Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

martes, 2 de octubre de 2012

La Isla De Olvido Cap 14

                                 La Isla De Olvido



 
Decir que se mascaba la tensión en casa de Lali sería como describir el Everest como un pequeño montículo.

Habían pasado tres días desde que Lali y Peter hubiesen estado hablando el uno con el otro a la luz de la luna, separados sólo por unos centímetros y un edredón de plumas, y cada minuto de cada uno de esos tres días la mente de Lali había estado recordándole lo que había rechazado.

Y Peter no estaba ayudándole en absoluto. Sentía su mirada sobre ella todo el tiempo, igual que había sentido las yemas de sus dedos sobre sus mejillas. No había vuelto a intentar nada desde aquella noche, y lo cierto era que no estaba segura de si aquello la aliviaba o no, lo cual la tenía sencillamente furiosa.

Estaba otra vez caminando sobre la fina línea entre el deseo y la razón, y se sentía a punto de explotar, como si cada una de las células de su cuerpo estuviese vibrando con una fuerte carga eléctrica. Intentaba repetirse una y otra vez que aquello pasaría, pero su cuerpo quería que su cerebro se callase para poder hacer lo que ansiaba. Resultado: ni su mente ni su cuerpo estaban contentos.

—Genial, a mis veintiocho años acabo de descubrir que soy esquizofrénica —farfulló entre dientes, el rostro girado hacia la ventanilla mientras avanzaban por la carretera.

—¿Has dicho algo? —inquirió Peter distraída mente, girando suavemente el volante para tomar una curva.

—No, nada.

Nada que quisiese repetir.

—¿Puedes explicarme otra vez a qué vamos exactamente?

Lali volvió la cabeza hacia él y tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para reprimir un suspiro soñador. Si con vaqueros y camiseta le costaba dejar de mirarlo, con ese uniforme de gala blanco que llevaba aquello se había convertido casi en un imposible. Cuando lo había estado esperando junto al coche y lo había visto salir de la casa tan increíblemente guapo, había estado a punto de tumbarse en el capó del coche y gritarle: « ¡Hazme tuya!».

—Es una fiesta que da mi padre para celebrar el compromiso de mi hermano Vico y Cande —contestó.

Casi se había olvidado de aquella fiesta con lo alteradas que había tenido las hormonas en los últimos días. Y ya iban tarde porque no sabía dónde había puesto las llaves del coche y se habían tirado un cuarto de hora buscándolas por toda la casa.

—Entonces será algo íntimo, ¿no? Unos cuantos familiares y amigos.     Lali lo miró y se rió.

—No exactamente. Más bien será una fiesta al estilo Esposito.

—¿Y cuál es el estilo Esposito?

—Invitar a media ciudad —respondió Lali.

Las fiestas que daba su padre solían ser eventos formales en exceso y aburridísimos. Desde niños sus hermanos y ella habían tenido que acostumbrarse a ellas. Los hacían desfilar por el salón de baile vestidos como repollos, dejando que los invitados les diesen pellizcos en los mofletes y palmaditas en la cabeza, y les repitiesen cien veces lo bien educados que estaban, para luego irse a la cama.

Incluso sus fiestas de cumpleaños habían acabado convirtiéndose en asuntos de negocios. Mientras un payaso contratado los entretenía en un rincón del salón a ellos y los hijos de los de más invitados, su padre cerraba tratos, y le do raba la píldora a los accionistas de su empresa. La fiesta de aquella noche seguramente no sería muy distinta.

—Es una celebración familiar, pero dado que mi padre se presenta a senador, no va a perder la oportunidad de hacer una recaudación de fondos para su campaña. Habrá invitado a la alta sociedad de Savannah, a empresarios, y probablemente habrá periodistas, y alguna que otra cadena de televisión.

—¡Y yo que pensaba que tomaríamos hamburguesas a la parrilla y cervezas en un patio bajo unos farolillos de colores...! —exclamó Peter, girando la cabeza hacia ella y sonriendo.

Lali se echó a reír, y la risa atenuó la ansiedad que la atenazaba por tener que asistir a aquel evento. Y es que, aunque quería muchísimo a su familia, detestaba esas fiestas. Siempre las había detestado: tener que hablar con gente a la que probablemente no volvería a ver, al me nos hasta la próxima fiesta, sonreír cuando le dolían los pies, pasear una copa de champán que no podía beberse porque no estaría bien visto que un Esposito bebiera demasiado... Por muchas fiestas a las que acudiese,  jamás se sentiría cómoda en ellas.

—No, me temo que no habrá cervezas en la fiesta —respondió riéndose—, pero podemos ir a la cocina a robar un par de la nevera.

—¿Podemos? —repitió Peter sonriendo—. ¿No irás a decirme que una noche bebiendo cerveza con un grupo de SEALs te ha hecho renegar del champán?

—No del todo, pero tengo que admitir que la cerveza y las pizzas tampoco están mal.

—Todavía estamos a tiempo de dar media vuelta e irnos a cenar a alguna pizzería.

—Eso suena tentador —dijo Lali con un sus piro—, pero mi padre me mataría si faltase a la fiesta.

—Como quieras. Tú mandas —contestó Peter, lanzándole una breve mirada.

A pesar de la charla y las sonrisas parecía tensa. De hecho, podía sentir el nerviosismo que irradiaba, como cuando una piedra cae al agua y se forman ondas en la superficie que van extendiéndose. Fuera consciente de ello o no, estaba levantando barreras entre ellos. O más bien, se corrigió, estaba haciendo más altas las que ya existían. Y, cuanto más se aproximaban a la mansión familiar de los Esposito, más tensa parecía ponerse. Era como si se estuviese convirtiendo en otra persona, alejándose de la Lali a la que él conocía para volver a ser la Mariana que probablemente jamás entraría en una pizzería.

—Gira aquí —le dijo de repente. Y Peter advirtió que su voz sonaba más grave.

Hizo que el coche girara a la derecha, y a los pocos metros aparecía una enorme verja de hierro forjado. Atravesaron el arco de entrada, y avanzaron por un camino flanqueado por gran des árboles. Sus largas ramas desnudas parecían huesudos dedos que quisieran tocar el coche, y el musgo que colgaba de ellas, jirones de tercio pelo verde mecidos por el viento del océano.

—Impresionante —murmuró Peter, manteniendo la vista al frente, en el trecho iluminado que los faros del coche iban cortando en la oscuridad.

—Pues todavía no has visto nada —suspiró ella.

—Apuesto a que esto intimidaba a los chicos con los que salías en el instituto.

—Supongo que los habría intimidado… si hubiera salido con alguno —respondió ella—. Estudié en un internado para chicas, en Suiza —explicó, alisándose nerviosa la falda del vestido.

—¿Un internado? Siempre he tenido curiosidad por saber...

De repente Peter dio un frenazo, y Lali se agarró al guardabarros.

—Peter, ¿qué...?

—¿Estás bien? —preguntó él, desabrochándose el cinturón.

—Sí, estoy bien, pero, ¿por qué has...? —inquirió ella contrariada, viendo que estaba abriendo la puerta.

—¿No la has visto? —dijo Peter, señalando a una mujer de pie junto a uno de los árboles, antes de bajarse del vehículo.

Se había apartado del centro del camino, donde había estado hacía unos segundos. Le había dado un susto de muerte. Llevaba un vestido negro largo que casi rozaba el suelo, su rostro pálido estaba girado hacia ellos, y sus ojos apagados lo miraban fijamente.

—Peter, por favor.., vuelve dentro y sigamos —le rogó Lali desde su asiento, sin querer mirar por el parabrisas.

—¿Qué dices? —replicó él frunciendo el entre cejo—, no podemos dejarla ahí en medio. Señora, ¿está usted bien? —preguntó, dando un paso hacia la mujer—. ¿Quiere que la llevemos a la casa?

De pronto se dio cuenta de que las luces del coche parecían atravesarla. La mujer no dijo nada. Sólo siguió mirándolo, con una expresión tan llena de dolor, que Peter sintió una sensación de angustia horrible en el pecho. El vello de la nuca se le erizó, y sintió que un escalofrío le recorría la espalda.

Entonces la mujer abrió la boca, y dio la impresión de que estuviera hablando, pero de sus labios no salía sonido alguno. Peter la observó, intentando averiguar qué estaba tratando de decirle, y vio cómo se retorcía las manos mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla.

—Peter, por favor, vámonos... —le imploró Lali con voz temblorosa.

Pero Peter no podía apartar la vista de la mujer.

—¿La.. la estás viendo?

—Sí, Peter, la veo, pero por favor, vámonos...

No era un hombre asustadizo, pensó Peter, y se había enfrentado a la muerte en innumerables ocasiones, pero allí de pie, con un fantasma enfrente, se alegró de no estar solo. Nuevas lágrimas afloraban sin cesar a los ojos de la mujer, que poco a poco fue desvaneciéndose, hasta desaparecer.

Con el corazón aún latiéndole de tal modo que parecía que fuera a salírsele del pecho, Peter regresó al coche.

—Dios... era... era un fantasma —balbució ano nadado.

—Es la señorita Carlisle —explicó Lali—. Su nombre es lo único que sabemos de ella. Eso, y que lleva muerta unos cien años.

Peter resopló incrédulo. Aquel trabajo estaba resultando de lo más interesante: una científica preciosa, una mansión, amenazas por correo electrónico... y fantasmas. Y eso que el mes ni si quiera había terminado.
                   ______________________________________
 Un fantasma!!
Falta poquito para el cumple de Lali y para el cumple de mi mejor amiga!
En 15 dias viajo a Paris! 
Gracias!

9 comentarios:

  1. una fantasma!!! esto cada vez se pone mas interesnte y raro jaja espero mas♥

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  2. Un fantasma? Uuui esto esta bueeno porqe no es una historia como todas! Muy bueena :)
    Espeero mas,,
    Besito


    Arii
    @AriadnaAyelen

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  3. Me dio hasta a mi miedo, jaja :)
    No podré firmarte seguido ya que me he mudado, pero te leeré desde el cel
    @masi_ruth

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  4. No te podía firmar porque recién me puse al día con la nove :) qué miedooo! Un fantasma!
    Máaas nove.

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  5. me puse al día!!! Me encanta. más más !

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  6. Quiero más.. quiero beso Laliter!!

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  7. me encanta, estos están cada vez más unidos!! Ahora un fantasma?? que más va a ver en esta historia??

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  8. Jajaja,tiene d todo.Espero k se encuentre en la fiesta su ex con la mujer,y Peter y Lali se demuestren lo compenetrados k están.

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