Nacida para Seducir
Lali
miró la nevera.
–¿Hay
huevos? ¿Y un poco de queso para hacer una tortilla?
Los
pendientes de plata de Gime se enredaron en un mechón de su pelo.
–Tendrás
que acostumbrarte, Lali. Cuando Peter tenía tres años, le daba un berrinche si
no le tenía preparado sus Underoors, ya sabes, esos calzoncillos con dibujos de
superhéroes. En tercero cambió a los de Ocean Pacific, y se pasó la mayor parte
de secundaria usando los de Ralph Lauren. Te juro que aprendió a leer con Las
etiquetas de la ropa interior.
Que
Gime se pusiera a recordar cosas del pasado fue un gran error. El labio
superior de Peter se afinó considerablemente.
–Me
sorprende que te acuerdes de tantas cosas de tus años oscuros. –Se acercó a Lali
y posó la mano sobre su hombro de una manera tan posesiva que ella se preguntó
si su falso compromiso sería una treta para asegurarse de tener siempre a
alguien de su lado. Peter aún no se había dado cuenta de que se había topado
con Benedict Arnold y que ella cambiaba de bando como de chaqueta.
–Por
si Peter no te lo ha contado –dijo Gime–. Era drogadicta.
Lali
no sabía cómo responder a eso.
–Y
también fui una groupie –añadió Gime con sequedad–. Peter se pasó casi toda su
infancia entre niñeras e internados para que yo pudiera continuar con mi sueño
de colocarme y acostarme con toda estrella del rock que pillara.
Realmente,
Lali seguía sin saber qué decir. Peter dejó caer la mano de su hombro y se
apartó.
–Esto...
¿y cuánto tiempo llevas limpia? –dijo Lali.
–Unos
diez años. La mayoría de ellos los he empleado de una manera muy respetable. Y
he trabajado por mi cuenta los últimos siete.
–¿A
qué te dedicas?
–Soy
estilista de moda en Los Ángeles.
–¿Estilista?
Genial. ¿Y qué es lo que haces exactamente?
–Por
el amor de Dios, Lali. – Peter le arrancó la taza de las manos y se la llevó al
fregadero.
–Trabajo
para actrices de Hollywood con más dinero que gusto –dijo Gime.
–Parece
genial.
–En
realidad, todo es pura diplomacia.
Lali
podía comprenderlo.
–¿Algo
así como convencer a una celebridad cincuentona de que no lleve minifalda?
–Cuidado,
Lali –dijo Peter –, estás pisando terreno peligroso. Gime tiene cincuenta y dos
años, pero te aseguro que tiene el armario repleto de minifaldas de todos los
colores.
Lali
miró las piernas sin fin de la madre de Peter.
–Y
seguro que todas le quedan de vicio.
Él
se apartó del fregadero.
–Vamos
al pueblo. Tengo que comprar algunas cosas.
–Tienes
que comprar comestibles –dijo Gime –. Yo como en la casita de invitados, así
que aquí no hay mucho para picar.
–Vale,
ya lo haremos. –Con Lali a remolque se dirigió hacia la puerta.
Lali
rompió el silencio cuando Peter se incorporó a toda velocidad a la carretera.
–No
pienso mentir. Como me pregunte por el color del vestido de las damas de honor,
le digo la verdad.
–No
habrá damas de honor, así que no tienes por qué preocuparte –dijo él con
sarcasmo–. Nos fugaremos a las Vegas.
–Cualquiera
que me conozca sabe que nunca me casaría en Las Vegas.
–Ella
no te conoce.
–Pero
tú sí, y casarse allí es como admitir ante el mundo que eres demasiado vago
para planear algo mejor. Yo tengo mi orgullo.
Él
subió el volumen de la radio para no oírla. Lali odiaba juzgar mal a la gente,
en especial a los hombres, y no podía creer que él se estuviera comportando de
manera tan insensible cuando teóricamente su madre estaba a un paso de la
muerte. Bajó el volumen para volver a la carga.
–Siempre
he querido ir a Hawai, pero hasta ahora no he podido permitirme el lujo. Me
gustaría que nos casáramos allí. En la playa de algún hotel, al atardecer. Será
estupendo tener un marido rico.
–¡No
vamos a casarnos!
–Exacto
–replicó ella–. Por eso no quiero mentirle a tu madre.
–¿Trabajas
para mí o no?
Ella
se incorporó en el asiento.
–¿Trabajo?
Ahora que has sacado el tema, ¿por qué no hablamos de eso?
–Ahora
no.
Él
parecía tan irritado que ella guardó silencio.
Pasaron
por delante de un viejo molino de algodón casi tragado por la maleza, seguida
de una autocaravana en buen estado y un campo de golf que anunciaba karaoke la
noche de los viernes. Aquí y allá había arados viejos o ruedas sosteniendo un
buzón. Decidió Lali había llegado el momento de entrometerse en la vida privada
de su falso prometido.
–Ahora
que estamos comprometidos, ¿no crees que ha llegado el momento de que me hables
de tu padre?
Peter
tensó ligeramente los dedos sobre el volante.
–No.
–Soy
muy buena atando cabos.
–No
los ates.
–Me
lo pones difícil. En cuanto se me mete una idea en la cabeza....
Él
le dirigió una mirada asesina.
–No
hablo de mi padre. Ni contigo ni con nadie.
Discutió
consigo misma sólo un momento antes de tomar una decisión.
–Si
de verdad quieres mantener su identidad en secreto, no deberías cambiar de
emisora cada vez que ponen una canción de Jack Patriot.
Él
aflojó los dedos y los desplazó sobre el volante en un gesto demasiado casual.
–Estás
imaginando cosas. Mi padre fue el batería de Jack Patriot durante un tiempo.
Eso es todo.
–Anthony
Willis es el único batería que ha tenido. Y como es negro...
–Repásate
la historia del rock, nena. Willis se perdió la gira de Universal Omens por
tener el brazo roto.
Peter
podía estar diciendo la verdad, pero por alguna razón Lali no lo creía. Gime había
hablado antes de su relación con las estrellas del rock, y Lali había visto
cómo los dos se quedaban paralizados al sonar «Adiós, hasta luego» en la radio.
La posibilidad de que Peter fuera hijo de Jack Patriot la dejaba anonadada. Le
gustaba el rock desde que tenía diez años. Donde fuera que viviera, había
llevado sus discos consigo y había pegado recortes de revistas en las libretas
del colegio. La letra de esa canción le había hecho sentirse menos sola.
Un
letrero daba la bienvenida al pueblo de Garrison. Un segundo letrero anunciaba
que el pueblo estaba a la venta, y que si alguien quería comprarlo debía
contactar con Nita Garrison. Lali se volvió en el asiento en cuanto lo pasaron.
–¿Has
visto eso? ¿Puede alguien vender un pueblo?
–Vendieron
uno en eBay hace tiempo –dijo él.
–Es
cierto. ¿Recuerdas cuando Kim Basinger compró aquel pequeño pueblo de Georgia?
Había olvidado que estamos en el sur. Sólo aquí puede pasar esa clase de cosas.
–Mientras
estés aquí, será mejor que te guardes esa opinión para ti –dijo él.
Pasaron
por delante de una funeraria de estilo Partenón y una iglesia. La mayoría de
los edificios eran de color arena y parecían haber sido construidos a
principios del siglo XX. La ancha calle Mayor tenía coches aparcados a ambos
lados. Lali vio un restaurante, una farmacia, una tienda de segunda mano y una
panadería. Al lado de una tienda de antigüedades llamada El Ático de Tía Mirthe
había un ciervo disecado de cuya cornamenta colgaba el cartel de abierto. Justo
enfrente, unos viejos árboles daban sombra a un parque con un reloj de arena y
unas farolas de hierro negro con tulipas blancas. Peter aparcó delante de la
farmacia.
A
pesar de su anterior comentario, Lali dudaba que Peter la incluyera en su
nómina, y se preguntó si podría encontrar trabajo en el pueblo.
–¿No
ves nada extraño? –dijo ella cuando él apagó el motor.
–¿Aparte
de ti?
–No
hay ningún establecimiento de comida rápida. –Bajó del coche y observó la calle
que, aunque algo descuidada, no dejaba de ser pintoresca–. En realidad, ahora
que lo pienso, no he visto ningún restaurante de carretera durante todo el
trayecto. No es un pueblo grande, pero sí lo suficiente para que hubiera un
NAPA Auto Part o un Blockbuster. A simple vista no veo ninguno. Si no fuera por
los coches y la ropa de la gente, no sabría decir en qué año estamos.
–Es
interesante que menciones la ropa. –Se dedicó a estudiar sus pantalones cortos
de ciclista y la camiseta de camuflaje–. Me parece que no has leído la parte de
tu contrato que hace referencia a tu vestuario.
–¿Ese
galimatías? Lo tiré.
Apareció
de pronto la cara de una mujer en el escaparate de Peluquería-Spa de Barb que
estaba al lado de la farmacia. En la compañía de seguros, al otro lado de la
calle, un hombre calvo los observaba desde detrás de un cartel que anunciaba la
venta benéfica de objetos usados a favor de la iglesia. Lali imaginó un montón
de cabezas similares observándolos desde los escaparates de sus negocios. En un
pueblo tan pequeño, la noticia de la llegada de un vecino famoso se propagaba
con rapidez.
Siguió
a Peter a la farmacia, manteniéndose tres prudenciales pasos por detrás de él,
lo que pareció molestarle, aunque él se lo había buscado con su actitud. Peter
desapareció en la parte de atrás de la tienda mientras ella hablaba con la
cajera y descubría que allí no había ofertas de empleo. Dos mujeres entraron
con prisa en el establecimiento, una blanca y otra negra. Les siguió el hombre
de la agencia de seguros y una mujer mayor con el pelo mojado. Después apareció
un hombre delgado con una etiqueta de plástico en la solapa que lo identificaba
como Steve.
–Ahí
está –le dijo el hombre de la compañía de seguros a los demás.
Todos
estiraron el cuello para ver a Peter. Una mujer con un brillante traje de
chaqueta rosa entró corriendo en el local, sus zapatos resonaban en el pasillo
de baldosa. Parecía tener la edad de Lali, demasiado joven para llevar tanta
laca en el pelo, ¿pero quién era ella para criticar el peinado de nadie? Ella
misma debería habérselo cortado antes de salir de Seattle con tanta rapidez. Se
acercó con indecisión hacia el expositor de rímel mientras la mujer llamaba a
gritos a Peter, pronunciando su nombre con un arrastrado acento sureño.
–Peter,
justo estábamos comentando tú llegada a la granja. Iba a pasarme por allí para
darte la bienvenida.
Lali
miró con atención desde el expositor a tiempo de ver cómo Peter componía un
semblante inexpresivo al reconocerla.
–Paula.
Qué agradable sorpresa. –Llevaba un cortaúñas, un paquete de vendas Ace y lo
que parecía una caja de plantillas de gel. Nada de condones.
–Bueno,
estás en boca de todo el mundo –dijo Paula–. Todos estábamos esperando que
aparecieras. ¿No es un encanto Malvina Bauer? ¿No es fantástico lo que está
haciendo en la granja?
–Sí,
es fantástico.
Paula
lo miraba como un sediento miraría a un vaso helado de té dulce.
–Espero
que te quedes un tiempo en el pueblo.
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Gracias por las firmas y Bye.
Vuelvo en poquito.

me encanta♥♥
ResponderEliminar@Angie_232alma
JAJA B U E N I S I M O!! me encanto jummm lali
ResponderEliminarya tienee competenciaa con esa paulaa pro no creo quee peter le agaa caso mee encanto lo
del "compromiso" jaja es super graciosaa la
novee quiero maas :DD!!
@maaff_lazaro
mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas
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ResponderEliminarMaaas :)
ResponderEliminar@AriadnaAyelen
Quiero mas!!!
ResponderEliminarBesos!!!
Maaaaaaasaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaassssssssss!!!!
ResponderEliminarMa mas mas mas mas mas
ResponderEliminarMAS NOVE MAS NOVE QUIERO MAS
ResponderEliminar@DaniiVasqueez
Mas nove!Quiero avanzar!Q pasará?
ResponderEliminar¡Na da d condones!,jajaja,es k eso la defraudó?.
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