Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

viernes, 13 de julio de 2012

Nacida para Seducir cap 25

 Nacida para Seducir


Unos débiles rayos de luz se filtraban a través de las cortinas de encaje de la diminuta ventana que había sobre la cabeza de Lali. Era demasiado temprano para levantarse, pero se había bebido un vaso grande de agua antes de dormir, y la caravana gitana, a pesar de todas sus comodidades, no tenía cuarto de baño. Lali nunca había pasado la noche en un lugar tan maravilloso. Había sido como dormirse en medio de un cuento de hadas para reencontrarse con un apasionado príncipe gitano de pelo castaño con quien había bailado toda la noche alrededor del fuego de campamento.

No se podía creer que hubiera soñado con él. Lo cierto es que Peter era exactamente el tipo de hombre que inspiraría escandalosas fantasías en cualquier mujer, pero no en una tan realista como ella. Desde la mañana anterior había sido demasiado consciente de él en todos los sentidos, y necesitaba expulsarlo de su mente.

El suelo de madera del carromato estaba frío. Había pasado la noche con una camiseta naranja que decía: MI CUERPO POR UNA CERVEZA y unos pantalones flojos de yoga que no habían visto jamás una clase de yoga, pero que eran supercómodos. Tras ponerse las chanclas, salió al frío aire matutino. Sólo las aves quebraban la quietud de la mañana, ni cubos de basura, ni sirenas ni cláxones de camiones dando marcha atrás. Se dirigió a la casa y entró por la puerta lateral. Con la luz matutina, los muebles blancos de la cocina y los tiradores rojos brillaban contra las encimeras nuevas de esteatita.

Don 't sit under the apple tree...

La noche anterior, Peter había cubierto con plástico negro todos los huecos de las puertas de los cuartos de baño antes de irse, y tuvo que ir al aseo que había debajo de las escaleras. Como todos los demás, ese cuarto de baño estaba diseñado especialmente para él; el lavabo era alto y el techo inclinado estaba a suficiente altura para que Peter no se golpeara la cabeza. Lali se preguntó si él se había dado cuenta de cómo lo había personalizado todo su madre. O tal vez Gime se había limitado a seguir las órdenes de Peter.

Mientras se hacía el café, encontró algunas tazas en las cajas con enseres de cocina que se desempacarían cuando la cocina estuviera pintada. Los platos sucios le recordaron la cena que había compartido con Gime. Peter se había disculpado, diciendo que tenía cosas que hacer. Lali se apostaba lo que fuera a que esas cosas incluían una rubia, una morena y una pelirroja. Abrió la puerta de la nevera para sacar la leche y observó que Peter había dado buena cuenta de las sobras de camarones al estilo criollo. A juzgar por lo poco que quedaba en el plato, el sexo le despertaba el apetito.

El agua cayó en el fregadero cuando se puso a lavar algunos platos para el desayuno. Las tazas blancas tenían franjas rojas en el borde y los tazones tenían impresas cerezas de color rojo. Se sirvió café, añadió un chorrito de leche y se dirigió a la parte delantera de la casa. Al llegar al comedor, se detuvo en la puerta. La noche anterior Gime le había dicho que estaba considerando la idea de que pintaran allí unos murales de paisajes, y le había preguntado si ella hacía ese tipo de cosas. Lali le había dicho que no, pero no era cierto del todo. Había hecho bastantes murales –mascotas para clínicas veterinarias, logotipos comerciales para oficinas, algún verso de la Biblia en la pared de la cocina– pero se negaba a pintar paisajes. Los profesores de la universidad habían criticado con demasiada rudeza los únicos que había pintado en clase, y ella odiaba sentirse incompetente.

Salió por la puerta principal. Tomando unos sorbos de café se acercó a las escaleras para observar la niebla matutina. Al girarse para mirar un grupo de aves que estaba posado en el techo del granero, se sobresaltó y se salpicó la muñeca de café. Una niña yacía profundamente dormida en la esquina del porche.

Debía tener unos trece años más o menos, aunque no había perdido la grasa infantil, así que podía ser menor. Llevaba un sucio plumífero rosa de marca y pantalones color lavanda llenos de lodo que tenían un roto con forma de V en la rodilla. Lali se lamió el café de la muñeca. El pelo alborotado y rizado de la niña cubría una mejilla redonda y sucia. Se había quedado dormida en una posición incómoda, con la espalda pegada a la mochila verde oscuro que había colocado contra la esquina del porche. Tenía la piel aceitunada, las cejas oscuras y la nariz recta, y se mordía las uñas. Pero a pesar de la suciedad, su ropa parecía cara, igual que las deportivas. Esa niña llevaba la palabra «ciudad» escrita en la frente; otra nómada había llegado a la granja de Peter.

Lali dejó la taza y se acercó a la niña. Se acuclilló a su lado y le tocó con suavidad en un brazo.

–Oye, tú... –susurró.

La chica se incorporó de golpe y abrió los ojos con brusquedad. Eran de color miel.

–No pasa nada –dijo Lali, intentando calmar el miedo que vio en su mirada–. Buenos días.

La niña hizo un esfuerzo por levantarse y la ronquera matutina profundizó su suave acento sureño.

–Yo... no he roto nada.

–No hay mucho que romper.

Cande se apartó el pelo de los ojos.

–No quería quedarme dormida.

–No escogiste una cama demasiado confortable. –Parecía demasiado nerviosa para que Lali la interrogara–. ¿Quieres desayunar?

La niña se mordió el labio inferior. Tenía rectos los dientes delanteros, pero se veían demasiado grandes para su cara.

–Sí, señora. ¿No le importa?

–Estaba esperando que alguien me hiciera compañía. Me llamo Lali.

La niña se levantó con dificultad y cogió su mochila.

–Me llamo Cande. ¿Sirves aquí?

Estaba claro que esa niña pertenecía a la clase privilegiada.

–Pues si sirvo o no sirvo –contestó Lali– depende de mi estado de ánimo.

Cande era demasiado joven para captar la broma de un adulto.

–¿Vive alguien aquí?

–Yo. –Lali abrió la puerta principal y le hizo un gesto a Cande para que entrara.

Cande miró con atención el interior. Su voz temblaba de desilusión.

–No hay nada. No hay muebles.

–Alguno sí. La cocina está casi acabada.

–¿Pero ahora no vive nadie aquí?

Lali decidió pasar por alto la pregunta hasta descubrir lo que buscaba la niña.

–Tengo hambre. ¿Y tú? ¿Prefieres huevos o cereales?

–Cereales, por favor. –Arrastrando los pies, Cande la siguió por el vestíbulo hasta la cocina.

–El cuarto de baño está allí. Aún no tiene puerta, pero los pintores tardarán un poco en llegar, así que si quieres lavarte, nadie te molestará.

La chica miró alrededor, se fijó en el comedor y luego en las escaleras antes de dirigirse al cuarto de baño con la mochila.

Lali había dejado algunos alimentos imperecederos en las bolsas hasta que los pintores terminaran. Entró en la despensa y cogió unas cajas de cereales. Cuando Cande regresó con la mochila y el plumífero en la mano, Lali colocó todo sobre la mesa, incluyendo una jarrita llena de leche.

–Elige.

Cande se llenó el tazón de Honey Nut Cheerios y añadió tres cucharillas de azúcar. Se había lavado las manos y la cara, y algunos rizos se le pegaban a la frente. Los pantalones le quedaban demasiado ajustados, igual que la camiseta blanca con la palabra SEXY estampada en brillantes letras púrpura. Lali no podía imaginar una palabra menos apropiada para describir a esa niña tan seria.

Se frió un huevo para ella, se hizo una tostada y llevó su plato a la mesa. Esperó a que la niña hubiera acabado antes de comenzar a hablar.

–Tengo treinta años. ¿Cuántos años tienes tú?

–Once.

–Eres muy joven para andar sola por el mundo.

Cande dejó la cuchara en el tazón.

–Estoy buscando a... alguien. Una especie de familiar. No... no un hermano ni nada así –añadió rápidamente–. Algo como un primo. Creí... que podría estar aquí.

En ese momento, se abrió la puerta trasera y se oyó el tintineo de unas pulseras. Gime apareció al instante.

–Tenemos compañía –dijo Lali–. La encontré dormida en el porche. Te presento a mi amiga Cande.

Gime giró la cabeza y un aro plateado asomó entre su pelo.

–¿En el porche?

Lali dejó la tostada.

–Esta buscando a un familiar.

–Los carpinteros llegarán pronto. –Gime le dedicó a Cande una sonrisa–. ¿O tu pariente es uno de los pintores?

–Mi... mi pariente no trabaja aquí –balbuceó Cande–. Se... se supone que vive aquí.

La rodilla de Lali chocó ruidosamente contra la pata de la mesa. La sonrisa de Gime desapareció.

–¿Que vive aquí?

La chica asintió con la cabeza.

–¿Cande? –Gime se agarró al borde de la mesa–. ¿Cómo te apellidas?

Cande inclinó la cabeza sobre el tazón de cereales.

–No quiero decírtelo.

Gime palideció.

–Eres la hija de Jack, ¿verdad? La hija de Jack y Marli.

Lali casi se atragantó. Una cosa era sospechar el parentesco entre Peter y Jack Patriot, y otra confirmarlo. Cande era hija de Jack Patriot, y a pesar de su torpe intento por ocultarlo, el familiar que estaba buscando sólo podía ser Peter.

Cande se apartó un mechón de pelo de la cara mientras seguía mirando el tazón.

–¿Me conoces?

–Yo..., sí –dijo Gime–. ¿Cómo has llegado hasta aquí? Vives en Nashville.

–Estoy de paso. Con una amiga de mi madre. Tiene treinta años.

Gime no señaló la obviedad de la mentira.
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Hay una tormentita en mi cuidad quisas no tenga internet esta noche. Quisas!!
Si hay mas de 10 firmas, subo un cap .
Gracias por leer y firmar :) 
MUCHAS GRACIAS

13 comentarios:

  1. Primero se tenia k encontrar ,Cande con las dos mujeres d la casa,eso lo va a hacer todo más fácil.Eso espero.

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  2. Espero k Peter no se lo ponga muy difícil,pero cande va a tener dos aliadas importantes.

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  3. K Gime no le tenga rencor,no parece el tipo d persona k odiaría a una niña,x causa d los adultos.

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  4. Ahora mismo te envidio la tormentita ,jajaja,en Cartagena Murcia, estamos con la alerta naranja ,35 grados.

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  5. Mas mas mas ooooo :0 cada vez mas interesante

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  6. BUENISIMO!! pff quiero maas jajaja ya quiero ver cuando laa veaa peteer D:

    @maaff_lazaro

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  11. Espero que Peter sea bueno con la niña al igual que Gime.
    Masi_ruth

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