Capitulo impresionable
La Mascara De Amor
Los dedos de ella eran como suaves y cálidas plumas. Peter cerró los
ojos y se rindió a tan exquisita tortura. Con el pulgar, le recorrió el labio
inferior y él repitió su gesto, lamiéndoselo. Ella suspiró de placer, y fue el
sonido más maravilloso que él hubiese oído nunca.
Cuando las copas estuvieron vacías. Peter las dejó encima de la mesa.
Esa vez, cuando se acercó a ella, la cogió de los brazos y la puso de pie. El
champán la había relajado y estaba algo lánguida, pero no bebida. Se quedó
quieta, permitiendo que sus dedos le deslizaran el vestido por los hombros, y
cuando la tela se negó a seguir bajando, aflojó algo más las cintas del
corpiño. Despacio, la prenda se soltó y le cayó hasta la cintura. Peter tiró
del vestido hasta el suelo. Después, la sujetó por la cintura con una mano, y,
con la otra, apartó la prenda que se había arremolinado alrededor de sus pies.
Nada de falsa modestia, ni de coqueteos. Aquel magnífico ejemplar de
mujer estaba delante de él, cubierta sólo por su honestidad, permitiendo que la
devorara con la mirada. Todavía llevaba algo de ropa, una ligera camisola
ocultaba su piel, pero a Peter se le hizo la boca agua sólo con verla.
Le recorrió los pechos con la vista, deteniéndose en los pezones
rosados que se insinuaban debajo de la seda. Sus senos cabrían en las palmas de
sus manos, y casi podía sentirlos cálidos bajo sus dedos. Ella inspiró, y una
areola apareció cual pétalo por encima del borde de la tela. Peter alargó la
mano y la acarició.
—Preciosa —murmuró,
inclinando la cabeza para besarle con delicadeza el escote, y luego el cuello.
—Hueles como la lluvia de primavera —le dijo, inhalando con deleite.
—¿Te gusta la lluvia?
—le preguntó ella casi sin aliento.
—Sí. —la miró a los
ojos. Los suyos brillaban como la luna y Peter le acarició la mandíbula.
—Limpia el mundo, y a su paso todo queda como nuevo. Es pura. —Le recorrió los
labios y la barbilla con el pulgar. —Es dulce y húmeda.
La joven sonrió.
—Tienes suerte de que
Inglaterra sea un país lluvioso.
Él le devolvió la sonrisa, incluso en eso aquella mujer era idéntica a
Lali.
—Así es.
Entonces volvió a besarla, pero que antes.
Sus dedos, extrañamente temblorosos, le desabrocharon la camisola
mientras ella tiraba de la camisa de él para sacarla de sus pantalones. Peter se
apartó unos segundos para quitarse la prenda por la cabeza y lanzarla al otro
extremo de la habitación. Cuando fue a abrazarla de nuevo, ella le colocó las
manos en la cintura para detenerlo. Las tenía tan cálidas y suaves que no pudo
evitar suspirar al sentirlas en contacto con su piel.
—Espera —le susurró
la mujer, —quiero tocarte.
Peter dejó caer los brazos a los costados
—Pues tócame.
Maldita fuera por haber conseguido hacerlo suplicar, pensó, pero
estaba demasiado excitado como para tener orgullo. Ella podía hacer con él lo
que quisiera, siempre y cuando siguiera acariciándolo como si fuera alguien
especial en vez del hombre lleno de defectos que en realidad era.
Le recorrió el torso con las manos, recorriendo cada surco y
hendidura. Luego las deslizó hasta las clavículas. Parecía estar fascinada con
su cuerpo y a Peter eso lo animó y no sólo eso. Temblaba donde ella lo tocaba,
era como si su cuerpo hubiera estado desesperado por aquellas caricias.
Volvió a acercársele.
—Ahora me toca a mí.
La besó de nuevo, acabando de desabrochar la camisola. Apartó la tela
y también la deslizó hasta el suelo. Ella le rodeó el cuello con los brazos,
hundiendo los dedos en su pelo cuando él se apartó lo suficiente como para
poder desabrocharse y quitarse los pantalones. Hasta que la tumbó en la cama no
se dio cuenta de que ella sólo llevaba las medias, y que él estaba desnudo.
Hambriento de deseo, devoró su cuerpo con los ojos. Tenía las piernas
largas y bien torneadas, las pantorrillas ligeramente musculosas. Las caderas
voluptuosas, el vientre suave. Entre sus piernas, un triángulo de vello oscuro
suplicaba sus caricias. Tenía la cintura estrecha, los pechos generosos y unos
pezones rosados que se excitaron al sentir su mirada. Dios, toda ella era dulce
y suave, una exquisitez que le hacía la boca agua.
La mujer lo miró también de arriba abajo, sin ocultar lo mucho que le
gustaba y, cuando se topó con su erección, sus ojos se abrieron como platos,
consiguiendo que Peter se sintiera incluso más satisfecho consigo mismo que
antes. Él nunca había sido uno de esos hombres que se sienten inseguros del
tamaño de su miembro o de sus técnicas amatorias, pero aquella joven lo hacía
sentir como un semental, como un dios.
Ella alargó una mano y lo tocó allí, rodeando con los dedos su
erección. Peter gimió de placer. Lo estaba acariciando, y se movió presa de esa
mano, su pene temblando de deseo.
Dejó que lo explorara hasta que fue incapaz de seguir soportándolo, y
entonces le cubrió la mano con la suya y se la apartó con cuidado.
—¿He hecho algo mal?
—le preguntó inquieta.
El se rió, una risa ronca y temblorosa.
—Dios, no. Es sólo
que no quiero terminar en tu mano.
—Vaya. —Se ruborizó.
Peter le sonrió y le acarició la mejilla. El corazón le dio un vuelco
al entrar en contacto con su piel, fue como recibir un puñetazo en el pecho.
Era sólo sexo, se dijo a sí mismo. Esa reacción tan emocional se debía
únicamente a lo mucho que aquella mujer se asemejaba a Lali y a que a ella
parecía importarle de verdad. No tenía de qué preocuparse. Al salir el sol,
todo se habría desvanecido.
Apoyándose en un codo. Peter inclinó la cabeza y atrapó un pecho entre
sus labios. Al oírla gemir de placer le hirvió la sangre; ella hundió los dedos
en su pelo para alentarlo a que siguiera besándola de aquel modo. Arqueó la
espalda y cuando succionó con más fuerza, gritó y tiró de él para besarlo,
separando las piernas.
Peter repitió el proceso con el otro pecho, acariciándole el ahora
húmedo sexo con su erección. Aquella mujer era todo ardor y deseo. Sería tan
fácil, era tan tentador, hundirse en ella y perderse allí para siempre. Pero
aún no. Todavía no.
Deslizó una mano por su torso, recorriendo cada costilla con los
dedos. Al llegar a la curva del ombligo, lo dibujó con insoportable lentitud,
trazando el círculo una y otra vez hasta que por fin alcanzó el ansiado tesoro
que ocultaban sus piernas. Ella no tuvo que pedírselo, no tuvo que emitir
ningún sonido, para que Peter supiera lo que quería. Pero a pesar de todo, unos
delicados gemidos escaparon de sus labios, y levantó las caderas a modo de
invitación.
Él la abrió con un dedo y se lo deslizó en su interior, encontrando,
con sorprendente facilidad, el lugar exacto donde quería que la tocara. Gritó
cuando con la yema del dedo le acarició el pequeño botón, y Peter se inclinó
mordisqueándole el pecho suavemente. Luego, sustituyó el dedo por el pulgar,
deleitándose en la humedad que encontró a su paso.
La joven gimió de placer y arqueó las caderas, mientras él la
exploraba hasta dar con la caricia que más la hacía enloquecer. Entonces, Peter
dio rienda suelta a su deseo y la acarició y atormentó hasta que la sintió
moverse descontrolada contra su mano, preciosa, sin rastro de pudor. De
repente, mientras seguía llevándola al abismo con su pulgar, hundió un segundo
dedo en su interior.
Los muslos de la mujer atraparon su mano, suplicándole que siguiera.
Estaba empapada y Peter podía deslizarse con facilidad. Estaba tan tenso que
incluso temía estar a punto de perder el control y, a pesar de todo, no podía
negarse a sí mismo el placer de verla tener un orgasmo por primera vez. Así que
levantó la cabeza y la miró.
Entonces la mujer llegó al clímax. No era comparable a nada que Peter
hubiera visto antes. Tenía el escote y el cuello sonrojados, del mismo color
que sus mejillas. Los labios entreabiertos, gimiendo sin censura. La espalda
arqueada como una ola, se entregaba al placer con cada célula de su cuerpo.
Era preciosa.
Sonriendo satisfecho, se colocó de rodillas encima de ella.
—¿Te ha gustado?
—¿Cómo puedes
siquiera preguntármelo? —contestó, tras parpadear.
Peter se rió y, con las manos a ambos lados de la cabeza de ella, se
agachó para besarla de nuevo. Le mordió el labio inferior. Le separó los muslos
con las rodillas y la vio entreabrir las piernas, gustosa.
Con una mano, guió su erección hasta la entrada del sexo femenino, que
notaba húmedo y caliente.
Y entonces empujó hacia adelante, despacio, abriéndola a medida que
iba introduciéndose. Ella se aferró a su espalda, levantando las piernas para
ajustarse mejor. El interior de su sexo le dio la bienvenida, pero se tensó un
poco y Peter pensó... no, no era posible. Su misteriosa dama le rodeó la
cintura con las piernas, dándole permiso para penetrarla más.
—Dios, estás tan
apretada... —exclamó, temblando un poco al notar que ya estaba dentro.
—¿No te gusta? —le
preguntó insegura.
A él se le escapó otra risa ronca.
—Mi amor, me gusta
tanto que no sé si podré aguantar mucho.
Entonces, la muy coqueta, movió las caderas y consiguió arrancarle un
gemido.
—Eres una
provocadora.
Ella se rió, una risa profunda que se quedó en nada tan pronto como Peter
movió las caderas. Eso le enseñaría a no reírse, pensó. Y, oh, Dios, estar en
su interior era como estar en el cielo.
Con cada embestida se acercaba más y más al abismo. Cada vez que la
joven levantaba las caderas para recibirlo, perdía un poco más el control. Pero
ya no le importaba. Estaba demasiado excitado como para que le importase. Se
apartó un poco sólo para poder volver a perderse en la profundidad de su
misteriosa dama, una y otra vez, y otra, y, mientras se aferraba a las sábanas
de la cama, ella le hundía las uñas en la espalda.
Estaban aferrados el uno al otro, sus cuerpos ondulaban al unísono.
Peter no podía pensar, y mucho menos hablar. Se le había fundido la
mente y su cuerpo había vuelto a la vida, deleitándose en cada sensación, cada
sentimiento. Los latidos de su corazón se aceleraban al ritmo de su deseo. El
duque había tenido muchos encuentros clandestinos sin sentido a lo largo de su
vida, pero aquél no era uno de ellos. En muchas ocasiones, se había sentido
atraído por su compañera de cama, pero nada remotamente parecido a lo que ahora
estaba sintiendo.
¿Qué tenía aquella mujer de especial? Aparte de que le recordaba a...
—Lali —susurró.
Si ella lo oyó no dijo nada, gracias a Dios. Incluso él sabía que era
imperdonable pronunciar el nombre de otra mujer en un momento tan íntimo. Pero
apenas tuvo tiempo de lamentarlo, pues sintió que los muslos de la mujer lo
apretaban, justo antes de precipitarse en el orgasmo. Peter empujó con fuerza,
y sus movimientos se aceleraron hasta que por fin también perdió el control y
estalló con ella. Sus gritos de placer se entremezclaron hasta que fue
imposible distinguir a cuál de los dos pertenecían.
Fue un milagro que él se acordara de apartarse a tiempo y pudiera
eyacular encima de las sábanas y no dentro de ella.
Se quedaron tumbados, entrelazados el uno con el otro y empapados de
sudor, con la respiración entrecortada, durante lo que bien pudieron ser horas
o meros minutos. En circunstancias normales, a esas alturas. Peter estaría ya
vistiéndose para irse, pero aquella noche no tenía ninguna prisa, y cuando la
mujer trató de zafarse de su abrazo la detuvo.
—No te vayas
Lo miró a los ojos y, maldita fuera, debió de ver la desesperación en
ellos, porque, sin decir nada, volvió a tumbarse, permitiendo que la apretara
de nuevo contra su pecho.
Peter le acarició la sedosa piel del hombro con los labios.
—Quiero volver a
verte.
—No creo que sea
buena idea.
Le sujetó la barbilla con la mano y le giró la cara para obligarla a
mirarlo. No le importaba que creyera que era patético, ni parecer desesperado.
Lo único que le importaba era que dijera que sí.
—Por favor.
—¿Cuándo?
Tenía la voz ronca, pero no tanto como al empezar la noche. Maldición
tenía la misma voz que Lali.
—Dentro de una semana
—contestó, con el corazón dándole saltos de alegría. —No me será posible
escaparme hasta entonces.
—De acuerdo —aceptó
ella. —¿Dónde?
—Aquí. En esta misma
habitación. Yo me encargaré de organizarlo.
—Aquí —asintió la
joven. —Dentro de una semana.
Peter sonrió. Ahora ya sonaba más convencida, más entusiasta.
—Gracias.

Era lali no??? No entiendo bien pq no pueden estar juntos legalmente digamos!! me encanta más!!
ResponderEliminarSisisi tiend qe ser Lali pero ahora lo qe no entiendo es porqe no se deja ver!!
ResponderEliminarEspeero.mas, beso :)
Arii - @AriadnaAyelen
Peter es su tutor y ella su pupila ,x eso él cree k no puede tenerla.Peter rogándole una nueva cita,esto cada vez se pone más interesante.
ResponderEliminarAawww.... Lali !! Es lali.. Y era virgen sierto?? Pero como no se dio cuenta??
ResponderEliminarWow que capituloooo!!!
ResponderEliminarEs Lali porque puñado le dijo Lali ella no dijo nada y de seguro se emociono al escuchar a Peter decir su nombre!!!
@Titel842
Hahaha me encanto esta muy buena son fuego ellos espero q sea lali jaja quiero mas
ResponderEliminarHayyy q lindo! ella oyo q le dijo Lali? espero q si!! y era virgen no? espero mas me encanta!! me imagino q falta mucho para q se entere q es Lali!
ResponderEliminarmassssss
ResponderEliminartiene q ser lali! :(