La Mascara Del Amor
Londres, mayo de 1877.
A lo largo de su privilegiada vida, había muy pocas cosas que a Peter
Lanzani, duque de Ryeton, se le hubieran negado. En general, incluso sus
caprichos más insignificantes se cumplían en cuestión de segundos. Pero a pesar
de ser un hombre tan afortunado, el destino, con su agudo sentido de la ironía,
le había dado mucho más de lo que había pedido, como por ejemplo una cicatriz
que le atravesaba la mejilla izquierda, y que esa noche quedaba oculta bajo la
máscara de piel que le cubría casi todo el rostro.
Por esa cicatriz, su gracia se había convertido en un experto en
ocultar sus deseos y sus sentimientos, y se había acostumbrado a la abnegación.
Y era esa abnegación la que lo había llevado aquella noche a Saint
Row. Igual que sus clientes, el club de Saint Row ofrecía un aspecto decente,
pero bajo aquella fachada, si uno sabía dónde mirar, se escondían todos los
placeres imaginables, incluso los más escandalosos y prohibidos. En una parte
de la casa, damas y caballeros asistían a una fiesta de lo más normal. Mientras
que en otra, mucho menos decorosa, se podía dar rienda suelta a los deseos sin
temor a ser descubierto.
Dicho de otra manera, era un lugar donde el decoro se cruzaba con el
pecado, pero nunca eran oficialmente presentados.
El impresionante edificio permanecía fiel al estilo de la época en que
fue construido durante el reinado de Jorge IV. En aquel entonces, era un
teatro, y lo siguió siendo durante unos cincuenta años, hasta que su
propietario, un tal señor Threwsbury, lo perdió, junto con el resto de su
fortuna, en una partida de cartas. Y el hecho de que hubiera perdido con una
mujer... Bueno, se podía decir que Threwsbury tuvo que irse de Inglaterra no
sólo para huir de sus acreedores, sino también para dejar de escuchar los
chistes que se hacían sobre él.
Que Vienne La Rieux no era una mujer corriente quedó en evidencia tan
pronto como tomó posesión del teatro de Saint Row y convirtió el abandonado
edificio en un establecimiento de primera clase en apenas seis meses.
Ahora era un club exclusivo en el que eran bienvenidos tanto hombres
como mujeres, siempre que pudieran costearse el elevadísimo precio de la
entrada. Asimismo, había celebraciones y bailes, y un restaurante abierto al
público, pero bailes como los de esa noche, donde todos llevaban máscaras y el
alcohol fluía sin restricción... eran sólo para los socios. El único modo de
que una persona ajena al club pudiera asistir era si la invitaba algún miembro.
Esa noche, Pablo era el invitado de Peter. Éste no lo había convidado
porque necesitara el apoyo de su hermano pequeño, sino porque sabía que le
hubiera sido imposible quitárselo de encima. Pablo no le habría dejado en paz
hasta conseguir que lo llevara con él.
Pero esa noche. Peter tenía intención de satisfacer sus deseos de una
vez por todas, estuviera o no acompañado de su hermano. El Saint Row emanaba
energía y diversión, junto con la promesa de algo más sensual. Esa promesa era
lo que había hecho que Peter subiera al palco y se quedara allí observando.
Esperando.
Pablo, que apenas tenía diez meses menos que Grey, se sentó a su lado.
El más joven de los Lanzani no tenía tantos miramientos como su hermano mayor a
la hora de elegir a una mujer y estaba dispuesto a tener un romance con la
primera que se cruzara en su camino. Era como un caballo de carreras a punto de
salir disparado hacia la meta.
—Dios santo, Pablo. —Peter
no pudo evitar sonar enfadado. Que su hermano pequeño lo vigilara como una
niñera resultaba agotador y humillante, por no mencionar que era obvio que
Pablo quería participar en la fiesta. —Si tan ansioso estás, ¿por qué no vas a
buscar a una de esas damas que no dejan de mirarte y te relajas un poco? Quizá
así yo podré hacer lo mismo.
Pablo se removió incómodo en la butaca forrada de terciopelo. Igual
que su hermano, lucía una sencilla máscara negra.
—No estoy tan
ansioso, pero gracias. ¿Ves algo que te guste?
Dirigiendo su atención hacia la multitud que había debajo, Peter se
encogió de hombros.
—Todavía no.
—No entiendo que seas
tan exigente. ¿No te basta con que tenga unos ojos bonitos, una sonrisa
agradable, y que esté dispuesta?
—No —respondió Peter
sin apartar la vista de los invitados. —No me basta.
Lo que él buscaba en una pareja no era tan sencillo, ni tan noble. Sus
deseos iban más allá de buscar una compañera de cama y se asemejaban
peligrosamente a una obsesión.
Lo único que necesitaba para excitarse era que la dama en cuestión
tuviera el pelo castaño, los labios carnosos y unas curvas voluptuosas. Así
podía fingir que estaba con la única que de verdad deseaba: Lali.
La última vez que había posado su mirada en aquellos ojos pardos había
sido unos cuantos meses atrás, cuando Peter visitó la finca que poseía en Kent.
Bramsley estaba lo suficientemente cerca como para ir allí más a menudo, si
quería, pero lo bastante lejos de Londres como para justificar sus ausencias.
¿Por qué torturarse más de lo necesario?
Ahora, sentía de nuevo esa tortura mientras seguía allí, oculto entre
las sombras, observando el espectáculo. Silencioso como un espectro, se terminó
el champán y dejó la copa encima de una mesita. Era un cazador paciente, pero
el anhelo que sentía en su interior amenazaba con hacerle perder los nervios.
Pero esperaría.
—Ah, allí veo una
preciosa gacela en busca de amo —comentó Pablo inclinándose hacia adelante sin
disimular su lujuria.
Los dos hermanos tenían una espesa y ondulada melena, pero mientras la
de Pablo era casi negra, la de Peter tenía cierto tono rojizo. Los pálidos ojos
verdes de ambos eran casi idénticos, aunque los del joven eran mucho más
alegres que los de su hermano mayor. Y Peter estaba convencido de que sus
pómulos no eran tan marcados y que no tenía la nariz tan recta como la de Pablo.
Pero a pesar de sus diferencias, era innegable que eran familia. La sangre de
los Lanzani era más que evidente. Su otro hermano Victorio su hermana Rocio también
eran prueba de ello.
Siguiendo la mirada de Pablo, Peter vio a una mujer de pelo castaño y
edad indeterminada que, enfundada en un vestido de seda verde, se paseaba entre
los que bailaban. Por el modo en que observaba a los caballeros de la sala era
obvio que buscaba compañía.
En otra época, eso sólo habría bastado para despertar su apetito. Hubo
una época en la que cualquier mujer le habría servido, pero ya no.
La dama levantó la vista y sus ojos brillaron por debajo de las plumas
de su máscara color violeta. Clavó la mirada en Pablo y le sonrió. Él le
devolvió la sonrisa.
—¿Me disculpas? —le
dijo a Pablo, ya de pie.
Éste le quitó importancia a su partida con un gesto de la mano. Aunque
disfrutaba de la compañía de su hermano, en aquellos momentos prefería estar
solo.
Pablo le colocó una mano en el hombro.
—Te veré por la
mañana.
De todos era sabido que Pablo jamás volvía a casa antes del amanecer,
pues le gustaba disfrutar de la compañía de sus amantes. En cambio Peter nunca
pasaba la noche con ellas, así su fantasía seguía viva más tiempo.
—Te estaré esperando
—contestó.
Peter no apartó la mirada de la muchedumbre, pero la partida de su
hermano lo distrajo unos segundos. Cuando volvió a quedarse solo de nuevo,
suspiró y estiró las piernas.
¿Qué diablos estaba haciendo?, se preguntó a sí mismo, igual que las
otras noches que acudía allí. Y, como siempre, no le gustó la respuesta.
Estaba allí porque quería algo que no podía tener, algo que había
prometido no desear. Una persona a la que nunca haría daño, que jamás se
atrevería a profanar.
Unas risas resonaron en su oído, estridentes y desagradables,
despertando los recuerdos de la noche, tiempo atrás, en que sintió el frío
acero desgarrándole la mejilla. En ese instante, recordó que estaba solo,
aunque a su alrededor hubiera cientos de personas pasándolo bien. A Peter no le
gustaba la gente, y ese sentimiento se intensificaba cuando iba a fiestas de
ese tipo, donde los invitados le parecían aves de rapiña ansiosas por
descuartizar un cadáver.
Si no la encontraba pronto, tendría que ir en busca de otra vía de
escape en un entorno más propicio, aunque también más desagradable.
Y entonces, como si fuera la respuesta a sus oraciones no
pronunciadas, la vio.
Peter se inclinó hacia adelante, apretando la barandilla entre los
dedos. Allí, en medio de todas aquellas flores de invernadero, había florecido
una mujer tan salvaje que lo dejó sin aliento.
El tiempo se detuvo, y también su corazón.
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VOLVI!!
Estoy en Paris en una Pijama party pa ra el cumple de mi BFF!! Asi que paso rapido ! No podre ver la TC de Lali porque pasa a la 1 de la mañana y seguro que yo y mis amigas estaremos viendo Scary movie . Me van a contar!
Disfuten del cap!
En el 4 cap se viene el Rock! Si señores!
Au revoir!!
Me encanta más!!
ResponderEliminarEsa mujer sera Laali?
ResponderEliminarquieero mas, besotee :D
Arii - @AriadnaAyelen
Espero k sea Lali ,con más decisión k Peter.Espero k entendamos pronto la decisión d Peter,k había prometido no desearla ,para no hacerle daño,y k jamás profanaría .Entiendo k la profanación sería no desvirgarla,pero no xk se auto impone esas promesas.Ya me enteraré.
ResponderEliminarEspero k estés disfrutando a tope, d tu viaje.
ResponderEliminarSerá Lali a la que ve?? Espero que si y que el rock sea con ella. Saluditos y disfruta al máximo!!
ResponderEliminar@Titel842
Espero que sea a Lali a quien ve,
ResponderEliminar@masi_ruth
Hahaha esta muy buena quiero mas :)
ResponderEliminarme da miedo lo q pueda pasar en esta novela jajaj
ResponderEliminarmasss :)
Me gusto muuuucho!!!! Hace mucho qe no entraba a tu blog !!! Estaba muy pcupada :ccc !! Pero ya volvi!!! :DD !
ResponderEliminarme encanta!!!! espero mas ansionsa!!!
ResponderEliminar@CasiAngeles_TA_
Q buena historia!
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