Nacida para Seducir
Él
inclinó la cabeza y comenzó a succionar sus pezones a través de la camiseta.
Mientras siguiera con la ropa puesta... Él siguió jugueteando con sus senos a
través del algodón caliente y húmedo, y luego bajó una mano a la unión de sus
muslos, sobre la tela. Lali abrió las piernas lenta e involuntariamente. Él
siguió jugando un poco más, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Pero el
juego llegó demasiado lejos. Ella dejó caer la cabeza hacía atrás. La luna
brillaba tenuemente, luego se fragmentó en miles de astillas plateadas. Por
encima de su grito amortiguado, Lali oyó un suave gemido en respuesta, y sintió
cómo él se estremecía contra ella. Sólo cuando Lali volvió a recobrar la
compostura fue consciente de la humedad que había contra su pierna.
Con
una maldición, Peter se apartó de ella y salió precipitadamente de la cama para
desaparecer en el cuarto de baño. Lali permaneció allí tumbada... satisfecha,
enfadada consigo misma. Eso por pensar que tenía fuerza de voluntad.
Por
fin, él salió del cuarto de baño. Desnudo. El suave gruñido que emitió resonó
en la estancia.
–No
quiero oír ni una sola palabra. Lo digo en serio. Es lo más bochornoso que me
ha ocurrido desde que tenía quince años.
Ella
esperó hasta que él se volvió a acostar antes de apoyarse en un codo y mirarlo.
–Oye,
SpeedRacer(Meteoro como lo
conocemos en America Latina.)
–Ella se inclinó hacia delante y le rozó los labios con un beso rápido e
impersonal para darle a entender que su encuentro no había significado nada
para ella–. Me debes cien dólares más.
El
sonido de los pájaros la despertó a la mañana siguiente. Había dormido tan
apartada de Peter como pudo, para evitar acurrucarse contra él, y al final había
acabado con la pierna colgando por el borde de la cama. La piel dorada de Peter
destacaba sobre las sábanas blancas, y una mata de vello castaño cubría sus
formidables pectorales.
Vio
un diminuto agujero en el lóbulo de su oreja, y recordó las calaveras plateadas
que Jack llevaba. No le costaba imaginar a Peter llevándolas puestas. Bajó la
mirada y la detuvo en la protuberancia que se elevaba bajo la sábana. Eso
podría ser suyo si dejaba de ser tan razonable.
El
no se movió cuando ella se dirigió a la ducha. Sumergió la cara bajo el chorro
del agua para aclararse la cabeza. Éste era un nuevo día, y si no le daba
demasiada importancia a lo sucedido la noche anterior, él no podría sumar
puntos en ese marcador ficticio que llevaba en la cabeza. Era cierto que aún no
tenía trabajo, pero había hecho con él una especie de trato temporal. Peter quería
tenerla en la granja, para que hiciera de pantalla entre él y todas esas
personas que invadían su mundo.
Mientras
se estaba secando, oyó correr el agua en el cuarto de baño del pasillo. Al
salir, la cama estaba vacía. Con rapidez sacó una camiseta negra sin mangas de
la bolsa y unos vaqueros que ella misma había cortado por la mitad del muslo.
Sintió un bulto en el bolsillo cuando se los puso y al mirar descubrió el rímel
y el brillo de labios perdidos. Aprovechó para usarlos, pero sólo porque era
muy probable que volviera a ver a Jack Patriot antes de que partiera para
Nashville. Al bajar las escaleras le llegó el aroma a café, y cuando entró en
la cocina, vio a Mad Jack sentado a la mesa, bebiendo café en uno de los
tazones de cerezas. Al igual que la noche anterior, Lali se quedó sin habla.
El
llevaba la misma ropa del día anterior, y le había crecido la barba. Las hebras
plateadas de su pelo sólo lo hacían parecer más sexy. La observó con esos ojos
familiares, que había visto en infinidad de portadas de discos.
–Buenos
días.
De
alguna manera Lali logró responderle con un «Buenos días» jadeante.
–Eres Lali.
–Esposito. Soy Lali Esposito.
–Suena
como esa canción antigua.
Sabía
que se refería a aquella canción de Louis Amstrong, pero se había quedado
paralizada, así que él se lo aclaró.
–«Won't you come home, Loli Sposit?»
Eres demasiado joven para conocerla. Gime me ha dicho que
vas a casarte con Peter. –Obviamente no ocultaba su curiosidad. Lali se preguntó
si los había visto dormir juntos o si Peter había desperdiciado los doscientos
dólares.
–¿Habéis
fijado ya una fecha? –preguntó él.
–Todavía
no. –Su voz sonó tan chillona como la de Minnie Mouse.
Él
continuó con su frío interrogatorio.
–¿Cómo
os conocisteis?
–Yo
estaba... esto... haciendo una campaña promocional para una tienda de
bricolaje.
Pasaron
unos segundos. Cuando Lali se percató de que se había quedado mirándolo
fijamente, se dirigió a ciegas a la despensa.
–Eh...,
tortearé hortitas, quiero decir que haré tortitas.
–Vale.
Ella
había tenido fantasías sexuales de adolescente con ese hombre. Mientras sus
compañeras de colegio discutían sobre lo guapo que era Kirk Cameron, ella se
imaginaba perder la virginidad con el padre de Peter. Mierda. Tenía que
tranquilizarse.
Calma...
Le
dirigió otra mirada mientras salía de la despensa con los ingredientes de las
tortitas. A pesar de su piel aceitunada, él estaba bastante pálido, como si
últimamente no hubiera pasado demasiado tiempo al aire libre. Incluso así,
irradiaba el mismo tipo de magnetismo sexual que su hijo, pero el atractivo de
Jack le resultaba más seguro. Mientras preparaba los ingredientes, se recordó
que hoy debía mostrarse más firme con Peter.
Se
concentró en mezclar los ingredientes sin perder la cuenta de las medidas. Por
lo general, hacía las tortitas de memoria, pero esa mañana era imposible. Jack
se apiadó de ella y no le hizo más preguntas. Cuando echó las primeras tortitas
en la sartén, Peter entró en la cocina, con aspecto desaliñado, luciendo la
misma barba de dos días que llevaba su padre. Tal vez fuera algo genético. La
camiseta tenía el número perfecto de arrugas, y sus pantalones cortos le caían
lo justo sobre las caderas. Ni siquiera miró a Jack. En su lugar, la miró a
ella de pies a cabeza.
–¿Estás
maquillada? ¿Qué ha ocurrido? Casi pareces una mujer.
–Gracias.
Tú apenas pareces gay.
Detrás
de ellos, Jack se rió entre dientes. «Oh, Dios mío», había hecho reír a Jack
Patriot.
Peter se inclinó, y la besó... tan fría y calculadoramente, que ella apenas perdió la
cabeza. Éste era otro juego, el que él estaba jugando contra esos padres que
odiaba. La marcaba como su compañera de equipo para que Jack supiera que eran
dos contra uno.
Sólo
después de alejarse de ella, reconoció la presencia de su padre con un leve
gesto de cabeza. Mad Jack le respondió con un gesto similar y señaló las
ventanas de rincón del desayuno con la cabeza.
–Es
un lugar agradable. Nunca te hubiera imaginado como granjero.
Al
ver que Peter ni siquiera se molestaba en responder, Lali se apresuró a romper
el tenso silencio.
–Marchando
una tanda de tortitas. Peter, mira a ver si puedes encontrar sirope en las
bolsas de la despensa. Y además tráeme la mantequilla, ¿vale?
–De
acuerdo, cariño –dijo depositándole en la frente otro besito estratégico.
Mientras cogía los platos, se preguntó si su vida podría ser más extraña. Todos
sus ahorros habían ido a parar a una banda de guerrilleros sudamericanos y
ahora mantenía un compromiso falso con un famoso jugador de fútbol americano.
Se había quedado sin hogar y sin trabajo, y le estaba haciendo el desayuno a
Jack Patriot.
Cuando Peter salió de la despensa, Jack señaló a Lali.
–¿Dónde
está el anillo de compromiso?
–No
le gustó el que le regalé –dijo Peter–. Los diamantes le parecían demasiado
pequeños. –El tuvo el descaro de pellizcarle la barbilla–. Y yo quiero lo
mejorcito para mi amorcito.
Ella
canturreó el tema principal de Speed Racer.
Evitando
mirar a Jack, logró servirle las tortitas sin tirárselas encima. Peter se comió
las suyas de pie, con las caderas apoyadas contra la encimera. Se dirigió a
ella mientras comía, pero le lanzaba a Jack algún comentario ocasional para que
no creyera que lo ignoraba. Ella había practicado demasiadas veces esa
estrategia para no reconocerla. No dejar que nadie viera su dolor. No le gustó
descubrir lo bien que comprendía a Peter.
Como
no podía imaginarse comiendo las tortitas sentada en la misma mesa que Jack
Patriot, también comió de pie. La puerta trasera se abrió y entró Gime.
Llevaba unos pantalones con una camisa color coral anudada debajo del pecho, y
unas sandalias de cuña. Cande entró tras ella con el pelo castaño húmedo,
peinado con la raya al medio y retirado de la cara con unas horquillas de
colores iridiscentes que le debía de haber prestado Gime. Con los rizos
domados, los ojos color miel de Cande quedaban a la vista y eran
impresionantes. Se había cambiado la camiseta SEXY del día anterior por una
negra con unos labios carmesí en la pechera que le quedaba igual de apretada. Peter se excusó y volvió de nuevo a la despensa. Cuando Cande vio a su padre, se
detuvo en seco.
Jack
se levantó, pero cuando estuvo de pie, pareció no saber qué hacer. Así que
señaló lo evidente.
–Aquí
estás.
Cande se mordisqueó el esmalte de las uñas.
–He
hecho tortitas –dijo Lali alegremente.
Gime evitó mirar a Jack y a su hijo.
–Hemos
desayunado cereales en la casita de invitados.
–Espero
que le dieras las gracias a Gime –dijo el hombre que una vez había destrozado
una batería de una patada y había mandado a la policía a tomar por culo.
Peter salió de la despensa, con un bote de mantequilla de cacahuete que no necesitaba
nadie. Puede que ésa fuera la primera vez en su vida que estaba en la misma
habitación que sus padres. Estaba hosco y silencioso. Aunque no necesitaba el
apoyo de nadie, ella se acercó a su lado y le deslizó el brazo por la cintura.
Jack
buscó el móvil en el bolsillo.
–Llamaré
a Frankie para que venga a recogernos.
–No
quiero irme –dijo Cande entre dientes. Y luego, como él sacó el teléfono,
añadió–: No pienso irme.
Él
levantó la mirada del teléfono.
–¿De
qué hablas? Ya has perdido una semana de colegio. Tienes que volver.
Cande alzó la barbilla.
–Las
vacaciones de verano empiezan la semana que viene, y ya he terminado el curso.
Ava tiene mis notas.
Era
evidente que a Jack se le había olvidado, pero intentó ocultarlo.
–Tu
tía te espera. Ya lo he arreglado todo para que te vayas con tu prima al
campamento.
–¡No
quiero ir a ningún campamento! Paulina es estúpida y hará que todos se rían de
mí. –Dejó caer el plumífero rosa y la mochila. Se le encendieron las mejillas–.
Si intentas que vaya, yo... simplemente me escaparé otra vez. Sé como hacerlo.
El
pequeño acto de rebelión de Cande lo tomó por sorpresa, pero a Lali no la
sorprendió. Esa era la niña que había logrado llegar desde Nashville hasta la
granja de su hermanastro en plena noche. Peter se puso rígido. Lali le acarició
la espalda con la yema de los dedos.
Jack
cerró el teléfono.
–Mira, Cande, entiendo que todo esto está siendo muy duro para ti, pero las cosas
mejorarán.
–¿Cómo?
Él
estaba como pez fuera del agua, pero hizo un esfuerzo.
–El
tiempo lo cura todo. Después de unos meses ya no te dolerá tanto. Sé que
querías a tu madre, y...
–¡No
la quería! –gritó Cande–. ¡Pensaba que yo era fea y estúpida, a ella sólo le
gustaba Paulina!
–Eso
no es cierto –dijo Jack–. Ella te quería mucho.
–¿Cómo
lo sabes?
Jack
vaciló.
–Lo...
sé, eso es todo. No quiero seguir escuchándote. Ya has causado demasiados
problemas, harás lo que yo te diga.
–No,
no quiero. –Con los ojos llenos de furia, cerró los puños–. ¡Me mataré si me
haces volver! ¡Lo haré! Sé cómo hacerlo. Cogeré las píldoras de mi madre. Y
también las de la tía Gayle. Me las tomaré todas. Y... y me cortaré las venas
como la hermana mayor de Mackenzie. ¡Luego me moriré!
Mad
Jack se quedó paralizado. Peter palideció y Gime se toqueteó las pulseras de
plata. Cande gimoteó y se abalanzó sobre ella.
–¡Por
favor, Gime! Por favor, deja que me quede contigo. –Gime la rodeó
instintivamente con los brazos.
–Gime
no puede hacerse cargo de ti –dijo Jack bruscamente–. Tiene cosas que hacer.
Las
lágrimas rodaban por las mejillas de Cande. Sin apartar la mirada del nudo de
la camisa de Gime se dirigió a su padre.
–Entonces
quédate tú. Quédate y hazte cargo de mí.
–No
puedo hacerlo.
–¿Por
qué no? Puedes quedarte dos semanas. –En un despliegue de coraje, miró a Gime
con ojos suplicantes–. Eso estaría bien, ¿verdad, Gime? ¿Verdad que puede
quedarse dos semanas? –Miró vacilante a su padre–. No tienes conciertos hasta
septiembre. Te oí decir que querías pasar algún tiempo fuera para componer
nuevas canciones. Podrías venir aquí. O a la casita de invitados. La casa de Gime es muy tranquila. Podrías escribir allí tus nuevas canciones.
–La
casita de invitados no es mía, Cande–dijo Gime con suavidad–. Es de Peter.
Esta casa es suya.
A Cande le tembló la barbilla. Desvió la mirada de Gime al pecho de Peter. Lali
sintió cómo le ardía la piel a través de la camiseta,
–Sé
que estoy gorda y todo eso –dijo Cande en voz baja–. Y sé que no te gusto, pero
no haré ruido, y papá tampoco lo hará. –Levantó esos ojos desconsolados para
mirar a Peter directamente a la cara–. No presta atención a nadie cuando
compone. No te molestará. Yo incluso podría ayudar por aquí. Podría... podría
barrer, o fregar los platos. –Peter se quedó paralizado mientras las lágrimas de Cande casi ahogaban sus siguientes palabras–. O si necesitas que alguien
entrene contigo..., yo podría intentarlo.
Peter cerró los ojos con fuerza. Parecía haberse quedado sin respiración. Mad Jack
volvió a abrir su teléfono.
–No
quiero oír más tonterías. Te vienes conmigo.
–¡No,
no voy!
Peter se deshizo del brazo de Lali, y con la voz ronca, como si se rompiera una presa
en su interior, exclamó:
–¿No
puedes ofrecerle a la niña ni siquiera dos jodidas semanas de tu asquerosa
vida?
Cande se quedó callada. Gime levantó la cabeza lentamente. Jack no se movió.
–¡Su
madre acaba de morir, por el amor de Dios! Te necesita. ¿O también vas a
abandonarla como hiciste conmigo? –Peter se dio cuenta de lo que había dicho y
se dirigió hacia la puerta. La ventana del fregadero traqueteó cuando salió
dando un portazo.
Un
músculo comenzó a palpitar en la mandíbula de Jack. Se aclaró la garganta, y
cambió el peso de un pie a otro.
–Bueno, Cande, tienes una semana. Una, no dos.
Cande agrandó los ojos.
–¿De
veras? ¿Puedo quedarme aquí contigo?
–Primero
iremos a Nashville para hacer las maletas. Y tienes que prometerme que no
volverás a escaparte nunca más.
–¡Lo
prometo!
–Estaremos
de vuelta el lunes. Y será mejor que cumplas tu promesa, porque si vuelves a
hacer algo así, te mandaré a un internado en Europa, o algún lugar de donde sea
imposible escaparse. Lo digo muy en serio, Cande.
–¡No
volveré a hacerlo! Te lo prometo.
Jack
se metió el móvil en el bolsillo. Cande miró la cocina como si la viera por
primera vez. Gime se acercó a Lali.
–Ve
a ver si está bien –le dijo en voz baja.
No se preocupen ya viene el rock.
Los proximos caps son muy divertidos.
Si hay muchos comentarios a la noche subo otro cap.

Sí la historia es muy divertida y me he reido mucho con lo de Meteoro!
ResponderEliminarMe encanta!!! Quiero mas!!!
ResponderEliminarMe rio mucho con las conversaciones entre Lali y Peter!
Besos!!
mas nove me encanta!!
ResponderEliminar@Teen_Angels94
Jaja pff pobree peter lo mas vergonzoso quee le paso... :3 jajaja mee mato de risaa con su casi pareces una mujeer & lali con su tu apenas pareces gay jajajajajajaja pff quee bueno quee candee see pueda quedar aunqueseaa una semanaa es burnisimaa la novee subi maas :DD!!!
ResponderEliminar@maaff_lazaro
mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas
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ResponderEliminarme imagino que seran muy divertido, lali huyendo de peter y el acercandose a ella para escapara de la presion de sus padres ademas lali in poder hablar delante a jack
ResponderEliminarjajajaja este capitulo tuvo diversion y tension, estuvo muy bueno! Espero el siguiente!
ResponderEliminaramoooo la nove no nos dejes ahi que esta intriganteee
ResponderEliminarAaai sii, sube otro. Lo espero :)
ResponderEliminarBesitoo
Arii
@AriadnaAyelen
Es genial esta nove! Cande me dio un poco de pena! Más!
ResponderEliminarMAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE MAS NOVE
ResponderEliminarMas mas mas mas mas mas mas
ResponderEliminarBUENISIIMOO!! Me encanta la nove, Lali es muuy graciosa, me encanta como jode a Peter jajaa lo de SpeedRacer es MUY BUENO jajaja
ResponderEliminarme muero... quiero mássss!!
ResponderEliminarComo les está cambiando la vida a todos.
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