Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

miércoles, 31 de octubre de 2012

La Mascara Del Amor Cap 6

        



 Capitulo impresionable

                     La Mascara De Amor

Los dedos de ella eran como suaves y cálidas plumas. Peter cerró los ojos y se rindió a tan exquisita tortura. Con el pulgar, le recorrió el labio inferior y él repitió su gesto, lamiéndoselo. Ella suspiró de placer, y fue el sonido más maravilloso que él hubiese oído nunca.

Cuando las copas estuvieron vacías. Peter las dejó encima de la mesa. Esa vez, cuando se acercó a ella, la cogió de los brazos y la puso de pie. El champán la había relajado y estaba algo lánguida, pero no bebida. Se quedó quieta, permitiendo que sus dedos le deslizaran el vestido por los hombros, y cuando la tela se negó a seguir bajando, aflojó algo más las cintas del corpiño. Despacio, la prenda se soltó y le cayó hasta la cintura. Peter tiró del vestido hasta el suelo. Después, la sujetó por la cintura con una mano, y, con la otra, apartó la prenda que se había arremolinado alrededor de sus pies.

Nada de falsa modestia, ni de coqueteos. Aquel magnífico ejemplar de mujer estaba delante de él, cubierta sólo por su honestidad, permitiendo que la devorara con la mirada. Todavía llevaba algo de ropa, una ligera camisola ocultaba su piel, pero a Peter se le hizo la boca agua sólo con verla.

Le recorrió los pechos con la vista, deteniéndose en los pezones rosados que se insinuaban debajo de la seda. Sus senos cabrían en las palmas de sus manos, y casi podía sentirlos cálidos bajo sus dedos. Ella inspiró, y una areola apareció cual pétalo por encima del borde de la tela. Peter alargó la mano y la acarició.

—Preciosa —murmuró, inclinando la cabeza para besarle con delicadeza el escote, y luego el cuello. —Hueles como la lluvia de primavera —le dijo, inhalando con deleite.

—¿Te gusta la lluvia? —le preguntó ella casi sin aliento.

—Sí. —la miró a los ojos. Los suyos brillaban como la luna y Peter le acarició la mandíbula. —Limpia el mundo, y a su paso todo queda como nuevo. Es pura. —Le recorrió los labios y la barbilla con el pulgar. —Es dulce y húmeda.

La joven sonrió.

—Tienes suerte de que Inglaterra sea un país lluvioso.

Él le devolvió la sonrisa, incluso en eso aquella mujer era idéntica a Lali.

—Así es.

Entonces volvió a besarla, pero que antes.

Sus dedos, extrañamente temblorosos, le desabrocharon la camisola mientras ella tiraba de la camisa de él para sacarla de sus pantalones. Peter se apartó unos segundos para quitarse la prenda por la cabeza y lanzarla al otro extremo de la habitación. Cuando fue a abrazarla de nuevo, ella le colocó las manos en la cintura para detenerlo. Las tenía tan cálidas y suaves que no pudo evitar suspirar al sentirlas en contacto con su piel.

—Espera —le susurró la mujer, —quiero tocarte.

Peter dejó caer los brazos a los costados

—Pues tócame.

Maldita fuera por haber conseguido hacerlo suplicar, pensó, pero estaba demasiado excitado como para tener orgullo. Ella podía hacer con él lo que quisiera, siempre y cuando siguiera acariciándolo como si fuera alguien especial en vez del hombre lleno de defectos que en realidad era.

Le recorrió el torso con las manos, recorriendo cada surco y hendidura. Luego las deslizó hasta las clavículas. Parecía estar fascinada con su cuerpo y a Peter eso lo animó y no sólo eso. Temblaba donde ella lo tocaba, era como si su cuerpo hubiera estado desesperado por aquellas caricias.

Volvió a acercársele.

—Ahora me toca a mí.

La besó de nuevo, acabando de desabrochar la camisola. Apartó la tela y también la deslizó hasta el suelo. Ella le rodeó el cuello con los brazos, hundiendo los dedos en su pelo cuando él se apartó lo suficiente como para poder desabrocharse y quitarse los pantalones. Hasta que la tumbó en la cama no se dio cuenta de que ella sólo llevaba las medias, y que él estaba desnudo.

Hambriento de deseo, devoró su cuerpo con los ojos. Tenía las piernas largas y bien torneadas, las pantorrillas ligeramente musculosas. Las caderas voluptuosas, el vientre suave. Entre sus piernas, un triángulo de vello oscuro suplicaba sus caricias. Tenía la cintura estrecha, los pechos generosos y unos pezones rosados que se excitaron al sentir su mirada. Dios, toda ella era dulce y suave, una exquisitez que le hacía la boca agua.

La mujer lo miró también de arriba abajo, sin ocultar lo mucho que le gustaba y, cuando se topó con su erección, sus ojos se abrieron como platos, consiguiendo que Peter se sintiera incluso más satisfecho consigo mismo que antes. Él nunca había sido uno de esos hombres que se sienten inseguros del tamaño de su miembro o de sus técnicas amatorias, pero aquella joven lo hacía sentir como un semental, como un dios.

Ella alargó una mano y lo tocó allí, rodeando con los dedos su erección. Peter gimió de placer. Lo estaba acariciando, y se movió presa de esa mano, su pene temblando de deseo.

Dejó que lo explorara hasta que fue incapaz de seguir soportándolo, y entonces le cubrió la mano con la suya y se la apartó con cuidado.

—¿He hecho algo mal? —le preguntó inquieta.

El se rió, una risa ronca y temblorosa.

—Dios, no. Es sólo que no quiero terminar en tu mano.

—Vaya. —Se ruborizó.

Peter le sonrió y le acarició la mejilla. El corazón le dio un vuelco al entrar en contacto con su piel, fue como recibir un puñetazo en el pecho.

Era sólo sexo, se dijo a sí mismo. Esa reacción tan emocional se debía únicamente a lo mucho que aquella mujer se asemejaba a Lali y a que a ella parecía importarle de verdad. No tenía de qué preocuparse. Al salir el sol, todo se habría desvanecido.

Apoyándose en un codo. Peter inclinó la cabeza y atrapó un pecho entre sus labios. Al oírla gemir de placer le hirvió la sangre; ella hundió los dedos en su pelo para alentarlo a que siguiera besándola de aquel modo. Arqueó la espalda y cuando succionó con más fuerza, gritó y tiró de él para besarlo, separando las piernas.

Peter repitió el proceso con el otro pecho, acariciándole el ahora húmedo sexo con su erección. Aquella mujer era todo ardor y deseo. Sería tan fácil, era tan tentador, hundirse en ella y perderse allí para siempre. Pero aún no. Todavía no.

Deslizó una mano por su torso, recorriendo cada costilla con los dedos. Al llegar a la curva del ombligo, lo dibujó con insoportable lentitud, trazando el círculo una y otra vez hasta que por fin alcanzó el ansiado tesoro que ocultaban sus piernas. Ella no tuvo que pedírselo, no tuvo que emitir ningún sonido, para que Peter supiera lo que quería. Pero a pesar de todo, unos delicados gemidos escaparon de sus labios, y levantó las caderas a modo de invitación.

Él la abrió con un dedo y se lo deslizó en su interior, encontrando, con sorprendente facilidad, el lugar exacto donde quería que la tocara. Gritó cuando con la yema del dedo le acarició el pequeño botón, y Peter se inclinó mordisqueándole el pecho suavemente. Luego, sustituyó el dedo por el pulgar, deleitándose en la humedad que encontró a su paso.

La joven gimió de placer y arqueó las caderas, mientras él la exploraba hasta dar con la caricia que más la hacía enloquecer. Entonces, Peter dio rienda suelta a su deseo y la acarició y atormentó hasta que la sintió moverse descontrolada contra su mano, preciosa, sin rastro de pudor. De repente, mientras seguía llevándola al abismo con su pulgar, hundió un segundo dedo en su interior.

Los muslos de la mujer atraparon su mano, suplicándole que siguiera. Estaba empapada y Peter podía deslizarse con facilidad. Estaba tan tenso que incluso temía estar a punto de perder el control y, a pesar de todo, no podía negarse a sí mismo el placer de verla tener un orgasmo por primera vez. Así que levantó la cabeza y la miró.

Entonces la mujer llegó al clímax. No era comparable a nada que Peter hubiera visto antes. Tenía el escote y el cuello sonrojados, del mismo color que sus mejillas. Los labios entreabiertos, gimiendo sin censura. La espalda arqueada como una ola, se entregaba al placer con cada célula de su cuerpo.

Era preciosa.

Sonriendo satisfecho, se colocó de rodillas encima de ella.

—¿Te ha gustado?

—¿Cómo puedes siquiera preguntármelo? —contestó, tras parpadear.

Peter se rió y, con las manos a ambos lados de la cabeza de ella, se agachó para besarla de nuevo. Le mordió el labio inferior. Le separó los muslos con las rodillas y la vio entreabrir las piernas, gustosa.

Con una mano, guió su erección hasta la entrada del sexo femenino, que notaba húmedo y caliente.

Y entonces empujó hacia adelante, despacio, abriéndola a medida que iba introduciéndose. Ella se aferró a su espalda, levantando las piernas para ajustarse mejor. El interior de su sexo le dio la bienvenida, pero se tensó un poco y Peter pensó... no, no era posible. Su misteriosa dama le rodeó la cintura con las piernas, dándole permiso para penetrarla más.

—Dios, estás tan apretada... —exclamó, temblando un poco al notar que ya estaba dentro.

—¿No te gusta? —le preguntó insegura.

A él se le escapó otra risa ronca.

—Mi amor, me gusta tanto que no sé si podré aguantar mucho.

Entonces, la muy coqueta, movió las caderas y consiguió arrancarle un gemido.

—Eres una provocadora.

Ella se rió, una risa profunda que se quedó en nada tan pronto como Peter movió las caderas. Eso le enseñaría a no reírse, pensó. Y, oh, Dios, estar en su interior era como estar en el cielo.

Con cada embestida se acercaba más y más al abismo. Cada vez que la joven levantaba las caderas para recibirlo, perdía un poco más el control. Pero ya no le importaba. Estaba demasiado excitado como para que le importase. Se apartó un poco sólo para poder volver a perderse en la profundidad de su misteriosa dama, una y otra vez, y otra, y, mientras se aferraba a las sábanas de la cama, ella le hundía las uñas en la espalda.

Estaban aferrados el uno al otro, sus cuerpos ondulaban al unísono.

Peter no podía pensar, y mucho menos hablar. Se le había fundido la mente y su cuerpo había vuelto a la vida, deleitándose en cada sensación, cada sentimiento. Los latidos de su corazón se aceleraban al ritmo de su deseo. El duque había tenido muchos encuentros clandestinos sin sentido a lo largo de su vida, pero aquél no era uno de ellos. En muchas ocasiones, se había sentido atraído por su compañera de cama, pero nada remotamente parecido a lo que ahora estaba sintiendo.

¿Qué tenía aquella mujer de especial? Aparte de que le recordaba a...

—Lali —susurró.

Si ella lo oyó no dijo nada, gracias a Dios. Incluso él sabía que era imperdonable pronunciar el nombre de otra mujer en un momento tan íntimo. Pero apenas tuvo tiempo de lamentarlo, pues sintió que los muslos de la mujer lo apretaban, justo antes de precipitarse en el orgasmo. Peter empujó con fuerza, y sus movimientos se aceleraron hasta que por fin también perdió el control y estalló con ella. Sus gritos de placer se entremezclaron hasta que fue imposible distinguir a cuál de los dos pertenecían.

Fue un milagro que él se acordara de apartarse a tiempo y pudiera eyacular encima de las sábanas y no dentro de ella.

Se quedaron tumbados, entrelazados el uno con el otro y empapados de sudor, con la respiración entrecortada, durante lo que bien pudieron ser horas o meros minutos. En circunstancias normales, a esas alturas. Peter estaría ya vistiéndose para irse, pero aquella noche no tenía ninguna prisa, y cuando la mujer trató de zafarse de su abrazo la detuvo.

—No te vayas

Lo miró a los ojos y, maldita fuera, debió de ver la desesperación en ellos, porque, sin decir nada, volvió a tumbarse, permitiendo que la apretara de nuevo contra su pecho.

Peter le acarició la sedosa piel del hombro con los labios.

—Quiero volver a verte.

—No creo que sea buena idea.

Le sujetó la barbilla con la mano y le giró la cara para obligarla a mirarlo. No le importaba que creyera que era patético, ni parecer desesperado. Lo único que le importaba era que dijera que sí.

—Por favor.

—¿Cuándo?

Tenía la voz ronca, pero no tanto como al empezar la noche. Maldición tenía la misma voz que Lali.

—Dentro de una semana —contestó, con el corazón dándole saltos de alegría. —No me será posible escaparme hasta entonces.

—De acuerdo —aceptó ella. —¿Dónde?

—Aquí. En esta misma habitación. Yo me encargaré de organizarlo.

—Aquí —asintió la joven. —Dentro de una semana.

Peter sonrió. Ahora ya sonaba más convencida, más entusiasta.

—Gracias.
            

8 comentarios:

  1. Era lali no??? No entiendo bien pq no pueden estar juntos legalmente digamos!! me encanta más!!

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  2. Sisisi tiend qe ser Lali pero ahora lo qe no entiendo es porqe no se deja ver!!
    Espeero.mas, beso :)

    Arii - @AriadnaAyelen

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  3. Peter es su tutor y ella su pupila ,x eso él cree k no puede tenerla.Peter rogándole una nueva cita,esto cada vez se pone más interesante.

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  4. Aawww.... Lali !! Es lali.. Y era virgen sierto?? Pero como no se dio cuenta??

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  5. Wow que capituloooo!!!
    Es Lali porque puñado le dijo Lali ella no dijo nada y de seguro se emociono al escuchar a Peter decir su nombre!!!
    @Titel842

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  6. Hahaha me encanto esta muy buena son fuego ellos espero q sea lali jaja quiero mas

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  7. Hayyy q lindo! ella oyo q le dijo Lali? espero q si!! y era virgen no? espero mas me encanta!! me imagino q falta mucho para q se entere q es Lali!

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