Unos débiles rayos de luz se filtraban a través de las cortinas de encaje de la diminuta ventana que había sobre la cabeza de Lali. Era demasiado temprano para levantarse, pero se había bebido un vaso grande de agua antes de dormir, y la caravana gitana, a pesar de todas sus comodidades, no tenía cuarto de baño. Lali nunca había pasado la noche en un lugar tan maravilloso. Había sido como dormirse en medio de un cuento de hadas para reencontrarse con un apasionado príncipe gitano de pelo castaño con quien había bailado toda la noche alrededor del fuego de campamento.
No
se podía creer que hubiera soñado con él. Lo cierto es que Peter era exactamente
el tipo de hombre que inspiraría escandalosas fantasías en cualquier mujer,
pero no en una tan realista como ella. Desde la mañana anterior había sido
demasiado consciente de él en todos los sentidos, y necesitaba expulsarlo de su
mente.
El
suelo de madera del carromato estaba frío. Había pasado la noche con una
camiseta naranja que decía: MI CUERPO POR UNA CERVEZA y unos pantalones flojos
de yoga que no habían visto jamás una clase de yoga, pero que eran
supercómodos. Tras ponerse las chanclas, salió al frío aire matutino. Sólo las
aves quebraban la quietud de la mañana, ni cubos de basura, ni sirenas ni
cláxones de camiones dando marcha atrás. Se dirigió a la casa y entró por la
puerta lateral. Con la luz matutina, los muebles blancos de la cocina y los
tiradores rojos brillaban contra las encimeras nuevas de esteatita.
Don 't sit under the apple tree...
La
noche anterior, Peter había cubierto con plástico negro todos los huecos de las
puertas de los cuartos de baño antes de irse, y tuvo que ir al aseo que había
debajo de las escaleras. Como todos los demás, ese cuarto de baño estaba
diseñado especialmente para él; el lavabo era alto y el techo inclinado estaba
a suficiente altura para que Peter no se golpeara la cabeza. Lali se preguntó si
él se había dado cuenta de cómo lo había personalizado todo su madre. O tal vez Gime se había limitado a seguir las órdenes de Peter.
Mientras
se hacía el café, encontró algunas tazas en las cajas con enseres de cocina que
se desempacarían cuando la cocina estuviera pintada. Los platos sucios le
recordaron la cena que había compartido con Gime. Peter se había disculpado,
diciendo que tenía cosas que hacer. Lali se apostaba lo que fuera a que esas
cosas incluían una rubia, una morena y una pelirroja. Abrió la puerta de la
nevera para sacar la leche y observó que Peter había dado buena cuenta de las
sobras de camarones al estilo criollo. A juzgar por lo poco que quedaba en el
plato, el sexo le despertaba el apetito.
El
agua cayó en el fregadero cuando se puso a lavar algunos platos para el
desayuno. Las tazas blancas tenían franjas rojas en el borde y los tazones
tenían impresas cerezas de color rojo. Se sirvió café, añadió un chorrito de
leche y se dirigió a la parte delantera de la casa. Al llegar al comedor, se
detuvo en la puerta. La noche anterior Gime le había dicho que estaba
considerando la idea de que pintaran allí unos murales de paisajes, y le había
preguntado si ella hacía ese tipo de cosas. Lali le había dicho que no, pero no
era cierto del todo. Había hecho bastantes murales –mascotas para clínicas
veterinarias, logotipos comerciales para oficinas, algún verso de la Biblia en la pared de la
cocina– pero se negaba a pintar paisajes. Los profesores de la universidad
habían criticado con demasiada rudeza los únicos que había pintado en clase, y
ella odiaba sentirse incompetente.
Salió
por la puerta principal. Tomando unos sorbos de café se acercó a las escaleras
para observar la niebla matutina. Al girarse para mirar un grupo de aves que estaba
posado en el techo del granero, se sobresaltó y se salpicó la muñeca de café.
Una niña yacía profundamente dormida en la esquina del porche.
Debía
tener unos trece años más o menos, aunque no había perdido la grasa infantil,
así que podía ser menor. Llevaba un sucio plumífero rosa de marca y pantalones
color lavanda llenos de lodo que tenían un roto con forma de V en la rodilla. Lali se lamió el café de la muñeca. El pelo alborotado y rizado de la niña
cubría una mejilla redonda y sucia. Se había quedado dormida en una posición
incómoda, con la espalda pegada a la mochila verde oscuro que había colocado
contra la esquina del porche. Tenía la piel aceitunada, las cejas oscuras y la
nariz recta, y se mordía las uñas. Pero a pesar de la suciedad, su ropa parecía
cara, igual que las deportivas. Esa niña llevaba la palabra «ciudad» escrita en
la frente; otra nómada había llegado a la granja de Peter.
Lali dejó la taza y se acercó a la niña. Se acuclilló a su lado y le tocó con
suavidad en un brazo.
–Oye,
tú... –susurró.
La
chica se incorporó de golpe y abrió los ojos con brusquedad. Eran de color
miel.
–No
pasa nada –dijo Lali, intentando calmar el miedo que vio en su mirada–. Buenos
días.
La
niña hizo un esfuerzo por levantarse y la ronquera matutina profundizó su suave
acento sureño.
–Yo...
no he roto nada.
–No
hay mucho que romper.
Cande se apartó el pelo de los ojos.
–No
quería quedarme dormida.
–No
escogiste una cama demasiado confortable. –Parecía demasiado nerviosa para que Lali la interrogara–. ¿Quieres desayunar?
La
niña se mordió el labio inferior. Tenía rectos los dientes delanteros, pero se
veían demasiado grandes para su cara.
–Sí,
señora. ¿No le importa?
–Estaba
esperando que alguien me hiciera compañía. Me llamo Lali.
La
niña se levantó con dificultad y cogió su mochila.
–Me
llamo Cande. ¿Sirves aquí?
Estaba
claro que esa niña pertenecía a la clase privilegiada.
–Pues
si sirvo o no sirvo –contestó Lali– depende de mi estado de ánimo.
Cande era demasiado joven para captar la broma de un adulto.
–¿Vive
alguien aquí?
–Yo.
–Lali abrió la puerta principal y le hizo un gesto a Cande para que entrara.
Cande miró con atención el interior. Su voz temblaba de desilusión.
–No
hay nada. No hay muebles.
–Alguno
sí. La cocina está casi acabada.
–¿Pero
ahora no vive nadie aquí?
Lali decidió pasar por alto la pregunta hasta descubrir lo que buscaba la niña.
–Tengo
hambre. ¿Y tú? ¿Prefieres huevos o cereales?
–Cereales,
por favor. –Arrastrando los pies, Cande la siguió por el vestíbulo hasta la
cocina.
–El
cuarto de baño está allí. Aún no tiene puerta, pero los pintores tardarán un
poco en llegar, así que si quieres lavarte, nadie te molestará.
La
chica miró alrededor, se fijó en el comedor y luego en las escaleras antes de
dirigirse al cuarto de baño con la mochila.
Lali había dejado algunos alimentos imperecederos en las bolsas hasta que los
pintores terminaran. Entró en la despensa y cogió unas cajas de cereales.
Cuando Cande regresó con la mochila y el plumífero en la mano, Lali colocó todo
sobre la mesa, incluyendo una jarrita llena de leche.
–Elige.
Cande se llenó el tazón de Honey Nut Cheerios y añadió tres cucharillas de azúcar. Se
había lavado las manos y la cara, y algunos rizos se le pegaban a la frente.
Los pantalones le quedaban demasiado ajustados, igual que la camiseta blanca
con la palabra SEXY estampada en brillantes letras púrpura. Lali no podía
imaginar una palabra menos apropiada para describir a esa niña tan seria.
Se
frió un huevo para ella, se hizo una tostada y llevó su plato a la mesa. Esperó
a que la niña hubiera acabado antes de comenzar a hablar.
–Tengo
treinta años. ¿Cuántos años tienes tú?
–Once.
–Eres
muy joven para andar sola por el mundo.
Cande dejó la cuchara en el tazón.
–Estoy
buscando a... alguien. Una especie de familiar. No... no un hermano ni nada así
–añadió rápidamente–. Algo como un primo. Creí... que podría estar aquí.
En
ese momento, se abrió la puerta trasera y se oyó el tintineo de unas pulseras. Gime apareció al instante.
–Tenemos
compañía –dijo Lali–. La encontré dormida en el porche. Te presento a mi amiga Cande.
Gime giró la cabeza y un aro plateado asomó entre su pelo.
–¿En
el porche?
Lali dejó la tostada.
–Esta
buscando a un familiar.
–Los
carpinteros llegarán pronto. –Gime le dedicó a Cande una sonrisa–. ¿O tu
pariente es uno de los pintores?
–Mi...
mi pariente no trabaja aquí –balbuceó Cande–. Se... se supone que vive aquí.
La
rodilla de Lali chocó ruidosamente contra la pata de la mesa. La sonrisa de Gime desapareció.
–¿Que
vive aquí?
La
chica asintió con la cabeza.
–¿Cande?
–Gime se agarró al borde de la mesa–. ¿Cómo te apellidas?
Cande inclinó la cabeza sobre el tazón de cereales.
–No
quiero decírtelo.
Gime palideció.
–Eres
la hija de Jack, ¿verdad? La hija de Jack y Marli.
Lali casi se atragantó. Una cosa era sospechar el parentesco entre Peter y Jack
Patriot, y otra confirmarlo. Cande era hija de Jack Patriot, y a pesar de su
torpe intento por ocultarlo, el familiar que estaba buscando sólo podía ser Peter.
Cande se apartó un mechón de pelo de la cara mientras seguía mirando el tazón.
–¿Me
conoces?
–Yo...,
sí –dijo Gime–. ¿Cómo has llegado hasta aquí? Vives en Nashville.
–Estoy
de paso. Con una amiga de mi madre. Tiene treinta años.
Gime no señaló la obviedad de la mentira.
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Hay una tormentita en mi cuidad quisas no tenga internet esta noche. Quisas!!
Hay una tormentita en mi cuidad quisas no tenga internet esta noche. Quisas!!
Si hay mas de 10 firmas, subo un cap .
Gracias por leer y firmar :)
MUCHAS GRACIAS

Primero se tenia k encontrar ,Cande con las dos mujeres d la casa,eso lo va a hacer todo más fácil.Eso espero.
ResponderEliminarEspero k Peter no se lo ponga muy difícil,pero cande va a tener dos aliadas importantes.
ResponderEliminarK Gime no le tenga rencor,no parece el tipo d persona k odiaría a una niña,x causa d los adultos.
ResponderEliminarAhora mismo te envidio la tormentita ,jajaja,en Cartagena Murcia, estamos con la alerta naranja ,35 grados.
ResponderEliminarMaaas
ResponderEliminarMas mas mas ooooo :0 cada vez mas interesante
ResponderEliminarBUENISIMO!! pff quiero maas jajaja ya quiero ver cuando laa veaa peteer D:
ResponderEliminar@maaff_lazaro
maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas maas
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ResponderEliminarMás!!
ResponderEliminarEspero que Peter sea bueno con la niña al igual que Gime.
ResponderEliminarMasi_ruth