Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

jueves, 9 de agosto de 2012

Nacida para Seducir Cap 75

                                       Nacida para Seducir

 –¿Te has escapado de la cárcel y has robado el coche patrulla?

–No soy tan estúpida. Es el coche particular del jefe Wesley. Un Buick Lucerna. Y sólo lo he tomado prestado.

–Sin decírselo. –Peter tomó un trago.

–Te aseguro que no le importará. –La sensación de abandono salió a la superficie. Ella se sentó en el sillón de mimbre frente al balancín–. Y gracias por venir corriendo a pagar la fianza.

–Te han fijado una fianza de cincuenta mil dólares –dijo él secamente.

–Casi lo que te gastas en productos capilares.

–Sí, pero había un alto riesgo de que te fugaras. –Volvió a sentarse en el balancín.

–¿Te ibas a marchar a Chicago sin ir a verme? ¿Ibas a dejar que me pudriera allí?

–No veo que lo hayas pasado tan mal. –Se reclinó en los cojines–. He oído que el jefe Wesley te consiguió pinturas al óleo ayer por la mañana.

–Me concedió una especie de tercer grado. –Entrelazó las manos sobre el regazo–. Te alegraste de que me arrestaran, ¿verdad?

Él tomó un pequeño sorbo como si considerara la idea.

–Y qué más da. Si Nita no hubiera hecho eso, tú ya habrías desaparecido a estas alturas.

–Me gustaría que al menos me hubieras visitado.

–Dejaste muy claros tus sentimientos la última vez que hablamos.

–¿Y has dejado que esa pequeñez te detuviera? –le preguntó con la voz entrecortada.

–¿Por qué estás aquí, Lali? –Peter sonaba cansado– ¿Acaso quieres hundir un poco más el cuchillo?

–¿Es eso lo que piensas que hice?

–Supongo que hiciste lo que debías. Ahora es mi turno.

Ella levantó las piernas hasta apoyarlas en el balancín.

–Admito que tengo un pequeño problema de falta de confianza.

–Tienes problemas de falta de confianza, problemas de autoestima, problemas de feminidad y no olvidemos tu pequeño problema con la moda, no, espera, eso ya entra en la categoría de feminidad.

–¡Estaba a punto de regresar al pueblo cuando el jefe Wesley me detuvo! –exclamó ella.

–Claro.

–Es verdad. –No se le había ocurrido que él no pudiera creerla–. Tú tenías razón. Lo que me dijiste en el callejón. –Inspiró profundamente–. Te amo.

–Lo que tú digas. –Los cubitos de hielo tintinearon cuando él se terminó el whisky de golpe.

–Te amo. De verdad.

–¿Entonces por qué parece como si estuvieras a punto de vomitar?

–Es que me estoy haciendo a la idea. –Amaba a Peter Lanzani, y sabía que tenía que lanzarse al vacío–. He tenido... he tenido un montón de tiempo para pensar últimamente, y... y...–Se le quedó la boca seca y tuvo que forzar las palabras–. Iré a Chicago contigo. Viviremos juntos un tiempo. Veremos cómo van las cosas.

Sobre ellos se extendió un silencio pesado. Ella comenzó a ponerse nerviosa.

–Esa proposición ya no está en pie –dijo él en voz baja.

–¡Si sólo han pasado cuatro días!

–No eres la única que ha tenido tiempo para pensar.

–¡Sabía que ocurriría esto! Lo que siempre te dije que pasaría. –Se puso de pie–. No he sido más que una novedad para ti.

–Y tú has probado mi teoría. La razón de por qué no debo confiar en ti.

Ella quiso arrojarlo del balancín.

–¿Cómo puedes decir eso? ¡Si soy la persona más leal del mundo! Sólo tienes que preguntarles a mis amigos.

–¿A esos amigos con los que sólo hablas por teléfono porque jamás permaneces en la misma ciudad que ellos más que unos meses?

–¿No acabo de decir que iría a Chicago contigo?

–No eres la única que necesita sentirse segura. He tardado mucho tiempo para enamorarme. Por qué de ti, no lo sé. Una de esas ironías del destino, supongo. Pero te diré una cosa. No estoy dispuesto a despertarme cada mañana preguntándome si todavía estás conmigo.

Ella se sintió mareada.

–¿Entonces, qué?

Peter la miró con una expresión terca.

–Tú dirás.

–Ya te lo he dicho. Empezaremos yendo a Chicago.

–¿Es eso lo que quieres? –Prácticamente se lo escupió a la cara–. Tú sólo eres feliz viajando. Son las raíces las que te molestan.

Ahí había dado en el clavo.

Peter se levantó.

–Supongamos que vamos a Chicago. Te presento a mis amigos. Nos lo pasamos en grande. Nos reímos. Discutimos. Hacemos el amor. Pasa un mes. Luego otro. Y luego... –Se encogió de hombros.

–Y luego tú te despiertas una mañana y yo me he ido.

–Paso bastante tiempo fuera durante la temporada. Imagina cómo te sentará eso. Y lo de las mujeres. Se lanzan sobre cualquiera que lleve uniforme. ¿Qué harás cuando encuentres lápiz de labios en el cuello de mi camisa?

–Mientras no lo encuentre en tus calzoncillos de Zona de Anotación, creo que podré soportarlo.

El no le rió la gracia.

–No lo comprendes, Lali. Las mujeres me persiguen todo el tiempo, y no está en mi carácter mandarlas a paseo sin dedicarles al menos una sonrisa, o decirles que me gusta su pelo, o sus ojos, o cualquier otra jodida cosa bonita que tengan, porque eso las hace sentirse bien, y hace que yo también me sienta bien, yo soy así.

Un auténtico encanto. Amaba a ese hombre

–Jamás te haría daño intencionadamente. –Bajó la mirada hacia ella–. Porque eso tampoco forma parte de mi manera de ser. Pero, ¿cómo vas a creerlo, cuando siempre estarás buscando la prueba de que no te amo... algo que te convenza de que soy como todos los demás que te han dejado tirada? No puedo vigilar cada cosa que hago, no puedo medir cada palabra que digo por temor a que te vayas a las primeras de cambio. No eres la única que tiene miedo.

La irrefutabilidad de su lógica la asustó.

–Se supone que tengo que hacerme un hueco en el equipo Lanzani, ¿es eso?

Ella esperaba que lo negara, pero no lo hizo.

–Bueno, supongo que sí.

Lali se había pasado la infancia intentando hacerse digna del amor de otras personas. El resentimiento casi la ahogó. Ahora Peter le pedía que hiciera justo eso, pero algo en la expresión de él la detuvo. La profunda vulnerabilidad del hombre que lo tenía todo. En ese momento comprendió lo que tenía que hacer. Quizá le costaría caro, o quizá no. Tal vez estaba a punto de alcanzar un nuevo nivel de angustia.

–Me quedaré aquí.

Peter inclinó la cabeza, como si no la hubiera oído con claridad.

–El equipo Esposito se queda aquí–dijo ella–. En la granja. Sola. –Su mente trabajaba a marchas forzadas–. No quiero que vengas a visitarme. No nos veremos hasta.... –se detuvo buscando una fecha significativa– hasta el Día de Acción de Gracias. Y si todavía estoy aquí. Si tú todavía me quieres... –Tragó saliva–. Observaré cómo los árboles cambian de color, pintaré; por supuesto, torturaré a Nita por todo lo que me ha hecho. Podría ayudar a Mery a montar la nueva tienda de regalos, o... –Su voz se quebró–. Para serte sincera, puede que me entre el pánico y me largue.

–¿Vivirás en la granja?

«¿Lo haría?» Asintió bruscamente con la cabeza. Tenía que hacer eso por ellos, pero principalmente tenía que hacerlo por sí misma. Estaba cansada de no echar raíces, asustada de la persona en la que podría llegar a convertirse si seguía viviendo como lo había hecho hasta ahora, con toda su vida en una maleta.

–Lo intentaré.

–Lo intentarás. –La voz de Peter sonó cortante.

–¿Qué quieres de mi? –gimió ella.

El hombre de acero echó hacia delante la mandíbula.

–Quiero que seas tan fuerte como das a entender que eres.

–¿Crees que esto no está siendo suficientemente difícil para mí?

Él apretó la boca. Un ominoso presentimiento la invadió.

–No, no es lo suficientemente difícil –dijo él–. Será el todo por el todo. –Se cernió sobre ella–. El equipo Lanzani no visitará la granja, pero tampoco te llamará, ni siquiera te enviará un mísero correo electrónico. El equipo Esposito tendrá que vivir a base de fe. –Apretó las tuercas aún más, desafiándola a sucumbir–. No sabrás dónde estoy o con quién estoy. No sabrás si te echo de menos, o si ya paso de ti, o si estoy pensando en cómo dejarlo. –Por un momento,Peter guardó silencio. Cuando volvió a hablar, su agresividad se había desvanecido, y sus palabras le acariciaron la piel–. Llegarás a creer que me estoy alejando de ti como todos los demás.

Lali percibió la ternura en su voz, pero no le sirvió de consuelo.

–Tengo que regresar a la cárcel. –Se dio la vuelta para irse.

–Lali... –le tocó el hombro.

Ella corrió hacia la puerta, salió a la noche. Luego corrió a toda velocidad, tropezando en el césped hasta llegar al coche del jefe de policía. Peter lo quería todo de ella, y no le daba nada a cambio. Nada, salvo su corazón, que era tan frágil como el de ella.
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No se lo pueden creer? Yo tampoco. Peter la quiere dejar Lali sola en la granja ?????????????????

12 comentarios:

  1. MASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSMASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

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  2. mass mass massssss xfaaaaa!

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  3. noooo maaaas, peter tambien deberia poner de su parte

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  4. Si en verdad la deja, va a ir por ella mucho antes!
    Espero maas :)
    Besitoo


    Arii
    @AriadnaAyelen

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  5. subiii otro porfaaaaaaaaaa

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  6. no puedes dejarlo asi!!! no es justo para los nervios de nadie!!
    Se buena y sube otro por favor te lo pido!!

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  7. Dios oseaa como ya no entendi si la quiere dejar sola en la granja & sin dan señales de vida! &pff no nos puedes dejar asi subo otros pofis tee los ruego :DD!!

    @maaff_lazaro

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  8. Primero le dice q la ama y ahora esto??? No comprendo, a ninguno de los dos! más!

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  9. Un tanto egoista d parte d Peter,sabiendo lo mal k lo pasa ella.

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  10. La está probando!Yo creo q vuelve!Esto es muy duro para ella q de alguna manera se esta arriesgando a probar y para él q no soportara no verla!

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