Cuando Peter regresó esa tarde, se encontró a Jack y Gime pintando en silencio paredes
opuestas de su cocina mientras sonaba Coldplay a todo volumen. Gime estaba
salpicada de brillante pintura amarilla de pies a cabeza, pero Jack sólo tenía
manchadas las manos. Hasta el viernes, Peter no había visto a sus padres juntos.
Ahora estaban pintando su jodida cocina.
Siguió
buscando a Lali. Por el camino, sacó la BlackBerry para comprobar los mensajes. Gime le
había mandado uno hacía diez minutos: «Sólo nos queda un bidón de pintura
amarilla. Vete a comprar más.»
Encontró a Lali en el comedor, pintando el techo. Parecía una pastorcita Bo Beep de bolsillo con un rodillo de pintura en la mano. Tenía manchada de pintura la camiseta verde que le caía hasta las caderas y tapaba ese cuerpecito que tan decidida estaba a ocultarle. Aunque no lo haría por mucho tiempo. Señaló la cocina con el pulgar.
–¿Qué pasa ahí dentro?
–Sólo lo que ves. –La lona de plástico que había puesto en el suelo crujió cuando ella se acercó a él–. Por suerte, Jack sabe manejar la brocha, pero he tenido que vigilar a Gime como un halcón.
–¿Por qué no los has detenido?
–Hasta que no lleve el anillo de boda en el dedo no tengo autoridad en esta casa. –Ella colocó el rodillo en el suelo y estudió la pared–. Gime quiere que pinte un mural.
No parecía demasiado feliz, pero él prefería que Lali le pintara un mural antes que tener a sus padres pintando la cocina. Además eso la retendría allí algún tiempo más.
–Le diré a mis relaciones públicas que te manden mis mejores fotos en acción –dijo él–. Puedes escoger la que más te guste.
Ella sonrió como él esperaba, pero después el ceño de su frente se hizo más profundo.
–Ya no pinto paisajes.
–Es una pena. –Abrió la cartera y sacó doscientos dólares en efectivo–. Aquí están los cien dólares que te cogí prestados y los otros cien de esa endiablada apuesta. Siempre pago mis deudas.
Tal como él esperaba, ella no le arrebató el dinero de inmediato, sólo se quedó mirándolo.
–Un trato es un trato –dijo él, con toda inocencia–. Y tú ganaste. –Como siguió sin coger el dinero, le metió los billetes en el bolsillo de la camiseta, demorándose allí más tiempo del necesario. Puede que no tuviera mucho pecho, pero era suficiente para él. Lo único que necesitaba era acceso ilimitado.
–Un pacto con el diablo –dijo ella con gesto sombrío. Peter ocultó la sensación de triunfo mientras ella cogía el dinero, lo miraba durante un segundo y luego se lo devolvía, metiéndoselo en el bolsillo, pero al contrario que él, sin demorarse en absoluto. Una lástima.
–Dáselo a una de esas asociaciones de mujeres maltratadas.
Pobre Castora. Él mismo le podría haber dicho cuando hicieron la apuesta que esos escrúpulos suyos le impedirían quedarse con el dinero, pero él no había llegado a ser todo un profesional comportándose como un tonto.
–Bueno, si es lo que quieres.
Ella le dio la espalda para examinar las paredes con detenimiento.
–Si crees que puedo pintar un bello y esplendoroso paisaje en estas paredes, te llevarás una gran decepción. Mis paisajes son de lo más vulgar.
–Con tal de que no pintes nada afeminado, seré feliz. No quiero bailarines de ballet, ni damas del siglo pasado con sombrillas. Y ni hablar de conejos muertos servidos en platos.
–No te preocupes. Los bailarines de ballet y los conejos muertos serían demasiado innovadores para mí. –Se dio la vuelta para irse–. La vida es demasiado corta, así que prefiero no hacer nada.
Ahora que la idea había echado raíces en su cabeza, Peter no estaba dispuesto a desecharla, pero iba a esperar un poco más antes de presionarla.
–¿Dónde está mi perra?
Ella se masajeó el hombro del brazo con el que había estado pintando.
–Creo que tu valiente Puffy está merendando en el jardín de atrás con Cande.
El fingió marcharse, pero se dio la vuelta antes de salir al vestíbulo.
–Sé que debería habértelo contado antes, en especial cuando sé lo ansiosa que estás por que se pongan las puertas. Pero antes de salir para Chicago, visité al encargado de las puertas. Vive en el condado de al lado, al margen del boicot, así que logré convencerlo para que las trajera pronto. Aparecerá con ellas en cualquier momento.
Los ojos de Lali brillaron con suspicacia.
–Lo has sobornado.
–Un poco de incentivo no viene mal.
–La vida es menos complicada cuando eres rico, ¿verdad?
–O eres un auténtico encanto. No lo olvides.
–¿Cómo podría? –replicó ella–. Es lo único que tenemos en común.
Él sonrió.
–Pronto podremos cerrar la puerta del dormitorio. Justo lo que yo quería.
Cuando Peter regresó de comprar la pintura, eran más de las cinco. La casa estaba tranquila, y salvo el rincón del comedor, la cocina mostraba una brillante capa de pintura amarilla. No estaba el SUV negro de Jack, así que Cande y él debían haber salido a cenar. Hasta ahora, había logrado evitarlos y tenía intención de seguir haciéndolo. Aspiró el olor fresco a pintura y madera nueva. Se había imaginado como propietario de una casa con palmeras en el Pacífico, pero le encantaba esa granja con sus cien acres. Sería un lugar perfecto, cuanto se deshiciera de esos molestos invitados. Salvo Lali. Se había perdido ya un fin de semana con ella, y no estaba preparado para dejar que se fuera todavía.
Tras dejar la pintura en la cocina, oyó el agua de la ducha. Sacó el resto de las bolsas del coche y luego se dirigió arriba, al dormitorio, donde dejó las bolsas en el suelo al lado de las maletas antes de mirar hacia el cuarto de baño. Las ropas manchadas de pintura de Lali formaban un charco en el suelo. Sólo un verdadero pervertido apartaría ese plástico que ella había insistido en colgar en el hueco de la puerta, y él nunca había sido un pervertido. Así que se olvidó del plástico y esperó como un caballero a que ella saliera.
A ser posible desnuda.
Dejó de oírse el agua. Él se quitó la camisa y la dejó caer a un lado, una maniobra manida, cierto, pero a ella le gustaba su pecho. Observó el plástico y se dijo a sí mismo que no debía hacerse demasiadas ilusiones. Había muchas posibilidades de que ella saliera de ese baño con botas militares y pantalones de camuflaje.
Tuvo suerte. Lali sólo llevaba una toalla blanca sujeta debajo de las axilas cuando salió. No iba exactamente desnuda, pero al menos podía ver sus piernas. No pudo apartar la vista del reguero de agua que se le deslizaba por el interior del delgado muslo.
–¡Fuera! –Como si fuera una ultrajada ninfa del mar, ella señaló el pasillo con el dedo.
–Es mi habitación –dijo él.
–Tengo mis derechos.
–¿Como por ejemplo?
–Los derechos de hospedaje van implícitos en el trato. Fuera.
–Necesito darme una ducha.
Ella señaló la puerta del cuarto de baño.
–Te prometo que no te molestaré.
Él se acercó más.
–Comienzo a preocuparme seriamente por ti. –Cuando se detuvo a su lado, le llegó el olor de su champú favorito. Olía mejor en ella. Tenía el pelo mojado retirado a un lado y el parpadeo de sus ojos le indicó que estaba nerviosa. Genial. La recorrió lentamente con la mirada de arriba abajo–. Lo digo en serio, Lali. Empiezo a creer que realmente eres frígida.
–¿De veras?
Él la rodeó. Se recreó en la nuca suave y húmeda y en la curva redonda de los hombros estrechos.
–No sé, ¿nunca has pensado en ir a un sexólogo? Caramba, podríamos ir juntos.
Ella sonrió ampliamente.
–Nadie me llama frígida para intentar quitarme las bragas desde los quince años. Empiezo a sentirme como una niña. No, espera. El niño eres tú.
–Tienes razón. –Le tocó el hombro con la punta del índice y tuvo la satisfacción de ver cómo se estremecía–. ¿Para qué ir a un sexólogo cuando podemos resolver esa disfunción aquí y ahora?
–Por incompatibilidad. Te olvidas de que somos incompatibles. ¿Recuerdas? ¿Tú, hermoso e inútil? ¿Yo, eficaz y trabajadora?
–Se llama química.
El bufido burlón de Castora le dijo que lo había vuelto a hacer. En lugar de centrarse en la línea de meta, no había podido evitar meterse con ella. Era un error táctico que no habría cometido nunca si hubiera practicado un poco más la seducción con las mujeres. Caramba. Hasta ese momento, lo único que había tenido que hacer era decir «hola», y caían rendidas a sus pies. Frunció el ceño.
–¿Por que no dejas de hacerte la listilla y te preparas para nuestra cita?
–¿Tenemos una cita?
Él le señaló las bolsas.
–Elige lo que quieres ponerte.
–¿Me has comprado ropa?
–No pensarías que te iba a dejar elegirla a ti.
Ella puso los ojos en blanco.
–Eres un afeminado.
–Cualquier defensa de los Packers te sacaría del error. –Nunca era demasiado tarde para recordarle a Castora quién llevaba la batuta allí. Se llevó las manos a la cinturilla de los pantalones cortos–. O quizá prefieras mirarme mientras me ducho y comprobarlo por ti misma. –Acercó la mano a la cremallera.
Los ojos de Lali se quedaron clavados en el «objetivo». Él jugueteó con la lengüeta de la cremallera. Parecía que a ella le costaba demasiado trabajo levantar la vista, y cuando finalmente lo hizo, Peter le dirigió la misma sonrisa condescendiente que utilizaba con los novatos que no podían seguirle el juego. Luego entró en el cuarto de baño.
Lali siguió con la mirada la caída del plástico cuando Peter entró en el baño. Ese hombre
era un demonio. Le temblaban los dedos. Deseaba arrojar la toalla a un lado y
entrar allí para tirarse encima de él. Peter era esa oportunidad que sólo se
presentaba una vez en la vida, y si su madre no hubiera escogido ese momento en
particular para vaciarle las cuentas bancarias, Lali bien podía haber hecho la
vista gorda a la aversión que sentía por el sexo indiscriminado y pensar en
montárselo con él aunque sólo fuera por una vez.
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Que haran Lali y Peter despues de la cena ????
Cha cha chan :) R_ _K 'n R..
Si hay muchas firmas, Subo 1 cap esta noche.
Si hay muchas firmas, Subo 1 cap esta noche.


MAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSS
ResponderEliminarAmo esta nove me encierro sola en el cuarto para leerla
ResponderEliminarme muero se viene! espero que si♥me encanta
ResponderEliminar@Angie_232alma
Se viene rock??
ResponderEliminarB U E N I S I M O!1 de vdd no nos puedes dejaar asi mee queres matar? O.o yaa quiero el Rock and Roll bueenisimaa la novee quiero maas porfiss :))!!
ResponderEliminar@maaff_lazaro
maaaaaaaaaaaas,quiero rock jajaja
ResponderEliminarROCKKKKKKKKKKK cuando vas a lleguar?
ResponderEliminarMAS noveeeee
ResponderEliminarrock plisssss jajajajajajjaaaa
ResponderEliminarnashii
mmmmmmmmmmmmmmmmmmmaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaasssssssssssssssssssssssssssssss
ResponderEliminarSiiii, yo quiero leer el proximo caap :D
ResponderEliminarBesitooo
Arii
@AriadnaAyelen
Más!!! Q atrevido este peter jaja !1
ResponderEliminarnooooooooooooooooooooo porfis maaaaaaaaas novela jajajajja n nos dejes asi daleeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeek
ResponderEliminarme encanta como juegan con fuego los dos.
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