Lali
localizó finalmente a Peter entre la maleza detrás del granero. Tenía las manos
en las caderas y miraba el esqueleto oxidado de una camioneta roja. A través
del hueco donde una vez había estado la puerta del acompañante, ella podía ver
cómo sobresalía el relleno de la tapicería. Un par de libélulas revoloteaban
sobre la madera podrida, las llantas desgastadas y otros restos no
identificables de maquinaria agrícola que había en la parte trasera de la
camioneta. Siguió el camino que él había abierto entre la maleza. Cuando se
acercó más, vio los restos de un nido en el volante.
–Sí
estás pensando en deshacerte del Vanquish ahora que has visto esto, olvídalo
–dijo ella–. Me niego rotundamente.
Peter
dejó caer las manos a los costados. Tenía una mirada desolada.
–¿No
te parece que esto se pone cada vez mejor?
–No
hay nada como un pequeño drama familiar para descargar adrenalina. –Resistió el
deseo de volver a rodearle la cintura con el brazo–. Jack le dijo a Cande que
se quedarían una semana –dijo con suavidad–. Pero se la lleva a Nashville el
fin de semana. Ya veremos si vuelven.
Peter
torció el gesto.
–¿Cómo
coño ha pasado esto? Llevo años manteniéndome alejado de él, y ahora, en unos
segundos, lo mando todo a la mierda.
–Yo
creo que estuviste genial –dijo ella–. Y te lo dice alguien a quien le gusta
encontrarte defectos.
Lali
apenas pudo reprimir la sonrisa. Él pateó el guardabarros oxidado.
–¿Crees
que le he hecho un favor a Cande?
–Sí.
La has defendido.
–Sólo
le he causado más problemas. A Jack sólo le importa su carrera, y lo único que
he conseguido con esto es que Cande se lleve otra desilusión.
–Ella
ha pasado más tiempo con él que tú, así que es probable que se conozca el
percal. Dudo que tenga unas expectativas demasiado altas.
Él
cogió un trozo de madera podrida y lo tiró a la caja de la camioneta.
–Ese
hijo de perra hará bien en mantenerse fuera de mi vista. No quiero tener ningún
trato con él.
–Estoy
segura de que lo último que quiere Jack es llamar la atención. –Vaciló,
intentando buscar la manera de sacar el tema, pero Peter se le adelantó.
–No
hace falta que lo digas. ¿Crees que no me he dado cuenta de que soy la
verdadera razón de que Cande quiera quedarse aquí? Perdió las esperanzas con Jack
hace demasiado tiempo. Debería haberme largado en cuanto la vi salir por la
puerta.
Lali
no quiso volver a recordarle el papel que ella había jugado en todo eso. Rascó
un poco de herrumbre.
–¿Por
qué no miramos el lado positivo?
–Oh,
por supuesto. ¿Por qué no?
–Es
la primera vez que has visto a tu padre y a tu madre juntos. Me parece
fantástico.
–No
estarás pensando en intentar que se reconcilien, ¿verdad?
–No.
Pero tal vez sea hora de enterrar algunos viejos fantasmas. La verdad simple y
llana es que son tu familia, para bien o para mal.
–Estás
equivocada. –Se puso a recoger algunos trozos de chatarra y los colocó en una
pila–. El equipo es mi familia. Ha sido así desde que comencé a jugar al
fútbol. Si necesito ayuda, sé que con sólo descolgar el teléfono media docena
de tíos cogerán un avión sin hacer preguntas. ¿Cuánta gente puede decir eso de
su familia?
–No
vas a pasarte la vida jugando al fútbol. ¿Qué pasará luego?
–No
importará. Seguirán ahí. –Le dio una patada al eje de la camioneta–. Además,
para eso aún queda mucho tiempo.
«No
tanto», pensó ella. Peter estaba a un paso de considerarse viejo en el mundo
del fútbol.
Lali
oyó ladrar aun perro, un ladrido agudo y continuo. Miró por encima del hombro a
tiempo de ver la carrera apresurada de una bola blanca entre la maleza. El
animal se detuvo al verlos. Echó hacia atrás unas orejas diminutas y su agudo
ladrido se hizo más feroz. Tenía el pelaje enredado alrededor de la cara y
trozos de hierbas pegados a las patas. Lali lo miró con ojo crítico, parecía un
cruce de maltes, el tipo de perro al que deberían llamar Bomboncito y poner un
lacito en el moño. Pero ese pequeño animal tenía pinta de no haber sido mimado
en mucho tiempo.
Peter
se acuclilló.
–¿De
dónde has salido, colega?
El
perro dejó de ladrar y lo miró con suspicacia. Peter le tendió la mano con la
palma hacia arriba.
–Es
increíble que no te haya zampado un coyote.
El
perro ladeó la cabeza, luego lo olisqueó con cautela en respuesta a sus
palabras.
–No
es exactamente un perro de campo –dijo Lali.
–Apuesto
lo que quieras a que lo han abandonado. Lo habrán dejado tirado en la
carretera. –Hurgó entre el mugriento pelaje del cuello–. No lleva collar. ¿Qué
te ha pasado, Asesino? –le pasó la mano por el lomo–. Se le notan las
costillas. ¿Cuánto hace que no comes? Me gustaría que me dejaran cinco minutos
a solas con el desgraciado que te ha dejado tirado.
El
animal se tendió sobre el lomo y abrió las patas. Era una perra.
Lali
bajó la vista a la pequeña zorrita.
–Chica,
al menos deja que Peter se esfuerce un poco.
–Ignora
a Bo Beep. La falta de sexo la convierte en una amargada. –Peter acarició la
barriga flaca y sucia del animal–. Ven, Asesina. Vamos a ver qué encontramos
para darte de comer. –Con una última palmadita, se puso en pie.
Lali
los siguió.
–En
cuanto le das de comer a un perro, pasa a ser tuyo.
–¿Y
qué? En las granjas se necesitan perros.
–Perros
pastores o collies. No esta perra pija.
–En
la granja de Peter creemos que todos se merecen una oportunidad.
–Te
advierto –le gritó a la espalda– que ése es un perro de gay, así que si quieres
seguir en el armario...
–Voy
a tener que denunciarte a la policía de lo políticamente correcto.
Al
menos esa pequeña perra sarnosa había conseguido que Peter olvidara el drama
que se desarrollaba en la casa, y Lali intentó seguir distrayéndolo discutiendo
con él hasta que alcanzaron el patio delantero.
Los
camiones que deberían estar en el camino de entrada no estaban a la vista. Ni
los martilleos ni el rugir de las taladradoras interrumpían el sonido de los
pájaros.
Él
frunció el ceño.
–Me
pregunto qué habrá pasado.
Gime
salió de la casa con el móvil en la
mano. La perra la recibió con unos fieros aullidos agudos.
–¡Silencio!
–dijo Peter. El animal reconoció el tono autoritario y se calló. Peter examinó
el patio.
–¿Dónde
se ha metido todo el mundo?
Gime bajó los escalones del porche.
–Al
parecer han caído todos misteriosamente enfermos.
–¿Todos?
–Eso
parece.
Lali
no tardó en juntar todas las piezas y no le gustó en absoluto la conclusión a
la que llegó.
–No
será por eso... no, no puede ser.
–Nos
están boicoteando. –Gime levantó una mano–. ¿Qué hiciste para cabrear tanto a
esa mujer?
–Lali
hizo lo que debía –la defendió Peter.
Cande
salió corriendo al porche.
–¡He
oído un perro! –La perra mestiza agitó la cola al verla. Cande bajó corriendo
las escaleras, pero se detuvo cuando estaba cerca. Arrodillándose, extendió la
mano igual que había hecho Peter un rato antes.
–Hola,
perrita.
La
bola de pelo sucio la miró con suspicacia, pero consintió en ser acariciada. Cande
miró a Peter con el ceño fruncido.
–¿Es
tuya?
Él
consideró la idea un momento.
–¿Por
qué no? Cuando yo no esté aquí, habrá un casero.
–¿Cómo
se llama?
–Se
ha perdido. No tiene nombre.
–Podría...
llamarla... –estudió a la perra–. ¿Qué tal Puffy?
–Esto...
yo había pensado en algo tipo Asesina.
Cande
volvió a estudiar a la perra.
–Tiene
más pinta de Puffy.
Lali
no pudo seguir manteniéndose dura con la perrita perdida por más tiempo.
–Vamos
a ver si encontramos algo de comer para Puffy.
–Dame
el teléfono del contratista –le dijo Peter a Gime–. Quiero hablar con él.
–Ya
lo he intentado yo. Pero no coge el teléfono.
–Entonces
será mejor que le haga una visita personal.
Gime
quería que Puffy pasara por el veterinario, y de alguna manera convenció a Jack
de que se llevara a la perra cuando Cande y él fueran a Nashville. Lali sabía
que al final se quedaría con la perra. A pesar de lo que Jack había prometido, Lali
no creía que fuera a regresar con Cande. Le dio un fuerte abrazo a la niña
cuando se fue.
–No
dejes que nadie te mangonee, ¿me oyes?
–Lo
intentaré –respondió Cande con un deje interrogativo.
Lali
quería hacer autostop para ir al pueblo a buscar trabajo, pero Gime necesitaba
ayuda, así que se pasó el día intentando pagarse el sustento limpiando
alacenas, colocando platos y ordenando armarios. Peter le envió un e-mail a Gime
diciéndole que el contratista había desaparecido. Una «emergencia familiar»
según un vecino.
Al
caer la tarde, Gime la obligó a que tomara un descanso, y Lali se fue a
explorar. Vagó por el bosque, siguiendo el riachuelo hasta el estanque y estuvo
fuera más tiempo del que había pensado. Cuando regresó se encontró una nota de Peter
esperándola en la encimera de la cocina.
Cariño:
Estaré de regreso el domingo
por la noche. Mantenme la cama caliente.
Tu cariñoso novio
PD: ¿Por qué dejaste que Jack
se llevara a mi perra?
Tiró
la nota a la basura. De nuevo, una persona a la que había tomado cariño, se
había largado sin avisar. Bueno ¿y qué? No le importaba lo más mínimo.
Era
viernes. ¿Dónde habría ido? Un terrible presentimiento se apoderó de ella.
Rápidamente subió las escaleras y corrió hasta su dormitorio. Cogió el bolso, y
sacó la cartera. Por supuesto, los cien dólares que le había dado la noche
anterior habían desaparecido.
Su
cariñoso novio quería asegurarse de que ella siguiera allí cuando él estuviera
de vuelta.
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Si hay muchos comentarios a la noche subo otro cap.
Si hay muchos comentarios a la noche subo otro cap.


Planea casi todo peter,quiere a lali con el como sea!! Más!
ResponderEliminarme gusta muchoooo
ResponderEliminarQuiero mas! quiero mas! Quiero mas!
ResponderEliminarAMOOO ESTA NOVEEE ESTA BUENISIMAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAaa
ResponderEliminarJAJA' genial el caap me encantaa lali celosa por la peraa jajajajajaja :3 pff ojala que cande si regrese pobree & peter pff paraa mi quee se mueree por lali & ella iguaal buenisimaa la novee mee encantaa :DD!!
ResponderEliminar@maaff_lazaro
me encanta, me encantaaaaaaa! jajaja quiero maaaaas :D
ResponderEliminarme encantò,maaaaaaaaaaaas
ResponderEliminarMAs nove
ResponderEliminarmas nove
ResponderEliminarmina chiquita ME MATAAAAAAAA
ResponderEliminarAMOOO
ResponderEliminarNOVEEEEEEEEEEEEE
ResponderEliminarLa amo la amo la amo la amo la amoa la amo
ResponderEliminarMe encanta me encanta me encanta
ResponderEliminarMEEEEEEE ENNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNNCAAAANTAAAA
ResponderEliminarSIIIIIIIIIIIIIIIII MMMMMMAAAAAAAAAAAAAASSSSSS MAAAS
ResponderEliminarSu cariñoso novio... eso me da risa! Espero el proxximo cap!
ResponderEliminarMASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSss
ResponderEliminarMe partí d risa con todo .Chica deja k Peter se esfuerce un poco.
ResponderEliminarPeter se las sabe todas,le quitó el dinero para k no pudiese ir a ningún lado,y así asegurarse k ella se quedaba en la granja.
ResponderEliminarMas mas mas mas mas iooo pobre lali :/
ResponderEliminarPeter se las sabe todas,JAJA!
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