Nacida para seducir
–Estaba haciendo una promoción para
la tienda de bricolaje El Gran Castor de Agus, ¿vale?
–¿Cuando dice promoción quiere
decir...?
–Al parecer el negocio no marcha
todo lo bien que debiera, o por lo menos, eso es lo que me dijeron. Llegué a la
ciudad hace nueve días. –Señaló con la cabeza–. Esta carretera conduce a
Rawlins Creek y a la tienda de bricolaje de Agus. Esa autopista de ahí atrás,
la de los cuatro carriles, conduce a la tienda de bricolaje Home Depot.
–Ya empiezo a entenderlo.
–Exacto. Cada fin de semana, Agus
contrata a alguien para que se pasee por la carretera con carteles que anuncian
los negocios que hay de camino a su tienda y así atraer compradores. He sido la
última en picar.
–La recién llegada a la ciudad.
–Es difícil encontrar a alguien lo
suficientemente desesperado como para hacer el trabajo dos fines de semana
seguidos.
–¿Y el cartel? No importa. Lo habrá
dejado con la cabeza.
–Era imposible regresar a la ciudad
con la cabeza puesta.
Lo dijo como si él fuera corto de
entendederas.Peter sospechaba que esa mujer ni siquiera habría intentado
regresar al pueblo con el disfraz puesto si llevara ropa debajo.
–No he visto ningún coche por la
carretera –dijo él–. ¿Cómo llegó hasta allí?
–Me llevó la mujer del dueño después
de que mi Camaro escogiera precisamente este día para pasar a mejor vida. Se
suponía que tenía que venir a buscarme hace una hora, pero no apareció. Estaba
tratando de decidir qué hacer cuando de pronto vi al rey de los gilipollas en
el Ford Focus que yo misma le ayudé a pagar.
–¿Su novio?
–Ex novio.
–El que quiere asesinar.
–No estoy bromeando. –Miró por el
lado de la cola–. Allí está la iglesia. Gire a la derecha.
–¿Si la llevo al lugar del crimen,
me convertiré en su cómplice?
–Sólo si quiere.
–Claro. ¿Por qué no? –Giró en la
calle llena de baches que conducía a un barrio residencial de clase media donde
la mayoría de las destartaladas casas estilo rancho estaban rodeadas de
hierbajos. Aunque Rawlins Creek estaba sólo a unos treinta kilómetros al este
de Denver, no corría peligro de convertirse en una ciudad dormitorio popular.
–Es esa casa verde con el cartel en
el patio –dijo ella.
El se detuvo frente a un rancho de
estuco, donde un ciervo metálico entre girasoles dorados montaba guardia desde
un cartel móvil en el que se podía leer: SE ALQUILAN HABITACIONES. Algún
graciosillo había escrito un gran NO delante. Un sucio Ford Focus plateado
estaba aparcado en el camino de entrada. Al lado, una morena de piernas largas
apoyaba las caderas contra la puerta del copiloto mientras se fumaba un
cigarrillo. Cuando vio el coche de Peter se enderezó.
–Esa debe de ser Belén–siseó
Castora–. El último ligue de Gonzalo. Yo fui el anterior.
Belén era joven, delgada, con
grandes pechos y mucho maquillaje, lo que dejaba a Castora con el pelo sudado
en gran desventaja a pesar de que aparecer en un Aston Martin deportivo con él
tras el volante podría haber puesto un estadio en pie. Peter vio por el
parabrisas cómo un tío melenudo con aspecto de bohemio y gafas redondas de
montura metálica salía de la casa. Ése debía de ser Gonzalo. Llevaba unos
pantalones militares con una camisa que parecía robada a una pandilla de
revolucionarios sudamericanos. Tendría unos treinta y tantos, era bastante
mayor que Castora y mucho más viejo que Belén, que no debía de tener más de
diecinueve.
Gonzalo se detuvo en seco cuando vio
el Vanquish. Belén apagó el cigarrillo con la punta de una brillante sandalia
rosa y se los quedó mirando. Peter se tomó su tiempo para salir, rodear el
coche y abrir la puerta del acompañante para que Castora pudiera soltar su
jerga aniquiladora. Por desgracia, cuando ella intentó poner las patas en el
suelo, la cola se interpuso en su camino. Trató de echarla a un lado, pero lo
único que consiguió fue que se desenrollara y le golpeara en la barbilla. Se
quedó tan aturdida por el golpe que perdió el equilibrio y se cayó de bruces a
sus pies con la gran cola balanceándose sobre su trasero.
Gonzalo se la quedó mirando
fijamente.
–¿Lali?
–¿Ésa es Lali ? –dijo Belén–. ¿Es
payasa o algo así?
–No la última vez que la vi. –Gonzalo
desvió la atención de Castora, que trataba de ponerse a cuatro patas, a Peter–.
¿Y tú quien eres?
El tío tenía ese tipo de tono
falsete de la clase alta que hacía que Peter quisiera escupir tabaco y decir:
«¿Qué pacha tío?»
–Un hombre misterioso –dijo con
acento arrastrado–. Amado por unos. Temido por otros.
Gonzalo pareció desconcertado, pero
cuando Castora logró finalmente ponerse en pie, su expresión se volvió
francamente hostil.
–¿Dónde lo tienes, Lali? ¿Qué has
hecho con él?
–¡Mentiroso, hipócrita, poetucho de
tres al cuarto! –Ella arrastró los pies por el camino de grava con la cara
brillante de sudor y el asesinato reflejado en los ojos.
–No te he mentido. –Lo dijo de una
manera tan condescendiente que si a Peter, que no tenía por qué molestarse, le
enfureció, no podía imaginarse cómo se lo tomaría Castora–. No te he mentido
nunca –seguía diciendo–, te lo explicaba todo en la carta.
–Una carta que no leí hasta después
de haberlo abandonado todo, plantado a tres clientes y conducido más de dos mil
kilómetros a través del país. ¿Y qué me encontré cuando llegué aquí? ¿Me
encontré al hombre que llevaba los dos últimos meses rogándome que dejara Seattle
para venir a vivir con él? ¿Me encontré con el hombre que lloraba como un bebé
al teléfono, me hablaba de que se iba a suicidar, me decía que era la mejor
amiga que había tenido nunca y la única mujer en la que confiaba? No, claro que
no. Lo que encontré fue una carta en la que ese hombre, que juraba que yo era
la única razón de su existencia, me decía que ya no me quería porque se había
enamorado de una chica de diecinueve años. Una carta donde también se me decía
que por favor no me lo tomara como algo personal. ¡Ni siquiera tuviste el valor
de decírmelo a la cara!
Belén dio un paso hacia delante con
expresión furibunda.
–Eso es porque eres una tocapelotas.
–¡Tú ni siquiera me conoces!
–Gonzalo me lo contó todo. No quiero
que creas que soy una bruja, pero deberías ir a terapia. Te ayudará a dejar de
sentirte amenazada por el éxito de otras personas. En especial de Gonzalo.
Las mejillas de Castora se pusieron
de un rojo brillante.
–Gonzalo se pasa la vida escribiendo
poemas penosos y haciendo trabajos para chicos universitarios que son demasiado
vagos para hacerlos ellos mismos.
La fugaz expresión de culpabilidad
de Belén llevó a Peter a sospechar que así era exactamente cómo había conocido
a Gonzalo. Pero aquello no la detuvo.
–Tienes razón, Gonzalo. Es una
víbora.
Castora tensó con fuerza la
mandíbula y avanzó de manera amenazadora hacia Gonzalo.
–¿Le has dicho que soy una víbora?
–Sí, pero no siempre –dijo Gonzalo
con arrogancia–. Sólo lo eres cuando se trata de mi trabajo creativo. –Se
colocó las gafas–. Ahora dime dónde está mi CD de Dylan. Sé que lo tienes tú.
–Si soy tan víbora como dices, ¿por
qué no has podido escribir ni un solo poema desde que abandonaste Seattle? ¿Por
qué me dijiste que yo era tu musa?
–Eso fue antes de conocerme a mí
–interpuso Belén–. Antes de que nos enamoráramos. Ahora su musa soy yo.
–¡Si lo conociste hace dos semanas!
Belén se recolocó el tirante del
sujetador.
–El corazón no necesita más tiempo
para reconocer a su alma gemela.
–Su alma de mierda querrás decir
–replicó Castora.
–Eso ha sido cruel, Lali –dijo Belén–,
y muy ofensivo. Sabes que es la sensibilidad de Gonzalo lo que le hace ser un
magnífico poeta. Y es el motivo por el que lo atacas. Porque estás celosa de su
creatividad.
Belén empezaba a poner a Peter de
los nervios, así que no se sintió sorprendido cuando Castora se giró hacia ella
y le dijo:
–Si vuelves a abrir la boca, te
tragas la lengua. ¿Entendido? Esto es entre Gonzalo y yo.
Belén abrió la boca, pero algo en la
expresión de Castora debió de hacerla reflexionar porque se detuvo y la cerró
otra vez. Lástima. Le hubiera gustado ver cómo Castora la ponía en su sitio.
Aunque Belén parecía estar en buena forma para hacerle frente.
–Sé que estás molesta –dijo Gonzalo–,
pero llegará el día en que te alegres por mí.
Ese tío se había graduado con
honores en estupidez. Peter observó cómo Castora se intentaba remangar las
patorras.
–¿Alegrarme?
–No quiero discutir contigo –dijo Gonzalo
con rapidez–. Siempre quieres discutirlo todo.
Belén asintió.
–Eso es lo que haces, Lali.
–¡Y tienes razón! –Sin más
advertencia, Castora se arrojó sobre Gonzalo que cayó con un ruido sordo.
–¿Qué haces? ¡Basta! ¡Apártate de
mí!
Ese tío gritaba como una chica, y Belén
se acercó para ayudarlo.
–¡Déjalo en paz!
Peter se apoyó contra el Vanquish
para disfrutar del espectáculo.
–¡Mis gafas! –chilló Gonzalo–.
¡Cuidado con mis gafas!
Se hizo un ovillo para protegerse
cuando Castora le arreó un mamporro en la cabeza.
–¡Fui yo quien pagó esas gafas!
–¡Para! ¡Déjalo! –Belén cogió la
cola de Castora y tiró de ella con todas sus fuerzas.
Gonzalo se debatía entre proteger su
bien más preciado o sus preciosas gafas.
–¡Te has vuelto loca!
–¡Todo se pega! –Castora intentó
darle otro sopapo, pero no acertó. Demasiada pata.
Belén tenía buenos bíceps y lo
demostró cuando tiró de nuevo de la cola con todas sus fuerzas, pero Castora
había tomado ventaja, y no pensaba retirarse hasta ver correr la sangre. Peter no
había visto una pelea tan divertida desde los últimos treinta segundos del
partido contra los Giants la pasada temporada.
15 firmas y MAS

Ya Lali a otra cosa,ese Gonzalo es un tonto y Belen una nueva victima!
ResponderEliminarya voy entendiendo jaja
ResponderEliminarme gusta . BESOS
A los pocos voy entendiendo!! Me gusta! :) Quiero más. besos
ResponderEliminar15 firmas? :sss es mucho para una nove que recien empieza no? es necesario que se agreguen lectores! Me gusta.. Ojala pronto haya 15 firmas y suba mas
ResponderEliminarDesde luego es divertida en su comienzo.Te lo dije en el cap 1, seguido me encontré con k publicaste el 2,asi k lo repito, espero k puedas quitar la verificación d palabras ,así podrás tener más comentarios.
ResponderEliminarGonzalo se merece esa tunda.Un hombre misterioso,jajaja,buena presentación,se está divirtiendo d lo lindo.
ResponderEliminarQuiero Mas Esta Muy Bueno Mas Mas Mas
ResponderEliminarDaniiVasqueez
Jaja que tarado ese gonzalo! Ojala q lali le rompa todo!
ResponderEliminar@_maroly_
Maaaas :)
ResponderEliminarArii
@AriadnaAyelen
JAJA´estaa muy bnaa y graciosaa la novee recien laa lei & mee encanto ;))!
ResponderEliminar@maaff_lazaro
Jajaj esta buena sube mas
ResponderEliminarJa ja muy buena la nove! espero más!
ResponderEliminarJajaja muyyy buena la nove, Gonzalo es un gilipollas!!
ResponderEliminarSube más!
@jeissymori
Me encanta!!!! Muy divertida la situacion!!
ResponderEliminarEspero mas!
@ione_es
me encanta, de momento es muy divertida jeeje
ResponderEliminarsubi mas :)