Nacida para Seducir
Lali
se concentró en inspirar y expirar, esperando que eso la tranquilizara, pero el
pánico seguía dominándola. Le dirigió al niño bonito una mirada de reojo. ¿De
verdad esperaba que se creyera que era gay? Era cierto que llevaba botas de
homosexual y que estaba demasiado bueno. Pero, aun así, desprendía suficientes
megavatios heterosexuales como para iluminar a toda la población femenina. Era
indudable que lo había estado haciendo desde el día de su nacimiento cuando vio
su reflejo en las gafas de la comadrona y le lanzó al mundo un «choca esos
cinco».
Ella
había pensado que la traición de Gonzalo era el último desastre de su más que
catastrófica vida, pero ahora estaba a merced de Peter Lanzani. Nunca se habría
subido al coche del futbolista si no le hubiese reconocido. Había visto ese
increíble cuerpo bronceado prácticamente desnudo en todas las vallas
publicitarias anunciando Zona de Anotación, una línea de calzoncillos que tenía
el memorable eslogan de «Mete el culo en la zona de anotación». Posteriormente
había visto su foto en la lista de «Los cincuenta hombres más deseados» de
People. En ella aparecía caminando descalzo por la playa con un esmoquin con
los bajos remangados. No recordaba para qué equipo jugaba, pero sabía que era el
tipo de hombre que debía evitar a toda costa, aunque claro, no todos los días
aparecían hombres como ése en su vida. Sin embargo, en ese momento, él era lo
único que se interponía entre ella, un refugio para los sin techo y un letrero
que pusiera: PINTO POR COMIDA.
Tres
días antes había descubierto que sus dos cuentas bancarias, una de ahorros y
otra corriente–, que sumaban un saldo de ocho mil dólares, estaban vacías. Y
para colmo, Gonzalo le había mangado los doscientos dólares que tenía para
emergencias. Todo lo que le quedaba en la cartera eran dieciocho dólares. Ni
siquiera tenía tarjeta de crédito –una enorme equivocación por su parte–. Se
había pasado toda su vida adulta procurando no quedarse nunca en la estacada
para acabar así.
–¿Qué
hacías en Rawlins Creek? –preguntó en tono casual, como si le estuviera dando
conversación en vez de obteniendo información para saber a qué atenerse con él.
–Buscaba
un Taco Bell –dijo–, pero me temo que conocer a tu novio me ha quitado el
apetito.
–Ex
novio. Muy ex.
–Hay
algo que no entiendo. Nada más conocerlo, supe que era un perdedor. ¿Es que no
tienes amigos en Seattle que te abrieran los ojos?
–No
vivo en un sitio fijo.
–Caramba,
cualquier desconocido te lo podría haber dicho.
–Eso
se ve en retrospectiva.
La
miró.
–No
irás a llorar, ¿verdad?
Le
llevó un momento entender lo que él quería decir.
–Me
estoy conteniendo –contestó con cierto deje sarcástico.
–No
tienes por qué disimular conmigo. Venga, desahógate. Es la manera más rápida de
curar un corazón roto.
Gonzalo
no le había roto el corazón. La había cabreado. Bueno, no había sido él quien
vaciara sus cuentas bancarias, y sabía que se había pasado tres pueblos al
atacarlo de esa manera. Gonzalo y ella habían sido amantes sólo dos semanas
antes de echarle de una patada de su cama al darse cuenta que no era su tipo.
Tenían intereses comunes y, a pesar de que era demasiado egocéntrico,
disfrutaba de su compañía. Habían salido juntos, habían ido al cine y a salas
de exposiciones, se habían interesado mutuamente por sus trabajos. Y aunque
sabía que era demasiado melodramático, sus enardecidas llamadas desde Denver la
habían preocupado.
–No
estaba enamorada de él –dijo ella–. Yo no me enamoro. Pero éramos amigos y
parecía cada vez más frenético cuando hablábamos por teléfono. Llegué a pensar
que se iba a suicidar de verdad. Los amigos son importantes para mí. No podía
darle la espalda.
–Mis
amigos también son importantes para mí, pero si uno de ellos tuviera problemas,
tomaría el primer vuelo disponible, en vez de recogerlo todo y mudarme.
Ella
sacó una goma elástica del bolsillo y se recogió el pelo en una coleta suelta.
–De
todas maneras pensaba marcharme de Seattle. Aunque no era mi intención acabar
en Rawlins Creek.
Pasaron
junto a un cartel que anunciaba la venta de ovejas. Repasó mentalmente la lista
de sus amigos más cercanos, tratando de encontrar a alguno que le pudiera
prestar dinero, pero todos tenían dos cosas en común. Un buen corazón y poco
dinero. El bebé de Brinia tenía serios problemas médicos, al señor Grey apenas
le llegaba con lo de la seguridad social, Mai no se había recobrado aún del
fuego que había arrasado su estudio, y Tonya se había ido a recorrer el Nepal
con la mochila a cuestas. Lo que la hacía depender totalmente de un
desconocido. Era como volver a la infancia una vez, más, y odiaba esa sensación
familiar de miedo que la invadía.
–Venga,
Castora, cuéntame algo de ti.
–Soy
Lali.
–Cariño,
si tuviera tu gusto con los hombres, yo también sería Infeliz.
–Lali
es mi nombre. Lali Esposito.
–Parece
un nombre falso.
–Mi
madre estaba algo deprimida el día que rellenó mi certificado de nacimiento. Se
suponía que debía llamarme Marianella, pero ese día había habido una revuelta
en Sudáfrica, y Angola se había sumido en el caos... –se encogió de hombros–,
no era un buen día para llamarse Marianella.
–Tu
madre debe de ser una persona con conciencia social.
Lali
le dirigió una sonrisa de pesar.
–Podría
decirse que sí. –La conciencia social de su madre era la causa de que las
cuentas de Lali estuvieran vacías.
Él
le señaló con la cabeza la parte trasera del coche. Ella percibió un diminuto
agujero en el lóbulo de su oreja.
–Esas
pinturas que hay en el maletero –dijo–, ¿es un hobby o un trabajo?
–Trabajo.
Hago retratos de niños y mascotas. Y murales.
–¿No
es difícil captar clientes yendo de aquí para allá?
–No
demasiado. Por lo general, busco un barrio de clase alta y dejo propaganda de
mi trabajo en los buzones. Normalmente funciona, aunque no en una ciudad como
Rawlins Creek donde los barrios exclusivos ni siquiera existen.
–Lo
que explica el disfraz de castor. ¿Y cuántos años tienes, si no te importa
decirlo?
–Treinta.
Y no, no miento. No puedo evitar parecer más joven.
–SafeNet.
Lali
se sobresaltó cuando una incorpórea voz femenina invadió el interior del vehículo.
–Comprobación
de rutina –ronroneó la mujer.
Peter
adelantó a un tractor que iba a paso de tortuga.
–¿Elaine?
–Soy
Claire. Elaine libra hoy.
La
voz provenía de los altavoces del coche.
–Hola
Claire. Hace tiempo que no hablo contigo.
–Fui
a visitar a mi madre. ¿Cómo te trata la carretera?
–No
hay queja.
–Cuando
vuelvas a Chicago, ¿por qué no te pasas por San Luis? Tengo un par de filetes
en el congelador que llevan tu nombre.
Peter
ajustó la visera del sol.
–Eres
demasiado buena conmigo, cariño.
–Nada
es demasiado bueno para el cliente favorito de SafeNet.
Cuando
finalmente cortó la comunicación, Lali puso los ojos en blanco.
–Seguro
que las tienes haciendo cola, ¿no? Qué desperdicio.
Él
se negó a entrar en el juego.
–¿Nunca
has sentido el deseo de establecerte en algún lugar? ¿O la razón por la que te
mudas con tanta frecuencia tiene que ver con algún programa de protección de
testigos?
–Me
queda demasiado mundo por ver para establecerme. Quizá comience a planteármelo
cuando cumpla los cuarenta. Tu amiga habló de Chicago. Creía que ibas a
Tennessee.
–Y
voy. Pero vivo en Chicago.
Ahora
lo recordaba. Jugaba en los Chicago Stars. Miró con envidia el impresionante
salpicadero del coche y el cambio de marchas manual.
–No
me importaría conducir un rato.
–Creo
que sería demasiado para ti conducir un coche que no echa humo. –Subió el
volumen de la radio donde emitían una mezcla de viejos temas de rock y otras
melodías más actuales.
Durante
los siguientes cincuenta kilómetros, Lali escuchó la música e intentó apreciar
el paisaje, pero estaba demasiado preocupada. Necesitaba distraerse y consideró
provocarlo preguntándole qué encontraba más atractivo en un hombre, pero si
quería jugar con ventaja debía mantener la farsa de que él era gay, y no quería
presionarle demasiado. Si bien, al final ya no pudo reprimirse más y le
preguntó si no preferiría escuchar una emisora que emitiera canciones de
Bárbara Streisand.
–No
pretendo ser grosero –replicó él con altivez–, pero algunos de nosotros, los
gays, estamos un poco hartos de esos viejos clichés.
Ella
se esforzó en parecer contrita.
–Perdón.
–Disculpa
aceptada.
Sonó
U2 y luego Nirvana. Lali se obligó a llevar el ritmo con la cabeza, no quería
que él sospechara lo desesperada que estaba. Él tarareó con Nickelback con una
impresionante voz de barítono y luego con Coldplay «Speed of Sounds», pero
cuando Jack Patriot comenzó a cantar «¿Por qué no sonreír?» Peter cambió de
emisora.
–Vuelve
a ponerlo –dijo ella–. «¿Por qué no sonreír?» era mi canción favorita en el
último año de secundaria. Me encanta Jack Patriot.
–A
mí no.
–Eso
es como si no te gustara... Dios.
–Cada
cual tiene sus gustos. –El encanto nato había desaparecido. Ahora parecía
distante y serio. No la estrella de fútbol amable y despreocupada que se hacía
pasar por modelo gay con aspiraciones a estrella de cine. Sospechó que veía por
primera vez al hombre que había de verdad detrás de la brillante fachada, y no
le gustó. Prefería pensar que era estúpido y vanidoso, pero al parecer sólo lo
último era cierto.
–Tengo
hambre. –Él volvió a adoptar su rol ocultando esa faceta que no quería que ella
viera–. Espero que no te importe ir a un autoservicio. Así no tendré que
contratar a nadie para que me vigile el coche.
–¿Tienes
que contratar a gente para que te vigile el coche?
–La
llave de contacto está codificada, así que no lo pueden robar, pero llama mucho
la atención, lo que lo convierte en el blanco perfecto de los gamberros.
–¿No
crees que la vida ya es demasiado complicada sin tener que contratar una niñera
para el coche?
10
y Mas...
Gracias, Merci.

JAJA' ya deciaa yo que lali no podia pensar que peter era gay... jajajaja ya quiero ver quee mas pasa subi maas porfiss mee encantaa esta super Graciosaa :3!
ResponderEliminar@maaff_lazaro
Lali se estaba quedando un poco con todas nosotras no ??? jajaja XD lo tiene bien caladito a Peter, sabe perfectamente quien es.... el se cree que es el que juega, y no sabe que ella lleva ventaja =)
ResponderEliminarespero mas nove, esta genial de verdad. BESOS!!!!
@Inma_06
mas nove
ResponderEliminar@Angie_232alma
jajaj me encanta :D
ResponderEliminarya se me hacia raro que no lo conociera.. interesante rumbo tiene esta historia!
ResponderEliminarmas noveee!! :)
ResponderEliminarJajajaja me encanta mas mas mas quiero mas
ResponderEliminarTodavia estas por aqui? es que quiero otro capi! =)
ResponderEliminarmas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas
ResponderEliminarmas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas mas
ResponderEliminarK bien le salió la jugada ,lo reconoció al instante,y utilizó lo k sabía ,y le resultó.Peter le siguió el juego,ahora falta saber si el sabe.
ResponderEliminar