —repuso el hombre—. La elección dependerá de sus aptitudes
para adaptarse a las condiciones del puesto. ¿Le apetece un café?
—Sí, gracias —contestó
Lali.
Él se inclinó sobre la
mesa y tomó una campana, sacudiéndola vigorosamente. Un mechón de cabello negro
se deslizó sobre su frente.
—¿Y cuáles son las
condiciones? —siguió diciendo ella.
Él le contestó con una
pregunta.
—¿Tiene usted grandes
conocimientos de geografía?
—Más o menos.
—¿Sabe usted dónde está
Rajastán? —añadió el doctor.
—Por supuesto, es un
estado al noroeste de la India.
Esperaba una pregunta
más difícil; después de todo había ojeado alguna que otra vez el atlas de Gaston.
Siempre había soñado con viajar a países lejanos.
—¿Y qué más sabe de ese
país? —insistió él.
—No mucho. Sé que tiene
un desierto famoso.
—Sí, el Gran Desierto
del Thar.
En ese momento entró un
hombre de unos cincuenta años con manos delicadas. Aunque iba vestido a la
europea se veía que procedía de la India.
—Por favor, Jal, ¿nos
traes un café? —pidió Lanzani.
El hombre se inclinó
ligeramente y se retiró.
—En la parte noroeste
del desierto hay una ciudad amurallada que se llama Karangarh —continuó diciendo
Lanzani—. ¿Qué le parecería instalarse para trabajar allí?
—Si no hubiese estado
dispuesta, no habría solicitado un empleo como éste —replicó Lali.
—Pero por lo que
contestó en los formularios, parece que sólo ha viajado a zonas turísticas de
varios países europeos.
—Pero porque no he
tenido tiempo o dinero para ir más lejos, no porque no haya tenido interés
—repuso ella—. Cuando murió mi madre, solía acompañar a mi padre durante las
vacaciones. Ahora se ha casado otra vez, y ya no necesita mi compañía. Soy
libre de ir donde quiera.
Aquello no era una
mentira, sino una versión de la realidad para dar mejor impresión.
El criado volvió
rápidamente, con una bandeja y sirvió el café en silencio, como lo requería el
ritual.
Por alguna razón, Lali
tenía la impresión de que Lanzani no era el propietario de aquel apartamento
tan lujoso. Simplemente no le pegaba. Como tampoco le pegaba llevar un traje
gris con una camisa azul y una corbata azul marino.
Ella no sabía exactamente
cómo iban vestidos los habitantes del Gran Desierto del Thar. Pero una vez
había leído un libro sobre los tuaregs y se imaginaba a Lanzani en ese
universo. Lo veía cubierto con un velo índigo, montando un camello y bordeando
las dunas del Sahara.
El cuerpo que estaba
debajo del traje gris era demasiado potente y su mandíbula extremadamente
voluntariosa.
Cuando el criado se
retiró, ambos tenían delante una taza de café. Lali añadió leche pero no tomó
azúcar.
—¿Quiere unas galletas?
—preguntó el hombre.
—No, gracias —contestó
ella—. No como galletas.
Habitualmente, le
encantaban. Pero no quería que Lanzani la pillase con la boca llena cuando
respondiese a sus preguntas.
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Esta adaptacion tiene 40 caps mas o menos.
Si quieren que los avise en Twitter pongan su nombre de usuario : @JoslieLove
Gracias :)

Me gusta! Más!
ResponderEliminar'''Ya me picaste!!!.¿Doctor en k ?.A la India,o también puede ser k la esté poniendo a prueba.
ResponderEliminarMe gustaaa!! Quiero maaaas!!!
ResponderEliminarUn besito, @clau_carpediem
Mas!!! Quiero saber todo!!
ResponderEliminarBesos @ione_es
Parece q nos vamos a un lugar exotico con esta nove!Q intrigante esta esto!
ResponderEliminarBueen comienzo, bastante interesante :))
ResponderEliminarEspero maas,
Besitoo
Arii
@AriadnaAyelen
jummm pro quee no lali eraa como diseñadoraa que hondaa jaja me encanta la novee es geniaal me quede mega intrigadaa mas cap's porfis :DD!!
ResponderEliminar@maaff_lazaro
Hahaha de ve buenísima mas mas mas mas
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