Gime no señaló la obviedad de la mentira.
–Siento
lo de tu madre. ¿Tu padre sabe dónde estás? –El semblante de Gime se
endureció–. Por supuesto que no lo sabe. No tiene ni idea, ¿verdad?
–La
mayor parte del tiempo no sabe por dónde ando. Pero es muy simpático.
–Simpático...
–Gime se frotó la frente–. ¿Y quién se encarga de ti?
–Tengo una au-pair.
Gime cogió el bloc de notas que había dejado sobre la encimera la noche anterior.
–Dame su número para llamarla.
–No creo que se haya levantado aún.
Gime cerró los ojos.
–Te aseguro que no le importará que la despierte.
Cande apartó la mirada.
–¿Puedes decirme si mi... mi primo vive aquí? Tengo que encontrarle.
–¿Para qué? –dijo Gime entre dientes–. ¿Para qué tienes que encontrarlo?
–Porque... –Cande tragó–, porque tengo que hablarle de mí.
Gime soltó un tembloroso suspiro. Miró su bloc.
–Eso no va a ser tan fácil como crees.
Cande la miró fijamente.
–¿Sabes
dónde está? ¿Lo sabes?
–No.
No lo sé –dijo Gime con rapidez. Miró a Lali, que todavía trataba de asimilar
lo que estaba oyendo. Peter no se parecía a Jack Patriot, pero Cande sí. Tenían el
mismo tono aceitunado de piel, el pelo color caoba y la nariz recta. Esos
enigmáticos ojos color miel la habían mirado desde infinidad de portadas de
discos.
–Mientras
hablo con Cande –le dijo Gime a Lali–, ¿puedes encargarte del problema de
arriba?
Lali captó el mensaje. Suponía que Gime quería mantener a Peter a distancia. Cuando
era una niña, le habían dolido los secretos soterrados de los adultos, y no le
gustaba ocultar a los niños la verdad, pero esto no era asunto suyo. Se apartó
de la mesa, pero antes de poder levantarse, se oyó un ruido de pasos en el
vestíbulo.
Gime tomó a Cande de la mano.
–Vamos
fuera para hablar.
Era
demasiado tarde.
–Huele
a café. –Peter entró en la cocina, se acababa de dar una ducha, pero no se había
afeitado; era un anuncio andante de GQ con unas bermudas azules, una camiseta
amarilla con el logotipo de Nike Swoosh y unas deportivas aerodinámicas de
color verde lima. Vio a Cande y sonrió.
–Buenos
días.
Cande se quedó paralizada, con los ojos clavados en él. Gime se apretó el estómago
como si le doliese. Cande abrió la boca. Finalmente, recuperó el habla.
–Soy Cande. –Su voz fue apenas un graznido.
–Hola, Cande. Soy Peter.
–Ya
lo sé –dijo ella–. Tengo un álbum.
–¿De
veras? ¿Qué clase de álbum?
–Uno...
sobre ti.
–¿En
serio? –Peter se dirigió a la cafetera–. Así que te gusta el fútbol americano.
–Soy...
–se humedeció los labios–, soy algo así como una prima tuya.
Peter giró la cabeza.
–Yo
no tengo pri....
–Cande
es la hija de Marli Moffatt –dijo Gime con tono glacial.
Cande sólo lo miraba a él.
–Jack
Patriot también es mi padre.
Peter clavó la vista en ella.
Cande se sonrojó por la agitación.
–¡No
quería decirlo! –gimió–. Nunca he dicho nada a nadie sobre ti. Lo juro.
Peter estaba paralizado. Gime parecía incapaz de moverse. Los afligidos ojos de Cande se llenaron de lágrimas. Lali no podía quedarse quieta presenciando tanto
dolor, y se levantó de la silla.
–Peter
acaba de levantarse de la cama, Cande. Démosle unos minutos para que se
espabile.
Peter intercambió una mirada con su madre.
–¿Qué
está haciendo aquí?
Gime se apoyó contra la encimera.
–Supongo
que está tratando de encontrarte.
Lali podía ver que ese encuentro no se estaba desarrollando tal como Cande había
imaginado. Las lágrimas amenazaban con desbordar los ojos de la niña.
–Lo
siento. No volveré a mencionarlo.
Peter era el adulto y debería hacerse cargo de la situación, pero estaba tenso y
silencioso. Lali se acercó a Cande.
–Peter no se ha tomado aún el café y parece un oso gruñón. Mientras se espabila, voy a
enseñarte dónde dormí anoche. No te lo vas a creer.
Cuando Lali tenía once años, habría desafiado a cualquiera que intentara alejarla,
pero Cande estaba acostumbrada a mostrar una ciega obediencia. Agachó la cabeza
y cogió a regañadientes la mochila. La niña era la viva imagen de la pena, y Lali sintió simpatía por ella. Le rodeó los hombros con un brazo y la condujo a
la puerta lateral.
–Primero
tienes que decirme qué sabes de los gitanos.
–No
sé nada –murmuró Cande.
–Por
suerte para ti, yo sí.
Peter esperó a que la puerta se cerrara. En menos de veinticuatro horas, dos personas
habían averiguado el secreto que llevaba años ocultando. Se volvió hacia Gime.
–¿Por
qué demonios ha venido? ¿Sabías algo de esto?
–Por
supuesto que no lo sabía –replicó Gime–. Lali la encontró dormida en el
porche. Ha debido escaparse de casa. Por lo visto sólo la cuida una au-pair.
–¿Quieres
decir que ese egoísta hijo de perra la ha dejado sola dos semanas después de
que muriera su madre?
–¿Cómo
voy a saberlo? Hace más de treinta años que no hablo con él.
–Esto
es increíble. –La apuntó con el dedo–. Localízale ahora mismo y
dile que envíe ya a uno de sus lacayos para recogerla. –Vio que Gime tensaba
la mandíbula. Era obvio que no le gustaba que le dieran órdenes. Lástima. Se
dirigió a la puerta–. Voy a hablar con ella.
–¡No
lo hagas! –El tono vehemente de Gime lo detuvo–. Has visto la manera en que te
miraba. Es fácil darse cuenta de lo que quiere. No te acerques a ella, Peter. Es
una crueldad dejar que se haga ilusiones. Lali y yo nos encargaremos de esto.
No permitas que te tome cariño para luego dejarla de lado.
Él
no pudo ocultar su amargura.
–Habló Gimena Lanzani, la experta en niños. ¿Cómo he podido olvidarlo?
Su
madre podía ser muy dura cuando quería, y levantó la barbilla con orgullo.
–Tú
has salido la mar de bien, después de todo.
Él
le dirigió una mirada enojada y salió por la puerta lateral. Pero a mitad de
camino aminoró el paso. Ella tenía razón. El anhelo en la mirada de Cande decía
que buscaba en él lo que sabía que no encontraría en su padre. El que Jack
hubiera abandonado a esa niña poco tiempo después del entierro de su madre
describía su futuro con letras bien grandes: un internado caro y vacaciones con
niñeras.
Pero
aun así, estaría mejor de lo que estuvo él. Él había tenido que pasar sus
vacaciones en casas de lujo, hoteluchos de mala muerte, o sórdidos apartamentos
dependiendo de qué hombre o adicción tuviera Gime en ese momento. Con el
tiempo le habían ofrecido desde marihuana y alcohol a prostitutas, y, por lo
general había aceptado de todo. Para ser justos con ella, Gime no lo había
sabido, pero debería haberlo hecho. Debería haber sabido un montón de cosas.
Ahora Cande había ido a buscarlo, y a menos que hubiera malinterpretado el anhelo de
su mirada, quería que él formara parte de su familia. Pero era imposible. Había
mantenido en secreto su parentesco con Jack Patriot durante demasiado tiempo
para que todo se descubriera ahora. Sí, sentía lástima por ella, y esperaba por
su bien que las cosas mejorasen, pero eso era todo lo que iba a obtener de él. Cande era problema de Jack, no suyo.
Se
agachó para entrar en la caravana gitana. Lali y Cande estaban sentadas en la
cama del fondo. Lali seguía vistiendo como de costumbre, luciendo esa cara de
libro de rimas infantiles de Mamá Ganso no apto para menores en contraposición
a unos pantalones flojos de yoga, que eran la idea que él tenía de lo que se
pondría un payaso, y una camiseta naranja lo suficientemente grande para
albergar un circo. La niña lo miró, había un mundo de sufrimiento reflejado en
esa cara redonda. Llevaba unas ropas demasiado ajustadas y exclusivas, y la
palabra SEXY de su camiseta se veía obscena sobre la inocente promesa de sus
pechos. No le creería si intentara convencerla de que estaba equivocada
respecto a su parentesco con Jack.
Ver
tanta desesperación en el semblante de Cande le trajo malos recuerdos, y le
habló con más severidad de la que pretendía.
–¿Cómo
me has encontrado?
Ella
miró a Lali, asustada de revelar más de lo que quería. Lali palmeó la rodilla
de Cande.
–Está
bien.
La
niña se pasó la punta del dedo por el pantalón de pana color lavanda.
–El
novio de mi madre... le habló sobre ti el año pasado. Les oí sin querer. Él
trabajaba para mi padre.
Pero le hizo jurar que no se lo diría a nadie, ni siquiera a tía Gayle.
Pero le hizo jurar que no se lo diría a nadie, ni siquiera a tía Gayle.
Peter apoyó una de sus manos en un lado de la caravana.
–Me
sorprende que tu madre supiera de la granja.
–No
creo que lo supiera. Oí sin querer a mi padre mencionar este lugar mientras
hablaba por teléfono.
Cande parecía oír sin querer un montón de cosas. Peter se preguntó cómo se habría
enterado su padre de lo de la granja.
–Dame
tu teléfono –dijo–, así podré llamar a tu casa para decirles que estás bien.
–Sólo
está Ava, y no le gusta que el teléfono la despierte tan temprano. Molesta a Jill. –Cande se mordisqueó el esmalte de uñas azul del pulgar–.Jill es el
novio de Ava.
–¿Ava
es tu au-pair? –preguntó. «Bonito trabajo, Jack.»
Cande asintió.
–Es
muy guapa.
–Y
increíblemente competente –intervino Lali arrastrando las palabras.
–No
le he hablado a nadie sobre ti... ya sabes –dijo con seriedad–. Sé que es un
gran secreto. Y creo que mi madre tampoco lo ha hecho.
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+ de 10 firmas y el proximo Cap.
Gracias
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+ de 10 firmas y el proximo Cap.
Gracias

Aaai pobre Cande, ojala Peter trate de comprenderla,
ResponderEliminarEspero maas :)
Besitoo
Arii
@AriadnaAyelen
Maaaaass
ResponderEliminarawww pobre cande... es Buenisima laa novee quiero maas cap's porfiss :D!
ResponderEliminar@maaff_lazaro
mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas
ResponderEliminarmas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas
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ResponderEliminarsi peter ya estaba perdido con lali y su madre, ahora sí
ResponderEliminarque va enloquecer de vez jajaja
más nove
Peter ya sabe lo k es pasar sin un padre ,y con una madre drogata k nunca está,al menos hasta ahora k el ya tiene resuelta su vida.No creo k llegue a mandar d vuelta a Cande,menos sabiendo como es su padre,y no tiene madre.
ResponderEliminarParece k Lali utiliza la psicología inversa ,diciendo k Ava es increíblemente competente,después d k Cande tan solo calificara a su niñera, como guapa.
ResponderEliminarMe encanta!!! Pobrecita Cande!!!
ResponderEliminarQuiero mas!!!
A Peter se le tienen k remover las tripas ,pensando k su hermanita d 11 años está a cargo d una niñera, k solo está con el novio ,en vez d cuidar a la niña.
ResponderEliminarChicas firmen ,k hay maratón.
ResponderEliminarPobre Cande,Peter creo q se volverá loco!
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