La fiesta de aquella noche no se diferenciaba demasiado de todas las que
se habían celebrado antes en Crofthaven, la mansión de los Esposito. Había
música suave que servia de fondo al murmullo de las conversaciones de los
invitados, y docenas de camareros paseándose entre la gente con bandejas de
selectos aperitivos y copas de champán.
De pie con Peter en el umbral de las puertas de doble hoja del salón de
baile, Lali inspiró profundamente, mentalizándose para pasar dos o tres horas
haciendo el papel de chica de sociedad. Al menos aquella vez no estaba sola, se
consoló, y no tendría que quedarse en un rincón.
—Ahora entiendo que te echaras a reír cuando te pregunté si esta fiesta
iba a ser algo íntimo y familiar —farfulló Peter, inclinándose sobre su oído.
Lali se estremeció cuando su aliento le rozó el cuello, y volvió la
cara hacia él, encontrándose con sus labios a sólo unos centímetros de
distancia. Tragó saliva, y obligó a su mente a reaccionar.
—Um... no, las fiestas de Crofthaven nunca son fiestas en familia.
— Conoces a toda esta gente?
—No, sólo a unos pocos —respondió ella—. Mira, aquel hombre alto con el
traje azul marino es mi hermano Victorio, y la joven rubia a la que rodea la
cintura su prometida, Candela.
-Ajá.
—Y los que están al lado son Jan, Adam, y Marcus, mis otros hermanos.
—Vaya, tienes una familia extensa desde luego.
—Y eso es sin contar a mis primos —dijo Lali, esbozando una sonrisa.
—Caramba. Bueno, ¿qué hacemos ahora?
—Buscar a mi padre, supongo —murmuró ella.
—Bien, pues vamos —dijo Peter, poniéndole una mano en el hueco de la
espalda, y entrando en el salón.
Mientras avanzaban por el brillante suelo de mármol, Lali sonreía
cortésmente a quienes pasaban, pero la abrasadora sensación que le producían
los dedos de Peter, aun a través del vestido de seda negro que llevaba, estaba
volviéndola loca.
De pronto la mano se deslizó por su cintura, yendo a reposar en la
cadera, y se le cortó la respiración por un momento, pero no pudo reprimir una
sonrisa divertida al ver las miradas envidiosas que le lanzaban las féminas
junto a las que pasaban.
Alto, fuerte y guapo, Peter era la personificación de las fantasías de
cualquier mujer... sobre todo con su uniforme de gala. Y, al menos por esa
noche, era suyo.
Encontraron a su padre en el extremo opuesto del salón de baile,
inmerso en una discusión con tres hombres vestidos de negro. No se le veía muy
contento, y Lali sintió una punzada de ansiedad. Que su padre estuviese serio
en una fiesta sólo podía significar una cosa: que había algún problema.
Cuando se acercaron a ellos, a pesar de que estaba hablando en un tono
bajo, Lali pudo es cuchar sus últimas palabras.
—...no me importa lo que dijeran. No lo voy a consentir —estaba
farfullando, sus pupilas clava das en el rostro del más alto de los tres
hombres.
Lali vio un destello de irritación en los ojos del hombre.
—Mire, señor Esposito, le aseguro que... —comenzó a replicarle, con un
acento que Lali no sabría definir. ¿Hispano?
—No —lo cortó su padre abruptamente. Dio un paso hacia él, entornando
los ojos, y bajando la voz aún más le advirtió—: nadie amenaza a mi familia,
¿lo ha comprendido? Si vuelven a causarle a mi hijo Luca más problemas, me lo
tomaré como algo personal. ¿Lo ha entendido?
Su interlocutor apretó los labios.
—Sí, señor.
Antes de que Lali pudiera preguntarse qué estaba pasando, Peter le dijo
que no se moviera de donde estaba, y fue junto a su padre.
—Si puedo hacer algo por ayudarlo, señor Esposito —le ofreció, lanzando
una mirada de advertencia a los tres hombres.
El padre de Lali giró el rostro hacia él, después miró brevemente con
el ceño fruncido al tipo alto, y movió la cabeza.
—Gracias, pero no será necesario. Estos caballeros y yo ya hemos
terminado de hablar. ¿No es verdad, señores?
El hombre alto asintió por toda respuesta.
—Bien. Gracias por venir. Lamento que tengan que marcharse tan pronto
—dijo Salvador. Hizo un gesto con la mano, y al instante estuvieron a su lado
dos hombres fornidos y con cara de malas pulgas—. Dick, Frank, acompañad a
estos caballeros a la salida.
—Sí, señor Esposito —respondió uno de ellos, se volvió hacia el tipo
alto, que estaba visiblemente furioso—. Por aquí, por favor.
Lali se apresuró a ir junto a su
padre.
—Papá, ¿qué está pasando?
Su padre se giró hacia ella, y al verla sus facciones se distendieron,
igual que sale el sol cuando se alejan las nubes de tormenta.
—¡Lali, cariño! ¡Qué bonita estás! —exclamó sonriente. Luego, se volvió
hacia Peter, y le tendió la mano, que el otro hombre estrechó—. Y tú debes ser Peter
Lanzani. Eres la viva imagen de tu padre hace veinte años, claro. Me alegro de
conocerte al fin.
—Papá —intervino Lali, tirándole de la manga de la chaqueta—, déjate de
presentaciones y dime de qué estabas hablando con esos hombres.
—De nada que tenga que preocuparte —respondió él, antes de sonreír de
nuevo a Peter—. Gracias por ofrecerte a ayudarme.
—No hay de qué —respondió Peter—. Los SEALs tenemos que apoyarnos unos
a otros.
Salvador Esposito suspiró y esbozó una sonrisa.
—Mis días de SEAL quedan ya muy atrás, me temo.
—Un SEAL nunca deja de serlo, aunque se retire —replicó Peter.
-Hoo-yah.
—Ése es el espíritu, señor.
—Si habéis acabado con vuestro ritual de hermanamiento... —masculló Lali
irritada—, ¿podrías dedicarme un segundito, papá, y decirme qué querían esos
tipos?
Su padre frunció ligeramente el ceño, y movió la cabeza. -
—Mariana, por favor, déjalo ya. Esta no es una noche para hablar de
cosas desagradables. Es la gran noche de tu hermano.
Lali resopló incrédula.
—Por amor de Dios, si Vico no conoce ni a la mitad de esta gente...
—Aun así la fiesta es para celebrar su compromiso —insistió su padre—.
No nos olvidemos de eso, ¿de acuerdo?
—Pero, ¿qué pasa con Luca? —inquirió ella.
Su padre frunció de nuevo el ceño, claramente exasperada.
—Por favor, hija, baja la voz. Ha estado amenazándolo un capo
colombiano del tráfico de drogas, pero ya me he encargado de ello.
—¡¿Trafico de drogas?! —repitió Lali, con los ojos como platos
—¡Shhh! —la chistó su padre, mirando a uno y otro lado, por si la
habían oído. Agarró el brazo de Peter y le ordenó—: Lanzani, saca a bailar a mi
hija.
—Será un placer, señor —respondió Peter, tomando la mano de Lali, y
entrelazando sus de dos con los de ella—. Vamos —le susurró, conduciéndola a la
pista—, no tiene sentido pelear en una batalla que no vas a ganar.
Lali, que todavía estaba irritada con su padre, giró la cabeza para
mirar una última vez a su padre, y se volvió hacia Peter.
—¿Acaso es eso lo que hacéis los SEALs?
Peter la tomó entre sus brazos, atrayéndola hacia sí, sonrió, mirándose
en sus ojos, y se en cogió de hombros.
—Tú no eres un SEAL, y tu padre no quiere hablar de ello y no va a
cambiar de opinión, así que lo mejor es que te olvides del asunto.
—Pero...
—Siempre hay un «pero» contigo —dijo Peter sonriendo, y empezando a
moverse al ritmo de la música—. Aunque sólo sea por una vez, olvídate de todo,
y disfruta del momento.
Lali abrió la boca, como para replicar, pero suspiró con pesadez y
volvió a cerrarla.
—Eso ha debido costarte una barbaridad —la picó Peter.
—No te lo imaginas —admitió ella, subiendo la mano izquierda a su
hombro mientras se movían por la pista.
—Bueno, entonces te diré algo para que puedas quitarte de la cabeza las
preocupaciones.
—¿El qué?
—Que esta noche estás preciosa.
Lali lo miró y parpadeó.
—Recuerda: yo jamás te mentiría —le dijo Peter, viendo la duda en su
mirada.
Lali asintió lentamente, sin apartar sus ojos de los de él.
—Gracias.
Alrededor de ellos bailaban otras parejas, se cerraban tratos de
negocios, se intercambiaban sonrisas hipócritas, y se hacían falsos cumplidos,
pero para Peter, con Lali entre sus brazos, era como si no hubiera nadie más en
el mundo que ellos dos.
Podía sentir los latidos del corazón de la joven contra su pecho, y con
cada giro sus
muslos se rozaban, provocándole un placentero cosquilleo.
El vestido negro Corto que se había puesto Lali para la ocasión le sentaba
como un guante, resaltando las formas femeninas de su cuerpo, y los zapatos negros
de tacón con que había calzado sus pequeños pies hacían que sus piernas
pareciesen más largas. Se había hecho además una trenza de raíz que le caía hasta
la mitad de la espalda, y Peter se encontró imaginándose a sí mismo deshaciéndola
y enredando sus dedos en aquellos gloriosos cabellos de ébano.
A pesar de que se notaba la boca seca y el corazón golpeándole contra
las costillas, siguió bailando, balanceándose con la música, que parecía estar
vibrando en su interior. Pero, cuando Lali apoyó la mejilla en su hombro e
inhaló el perfume floral de su pelo, supo que era hombre muerto.
Nunca había deseado a una mujer de aquel modo, y no estaba seguro de
poder esperar a que ella diese el primer paso.
En ese momento concluyó la pieza que es taba tocando la pequeña
orquesta contratada para la fiesta, y Peter le cedió a regañadientes el
Siguiente baile a un señor de mediana edad que se acercó a ellos.
Mientras Lali bailaba un vals con aquel hombre, Peter se paseó por el salón, sintiéndose in cómodo y preguntándose qué diablos estaba haciendo allí. Aquel lugar y la gente a su alrededor apestaban a dinero, y de pronto las diferencias entre Lali y él se le hicieron más evidentes que nunca. Y, sin embargo, no podía apartar los ojos de ella.
Cuando terminó el vals, se acercó a ella uno de sus hermanos, y empezó a presentarle a una serie de personas, así que Peter optó por que darse a una distancia respetuosa, dejando que se desenvolviese en el que, al fin y al cabo, era su ambiente, el mundo en el que se había criado. Además, después de todo él no estaba allí para socializar ni divertirse, sino para protegerla.
La observó, admirado de sus elegantes maneras, y de la facilidad aparente con que repartía estudiadas sonrisas y conversaba con gente vacía. Aparente, porque le constaba que aquello era algo que se había acostumbrado a hacer por obligación, pero no le agradaba en absoluto.
Dios, y estaba tan preciosa con aquel vestido negro... Por más que se decía que no debía mirarla como un hombre sino como su guardaespaldas, no lo conseguía. Intentó distraer su mente observando a la gente, y se esforzó por prestar atención cuando el señor Esposito a petición de una invitada, contó la historia de la señorita Carlisle, el fantasma de la mansión, pero al cabo de una hora o más de pasearse, sonreír, y contestar estúpidas preguntas acerca de la vida militar, se sentía a punto de explotar. Se dirigió hacia donde estaba Lali, rescatándola de una pesada señora de acento sureño que llevaba más de diez minutos atormentándolas a ella y otra joven con la historia de sus antepasados, y la llevó a la pista de baile.
—¿Te diviertes? —le preguntó Lali, sonriendo maliciosa mientras comenzaban a moverse al ritmo de un tema lento.
—Oh, sí —farfulló él, atrayéndola más hacia sí—, no me divertía tanto desde la vez que derribaron nuestro helicóptero en una misión en el desierto hace tres meses.
Una de las comisuras de los labios de Lali se arqueó hacia arriba.
—Si te sirve de consuelo, a mí los pies me están matando.
Peter bajó la vista a sus zapatos de tacón.
—Supongo que no serán muy cómodos, pero te hacen unas piernas espectaculares.
Lali sonrió azorada.
—¿Sabes? me alegra que estés aquí, conmigo.
Peter esbozó una media sonrisa. Aquella fiesta volvía a ser soportable ahora que tenía de nuevo a Lali para él sólo.
Lali deslizó la mano izquierda hasta su cintura, y apoyó la cabeza en su hombro. Peter le apretó la mano derecha suavemente, llevándola a su pecho, mientras que la otra subía y bajaba por su espalda en una sensual caricia al compás de la música.
—Dios... ¿hasta cuándo tenemos que seguir aquí? —inquirió de pronto Peter, con voz ronca—. Te necesito, Lali —le susurró—, y no puedo esperar más a que vengas a mí...
Bajó la mano al hueco de la espalda de la joven, y la apretó contra sí, para que pudiera notar la prueba de su deseo.
Lali cerró los ojos, y un suspiro tembloroso escapó de sus labios entreabiertos.
—Peter, yo... no creo que debamos...
—Te deseo, Lali. Te necesito.... —la interrumpió él, recorriendo sus delicadas facciones con la mirada, mientras el corazón le latía salvaje mente—. Te deseo tanto que no estoy seguro de que las piernas vayan a soportarme para salir de aquí.
Lali alzó la vista, y lo miró a los ojos durante un instante que a él se le hizo eterno. Después, se humedeció los labios, inspiró, y le dijo:
—Vámonos.
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Cap Largo porque ayer no podia subir por el mal Tiempo :(
Se viene... Se viene... Se viene el Rock!
Gracias Ciao!!!

Q buen cap!Vamos por el rock!
ResponderEliminarmas nove por fa!!!!!!!!!! . camila
ResponderEliminaral fin lali se va a decidir, bueno espero que lo haga de verdad y no deje a peter con las ganas masssssssss me encanta, luego peter dice veo las diferencias pero no puedo parar de verla aaaa masssssss
ResponderEliminarps: sorry por desaparecer pero mi compu dejo de funcionar y tuve que usar la de mi mama pero tenia muchas tareas y no podia ni leer ni firmar pero ya :P
OMG ya quiero el rock pero yaaaaaaa.
ResponderEliminar@masi_ruth
haaaa salto de alegria siiii
ResponderEliminarmassssssssssss
Quieeero leer ese Rock jajaj
ResponderEliminarEspweo mas :)
Besitoo
Arii
@AriadnaAyelen
Me encanta!!! Conquetran o no?? más!!
ResponderEliminarEl SEAL sucumbió,y Lali no se queda atrás.
ResponderEliminarLes recomiendo la novela d Abril ,k sube una amiga suya,recién subió el cap 1,la encontráis
ResponderEliminaren novelanicochilaliter.blogspot.com
Mas mas mas no nos dejes así mas
ResponderEliminarmas nove ,esta muy buenA LA NOVE , QUEVAAAAAAAAAAAA A PASARR?
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