Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

jueves, 26 de julio de 2012

Nacida para Seducir Cap 53

                                       Nacida para Seducir


A la mañana siguiente, cuando salió a la acera para coger el periódico dominical de Nita, Lali sintió como si tuviera resaca. La noche anterior, Peter había intentado cambiar las reglas. No tenía derecho a estar enfadado con ella sólo porque no le besaba el culo como todos los demás. Ya se vengaría esa tarde cuando fuera a la granja. Lo provocaría y le haría perder la cabeza.

Al inclinarse para coger el periódico, oyó un siseo al otro lado de la cerca. Levantó la vista y vio a Mery, la dueña de la tienda de segunda mano, mirando nerviosa a un lado y otro de los arbustos a través de unas gafas rojas de ojos de gato. Mery tenía el pelo entrecano y unos labios finos que había perfilado con un lápiz de labios rojo oscuro. A Lali le había gustado su sentido del humor cuando se habían conocido en el Barn Grill después de la pelea, pero ahora parecía muy seria y siseaba como una manguera para que Lali se acercara.

–Ven, acércate. Tenemos que hablar contigo.

Lali se metió el periódico bajo el brazo y siguió a Syl donde le indicaba. Había un Impala dorado aparcado al otro lado de la calle de donde salieron dos mujeres: la administradora de Peter, Mónica Doyle; y una delgada mujer afroamericana de mediana edad a la que Mery presentó con rapidez como Penny Winter, la propietaria de la tienda de antigüedades El Ático de Tía Myrtle.

–Llevamos toda la semana intentando hablar contigo –dijo Mery cuando las mujeres se agruparon alrededor–. Pero cada vez que vas al pueblo, ella está contigo, así que decidimos vigilar la casa antes de ir a la iglesia.

–Todo el mundo sabe que Nita se pone histérica si no puede leer el periódico dominical. –Mónica sacó un pañuelo del bolso azul y amarillo de Vera Bradley que hacía juego con un elegante traje azul–. Eres nuestra última esperanza, Lali. Tienes que utilizar tu influencia con ella.

–Yo no tengo ninguna influencia–dijo Lali–. Ni siquiera me soporta.

Penny jugueteó con la cruz de oro que llevaba al cuello.

–Si eso fuera verdad, ya se habría librado de ti a estas alturas como ha hecho con todo el mundo.

–Sólo llevo aquí cuatro días –contestó Lali.

–Todo un récord. –Mery se pasó el pañuelo por la nariz con un delicado toque–. No tienes ni idea de cómo avasalla a la gente.

A ella se lo iba a decir.

–Tienes que convencer a Nita para que apoye el proyecto Garrison Grow. –Mery se ajustó las gafas de ojos de gato–. Es la única manera de salvar este pueblo.

El proyecto Garrison Grow, según le contaron a Lali, era el plan que los dirigentes de la ciudad habían ideado para intentar levantar el pueblo.

–Los turistas pasan por el pueblo cada dos por tres camino de las Smokies –dijo Mónica–, pero no hay restaurantes decentes, ni hoteles, ni sitios donde comprar, y nunca se detienen. Si Nita nos dejara llevar a cabo el proyecto Garrison Grow, podríamos cambiar eso.

Penny jugueteó con el botón negro de la pechera de su vestido.

–Incluso sin las franquicias nacionales, podríamos aprovechar el factor nostalgia y convertir a Garrison en el reflejo de los antiguos pueblos americanos antes de que fueran invadidos por las grandes cadenas multinacionales como KFC.

Mónica volvió a colocarse el bolso en el hombro.

–Naturalmente, Nita se niega a cooperar.

–Sería muy fácil captar a los turistas si ella nos dejara hacer algunas mejoras –dijo Mery–. Nita no tendría que poner ni un centavo.

–Mery lleva años intentando abrir una auténtica tienda de regalos en el local junto a la tienda de segunda mano –dijo Penny–, pero Nita odiaba a su madre y no quiere alquilársela.

Cuando las campanas de la iglesia comenzaron a doblar, las mujeres le explicaron a grandes rasgos otras partes del proyecto Garrison Grow, que incluía un Bed & Breadfast, transformar Josie's en un restaurante decente, y dejar que alguien que se llamaba Andy Berilio añadiera una cafetería a la panadería.

–Nita dice que las cafeterías son sólo para los comunistas –dijo Mery con indignación–. Pero, ¿qué iba a hacer un comunista en el este de Tennessee, por Dios Bendito?

Mónica se cruzó de brazos.

–Y de todas formas, ¿a quién le preocupan los comunistas en estos tiempos?

–Lo único que Nita quiere es asegurarse de que todos los habitantes del pueblo sepan lo que ella opina de nosotros –dijo Penny–. No me gusta hablar mal de nadie, pero está dejando morir el pueblo sólo por despecho.

Lali recordó la expresión ansiosa que Nita mostraba en las fotos de sus primeros días en Garrison y se preguntó cómo serían las cosas ahora si las mujeres del pueblo le hubieran dado la bienvenida con los brazos abiertos en vez de rechazarla. No importaba lo que Nita dijera, Lali no creía que tuviera intención de vender el pueblo. Puede que odiara Garrison, pero no tenía otro lugar a donde ir.

Syl apretó el brazo de Lali.

–Eres la única persona que tiene influencia en ella ahora mismo. Convéncela de que estas reformas le llenarán los bolsillos. A ella le gusta el dinero.

–Os ayudaría si pudiera–dijo Lali–, pero la única razón por la que sigo aquí es porque le gusta torturarme. No escucha nada de lo que le digo.

–Puedes intentarlo –dijo Penny–. Es todo lo que te pedimos.

–Inténtalo –repitió Mónica con firmeza.

Nita se puso en pie de guerra por la tarde cuando Lali le anunció que iba a salir, pero Lali no flaqueó y, sobre las cuatro, en medio de amenazas de que llamaría a la policía, se dirigió a la granja en el Corvette descapotable. Desde su última visita habían cortado la hierba y reparado la cerca. Aparcó en el granero, junto al SUV de Jack. El aire caliente le golpeó la cara cuando cruzó el patio.

Cande salió disparada de la casa. La enorme sonrisa que lucía en la cara la hacía parecer una niña distinta de la triste niñita que Lali había encontrado dormida en el porche hacía tan solo una semana.

–¿Sabes qué, Lali? –le gritó–. ¡No nos vamos a casa mañana! Papá ha dicho que nos quedaremos más días para poder terminar el porche cubierto.

–¡Oh, Cande! Es genial. No sabes cuánto me alegro.

Cande la empujó hacia la puerta principal.

–Gime quiere que entres para poder enseñártelo todo. ¿Y sabes qué más? Gime le dio queso a Puffy, y Puffy empezó a soltar pedos apestosos, pero Peter me echó la culpa a mí y yo no lo hice.

–Sí, claro –dijo Lali con una sonrisa–. Échale la culpa a la perra.

–No, de verdad. Ni siquiera me gusta el queso.

Lali se rió y la abrazó.

Gime y Puffy las recibieron en la puerta principal. Dentro, el vestíbulo resplandecía como un atardecer gracias a la reciente capa de pintura color cáscara de huevo. Una alfombra estampada con remolinos en tonos terrosos cubría el suelo del vestíbulo. Gime le señaló a Lali con un gesto de la mano la ostentosa pintura abstracta que habían adquirido en una galería de Knoxville.

–¿A que queda genial? Tenías razón sobre lo de mezclar arte contemporáneo con las antigüedades.

El sinfonier de debajo era de madera y tenía una bandeja metálica donde reposaba la cartera de Peter y un juego de llaves, junto con una foto de él de niño donde aparecía con pantalones cortos y un casco de fútbol americano tan grande que le rozaba los hombros. Al lado del sinfonier, una percha de hierro forjado esperaba las chaquetas, y una rústica cesta de paja albergaba un par de zapatillas de lona y un balón de fútbol. Había una robusta silla de caoba con el respaldo labrado que ofrecía un lugar acogedor para cambiarse los zapatos o revisar el correo.

–Lo has diseñado todo para él. ¿Se ha dado cuenta de cómo lo has personalizado todo?

–Lo dudo.

Lali miró el espejo oval de la pared con el marco de madera tallada.

–Lo único que falta es un estante para su crema hidratante y el rizador de pestañas.

–No seas mala. ¿No te has dado cuenta de que casi nunca se mira en el espejo?

–Me he fijado. Pero no seré yo quien se lo diga.

A Lali le encantó el resto de la casa, en especial la sala, que estaba totalmente transformada con un par de manos de pintura pálida en tonos crema y una alfombra oriental de gran tamaño. Los paisajes que Lali había descubierto en la trastienda de una tienda de antigüedades combinaban a la perfección con la pintura contemporánea que Gime había colgado sobre la chimenea. Las sillas de piel que Gime había comprado ocupaban su lugar, junto con un mueble de nogal para albergar el equipo de música, y una mesita de café muy grande con cajones para los mandos y juegos de mesa. Había más fotos encima, algunas de él con amigos de la infancia, otras de adolescente y universitario. Por alguna razón Lali no creía que las fotos fueran cosa de él.
Peter estaba martilleando sin darse cuenta al ritmo de la música de Teen Angels que salía de la cocina. Jack y él llevaban trabajando en el porche casi todo el día. Ya habían levantado las paredes, y comenzarían con el techo al día siguiente. Miró hacia la ventana de la cocina. Lali le había saludado con una inclinación de cabeza cuando llegó, pero no había salido a decirle hola y él tampoco había entrado. Estaba enfadado consigo mismo por haber perdido el control en las escaleras la noche anterior, pero al menos ahora la tenía en su terreno y no pensaba perder la ventaja. Lali amaba la granja, y si ella era demasiado terca para volver, él podía al menos recordarle lo que se estaba perdiendo. De una manera u otra, estaba determinado a obtener lo que quería... lo que ambos merecían.

Dentro, alguien subió el volumen de la música. Se suponía que Gime y Cande iban a ayudar con la cena, pero a Gime no le gustaba cocinar y vio cómo convencía a Cande de que dejara de pelar patatas para bailar con ella. Lali dejó la batidora a un lado y se unió a ellas. Se movía como un hada del bosque, agitando los brazos en el aire, mientras su coleta oscilaba de un lado a otro. Si hubiera estado sola, habría entrado a bailar con ella, pero no con Gime y Jack dando vueltas alrededor.

–Creía que Lali y tú lo habíais dejado. –La voz de Jack lo tomó por sorpresa. Aparte de pedirse alguna herramienta o sujetar algún tornillo, no se habían dirigido la palabra en toda la tarde.

–No exactamente. –Peter clavó un clavo a fondo. Había estado entrenando con el hombro malo y lo tenía resentido–. Estamos tomándonos un descanso, eso es todo.

–¿Un descanso de qué?

–Ya lo arreglaremos.

–Chorradas. –Jack se enjugó la cara con la manga–. No la tomas en serio. Para ti es sólo un rollo.

Lali le había estado diciendo eso mismo prácticamente desde el día que se conocieron, y Peter tenía que admitir que tenía parte de razón. Si la hubiera conocido en un bar o en la calle, no se habría fijado en ella, pero sólo porque ella jamás se le habría insinuado. Con tantas mujeres intentando llamar su atención, ¿cómo iba a fijarse en las que no lo hacían?
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Que pasara esta noche?
De tanto jugar con fuego se van a quemar!
Gracias!!

Voten en la Encuesta

11 comentarios:

  1. Xfaaa subi otro capi! Me encantooooo! Y lo de : ¿Y sabes qué más? Gime le dio queso a Puffy, y Puffy empezó a soltar pedos apestosos, pero Peter me echó la culpa a mí y yo no lo hice.

    –Sí, claro –dijo Lali con una sonrisa–. Échale la culpa a la perra.
    jajajajajaja no me pude reir mas xd! Ha estado increible el capi y xd k esta noche se kemen y ardan de pasion y desenfreno, xk lali tiene k volver a la granjaa! Y k no sean bobos y se den cuenta ya de ke stan perdidamente enamorados uno del otro! Felicitaciones x el capi! bsss @monibicolor

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  2. A ver quien da el brazo a torcer?

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  3. Más!!!! Quiero saber si se queman o no!!

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  4. uuuuuui yo quiero saber mas!!
    besitoos :)


    Arii
    @AriadaAyelen

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  5. Lo que pasa es que a Peter le están dando en su orgullo, cree que todas van a estar atrás de el siempre y le jode que con lali no se de el caso, bueno sabemos que si se babea con el pero ella se resiste un poco jaja:)
    Masi_ruth

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  6. Jajajaja que se quemen! jajaja
    Yo queria justo la historia con la que tuviste problemas =/
    Pero bue, igual ya voté!
    Espero el proximo
    beso

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  7. K se quemen ,me parece k todas estamos d acuerdo.Jack parece k aprendió d sus errores.

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