Antes de poder
responder, apareció el campamento ante su vista. Constaba esencialmente de una
enorme tienda, capaz de albergar todo un banquete nupcial a la inglesa. Y
estaba plantada en un valle entre dunas.
—Se trata de una
reliquia del tiempo de los shikars…
los cazadores de tigres —sostuvo Peter—. El abuelo de Nico invitaba aquí a
altos dignatarios, en visita por Rajastán. Surcaban el desierto a toda
velocidad en sus Rolls-Royce y apuntaban a los felinos desde el maletero
abierto. Ahora nos puede parecer extraño que quisieran cazar tigres, pero para
los shikar, era una cuestión de
supervivencia. Lo que condujo al exterminio de estos animales no fueron esos hombres
sino la destrucción de sus hábitats. Por lo que no tienes que tener escrúpulos
de dormir bajo el mismo techo que aquellos cazadores de trofeos.
El comentario estaba tan
alejado de sus pensamientos, que Lali estuvo a punto de reír.
—No los tengo —le
aseguró ella—. Aquella era otra época con otros valores. Nico me comentó en
cierta ocasión que algunos turistas estaban en contra de las cabezas disecadas
de tigre presentes en palacio. Él les suele explicar que son reliquias del
pasado. Como las huellas de las manos de las viudas que se sacrificaban en las
piras funerarias de sus esposos. No recuerdo la fecha en que dichos sacrificios
fueron prohibidos.
—Hace unos ciento
setenta años —contestó Peter—. Detesto ver esas pequeñas huellas en las paredes
de palacio. No puedo comprender como hombres poderosos e influyentes podían
permitir que continuara esa costumbre. Al menos, si les importaban sus viudas.
Lali se arrepintió de
haber mencionado el tema. Quizá aquella evocación del pasado recordara a Peter
la muerte de su primera esposa.
Aquella noche, Lali no
quería que Peter pensara en la mujer con la que se había casado por amor.
Aunque después de todo era natural que hubiera recordado a Nuala en algún
momento.
Ella misma había
recordado la boda de varias amigas…
Cuando se acercaron a la
gran tienda, dos empleados de palacio los recibieron en la entrada. Les
sonrieron cordialmente y se ocuparon en seguida del equipaje.
El interior de la carpa
albergaba más de una habitación. La principal era el salón amueblado con
cómodos asientos, mesas bajas e incluso un escritorio. Sobre el suelo de lona
estaban extendidas varias lujosas alfombras.
—Es mejor que tomemos el
té fuera —sugirió Peter.
A continuación,
intercambió unas palabras con los sirvientes.
—Si te quieres lavar las
manos, la tienda de abluciones de las mujeres está en esa dirección —dijo Peter
con un gesto—. La de los hombres está en la opuesta.
Mientras esperaba que
ella volviera de lavarse las manos, Peter pensó que habría preferido pasar la
luna de miel en otro lugar. Debería haber reservado una suite en el hotel del palacio de Udaipur. Aunque allí solía haber
muchos turistas, en las habitaciones privadas había más intimidad.
Peter y Lali tendrían
que esperar hasta después de la cena para que se retiraran los sirvientes y
poder estar solos.
La razón por la cual no
había reservado una suite en Udaipur,
el palacio más romántico de Rajastán, se debía a Nuala. Había estado allí con
ella como en tantas otras partes de la India. Incluso habían acampado en el
desierto, pero sin todo ese lujo. El único asistente que habían tenido había
sido un conductor de camellos ebrio. Les seguía con sus pertenencias, mientras
ellos iban a pie. Y por la noche, dormían en sacos de dormir a la intemperie.
Pero eso había ocurrido
hacía mucho tiempo y lo mejor era olvidarlo. Por ese motivo había recurrido a
la haveli. La verdad era que el
cambio de planes parecía haber alterado los nervios de Lali.
Peter no estaba muy
seguro de lo que la preocupaba. Porque estaba claro que a su edad ya no era una
cría. Debía tener que ver con sus experiencias sexuales anteriores. Se ponía
malo con sólo pensar que algún hombre la hubiera maltratado. A pesar de estar
segura de sí misma como profesional, en otros aspectos,Lali era muy vulnerable.
Lali vio desde el otro
lado de la estancia a Peter con los brazos cruzados. Tenía aspecto de todo menos
de ser feliz. Pero su expresión lúgubre desapareció cuando la divisó. No
obstante, Lali temió que se hubiese arrepentido ya de un matrimonio tan
precipitado. Tuvo ganas de preguntarle en qué pensaba, pero no lo hizo.
—Los visitantes que
vengan después de nosotros no podrán quejarse de las instalaciones sanitarias
—repuso Lali—. Teniendo en cuenta donde estamos, son estupendas.
—Me alegro que des tu
visto bueno —dijo Peter.
A ella le dio la
impresión de que, más que un recién casado parecía un viajero en la primera
noche de un tour organizado.
En cierto modo, su voz
sonaba aburrida.
Lali se preguntó cómo
transcurriría la tarde hasta la hora de acostarse. Pero, aliviada, vio entrar a
los sirvientes con una bandeja, dispuestos a servir ritualmente el té.
Después del té les
sirvieron varias bebidas mientras contemplaban la puesta de sol. Como sonido de
fondo sonaba un gramófono con canciones de principios de siglo. A Nico le
había parecido una idea original, propia de la clientela más sofisticada.
Cenaron a la luz de las
velas, charlando acerca de sus lecturas infantiles y juveniles. A pesar de ser
un tema anodino, Lali no estaba del todo relajada.
Luna de Miel en el Desierto
—La mejor manera de
comer la comida hindú es con las manos —adujo Peter—. Si lo haces con cubiertos
es como si bebes vino con una paja. No tiene el mismo sabor. Pero para los
occidentales no es fácil atreverse; es algo demasiado sensual.
—Puede que de niños les
regañasen por comer con los dedos —respondió Lali con humor.
—Tienes razón, la
mayoría de los miedos comienzan así. A una de mis hermanas le encantaba correr
descalza. Alguien le dijo para que dejara de hacerlo que el brezo del suelo
estaba lleno de serpientes. Aunque de hecho las hay, el riesgo de que te piquen
es mínimo. Pero una vez metido en el cuerpo, el miedo es muy difícil de vencer.
—Lo sé —agregó Lali—.
A mi madre le asustaban mucho las arañas y a mí también. Pero cuando Gaston era
pequeño intentaba dominarme para no contagiárselo a él. ¿Tú tienes alguna
fobia, Peter?
—No me gustan nada las
cuevas —prosiguió él—. He intentado bajar bajo tierra varias veces pero no lo
he podido soportar.
A Lali le gustó su
respuesta tan sincera.
—Ya eres mayorcito para
merodear por túneles subterráneos —exclamó Lali—. A mí tampoco me gusta la
oscuridad ni el peligro de quedar atrapado. Hay un profesor en Marsden al que
le encanta la espeleología. No me gustaría que se lo transmitiera a Gaston. Me
horrorizaría que tuviese un accidente…
Lali sintió un
escalofrío. Justo al mismo tiempo se dio cuenta de que quizá no era muy
oportuno hablar de Gas aquella noche. Se suponía que era su marido el que tenía
que centrar su atención.
—Yo en tu lugar no me
preocuparía —repuso Peter—. Ahora se ha encaprichado con querer aprender a
volar. ¿No te importaría, verdad?
—En absoluto, volar,
hacer vuelo sin motor o parapente… Al fin y al cabo, todo eso ocurre por encima
de la tierra —expuso Lali.
Tras la cena, los
criados les sirvieron el café y se retiraron. Por fin estaban solos.
—¿Pongo más música?
—preguntó Peter.
—Me parece bien
—respondió Lali.
En vez de darle cuerda
al gramófono, Peter se fue a buscar un radiocasete portátil. Puso una cinta que Lali identificó al momento como una de sus favoritas antes de abandonar
Inglaterra.
—Yo también la tengo
—exclamó ella sonriendo.
—Qué coincidencia
—repuso él—. Esto es un buen augurio.
Cuando la cinta finalizó
también habían terminado con el café que quedaba.
—Lo más bonito del desierto
es el amanecer —dijo Peter—. Si queremos estar despiertos para entonces es mejor
que nos retiremos.
—Voy a lavarme los
dientes —adujo Lali, que se imaginaba que su camisón estaría desplegado en la
tienda de abluciones.
Sin duda, algún
sirviente se habría encargado de deshacer su equipaje. Eso ya no la sorprendía
tanto como al principio.
Junto al lavabo había
una jarra termo con agua caliente. Afortunadamente, no tendría que lavarse con
agua fría.
Cuando volvió a la
tienda principal, Peter estaba esperándola vestido con una túnica de seda azul
oscuro. No llevaba nada debajo y por eso el vello del pecho asomaba por la
abertura. Tema los tobillos desnudos y en los pies llevaba el calzado propio de
Rajastán.
Sintiéndose
particularmente nerviosa, Lali pasó frente a Peter y se dirigió hacia el
dormitorio.
Nico le había comentado
que las alcobas debían contar con todo tipo de comodidades para proporcionar el
máximo confort.
Las tiendas para los
turistas normales estaban equipadas con dos camas. Pero en aquella tienda
habían dispuesto un diván. Estaba compuesto por tres colchones y estaba
cubierto con unas sábanas especiales y una especie de quilt.
Lali se fijó en la luz
de las velas que estaban encendidas a cada lado del diván.
—Ha sido un día muy
largo —expuso Peter—. Me imagino que lo que más te apetece será acurrucarte en
la cama y dormirte pronto.
La respuesta más sincera
habría sido asentir, pero ¿cómo le iba a decir eso? Ahora ya era su esposa.
Por muy anticuado que
pareciese, ella se sentía con el deber de satisfacer los instintos masculinos
en su noche de bodas.
De pronto, Peter se
acercó a Lali y posó las manos sobre sus hombros.
—Tratemos de ser
honestos y abramos nuestros corazones —siguió diciendo Peter—. Éste no es un
matrimonio corriente. En público ya hemos interpretado nuestros papeles. Ahora
veremos cómo vamos a llevar nuestra vida íntima. No existen normas ni deberes.
Ignoremos las convenciones y hagamos caso a nuestros instintos. Mi instinto me
dice que necesitas descansar. Es mejor que nos durmamos pronto.
Y, tomándola por la
mano, la llevó a un lado de la cama y descubrió las mantas. Como si fuera una
niña, le desabrochó los botones de la bata y luego se la quitó.
—Vamos, métete —la
animó—. Las sábanas no estarán frías. Varias botellas de agua caliente antiguas
las habrán calentado.
Mientras se metía en la
cama, Peter colocó su bata sobre una silla de campo y apagó una de las velas con
los dedos.
Incapaz de asumir que él
no iba a hacer nada en su noche de bodas, Lali se dedicó a observarlo tapada
hasta la barbilla.
Cuando Peter se disponía
a desabrochar su túnica, la miró a los ojos.
Se metió en la cama y
apagó la otra vela. La tienda quedó sumida en la más absoluta oscuridad.
Entre los dos cuerpos
tendidos había una gran distancia, teniendo en cuenta lo grande que era el
diván.
—Buenas noches, querida.
Que duermas bien.
—Buenas noches —repuso Lali.
Ella estaba
decepcionada, incluso resentida con él. Lo único que había conseguido
posponiendo el encuentro era exacerbar más la tensión. Que rancio había sonado
ese «Buenas noches, querida». Era el tipo de cosas que les decían los hombres
de la edad de su padre a sus esposas. Para ellas, el sexo era más un deber que
un placer.
Lali se preguntó cómo
reaccionaría Peter si atravesara ese territorio desértico que los separaba. ¿Qué
ocurriría si ella le incitaba a que la poseyera? Pero no se atrevió a hacerlo.
Lo cual, para una mujer de su edad era algo ridículo. ¿Por qué tenía que
comportarse como una mojigata?
En plena noche, Lali
se dio cuenta de que la situación había cambiado. Después del primer sueño se
despertó y pudo comprobar que el brazo de Peter descansaba sobre su cintura.
Contra su espalda reposaba su torso masculino.
Lali se encontraba muy
a gusto. Pero, ¿cuándo se había acercado a ella? ¿Lo había hecho
conscientemente o dormido? Lo más probable era que lo hubiese hecho a
propósito.
Tras su sobresalto, notó
la reacción de Peter. La estaba besando en el hombro haciéndole cosquillas.
Pero ella se hizo la
dormida, cosa que era imposible teniendo en cuenta lo rápido que le latía el
corazón. ¿Sabría Peter que estaba despierta o querría despertarla él mismo?
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Yo no creo que Peter se aleje de ella esta noche. Que pasara?
Lo siento. Estoy por estrangular al tipo del internet!!! =G
Gracias.
Gracias.


No te preocupes a mi tambien me paso una vez y tambien queria matarlos. Jeje. Me ENCANTARON LOS DOS CAPITULOS!!!! QUE PASARA????!!!!!
ResponderEliminarMe paso hace poco
ResponderEliminarAaai quiero saber que pasa, no nos puedes dejar asi!!
ResponderEliminarEspero maas :)
Besitoo
Arii
@AriadnaAyelen
Lo estrangulamos entre todas,ya quiero leer q pasa,pobre lai viene frustrada pero creo q esto no termina así!
ResponderEliminarBuenisimoo! Hayayay YA! quiero saber que pasa entre ellos! :DD pff ya extrañabaa la novee ://
ResponderEliminar@maaff_lazaro
mmmm no yo tampoco creo que se aleje creo que lo unico que queria era que descansara un rato para que se podria decir tuviera todas sus fuerzas jaaja :P
ResponderEliminarmmm... no iba a durar mucho si nada je! más me encanta!
ResponderEliminarNooooo nos puedes dejar así!!!! Mas caps porfís. Espero que se arregle el problema saludillos :)
ResponderEliminar@Titel842
Que buen cap, quiero saber que pasa, pero tonta Lali por no atreverse a incitarlo jaja ;)a veces los hombres son más tontos y necesitan una ayudadita jaja :) pero parece que Peter no se pudo resistir.
ResponderEliminar@Masi_ruth
Me encanta!!! :DD ! Peter medio perver ajajjaja C: !
ResponderEliminarMAs mas mas mas
ResponderEliminaral fin me puse al dia! jajaja
ResponderEliminarmass noveeee por favorrrrrr :D
mas nove esta jenial la historia :)
ResponderEliminarEs su noche d bodas ,y al menos x ella debe corresponderle como se merece.Para mi la dejó descansar para tener fuerzas renovadas.Demasiada separación ,para encontrarse con su brazo rodeandole la cintura,y su cuerpo pegado al d ella,jajaja,no hay distancia k valga ante el deseo.
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