CAP 1
Nacida para seducir
No
todos los días se encontraba uno con un castor sin cabeza, caminando por el
arcén de la carretera, ni siquiera Peter Lanzani.
–Hijo
de... –Pisó de golpe el freno de su Aston Martin Vanquish recién estrenado y
detuvo el coche justo al lado.
La
castora caminaba en línea recta, con la gran cola plana rebotando en la
carretera y la respingona naricita apuntando bien alto. Parecía bastante
enfadada.
Y,
definitivamente era una castora, porque al tener la cabeza descubierta, podía
ver que llevaba el sudoroso pelo oscuro recogido en una descuidada coleta
corta. Como Peter llevaba rato rezando para que apareciera alguna pequeña
distracción, abrió la puerta y bajó con rapidez a la carretera de Colorado. Su
último par de botas de Dolce & Gabbana fue lo primero que salió, luego
siguió el resto, todo un metro noventa de duro músculo, reflejos muy afilados y
esplendorosa belleza... o, al menos, eso le gustaba decir a su agente
publicitario. Y si bien era cierto que Peter no era tan vanidoso como la gente
se pensaba, dejaba que lo creyeran para evitar así que se le acercaran
demasiado.
–Señora,
eh... ¿necesita que le eche una mano?
Las
patas no bajaron el ritmo.
–¿Tiene
un arma?
–Aquí
no.
–Entonces
usted no me sirve de nada.
Y
siguió caminando.
Peter
sonrió ampliamente y echó a andar tras ella. Con sus larguísimas piernas sólo
necesitó un par de zancadas para ponerse a la altura de las cortas patas
peludas.
–Bonito
día –dijo él–. Demasiado calor para estas alturas de mayo, pero no me puedo
quejar.
Ella
le fulminó con unos grandes ojos de pirulí violeta, por lo visto una de las
pocas cosas redondas que observaba en esa cara. El resto, según pudo apreciar,
era todo planos y delicados contrapuntos: unos pómulos marcados en
contraposición a una pequeña nariz respingona y una barbilla tan afilada que
bien podría cortar el cristal. Pero después de todo, tampoco parecía tan
peligrosa. Un voluptuoso arco llamaba la atención sobre un labio carnoso. El
labio inferior era incluso más exuberante y daba la impresión que de alguna
manera ella se había escapado de un libro de rimas infantiles de Mamá Ganso, no
apto para menores.
–Una
estrella de cine –dijo ella con un deje de burla–. Vaya suerte la mía.
–¿Por
qué piensa que soy una estrella de cine?
–Usted
es todavía más guapo que mis amigas.
–Es
una maldición.
–¿No
le da vergüenza?
–Son
cosas que uno termina por aceptar.
–Tío...
–gruñó contrariada.
–Me
llamo Thiago–dijo él, mientras ella seguía andando–. Thiago Bedoya.
–Parece
un nombre falso.
Lo
era, pero no de la forma que ella pensaba.
–¿Para
qué necesita un arma? –preguntó Peter.
–Para
cargarme a mi ex novio.
–¿Fue
él quien le escogió el vestuario ?
Su
gran cola golpeó la pierna de Peter cuando se giró hacia él.
–Piérdase,
¿vale?
–¿Y
perderme la diversión?
Ella
dirigió la vista al coche deportivo; el sinuoso y letal Aston Martin Vanquish
negro con un motor de doce válvulas. Esa preciosidad le había costado
doscientos mil dólares, una fruslería para sus bolsillos. Ser el quarterback de
los Chicago Stars era muy parecido a ser dueño de un banco.
Ella
casi se sacó un ojo al apartarse un mechón de pelo de la mejilla con un gesto
brusco de la pata, que no parecía ser desmontable.
–Podría
llevarme en el coche.
–¿Me
roería la tapicería?
–Deje
de meterse conmigo.
–Usted
perdone. –Por primera vez en el día, se alegró de haber decidido salir de la
interestatal. Señaló el coche con la cabeza–. Venga, suba.
Aunque
había sido idea suya, ella vaciló. Finalmente, lo siguió arrastrando los pies.
Debería haberla ayudado a entrar –incluso le abrió la puerta–, pero se limitó a
observarla divertido.
Lo
más difícil era meter la cola. Esa cosa estaba llena de muelles y al intentar
sentarse en el asiento de cuero del copiloto, le rebotó en la cabeza. Se sintió
tan frustrada que intentó arrancársela de un tirón y, al no conseguirlo, empezó
a patalear.
Él
se rascó la barbilla.
–¿No
está siendo un poco ruda con el viejo castor?
–¡Ya
está bien! –Y comenzó a alejarse por la carretera.
Peter
sonrió ampliamente y le gritó:
–¡Lo
siento! No me extraña que las mujeres no respeten a los hombres. Me avergüenzo
de mi comportamiento. Vamos, deje que la ayude.
La
observó debatirse entre el orgullo y la necesidad, y no se sorprendió al darse
cuenta de cuál de las dos emociones había ganado. Al regresar a su lado,
permitió que la ayudara a doblar la cola. Mientras ella se la apretaba
firmemente contra el pecho, él la ayudó a sentarse. Tuvo que hacerlo sobre una
nalga y mirar por un lado de la cola para poder ver por el parabrisas. Él se
puso detrás del volante. El disfraz de castor desprendía un olor almizcleño que
le recordaba al olor del vestuario del instituto. Abrió un par de centímetros
la ventanilla antes de dar marcha atrás e incorporarse de nuevo en la
carretera.
–¿Adónde
nos dirigimos?
–Siga
hacia delante unos dos kilómetros. Luego gire a la derecha hacia la Iglesia Bíblica
del Espíritu y la Vida.
Ella
sudaba como un linebacker bajo todo ese pelaje maloliente y él puso el aire
acondicionado a tope.
–¿Es
fácil encontrar trabajo como castor?
La
mirada burlona que ella le dirigió le indicó claramente que sabía que se estaba
divirtiendo a su costa.
10 comentarios y subo mas.
10 comentarios y subo mas.

Parece interesante y divertida!Ella evidentemente no está de humor(lógico)y él no hace + q hacer chistes!#BUEN COMIENZO!
ResponderEliminarMuy bueno me gusta me gusta bien :D
ResponderEliminarMAS MAS MAS QUIERO MAS MAS
ResponderEliminar@DaniiVasqueez
al principio no entendi mucho, pero segui subiendo, tiene pinta de estar bien :)
ResponderEliminar@Puchii_P
Massss esta interesante :)
ResponderEliminarDivertida .Una lectora más.El se presentA COMO THIAGO ,PERO ELLA NO DICE SU NOMBRE.
ResponderEliminar¿Podrías quitar la verificación d palabras?,es molesto ,y más si lees d madrugada ,en España ya son las 3:36.Y muchas chicas no comentan x no . hacerla
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarEsta buena lanove
ResponderEliminar