Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

sábado, 11 de agosto de 2012

Luna de Miel en el Desierto Cap 2

                                                   Luna de Miel en el Desierto

Habitualmente, le encantaban. Pero no quería que Lanzani la pillase con la boca llena cuando respondiese a sus preguntas.

De pronto, frente a aquel hombre, Lali se sintió nerviosa y aprensiva como si fuera una adolescente. Sin embargo, ella era una mujer madura.

—¿Cómo es de grande Karangarh? —preguntó Lali.

—Hace muchos años era una ciudad muy importante gobernada por toda una dinastía de príncipes —repuso él—. El palacio de Karangarh es actualmente propiedad de su alteza el príncipe Kesri, el maharajá de Karangarh. También es el propietario de este apartamento.

Lanzani calló unos instantes para probar el café.

—Su vida es totalmente distinta a la de sus antepasados —siguió diciendo Lanzani —. Una gran parte del palacio se ha transformado en un hotel. Otra parte es un hospital. Algunos edificios han sido convertidos en talleres de artesanía. El maharajá se educó en Inglaterra y América. Por eso sabe que para que los productos asiáticos sean del gusto occidental deben ser especialmente preparados. Ésa es la razón por la que solicita la colaboración de un diseñador occidental. Quiere aumentar las exportaciones del negocio.

—¿Qué tipo de artesanía realizan esos artesanos? —dijo Lali.

—Se lo mostraré en el vídeo que ha mandado elaborar especialmente el Príncipe, para los entrevistados.

Lanzani se levantó y se dirigió hacia un panel de maderas exóticas y madreperla. Lo abrió y apareció una gran pantalla de televisión. Volvió al sofá y con el mando a distancia puso en marcha el aparato.

Viendo a Lali Esposito observar la pantalla, Peter tuvo la sensación de estar con un niño absorto en la trama de un cuento. Estaba absolutamente concentrada. Desde que apareció el primer plano de la ciudad amurallada de Karangarh entre las dunas, Lali se quedó prendada con las imágenes.

Lanzani había entrevistado a todos los candidatos excepto a uno. Aquello empezaba a aburrirle. Ni los diseñadores estaban en su onda, ni él en la de los diseñadores. No le gustaban las grandes ciudades, ni sus habitantes. Especialmente, las ejecutivas ambiciosas vestidas con trajes de chaqueta de diseño. Detestaba sus cuerpos flacuchos y sus rostros llenos de maquillaje.

Pero esta mujer no era como ellas. Tenía unas curvas considerables y unas piernas increíbles. Sin embargo, no llevaba una minúscula minifalda. Tampoco cruzaba las piernas constantemente, como en la fiesta de la noche anterior.

Londres, Nueva York, París y todas las capitales del mundo supuestamente civilizado, parecían estar llenas de mujeres en busca de marido. Pero él no estaba disponible.

Para él el sexo no tenía mucha importancia. Las mujeres que le atraían eran pocas. A veces no estaban disponibles o no aceptaban sus condiciones. Todo solía terminar con un adiós cariñoso y nada más.

Estaba comprobando que la señorita Esposito tenía la melena morena y lisa y las curvas insinuantes. Inmediatamente, tuvo ganas de raptarla y llevarla directamente a la cama.

La idea de cómo reaccionaría ella le divirtió enormemente. Sin duda, se resistiría. Pero, ¿en el fondo, tendría la intención de resistirse? ¿La atracción era recíproca? Tras esa fría fachada, ¿sería de carne y hueso? ¿Tendría el mismo súbito apetito sexual?

Por lo que había respondido en el cuestionario estaba soltera, no tenía pareja ni otros familiares a su cargo. Por lo tanto no había nadie que interfiriera en su trabajo. Una mujer así, a sus treinta y dos años, soltera y sin novio era un bien escaso.

Entre las mujeres que había conocido íntimamente, algunas habían resultado ser decepcionantemente inhibidas y otras excesivamente voraces. ¿Cómo sería en la cama Lali Esposito?

Cuando el vídeo de Karangarh terminó, dejó a Lali sumida en un fabuloso cuento de las mil y una noches.

—¡Qué sitio más maravilloso! —exclamó ella—. ¿Qué es lo que hace usted allí, doctor Lanzani? ¿Trabaja en el hospital?

Se le ocurrió que quizá estuviese asistiendo a algún congreso de medicina en Londres. Puede que el Príncipe le pidiera que buscara a algún diseñador.

El hombre se levantó y fue a desconectar y a cerrar el monitor.

—El hospital lo llevan médicos de la India. Yo soy antropólogo, y me dedico a estudiar las tribus nómadas de Rajastán. El Maharajá me deja que use el palacio como base de mis actividades.

—¿Ha estado viviendo allí durante mucho tiempo? —preguntó Lali.

El hombre consultó su reloj de pulsera. Ella ya había notado que tenía unas manos bonitas. Las palmas y los dedos eran extremadamente largos.

—No tenemos mucho tiempo, señorita Esposito —dijo él sin contestarla—. Necesito saber más cosas acerca de usted. Podrá conocerme mejor si la selecciona el personal del Príncipe. Él es quién tomará la decisión final. Ya ha visto los informes preliminares. Le mandaré un correo electrónico con las entrevistas de esta tarde. Le responderemos en un breve plazo de tiempo.

Su abrupta respuesta y un algo indefinido en su actitud le dieron la sensación a Lali de que había descartado su candidatura. Ya se había terminado todo: no habría más encuentros entre los dos.

Cosa que le pareció de lo más deprimente, porque era el hombre más atractivo que había conocido desde… Pero su mente acalló el final de la frase.

—¿Qué más quiere usted saber? —dijo ella fríamente, sabiendo que todo había terminado y que pronto volvería a casa.

Lali no le había dicho a su familia que estaba haciendo entrevistas para cambiar de empleo. Nadie sospechaba que quisiese marcharse a otro país. Eso habría molestado a Gime, su madrastra. Por eso era mejor no decir nada hasta el último momento.

Lali no estaba segura de cómo habría reaccionado el resto del grupo familiar. Pero bueno, al fin y al cabo, tenía la impresión de que iba a ser eliminada de la selección.

Cuando Gime le dijo que un tal doctor Lanzani la llamaba por teléfono se quedó muy sorprendida. Las malas noticias las comunicaban normalmente por carta.

—Soy Mariana Esposito.

—Buenas tardes, señorita Esposito —repuso él—. El Príncipe ha leído mis informes y ha decidido que usted y otra persona son los más capacitados para el trabajo. Quiere que yo la entreviste de nuevo. Podríamos quedar para comer el viernes que viene.

Afortunadamente, Lali tenía tiempo libre porque acababa de terminar un proyecto que le había ocupado varias semanas.

—Me parece bien —contestó ella.

—Estupendo —añadió él, dándole el nombre y la dirección del restaurante—. Pues nos veremos allí a las doce y media.

Apenas tuvo tiempo Lali de colgar cuando su madrastra le preguntó:

—¿Quién es el doctor Lanzani?

La nueva señora Esposito no dudaba en entrometerse en la vida privada de cualquier miembro de la familia.

—Es un antropólogo —repuso Lali, esperando más preguntas, cuando su padre intervino.

El señor Esposito, estaba sentado junto al fuego, haciendo el crucigrama del periódico como cada tarde. Levantó la mirada y murmuró unas palabras:

—Lanzani… antropología… Eso me suena. ¿Ha escrito algún libro sobre ese tema?

—No lo sé, papá —contestó Lali—. Apenas sé nada de él. Necesitaba a un diseñador y alguien le facilitó mi nombre.

Por suerte, Gime no hizo más preguntas porque era la hora de su programa favorito en la televisión. Lali aprovechó para irse a su habitación.

—Me voy a la cama, papá —dijo ella, despidiéndose de su padre.

—Hasta mañana, querida. Que duermas bien. Hubo cierta complicidad entre el padre y la hija, a pesar de no haber mediado palabra.

Cuando Gime se casó con su padre, que se acababa de quedar viudo a los cincuenta años, Lali se alegró por él. Pero cuando su madrastra empezó a tomar confianza, se puso insoportable. No es que fuera mala. Al contrario, era tan buena que se metía en la vida de todos los componentes de la familia. Y a veces, sus intervenciones terminaban siendo desastrosas.

—Buenas noches, Gimena —repuso Lali besando a su madrastra.

El ambiente de la casa se le hacía cada vez más insoportable. Tenía que salir de allí. Su padre no tenía más remedio que aguantarla con paciencia. El señor Esposito había cambiado mucho en los últimos tiempos. Incluso con Gaston, su nieto; era menos vivo y alegre.

11 comentarios:

  1. Gaston no sera hijo de Lali no??? Porque ella en el formulario de la entrevista puso que no tenia hijos pero nunca se sabe...

    Quiero mas!!!

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  2. Gaston,el nieto?Hijo de Lali?No creo ,no mencionó nada y no estaria pensando en irse a Africa,creo yo.
    lali seleccionada por el extraño Doctor Lanzani.
    creo q tenemos una interesante aventura por delante!

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  3. Mas mas mas espero q Gastón no sea el hijo :0as mas mas

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  4. Es muy buenaa la novee ya quiero saber que pasara entre Lali & Peter :DD!! maas cap's porsfis me dejas megaa intrigadaa (:

    @maaff_lazaro

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  5. Y claaro qe se van a conocer mucho mas!!
    Espero maas :)
    Besitoo


    Arii
    @AriadnaAyelen

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  6. Ahora Peter necesita saber más datos d ella ,una comidita k nos desvelará cosas d sus vidas,ya k Peter le dijo k si el príncipe la aceptaba, podría conocerlo mejor.

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  7. Me intriga mucho la noveee, máas :)
    @jeissymori

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  8. Me gusta la nove,no creo que Gaston sea hijo de lali.
    Masi_ruth

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