A Peter le dio tiempo de esquivar el golpe y el puño de su asaltante
fue a dar contra la pared.
—Bastardo —lo insultó
el hombre, que del impulso había ido a parar al suelo. —Te mataré.
—Esta noche no
—contestó Peter, serio, tirándose de los puños de la camisa. —Tal vez cuando
esté más sobrio podría volver a intentarlo.
Su asaltante se quedó mirándolo con ojos vidriosos. No era la primera
vez que Peter era víctima de un ataque por sorpresa, pero el último había
tenido lugar varios años atrás y sus reflejos ya no eran como los de antaño.
El corazón le latía furioso tras las costillas. Aquel cretino lo había
cogido desprevenido.
—¿Le conozco, señor?
—le preguntó, perdiendo unos preciosos minutos de estar en compañía de su
misteriosa enmascarada para escrutar el rostro de aquel hombre.
El tipo le escupió, pero sólo consiguió mancharse su propia barbilla y
las solapas de la americana.
—¡Te tiraste a mi
esposa, cerdo asqueroso!
Peter enarcó las cejas y, aunque pareciera extraño, se sintió de mejor
humor.
—Tengo que decirle,
señor, que me baño a diario. —Frunció el cejo. —¿Martingale? ¿Eres tú?
El otro bufó y trató de ponerse en pie.
—Ya sabes que sí...
señor puntilloso.
Peter se habría reído del ridículo insulto si no creyera que el hombre
tenía toda la razón del mundo de querer matarlo. Se había acostado con lady
Martingale... hacía un montón de años. Y también con su hija. Una noche, madre
e hija se habían peleado por él en medio de la ópera. Fue todo un escándalo.
Peter le tendió la mano.
—Será mejor que te
acompañe a tu carruaje. Deberías regresar a casa.
Martingale lo apartó de un manotazo y, de algún modo, consiguió
recuperar las fuerzas necesarias para que sus músculos saturados de alcohol
reaccionaran, aunque tuvo que apoyarse en la pared para levantarse.
—Que te follen.
—Vamos —insistió Peter
con amabilidad. —Déjame que te ayude.
Era lo mínimo que podía hacer, después de haberle causado tanto daño.
Claro que lord Martingale tampoco era un santo. Mientras Peter tonteaba con las
mujeres de su familia, él se había estado tirando a una bailarina. Pero
Martingale había sido discreto y Peter... bueno, se podría decir que la
discreción nunca había sido su mayor virtud.
El conde le dio un empujón, pero estaba tan borracho que fue él quien
trastabilló.
—Vete a la mierda.
Los hombres que te atacaron deberían haberte cortado algo más que la cara, hijo
de perra.
—Sí —respondió Peter
con frialdad. —Pero no lo hicieron. Y tú deberías cuidar mejor de tu mujer.
Los dos se quedaron mirándose el uno al otro durante un segundo. Peter
seguía firme y sobrio, Martingale inestable y borracho. Y, de repente, toda la
ira pareció abandonar el cuerpo de este último, dejándolo abatido y derrotado.
Se dio media vuelta y recorrió el pasillo sujetándose de la pared.
Peter se quedó observándolo con cierta pena. No era que tuviera ganas
de recibir una paliza, pero tal vez si el conde le hubiera dado un puñetazo, se
habría ido de allí satisfecho consigo mismo, y él habría cumplido con parte de
su penitencia.
Ahora se sentía extrañamente vacío. Tal vez debería irse de allí, ya
no estaba de humor para el romanticismo. Pero no sería caballeroso permitir que
la dama siguiera esperándolo. Como mínimo debería ir a disculparse.
Se dio media vuelta y se dirigió hacia la habitación en la que ella
estaba. La puerta se abrió justo cuando Peter iba a llamar, y su dama apareció
delante de él, sorprendida de verlo.
El duque frunció el cejo al ver que llevaba puestos los guantes y
sujetaba su bolsa entre las manos.
—¿Te ibas?
—Sí, así es —respondió
con frialdad, levantando la barbilla. —No me gusta que me hagan esperar,
milord.
Peter sonrió, ante el reto que le presentaba y descartó completamente
la idea de irse del club. Apoyándose en el marco de la puerta, le bloqueó el
paso y la obligó a retroceder hacia el interior.
—¿Estás impaciente,
miladi?
La Mascara Del Amor
Cap 5
Aquella habitación estaba hecha para encuentros clandestinos, el papel
de la pared era oscuro y de buena calidad. Había impresionantes ramos de flores
que destacaban con el telón de fondo. El yeso del techo era del mismo color
dorado que los marcos de la puerta y de las ventanas. Unas pesadas cortinas,
pensadas para impedir que la luz o la curiosidad se entrometieran en aquel
espacio, adornaban dichas ventanas. El suelo era de madera, pulida y encerada,
y encima había mullidas alfombras de idénticos tonos al del papel de la pared.
La cama, enorme y con dosel, era de caoba tallada a mano, y estaba cubierta con
sábanas negras y doradas que alguien había abierto ya para dar la bienvenida a
sus ocupantes.
¿Se habría puesto nerviosa al verse allí esperándolo? ¿Se habría
sentado en la cama, con las piernas cruzadas, para tratar de apaciguar su
deseo?
—Sí, estaba
impaciente —replicó ella airada. —Pero la espera es de lo más eficaz para
amortiguar las ansias.
Entonces Peter se rió, y cerró la puerta, dejándolos a los dos allí
encerrados. ¿Era sólo él, o la temperatura de la habitación había subido un par
de grados?
—¿Ah, sí? —Dio un
paso, acercándosele. —Yo siempre he creído que la espera hace que se sienta
todavía más deseo.
Ella se mantuvo firme, pero él podía sentir que estaba a punto de
dejarlo plantado. Estaban tan cerca el uno del otro que casi se tocaban... el
pecho de ella subía y bajaba, acelerado con cada respiración. Todo el cuerpo de
Peter estaba tenso, alerta. Los oscuros ojos de la joven buscaron los suyos.
—Entonces, usted debe
de desearme mucho, milord.
La chispa de deseo que brilló en la mirada femenina fue inconfundible.
Unas llamas doradas empezaron a arder detrás de aquel color chocolate, atrayendo
a Peter como las moscas a la miel.
—Así es. —Tenía la
voz ronca, pero a juzgar por cómo tembló ella, eso a su dama debió de gustarle.
—Te deseo muchísimo.
Aquellos delicados labios se entreabrieron sin que saliera ningún
sonido. Ella siguió observándolo con ojos ardientes, y en lo único que Peter
fue capaz de pensar era en que necesitaba hacerla suya.
Deseó poder quitarle la máscara y verle la cara, pero entonces la
mujer querría hacer lo mismo, y él no podía correr ese riesgo. Peter no quería
que viera su destrozado rostro, no quería tener que enfrentarse a sus
preguntas, tanto si llegaba a formularlas como si no.
Levantó una mano y la cogió por la nuca para acercársela. Al inclinar
la cabeza, pudo sentir su aliento cálido y dulce acariciándole la cara. La vio
ponerse de puntillas para aferrarse a las solapas de su chaqueta, mientras él
tomaba posesión de sus labios con los suyos. La joven lo besó con el mismo
ardor que Peter sentía en su alma... y cuando por fin se apartaron, no era el
único que tenía la respiración entrecortada.
—Champán —susurró
Peter, soltándola.
¿Se habría dado cuenta de que le había desatado las cintas que le
ceñían el corpiño por la espalda? Un par de ligeros tirones por los hombros y
podría desnudarla sin demasiada dificultad. Pero no quería precipitar las
cosas, ella era perfecta para su fantasía y quería saborear cada momento.
Lanzó su chaqueta a la butaca que tenía más cerca y se desabrochó el
chaleco al acercarse hacia la mesa de los licores. Sirvió un par de copas y se
aflojó el nudo del pañuelo. Por fin podía volver a respirar. Dios, ¡estaba
hecho un lío!
Regresó junto a ella, con una copa de champán en la mano; estaba
sentada en el extremo de la cama, con la mirada fija en el triángulo de piel
que a Peter le había quedado al descubierto al soltarse el pañuelo, ni no creía
que su cuello fuera tan fascinante, ni distinto al de cualquier otro hombre,
claro que tampoco había comparado nunca esa parte de su anatomía con la de
nadie más.
Se sentó a su lado, y ella aceptó la copa que le ofreció y la vació de
un trago. Ah, aquella muchacha era dulce e inocente... algo que en su juventud
le habría hecho gracia, pero que ahora lo enternecía.
—Despacio —le aconsejó.
—Tenemos toda la noche.
—¿Ah, sí? —le
preguntó ella, mirándolo.
Peter asintió, y hundió el dedo índice en el frío líquido de su copa.
—Sí.
No quería pensar en que ella pudiera tener a alguien esperándola en
casa al amanecer. En aquella habitación, estando los dos solos, se negaba a
pensar en nadie más. Nada más importaba.
Le acercó el dedo húmedo a la boca y dibujó con él la curva de su
labio inferior, acariciando ligeramente la parte interior del mismo. Ella le
aguantó la mirada, y con la lengua le lamió el dedo. Ese gesto hizo estallar la
lujuria en Peter. Aquella mujer era una seductora, una mezcla excitante e
imposible entre inocencia y sensualidad.
Si sobrevivía a esa noche, se aseguraría de darle las gracias a Dios
por haberle permitido conocerla, porque estaba seguro de que no se merecía un
regalo como aquél.
Empezaron a acariciarse la cara el uno al otro. Él no trató de
quitarle la máscara ni siquiera una vez y ella tampoco. Era como si entendiera
su necesidad de permanecer oculto.
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Peter es un Mujeriego! Quien es esa Mujer??
Hola! Como estan ? Aqui en Francia ''Les Vosges'' Nieve!


Demasiado mujeriego diría yo je!!! Espero que sea su lali Me encanta más!!
ResponderEliminarEs Lali nooo? jaajaj Mas Mas Mas!!
ResponderEliminarSubi mas!! No nos puedes dejar asi por dios!!
ResponderEliminarYo voto a que esa misteriosa mujer es Lali!!
muy buena novela :)
ResponderEliminarquiero mas :L
pero tan fea tiene la cara peter que no quiere que se lo vea ?
es Lali esta mujer? :)
ay estoy super ansiosa quiero saber
MAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAS
ResponderEliminarhayy quiero saber quien es ella!!!
ResponderEliminarmasssssssssss
Tieene qe ser Lali aai quiero saber!!
ResponderEliminarEspeero mas, besoo :))
Arii - @AriadnaAyelen
Mas mas mas mas
ResponderEliminarEspero q sea lali jaja
ResponderEliminarMas mas mas mas
Ella es Lali ,y sabe quien está bajo esa máscara.X eso se arriesga a ir a ese club tan exclusivo .De otra manera tiene x seguro, k el jamás se le insinuaría ni tan siquiera.
ResponderEliminarPero que si Peter esta convencido de que tiene que seducir y derretir a esa mujer misteriosa que es "Lali"
ResponderEliminarEn verdad esta nevando que padre acá empieza el frío pero aun nieve no :(
Gracias por los caps disfruta la nieve Jaja
@Titel842
waaoo tiene que ser lali!' quiero maas porfis me dejaste super intrigadaa!'
ResponderEliminar@mf_lazaro
AMO esta nove!!!
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