Nacida para Seducir
–Añade
más cenas como la de hoy, y cerramos el trato. –Metió un dedo bajo el borde de
las bragas–. En todos los sentidos.
Jack
se sentó en una silla de la cocina de la casita de invitados y comenzó a afinar
su vieja Martin. Había compuesto «Nacido en pecado» con ella, y en ese momento
deseaba no haber sido tan impulsivo como para regalarla. Esos sonidos y
rasgueos representaban los últimos veinticinco años de su vida. Pero saber que
Marli no había dejado que Cande se acercara a sus guitarras lo había sacado de
quicio. Debería haberse dado cuenta de cosas así, pero se había mantenido
deliberadamente al margen.
Cande cogió otra silla, sentándose tan cerca que sus rodillas casi se tocaban. Con
los ojos llenos de admiración miró el desafinado instrumento.
–¿Es
mía de verdad?
El
pesar se evaporó.
–Es
tuya.
–Es
el mejor regalo que me hayan hecho nunca.
La
expresión soñadora de la cara de Cande le puso un nudo en la garganta.
–Deberías
haberme dicho que querías una guitarra. Te habría enviado una.
Ella
masculló algo que él no pudo entender.
–¿Qué?
–Te
lo dije –dijo ella–. Pero estabas de gira y no me hiciste ni caso.
Él
no recordaba que hubiera mencionado nunca una guitarra, pero rara vez prestaba
atención a esas tensas conversaciones telefónicas. Aunque enviaba a Cande
regalos con frecuencia –ordenadores, juegos, libros, CD's–, jamás había
escogido personalmente ninguno de ellos.
–Lo
siento, Cande. Supongo que se me pasó.
–No
importa.
Cande tenía la costumbre de decir que no importaba cuando en realidad sí lo hacía,
algo en lo que no se había fijado hasta ahora. Ésa era una de las muchas cosas
que había pasado por alto. Con pagar las facturas y asegurarse de que asistía a
una buena escuela, había creído que cumplía con su parte. No había querido ver
más allá porque involucrarse más a fondo habría interferido en su vida.
–Sé
algo más que los acordes básicos –dijo ella–. Pero el acorde de Fa es muy
difícil de tocar. –Observó con fijeza cómo Jack afinaba la guitarra,
memorizando todo lo que él hacía–. Busqué en Internet, y, durante un tiempo, Paulina me dejó practicar con su guitarra. Pero luego me hizo devolvérsela.
–¿Paulina
tiene guitarra?
–Una
Larrivee. Sólo fue a cinco clases antes de dejarlo. Piensa que tocar la
guitarra es aburrido. Pero te apuesto lo que quieras a que la tía Gayle la
obliga a ir de nuevo. Ahora que mamá ha muerto, tía Gayle necesitará una nueva
pareja, y le dijo a Paulina que podían ser algún día como las Judd, sólo que
más guapas.
Jack
había visto a paulina en el entierro de Marli. Incluso cuando era bebé, había
sido irresistible, un querubín de mejillas sonrosadas con tirabuzones rubios y
grandes ojos azules. Por lo que él recordaba, rara vez lloraba, dormía cuando
debía y mantenía la leche en el estómago en lugar de expulsarla como un
proyectil como hacía Cande. Cuando Cande tenía un mes, Jack había salido de
gira, feliz de tener una excusa para alejarse de un bebé con cara de luna que
no paraba de llorar y un matrimonio que era un craso error. Durante años llegó
a pensar que él habría sido mejor padre si hubiera tenido una niña tan
encantadora como Paulina, pero los últimos diez días le habían abierto los
ojos.
–Un
detalle por su parte dejarte su guitarra –dijo él–, pero apuesto cualquier cosa
que fue a cambio de algo.
–Hicimos
un trato.
–Me
gustaría oírlo.
–Mejor
no.
–Cuéntamelo, Cande.
–¿Tengo
que hacerlo?
–Depende
de si quieres que te enseñe una manera más fácil de tocar el acorde de Fa.
Ella
clavó los ojos en el traste de la guitarra donde Jack tenía los dedos.
–Le
dije a tía Gayle que Paulina estaba conmigo cuando estaba con su novio. Y tuve
que comprarles tabaco.
–¡Si
tiene once años!
–Pero
su novio tiene catorce y Paulina es muy adulta para su edad.
–Ah,
ya veo, muy adulta. Gayle debería vigilar a esa niña, se lo diré en cuanto
tenga ocasión.
–No
puedes hacer eso. Si lo haces, Paulina me odiará todavía más.
–Genial.
Así se mantendrá apartada de ti. –Como aún no había resuelto los detalles, se
contuvo de decirle a Gayle que no vería demasiado a la princesita Paulina.
Había decidido que no iba a dejar a Cande bajo el dudoso cuidado de Gayle. A Cande no le gustaría ir a un internado, pero planificaría las fechas de sus
conciertos para pasar las vacaciones con ella, así no se sentiría abandonada.
–¿Cómo
conseguiste los cigarrillos? –le preguntó.
–Por
un tío que trabajaba en casa. El me los compró.
Cande,
por lo que él había observado, había convertido el soborno en una técnica de
supervivencia. Se sentía avergonzado.
–¿Alguien
ha estado pendiente de ti en algún momento?
–Sé
cuidarme sola.
–No
deberías tener que hacerlo. –Él no podía creer que Marli y él le hubieran
negado algo tan básico como una guitarra–. ¿Le dijiste a tu madre que querías
aprender a tocar la guitarra?
–Lo
intenté.
De
la misma manera que había intentado decírselo a él. Pero, ¿cómo podía culpar a
Marli de que no prestara atención a su hija cuando él se había comportado mucho
peor con ella?
–¿Me
enseñas ahora el acorde de Fa? –dijo ella.
Y
él le enseñó cómo tocar el acorde con las dos cuerdas superiores, algo que era
más fácil para unas manos pequeñas. Al final, le ofreció la guitarra. Ella se
secó las manos en los pantalones cortos.
–¿Es
mía de verdad?
–Claro
que sí, y no conozco a nadie mejor para dársela. –Y era cierto.
Ella
colocó la guitarra contra su cuerpo. Él la animó.
–Venga.
Prueba.
Jack
sonrió cuando ella se colocó la púa entre los labios, del mismo modo que él
hacía, mientras recolocaba el instrumento. Cuando se sintió satisfecha, cogió
la púa de la boca y, mirando hacia la izquierda, colocó los dedos para tocar el
acorde de Fa como él le había enseñado. Lo aprendió de inmediato, luego tocó
otros acordes básicos.
–Lo
haces bastante bien –dijo Jack.
Ella
sonrió radiante.
–He
estado practicando.
–¿Con
qué? Creía que le habías tenido que devolver a Paulina la guitarra.
–Sí.
Pero me hice una de cartón para poder practicar las posiciones de los dedos.
Jack
se quedó helado. Se levantó de la silla.
–Ahora
vuelvo.
Cuando
cerró la puerta del baño, se sentó en el borde de la bañera y se cogió la
cabeza entre las manos. Tenía dinero, coches, casas, habitaciones repletas de
discos de platino. Tenía de todo y su hija había tenido que practicar con una
guitarra de cartón.
Tenía
que hablar con Gime. La mujer que antaño lo había vuelto loco parecía ser
ahora la única persona a la que podía pedir consejo.
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Mas mas mas mas quiero laliter
ResponderEliminarCande cuantas cosas le toco pasar!! más!
ResponderEliminarCande es una superviviente nata,les está enseñando a todos ellos d a poquito ,sobre todo a su padre.
ResponderEliminarGracias por los 2 capis, el anterior muy bueno no quieren aceptar que se aman.
ResponderEliminarMasi_ruth
Aaai pobre Cande,
ResponderEliminarEspero mas :)
Besitoo
Arii
@AriadnaAyelen
me encantaron los caps
ResponderEliminarmas noveeeeeeeeee
@porLali_ITALIA
Mas mas mas mas mas mas mas!!!!!
ResponderEliminarhayy al fin!!
ResponderEliminarme mato todo lo q vivio candeee!! :O
masssssssss
ay xfaaaa k cande se large a tocar una linda cancion y ke vayan tods a verlaaa! y xfaaa keremos mas laliterrr! se les extraño en este cap! xfaa siguelaaa @monibicolor
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