Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Luna de Miel en el Desierto Cap 8

                                         Luna de Miel en el Desierto

Una vez que sus labios estuvieron junto a los de ella, Lali no tuvo ninguna intención de despegarlos.

Lanzani le dejó tiempo para que se adaptara a su cercanía. Y a continuación puso una mano en la cintura de Lali y posó la otra en la base del cuello.

Haciendo un esfuerzo, ella se separó ligeramente.

—Por favor, doctor Lanzani… No me parece una buena idea —exclamó ella.

Para su sorpresa, Peter se puso a reír.

—Ya que te estoy besando podrías llamarme por mi nombre, Peter —repuso él—. No tiene por qué ser un compromiso.

Y sus ojos grises se llenaron de brillo y de ternura de un modo irresistible.

—No tiene gracia —agregó Lali—. No me gusta esto.

—Pues yo creo que te gusta… que nos gusta a los dos —dijo Lanzani—. Pero no voy a presionarte. Ya somos mayorcitos y sabemos lo que hacemos. ¿Por qué empeñarse en demostrar lo contrario?

—Pero si apenas nos conocemos —replicó ella.

—Está bien, si es lo que quieres… —dijo el hombre—. Más vale que nos vayamos a la cama. Pero quiero un último beso antes de irme a la cama.

Y con toda la delicadeza del mundo, la tomó por la barbilla y la besó en los labios, en la nariz y en la frente.

—Duerme bien…, si puedes —añadió él—. Puede que un poco más de vino te ayude.

Se levantó y se dirigió a su habitación, pero en la puerta dio media vuelta y dijo:

—Desayunaremos a las siete. Puedes llamar a recepción para que te despierten. Hasta mañana.

Lali se levantó, apagó las luces y se introdujo en su habitación con la copa de vino en la mano.

Estaba al mismo tiempo aliviada y decepcionada. Por una parte había sido cortés aceptando su rechazo, pero por otra, le había parecido demasiado atrevido. ¿Cómo podía esperar que ella cayera en sus brazos nada más proponérselo?

Sin embargo, durante unos segundos, se había sentido completamente a gusto con él.

Una vez que avisó a recepción, se preparó para acostarse.

Él le había dicho que probablemente no podría dormir. Y así era, en efecto. Si cuando la había besado se había sobresaltado, ahora estaba temblando de deseo. Todo su cuerpo clamaba por poder tocarlo. Muy a pesar suyo, intentó imaginárselo haciendo el amor. Pero no pudo. Lo único que pudo adivinar era que sería distinto a los otros amantes que había tenido antes. Esos hombres a los que desearía ni siquiera haber conocido.

No, aquello no era cierto. Jamás se arrepentiría de las circunstancias que le proporcionaron a su hijo Gaston.

Peter había tomado una ducha fría y estaba en la cama intentando leer un libro. Pero le resultaba difícil concentrarse. No se sentía pesaroso por haberse retirado pronto. Al menos sabía con certeza que ella deseaba tanto como él hacer el amor. Sin embargo, su código moral no se lo permitía.

El hombre había notado como latía el corazón de Lali contra su pecho. Había sentido su excitación, tan evidente como la suya. Ella se había sonrojado y parecía gratamente sorprendida. Si hubiese estado realmente enfadada, habría tenido un aspecto diferente. Habría sido mucho más incisiva con sus palabras. Peter no pudo evitar sonreír al recordarlas.

A la mañana siguiente, Lali ya había hecho la maleta y estaba lista para salir, cuando oyó voces.

Eran Peter y otros dos hombres, pero hablaban una lengua extraña.

Abrió la puerta y los vio charlar animadamente.

Peter se volvió y ella pudo comprobar lo bella que era su sonrisa. Se le ocurrió pensar que le gustaría que Gaston tuviese unos dientes tan regulares como los suyos.

—Buenos días —la saludó—. Siéntate y toma el desayuno.

—¿Hablabais en hindi o en urdú? —preguntó Lali, mientras los otros hombres se marchaban.

—En hindi, aunque la verdad es que al hablarlas, las dos lenguas son muy parecidas —repuso Peter—. Pasa algo parecido con el inglés americano y el británico.

Los dos estaban conversando como si la noche anterior no hubiese ocurrido nada extraño.

—¿Vas a tomar té o café? —le preguntó él.

—Tomaré té. ¿Y tú?

—Bebo café cuando es posible —dijo Peter, mirando el reloj—. ¿Tienes ya hecha la maleta?

—Sí —contestó Lali—. No tengo más que lavarme los dientes.

—¿Has dormido bien?

—Sí, gracias. ¿Y tú?

Peter podía haber contestado algo ingenioso, pero se abstuvo de hacerlo.

—Teniendo en cuenta que, afortunadamente, el colchón no era demasiado blando, sí —dijo él—. La mayoría de las noches duermo en una colchoneta que utilizan las tribus del desierto. Éstas no se utilizan en las expediciones que organiza el Príncipe para los turistas. ¡Pagan demasiado cara la excursión para dormir en el suelo!

—Cuéntame más cosas del Príncipe Nicolas —le rogó Lali—. Teniendo en cuenta que va a ser mi jefe apenas sé nada de él.

—Lo conocerás dentro de unas horas —contestó Peter—. Ya te formarás tu propia opinión.

La respuesta no dejaba de ser enigmática. ¿Por qué no querría darle su impresión del Príncipe?

Cuando llegaron al aeropuerto fue cuando cayó Lali en la cuenta de que no iban a viajar en un avión comercial. Iban a volar en el avión particular del Príncipe y Peter sería el piloto.

—No estés nerviosa, llevo volando desde que tengo dieciocho años —repuso él.

—No estoy nerviosa —le aseguró Lali, que no hacía más que acordarse de Peter—. ¿A qué distancia está Karangarh?

—En tren, vía Jodhpur, se tarda un día y una noche. Sólo los viajeros más intrépidos se atreven a ir en autobús. En avión se llega en tres horas. Te aseguro que la vista nada más llegar a la ciudad es algo inolvidable.


—¿Cómo está usted, señorita Esposito? Encantado de conocerla. Bienvenida a Karangarh.

Cuando le estrechó la mano, Lali pensó que no había visto nunca a un hombre más atractivo que el príncipe Nicolas. Era ligeramente más bajo que Peter, pero tenía la misma constitución atlética que él. Tenía el aspecto de una estrella de cine o de un modelo como los que aparecen en las revistas más importantes. Pero sin duda su rango era muy distinto.

Además tenía mucho encanto. Sin embargo, ella prefería a Peter. No sabía muy bien por qué, pero era algo palpable cuando estaban uno junto al otro. La mayoría de las mujeres habrían votado por el Príncipe, y no sólo por su título. Pero a pesar de su estatus, carecía de la autoridad inherente al rostro de Peter, que en realidad era la esencia de su personalidad.

Mientras almorzaban en sus habitaciones privadas, el Príncipe dio pruebas de ser una agradable compañía. Era evidente que Peter y él eran muy buenos amigos.

Después de tomar una taza de café, Peter se levantó porque tenía cosas que hacer. Lali pensó que era el momento adecuado de marcharse ella también.

—No, por favor, Lali, no te vayas —dijo el Príncipe, que le había pedido permiso anteriormente para tutearla—. Me gustaría charlar un poco más contigo.

La primera pregunta que le hizo fue:

—¿Estoy en lo cierto pensando que Peter te pone un poco nerviosa? A veces puede ser muy impredecible, sobre todo en compañía de bellas mujeres. Y tiene motivos para ello. Dentro de un tiempo te lo contaré. Mientras tanto no te preocupes cuando sea brusco. En el fondo es inofensivo.

Lali se preguntó cómo reaccionaría el Príncipe si le dijera que Peter ya había intentado saltar sobre ella…

—Nos conocimos en Eton —prosiguió el Príncipe—. Añoraba enormemente mi país, su clima y su cultura. Peter fue la única persona que pudo comprenderme. Me ayudó mucho y nunca podré olvidarlo. Vayamos ahora a tus habitaciones: espero que no eches de menos tu casa mientras estés aquí.

—Estoy segura de que eso no ocurrirá, su Alteza —respondió Lali.

—En privado no es necesario mantener el protocolo. Mis empleados y los habitantes de Karangarh continúan llamándome como a mi padre y mi abuelo. Sin embargo, el Principado fue abolido oficialmente en 1971. Pero las costumbres tardan mucho en desaparecer… sobre todo en lugares tan remotos como éstos.

Al atardecer, Lali estaba tumbada en el sofá de su salón, cuando alguien llamó a la puerta.

Ella la abrió y apareció Peter.

—Hola. ¿Cómo va todo? —dijo él.

—Bueno, estoy intentando habituarme a tanto espacio —repuso Lali—. Cuento con esta habitación, mi dormitorio, un cuarto de baño, un despacho, un jardín privado cubierto y una terraza. Yo estoy acostumbrada a vivir en una zona de clase media.

Lali se acordó de que Peter y el Príncipe habían cursado estudios en uno de los colegios más prestigiosos del país. Tan sólo los más adinerados podían enviar a sus hijos a estudiar allí. Peter debía proceder de una familia importante.

—Pronto te acostumbrarás —comentó él—. ¿Conoces ya a tu doncella?

—No, pero debe ser ella quien ha deshecho mi maleta.

—Se llama Tara —agregó Peter—. En hindi quiere decir estrella. Ella puede planchar lo que vayas a ponerte esta noche.

—¿Dónde vamos? —preguntó Lali.

—Te voy a llevar a dar un paseo por la ciudad, si te parece bien —continuó él, sonriendo seductoramente.

—De acuerdo —contestó Lali—. ¿Cómo he de vestirme?

—Vamos a estar los dos solos en el hotel. Puedes ponerte algo informal y elegante.

—Si me esperas un segundo no tardaré nada.

Lali se dirigió hacia su dormitorio. Fue al armario y escogió una falda y una blusa y un par de zapatos para caminar.

—Debe resultarte muy difícil no perderte en palacio —comentó Peter, cuando ella estuvo lista—. ¿Te orientas fácilmente?

—Normalmente sí.

—Pronto conocerás los caminos más cortos. Ven, te voy a enseñar la muralla.

Por un entresijo de pasadizos y escaleras le llevó hacia una puerta y luego a un patio. A continuación llegaron a otro patio en cuya entrada dormitaba un hombre con un turbante escarlata. Al oírlos llegar, el vigilante se despertó.

—Éste es el guardián de una de las puertas de la muralla —dijo Peter, después de saludarlo amablemente—. Su puesto ya no tiene ninguna importancia. Se trata de un pensionista del palacio.

—El Príncipe Nicolas me contó que habéis ido juntos al colegio, que solía ir a visitarte a Escocia y que tú venías aquí.

—Sí, nos conocemos desde hace mucho tiempo —repuso él mirándola a los ojos.

—Es muy atractivo y muy agradable —comentó Lali—. ¿Cómo es que no está casado?

—De momento, no tiene prisa —adujo Peter secamente—. Esta noche llega un grupo de turistas a palacio. Ya lo verás en acción… Aunque en público es muy recatado, en privado es un conquistador. Ya estás avisada.

—¡Pues parece que ya sois dos! —exclamó Lali.

—Somos buenos amigos, pero no somos iguales. En todo caso seríamos opuestos.

—Pues, anoche te comportaste como un perfecto seductor —agregó ella.

—¿Estás intentando convencerme de que no te hace ilusión que te encuentre interesante? —repuso Peter—. Sencillamente, Lali, no me lo creo. Creo que los dos sentimos la misma atracción el uno por el otro. ¿O no es cierto?

—Yo estoy aquí para trabajar, no para tener un lío —arguyó Lali—. En mi vida hay lugar para la amistad pero no para tener una aventura pasajera. Además, prefiero esperar a conocer a alguien que me interese de verdad, porque la atracción física es algo fugaz.

—¿Hablas por experiencia?

—Pues ya que lo preguntas, sí —replicó ella—. Pero, no tengo ganas de discutirlo.

—Está bien, dejaremos el tema —contestó Peter—. Si lo que te interesa es la amistad, tendremos una relación amistosa.

Y él le tendió la mano para estrechársela.

En su fuero interno, Lali se encontró de lo más decepcionada. Porque aunque no quisiera admitirlo, en el fondo no esperaba eso. En aquellas circunstancias, no tenía más remedio que aceptar su amistad.

—Bueno… Me parece… estupendo —musitó ella, ofreciéndole su mano.

Mientras recibía el apretón fue plenamente consciente de sus finos dedos. Se acordó de cómo la había tomado por la nuca la noche anterior, y los latidos de su corazón se aceleraron.

Hacia un lado de la fortaleza, se desparramaba una de las partes más modestas de la ciudad. Sin embargo, hacia el otro se extendía la ciudad nueva, separada del desierto por las murallas. Éstas habían sido construidas hacía ochocientos años.

—Hubo un tiempo en que Karangarh fue llamada «la ciudad del fin del mundo» —comentó Peter—. Los príncipes que la gobernaban eran unos auténticos lobos del desierto.

Peter se exaltaba hablando del belicoso y pintoresco pasado de la ciudad. A Lali le dio la impresión de que le habría gustado vivir en aquella época. La mayoría de los hombres que había conocido, se pasaban la vida en la oficina o viendo la televisión. Pero Peter era diferente. No era difícil imaginarlo a lomos de un corcel blandiendo una espada. Ni tendiendo una emboscada a una caravana en plena travesía por el desierto.

Aquella noche, en la zona del palacio convertida en hotel, se celebraba una fiesta para los turistas recién llegados. Se trataba de un grupo de veinticuatro americanos. El salón estaba decorado en art decó, el estilo vanguardista de los años treinta. Había varias fotos enmarcadas en plata del abuelo del Príncipe Nicolas y su familia. También había fotografías de miembros de la realeza y de altos dignatarios de aquella época.

Esto impresionó hondamente a los americanos que se pusieron a cuchichear. Les parecía increíble poder tomar una copa con un príncipe. Aunque se tratase de un representante de la realeza sin autoridad política. Nicolas estaba prodigándose entre el grupo, charlando con todo el mundo. De pronto, se acercó a ella.

—Hola Lali, ¿la conexión con internet funciona correctamente? —le preguntó el Príncipe.

Él mismo, después de mostrarle sus habitaciones, había conectado el ordenador portátil de la diseñadora a la red. Había estado tecleando durante varios segundos para acceder al servidor hindú que utilizaban Peter y todos sus empleados.

—Sí, gracias —contestó Lali—. Acabo de recoger los correos de unos amigos, hace media hora. Gracias por la ayuda.

—Ha sido un placer —repuso el Príncipe afectuosamente—. Si hubieras venido hace cincuenta años, una carta habría tardado varios meses en recibir contestación. Antes de que yo naciera no existía una carretera que llegara hasta Karangarh. El ferrocarril llegó cuando yo tenía cinco años. Lo cierto es que hasta que no contemos con un aeropuerto comercial vamos a seguir estando bastante aislados…

A continuación, Nicolas sonrió y se dirigió hacia un hombre anciano.

En el otro extremo del salón, Peter estaba escuchando a una americana que acababa de venir de Jodhpur.

Le estaba contando lo bonita que era la ciudad.

Aunque permanecía atento, el hombre se preguntaba qué estaría haciendo Lali. ¿Por qué le habría ofrecido su amistad? Se le había ocurrido pasearla por el palacio después de la cena. Le enseñaría un recorrido romántico antes de acompañarla a sus habitaciones privadas. Entonces, la habría seducido.

Sin embargo, ya le había dado su palabra de honor de que no volvería a intentarlo. Sin duda, había perdido el sentido.

Había un matrimonio cuya hija le había echado el ojo. Aquello no consiguió aminorar el fastidio que le invadía. La que le interesaba era Lali, y pensaba conseguirla. Sabía que en cuanto ella bajara la guardia, ambos podrían pasarlo en grande.

Puede que si la trataba protectoramente, como a una hermana menor, ella consiguiera deshacerse de sus fantasmas. De ese modo, estaría relajada y disfrutaría plenamente del sexo.
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Se imaginan Nico Principe !
Merci:)

9 comentarios:

  1. Hahajajaja estauy bueno mas mas mas

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  2. Me encanta,Lali arrepentida de lo q hizo y Peter de haber aceptado,JAJA CUANTO durarán como amigos?

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  3. Miralo a peter los pensamientos q tiene eh!! Más!

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  4. mmm me parece que peter se dio muy rapido por vencido era de que le hubiera preguntado mas estar mas cerca y ver como reaccionaba aunque le hubiera dicho lo de amigos no importaba

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  5. Anda k peter k tiene el niño jeje . MAS NOVE!!!

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  6. jajajajaja muy buena mas nove

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  7. Jaja no me lo imagino a nico en ese puesto dx
    Espero mas :)
    Besito


    Arii
    @AriasnaAyelen

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  8. Si k me imagino a Nico como príncipe,además es un seductor nato.Si no paran d pensar el uno en el otro ,pronto van a derribar esas barreras k ambos se han impuesto.

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