Nacida para Seducir
–¡La
señora Garrison me acaba de decir que su cumpleaños es dentro de dos semanas! Y
nunca ha tenido una fiesta de cumpleaños. Marshall sólo le regalaba joyas. Peter, ¿podríamos hacerle aquí una fiesta sorpresa? Por favor, Lali. Podrías
hacer un pastel y algunos perritos calientes y cosas así.
–¡No!
–¡No!
Cande frunció el ceño con gesto de disgusto.
–¿No
creéis que os estáis pasando?
–Sí
–dijo Peter–. Y no me importa. No voy a organizar una fiesta para ella.
–Hazlo
tú, Lali –dijo Cande–. En su casa.
–No
creo que me lo agradeciera. El agradecimiento no forma parte de su vocabulario.
–Lali cogió la taza de plástico donde había echado la pintura y se subió a la
escalera de mano.
–Puede
que si todo el mundo dejase de ser tan borde con ella todo el rato, ella
dejaría de serlo también. –Cande se fue enfadada.
Lali la siguió con la mirada.
–Nuestra
niñita comienza a actuar como una niña normal y corriente.
–Lo
sé. ¿A que es genial?
Era
más que genial.
Peter finalmente se marchó para mirar algunos caballos. Lali cogió un poco de pintura
blanca con el pincel, y Cande volvió a la carga sin soltar la guitarra.
–Apuesto
lo que quieras a que nadie le manda siquiera una tarjeta de cumpleaños.
–Yo
le mandaré una. Incluso le haré un pastel. Le daré una fiesta a la que sólo
asistamos nosotras.
–Sería
mejor si viniera más gente.
Cuando Cande regresó con Nita, a Lali se le ocurrió una idea interesante, y como era
mucho mejor pensar en ello que en lo que estaba tomando forma en las paredes,
consideró la idea un buen rato y, finalmente, llamó a Mery a la tienda de
segunda mano.
–¿Quieres
que el pueblo le dé a Nita una fiesta sorpresa de cumpleaños? –exclamó Mery después de que Lali le explicara su idea–. ¿Y dentro de dos semanas?
–Que
sea dentro de dos semanas es el menor de nuestros problemas. Obligar a la gente
a que asista es el verdadero reto.
–¿De veras crees que si le damos una fiesta se ablandará lo suficiente como para apoyar el plan del pueblo?
–Probablemente no –dijo Lali–. Pero a nadie se le ha ocurrido nada mejor, y a veces ocurren milagros, así que creo que debemos intentarlo.
–No sé. Deja que lo consulte con Penny y Mónica.
Media hora después, Mel volvió a llamarla.
–Lo haremos –dijo con una falta total de entusiasmo–. Pero tienes que asegurarte de que ella esté allí. Si Nita se huele algo y se niega a aparecer, habremos perdido el tiempo.
–Estará allí aunque tenga que dispararle y llevarla a rastras.
Tras media docena más de interrupciones, entre ellas varias de Nita, Lali cubrió las dos puertas que daban al comedor con el plástico que habían usado los trabajadores. Cuando lo había asegurado, añadió unos carteles donde se podía leer «NO ENTRAR. PELIGRO DE MUERTE». Ya estaba lo suficientemente nerviosa sin tenerlos a todos mirando por encima del hombro.
Al final del día, había hecho jurar a todos los miembros de la casa por sus iPods, guitarras, Tango, Puffy y cierto par de botas de Dolce & Gabbana que se mantendrían alejados del comedor hasta que los murales estuvieran listos.
Por la noche, se acercó al dormitorio de Nita cuando la anciana estaba quitándose la peluca, revelando su pelo corto y cano.
–Hoy he tenido una interesante llamada telefónica –dijo Lali mientras se sentaba en el borde de la cama–. No iba a decirle nada, pero acabará enterándose de todas formas y luego me echará la bronca por no habérselo contando.
Nita se cepilló el pelo. No se había anudado el kimono y Lali vio que llevaba puesto su camisón favorito de raso rojo.
–¿Qué tipo de llamada telefónica?
Lali alzó las manos.
–Un montón de idiotas pensaban darle una fiesta sorpresa por su cumpleaños. Pero no se preocupe. Les dije que no se molestaran. –Cogió el ejemplar de la revista Stars que había a los pies de la cama y fingió mirarla–. Supongo que algunos de los jóvenes del pueblo se enteraron de lo mal que la habían tratado en el pasado y querían compensarlo..., como si pudieran hacerlo..., con una fiesta en el parque, un pastel grande, globos y algunos discursos estúpidos de personas que odia. Por supuesto, lo dejé bien claro. Nada de fiestas.
Por una vez, Nita pareció quedarse muda. Lali siguió ojeando las páginas con fingida inocencia. Nita dejó el cepillo sobre el tocador y se ató con rudeza la faja del kimono.
–Podría ser interesante.
Lali ocultó una sonrisa.
–Sería un rollo. No se preocupe, ya me encargaré de que no la hagan. –Fingió que leía la revista–. Sólo porque al fin se hayan dado cuenta de lo mal que se portaron con usted no quiere decir que no pueda seguir ignorándolos.
–Creía que tú estabas de su lado –replicó Nita–. Siempre me andas recriminando sobre lo mucho que perjudico a la gente. Se supone que debería dejarlos abrir esas tiendas en las que nadie comprará nada. O poner un Bed & Breadfast que jamás hospedará a nadie.
–No son malos negocios, pero está claro que, usted es demasiado vieja para comprender la economía moderna.
Nita chasqueó la lengua y luego cargó contra Lali.
–Vuelve a llamarles ahora mismo para decirles que hagan la fiesta. ¡Cuánto más grande mejor! Me la merezco, y ya es hora de que se hayan dado cuenta.
–No puedo hacer eso ahora. Se supone que es una fiesta sorpresa.
–¿Crees que no puedo fingir que estoy sorprendida?
Lali se pasó un buen rato discutiendo, y cuanto más discutía, más se obcecaba Nita. Eso sí que podía considerarse un trabajo bien hecho.
Los murales, sin embargo, eran otra historia. Cada día que pasaba, Blue se desviaba más de lo que había dibujado en los bocetos hasta que finalmente los arrancó de las paredes.
A Peter se le ocurrió celebrar el Cuatro de Julio haciendo una excursión a pie por las Smokies con Lali. Con sus largas piernas y su ritmo incansable, tuvo que detenerse en varias ocasiones para esperarla, pero no intentó apresurarla en ningún momento. Incluso le aseguró que le gustaba ir a paso lento porque así no sudaba y no se le estropeaba la gomina. Lali no veía ni una sola gota de gomina en ese pelo dorado, pero él estaba siendo demasiado amable con ella para señalárselo. Odiaba cuando se hacía el simpático, así que cuando pararon a almorzar, intentó buscar bronca. Peter la condujó sin motivo aparente hacia un área sombreada cerca de una cascada y la besó hasta que ella estuvo demasiado jadeante para pensar con coherencia. A partir de ahí, él tomó ventaja.
–Tú –dijo él–. Contra el árbol.
Los cristales plateados del último y carísimo par de gafas de sol de Peter le devolvieron su imagen, pero la deliciosa amenaza que veía en su boca la hizo temblar.
–¿Qué
quieres decir?
–Me
ha presionado demasiado, señora. Es hora de jugar al juego pervertido de Prison
Break.
Ella
se humedeció los labios.
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El proximo cap es bastante zarpado. lo subo esta noche ?
Si hay muchos comentarios lo subo esta noche.
Gracias :)

dale subi el proximo me muero por leerlo
ResponderEliminar@Angie_232alma
quiero mas
ResponderEliminar@Angie_232alma
me encanto lo que hizo lala jaja
ResponderEliminarespero laliter un beso
ResponderEliminar@Angie_232alma
Como esta peter con lali, hasta las manos! ja ja, Y muy buena la jugada de lali con nita!
ResponderEliminarDale q subís mas mas si mas mas
ResponderEliminarMas
Haay no nos puedes dejar asi!! quiero maas cap's la nove estaa B U E N I S I M A!! JAJA' mee encantaan los jueguitos de lali & peter :D!
ResponderEliminar@maaff_lazaro
Masss nove c:
ResponderEliminarme encanta!
-Jacky, Mexico
me encata esta nove, porfi sube otro cap
ResponderEliminarotro cap porfa
ResponderEliminarno nos dejes asi
ResponderEliminarmasssss ♥
ResponderEliminarNooo eso es maldad, cómo nos dejás ahí, si que somos morbosas caracho jaja:)
ResponderEliminarMasi_ruth
Peter esta jugando fuerte.LAli con la psicología inversa ,lleva a Nita a su terreno.
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