Y entonces, como si fuera la respuesta a sus oraciones no
pronunciadas, la vio.
Peter se inclinó hacia adelante, apretando la barandilla entre los dedos. Allí, en medio de todas aquellas flores de invernadero, había florecido una mujer tan salvaje que lo dejó sin aliento.
El tiempo se detuvo, y también su corazón.
Llevaba un vestido de color rojo, del mismo tono que una rosa ensangrentada. Los ribetes de las mangas eran del mismo tono bronce que la cinta de alrededor del escote. Desde donde estaba Peter —¿cuándo se había puesto en pie?—podía ver los montes de sus lujuriosos pechos iluminados por la luz de los candelabros.
El corpiño se le ceñía al torso y le marcaba la cintura, justo por encima de las caderas, luego la tela descendía y cubría un trasero que no necesitaba la ayuda de ningún relleno para llamar la atención de Peter.
Éste levantó los ojos y, al ver la melena color café de la misteriosa dama, recogida en un moño suelto, el corazón le volvió a latir. Tenía la piel blanca y debajo de la máscara de seda de color bronce, se ocultaba una nariz perfecta; sus labios eran tan sensuales que parecían estar suplicando que los besaran.
Dios santo. De no ser porque era imposible, juraría que aquella mujer, aquel sueño, era su Lali.
Pero no podía ser. Una joven soltera jamás iría allí sola, y ninguna de las amistades de la joven se atrevería a invitar a una dama a un baile de máscaras cuyo único objetivo era la seducción. Todo el mundo sabía lo que pasaba en aquellas fiestas privadas del Saint Row. Y era imposible que alguien tan respetable e inocente como Lali Esposito se hubiera atrevido a cruzar las puertas de aquel club. No, aquélla no era Lali, pero podría ser su hermana gemela.
Y Peter no iba a perder ni un segundo más mirándola como un idiota, corriendo el riesgo de que otro hombre se le acercara.
Girando sobre sus talones, salió del palco y descorrió la pesada cortina antes de dirigirse hacia el pasillo. Allí, la luz era tan tenue como en el reservado, apenas unos apliques en la pared iluminaban el camino, pero Peter conocía bien el interior del club y sus pies lo guiaron seguros hasta el salón. Miró de reojo a una pareja que había apoyada en la pared, la mujer tenía la falda remangada hasta los muslos y el hombre la estaba acariciando con la mano. Los gemidos de placer le hicieron acelerar el paso.
A mitad de la escalera, se encontró con madame La Rieux en persona. Debía de tener más o menos su edad, incluso algo más joven. Era guapa y de piel clara, y su melena rojiza parecía natural. Era una mujer alta y delgada, de inteligente mirada azul claro, e iba vestida con un sencillo y elegante vestido de seda amarilla que seguro que provenía del taller de costura del señor Worth.
—Monsieur le duc —lo saludó, con su delicado acento francés al mismo tiempo que le hacía una ligera reverencia. — ¿Puedo ayudarle en algo?
Los modales y la costumbre lo impulsaron a pararse a saludarla cuando lo que de verdad quería hacer era apartarla de su camino e ir en busca de su flor salvaje. Abrió la boca para disculparse, pero de repente se le ocurrió algo.
—Una habitación privada, madame. ¿Tiene alguna disponible?
Ella le sonrió, los labios pintados de carmín se curvaron sin llegar a separarse.
—¿Para usted, su gracia? Por supuesto. —Deslizó un par de dedos largos y delgados hacia el interior de su escote y sacó una pequeña llave colgada de una cadena, que a continuación le ofreció a Peter. —La última puerta a la derecha. Tendrá toda la intimidad y privacidad que desee.
Peter apretó la llave entre sus dedos. Era una auténtica filigrana y aún retenía el calor de la piel de la mujer.
—Gracias. Confío en que lo añadirá a mi cuenta.
—Por supuesto. —Madame La Rieux inclinó la cabeza. —¿Quiere que también le mande una botella de champán?
—Sí. Por favor. —Se guardó la llave en el bolsillo. —Y ahora, si me disculpa...
La mujer le sonrió de nuevo, coqueta pero sin ser descarada.
—Que tenga una noche agradable, señor.
Peter asintió, se apresuró escaleras abajo y no aminoró hasta llegar al salón. Tampoco quería parecer demasiado ansioso.
Entró en la sala de baile y parpadeó mientras sus ojos se adaptaban a aquella estancia, más iluminada. No estaba acostumbrado a estar tan expuesto, él solía quedarse entre las sombras, evitando a toda costa que lo vieran.
Había candelabros con velas, pero eran las lámparas de gas, camufladas en apliques más antiguos, las que proporcionaban toda la luz. A pesar de todo, no se podía decir que el salón estuviera excesivamente iluminado. Ninguna dama corría el riesgo de que sus facciones pudieran ser vistas con precisión o exactitud.
Aquella estancia era como una caja de bombones, decorada en tonos crema y chocolate con toques dorados. Tenía el mobiliario justo para ser elegante sin caer en el mal gusto, algo muy difícil de conseguir en esa época. La iluminación, ahora que se había acostumbrado a ella, le permitía ver suficientemente, y la música tenía el volumen adecuado para seducir al oyente sin impedir la conversación.
Aunque Peter no tuviera precisamente ganas de hablar.
Casi nadie lo miró al entrar en el salón, exactamente lo que él quería. Aquellos bailes de máscaras eran famosos por su discreción y anonimato. Claro que siempre había quien reconocía a alguien importante y poderoso en cuanto lo veía. Peter ignoró a todos los presentes y escudriñó con la vista a su alrededor en busca de la única persona que le importaba. Y entonces la vio. Estaba sola, de pie junto a unas parejas que bailaban, como si estuviera buscando a alguien.
Los ojos de ella se clavaron en los suyos. Por un segundo creyó que ella lo había reconocido, pero debió de ser un efecto de la luz, pues su expresión cambió al momento.
Peter se le acercó. La mujer permanecía inmóvil como una gacela, e igual de dispuesta a salir huyendo si él hacía el movimiento equivocado.
«Paciencia, Lanzani —se dijo a sí mismo. —Paciencia.»
Cada paso que daba estaba calculado.
Ella le debía de llegar por la barbilla y en ese preciso instante levantó un poco la cabeza y lo miró a la cara. Sus dulces labios se entreabrieron dejando al descubierto el rosado interior de su boca. Peter quería tocarla, sentir su aliento contra sus dedos. Quería saborearla.
Levantó una mano enguantada.
—Me gustaría mucho bailar con usted, miladi.
Ella no dudó ni un instante y deslizó los dedos en los de él.
—Jamás se me ocurriría negarle nada, milord.
Un escalofrío de ansiedad recorrió a Peter al acompañarla hasta la pista de baile, donde las otras parejas se morían al ritmo de la música.
¿Negarle nada? No, aquello no iba a suceder esa noche.
La Mascara Del Amor
Cap 3
La Mascara Del Amor
Cap 3
Él le tendió la mano y la joven la aceptó con un ligero temblor en los
dedos. Peter empezó a bailar con ella un vals mucho más sensual de lo habitual.
La danza le daba una excusa para abrazarla. Podía sentir el movimiento de su
respiración contra la palma de su mano, justo por debajo del corsé. A juzgar
por lo acelerada que tenía la respiración y por su reticencia a mirarlo a los
ojos, él la ponía nerviosa.
Que estuviera algo nerviosa era normal, pero Peter no quería que le
tuviera miedo. Lo que quería era que deseara estar con él tanto como él deseaba
estar con ella.
—¿Le apetece
conversar? —le preguntó.
Ella lo miró por debajo de su misteriosa máscara.
—¿Sobre qué, milord?
Peter sintió un escalofrío al oírla. Tenía la voz más grave que la de Lali,
pero se parecía mucho, y su cuerpo reaccionó con tal entusiasmo que estuvo a
punto de tener una erección en medio de la pista de baile, con el consiguiente
ridículo.
—De lo que quiera
—consiguió decir. —Yo me conformo con verla mover los labios.
La joven bajó la vista, era obvio que no estaba acostumbrada a los
halagos, ni tampoco a coquetear. Era perfecta.
—Me honra usted.
Quizá no poseo dotes de conversación, y odiaría aburrirlo.
El negó con la cabeza.
—La encuentro
fascinante.
Ella ladeó un poco la cabeza y esbozó una sonrisa burlona.
—Apenas me conoce,
milord.
Peter la acercó más a él. Con el muslo le acarició la cadera y, por el
modo en que reaccionó, fue como si se hubiese dado contra un horno encendido.
—En mi corazón siento
que ya somos amigos íntimos.
La muchacha abrió la boca, seguramente para quejarse, pero él se lo
impidió atrapando sus labios con los suyos. En medio del salón, Peter se
permitió poseer los labios de aquella mujer. Húmeda y ardiente, la boca de él
los encendió a ambos. Podía sentir cómo ella se iba excitando, apretándose cada
vez más contra su cuerpo. Buscó la lengua de Peter con la suya al tiempo que se
aferraba con fuerza a su hombro y apretaba la mano que él le sujetaba. Sabía a
champán y a calidez, y tenía los labios tan deliciosos como Peter había soñado.
No estaba siendo excesivamente descarado, pero no cabía duda de cuáles eran sus
intenciones.
Nadie que estuviera a menos de un kilómetro de distancia tendría
ninguna duda acerca de esas intenciones.
Cuando Peter por fin apartó la cabeza e interrumpió el beso, aquella
hechicera se quedó mirándolo con ojos brillantes tras la máscara. Se lamió los
labios y él supo con intuitiva certeza que estaba memorizando su sabor.
—Dejémonos de
tonterías, cariño —murmuró con la boca pegada a la suya. —Tan pronto como te he
visto, he venido a buscarte para evitar que otro hombre pudiera acercarse a ti.
—¿Eso ha hecho? —le
preguntó genuinamente sorprendida, a la vez que encantada.
Peter hizo un esfuerzo para no gemir de placer y consiguió sonreír. Le
soltó la mano y buscó en su bolsillo la llave que le había dado Vienne La
Rieux. Le mostró a la joven el delicado objeto de metal y después se lo deslizó
entre los pechos. Ella se estremeció al sentir el frío metal contra su piel, y
cuando los dedos de Peter se posaron encima de sus senos se quedó completamente
quieta. Tenía la piel suave y delicada como la seda, y él quería recorrer con
la lengua cada una de las venas apenas visibles bajo la superficie, saborear la
sal que habría en su escote.
Pero aquél no era el lugar para hacerlo.
—Es de una habitación
—le explicó. —¿Quieres que nos veamos allí, o me rechazarás y me romperás el
corazón?
Se quedó esperando durante lo que fueron un par de agonizantes
latidos. Entonces, los dedos de ella se cerraron sobre los que él seguía
manteniendo sobre sus pechos, y una sensual sonrisa apareció en su rostro.
—No podría vivir
sabiendo que le he roto el corazón, milord.
—¿Cuánto tiempo
tardarás? —Dios, estaba más excitado que un chico de veinte años.
—Diez minutos —contestó.
—¿De acuerdo?
«Ni hablar.»
—Cinco.
Ella fue incapaz de ocultar el estremecimiento que le recorrió todo el
cuerpo.
De algún modo, Peter consiguió soltarla y dejó que se fuera. La siguió
con ojos hambrientos hasta que desapareció entre la multitud y llegó a una de
las salidas que había en el otro extremo del salón. Al llegar allí, se detuvo y
se dio media vuelta para mirarlo. Tal vez fuera su imaginación, pero incluso
desde la distancia creyó ver el deseo en la mirada de la mujer.
Cinco minutos no era tanto. Sólo trescientos segundos. Por Dios, si
había tardado más en vestirse para asistir al baile. Y tampoco le serviría de
nada parecer demasiado ansioso, ¿no? No quería que su futura amante supiera lo
mucho que la deseaba.
Salir del salón y llegar a la escalera le llevaría treinta segundos.
Subirla otros veinte. Pero le había dicho que le daría cinco minutos. Tenía que
esperar.
Se escondió entre las sombras hasta que no pudo resistirlo más. Dos
minutos antes de tiempo, cruzó el alfombrado pasillo.
Ya no podía seguir reprimiéndose. Esa noche era para el placer, y
tenía intención de aprovecharla al máximo, tanto que ni él ni su misteriosa
dama podrían caminar durante una semana.
Estaba casi en la puerta cuando una mano lo sujetó por el brazo.
Irritado, se dio media vuelta para ver quién osaba molestarlo.
Y fue entonces cuando vio un puño acercándose a su nariz.
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Perdon, Pasa que ahora tengo a mi madre encima (esta en vacaciones!) y solo quiere que estudie. Ahora mismo tendria que hacer mis deberes Perdo'n. Voy a intentar subir los caps Juntos.
Gracias por los comentarios!


ME encanta! Subí cuando vos puedas!
ResponderEliminarQuien le pegó?
me encanta la nove1!! me podrias decir de que video sacaste la imagen del capitulo 3 ? (la que lali empuja a peter)
ResponderEliminarGracias.
EliminarLa saque de tumblr!
Uuui quien sera?, muy buena la nove :)
ResponderEliminarBesoo
Arii - @AriadnaAyelen
Algo me dice que le pega alguien que conocer a Lali, pensando que el se propasó o un borracho.
ResponderEliminarSu be cuando puedas,besos.
@Masi_ruth
No pobre peter, si le sienta mal el puñetazo se va enojar mucho con quien fue el culpable!1 me encanta más!!
ResponderEliminarWow no creí que Lali aceptara, quien es quien golpeo a Peter?
ResponderEliminarNo te preocupes por los caps, la escuela nos absorbe el tiempo. Que tengas buenas notas saludos!!!
@Titel842
naaaa , esta nove esta buenisima
ResponderEliminarme encanta :)
quiero maaaaaaaaas ajajaja! besos
y quien sera? quien aparecera?
me muero :O estare muy ansiosa esperando los proximos caps.
maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaas
ResponderEliminarme puse al día.. y me encantaaaa!! más más más
ResponderEliminarMe encantaaaaa! quiero mas! me pregunto quien le pego?
ResponderEliminarJajaja,cuando se van a cumplir sus deseos ,zas ,se lleva un mamporro.
ResponderEliminarQuien le pego a peter ö !!!
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