La última amenaza contra su padre había afectado a Lali, quisiera
admitirlo o no. Estaba ojerosa por no dormir bien, los más mínimos ruidos la
sobresaltaban y cuando iban a pasear de noche no hacía más que lanzar miradas
nerviosas detrás de ellos todo el tiempo.
Peter, por su parte, tampoco estaba muy tranquilo. Por primera vez en muchos años no es taba seguro de qué era lo que debía hacer. Normalmente no dudaba. Le marcaban un objetivo, y hacía lo que tuviera que hacer para cumplirlo, pero en esa ocasión su enemigo era nebuloso, se escondía en las sombras, empleando el miedo como arma. Se sentía impotente, y no le gustaba nada esa sensación.
Sin embargo, no podía menos de admirar la manera en que Lali estaba llevando la situación. No se había rendido al temor, sino que lo había superado continuando con su vida como si nada pasara. Insistía en seguir saliendo a la compra, a comprar el periódico, a sus paseos nocturnos..., negándose a sus sugerencias de que se quedase en casa.
También le había sugerido llevarla a otro lugar, a un lugar seguro donde quien estaba amenazando a su padre no pudiera encontrarla, pero ella también se había negado a eso. Le había dejado muy claro que no iba a dejar su casa por causa de un perturbado, y no tenía ganas de empezar a discutir otra vez con ella.
«Cómo se supone que puedo protegerla de algo que no puedo ver, que no puedo golpear, que no puedo detener?», se preguntó, sacando una taza del aparador.
Para un hombre acostumbrado a la acción no había nada más frustrante que aquella situación de continua alerta sin saber cuándo o por dónde podía aparecer el enemigo. Además, cuanto más tiempo pasaban atrapados en la pequeña casa, más loco lo volvía Lali. No era sólo la preocupación por su seguridad lo que lo tenía en un frágil equilibrio entre la cordura y la locura, era ella misma.
Peter gruñó irritado, se sirvió una taza de café recién hecho de la cafetera que había comprado, y miró fuera por la ventana de la cocina. El viento había arrastrado una masa de nubes grises desde el océano, que se cernían sobre la pequeña ciudad de Savannah como una fría manta de acero, y sacudía de cuando en cuando las copas de los árboles en medio del retumbar de truenos en la lejanía.
Peter tomó un sorbo del humeante y negro café mientras se decía que el tiempo no podía ir más acorde con su estado de ánimo. Diablos, Lali lo estaba empujando a un punto sin re torno, y lo peor era que lo estaba haciendo sin siquiera darse cuenta.
Cada noche, cuando se tumbaba en la incómoda cama plegable que Lali le había puesto en la habitación que antes había sido su despacho, y yacía en ella despierto, escuchando los ruidos que hacía la joven hasta que se quedaba por fin dormida. Los muelles de su maldito colchón chirriaban cada que se daba la vuelta, y Peter no podía evitar empezar a imaginarla allí echada, preguntándose si tendría puesto un pijama de algodón, o quizá un camisón de seda, o quizá... quizá no tuviera puesto nada de nada.
La pared que dividía las dos habitaciones era tan fina que podía oír incluso su respiración y el frufrú de sus sábanas. Dios, todo aquello lo hacía desear levantarse, entrar sin previo aviso en su dormitorio, y hacer que los muelles de su cama chirriaran aún más.
Apenas había dormido cuatro o cinco horas en las dos últimas noches, pero no era tanto eso lo que lo tenía de un humor de perros, sino más bien el que a ella no pareciese afectarle en nada su presencia.
Era mala suerte desde luego que de todas las mujeres que había en el mundo, tuviese que sentir una atracción como aquella precisamente por una a la que había sido asignado como guardaespaldas, y que, era la primera vez que le pasaba, no quería nada con él.
Y quizá fuera lo mejor, añadió para sus adentros, tomando otro sorbo de café, y contrayendo el rostro al quemarse la lengua. Mariana Esposito no se parecía en nada a la clase de mujeres con las que solía salir. No, era de esas mujeres que parecían tener escrita en la frente la palabra «compromiso», y él prefería las relaciones sin ataduras, sin planes de futuro.
Tres años atrás había caído en las redes del amor, y le había propuesto matrimonio a la chica en cuestión... sólo para ver su corazón hecho añicos cuando ella le dijo que no. Le había contestado que le había resultado excitante tener un romance con un SEAL de la Armada, pero que si quería formar una familia no podía conformarse con la paga tan escasa que él tenía, y que no quería un marido que no estuviera apenas en casa.
Y, lo peor de todo, era que una vez se hubo disipado el dolor que le había producido aquel rechazo, Peter se dio cuenta de que no podía culparla por su negativa. Por eso, después de aquello había decidido que lo mejor sería evitar a las mujeres que buscasen algo estable. Las relaciones de una noche o un par de semanas eran menos dañinas para el corazón. No tenía intención de renunciar a su profesión, y además, sabía por compañeros lo difícil que era hacer que durara un matrimonio en esas condiciones. Las esposas de los SEAL tenían que aprender a vivir con la constante preocupación por las vidas de sus maridos mientras aguardaban su regreso cada vez que los enviaban a una misión, y obligarle a una mujer a pasar por aquello le parecía injusto.
«No hay nada para ti aquí, amigo», se dijo enfocando la vista en su reflejo en el cristal de la ventana, «de modo que céntrate en el trabajo.
Sólo te quedan tres semanas de esta misión. Diablos, puedes aguantar tres semanas».
¿Qué eran tres -semanas haciendo de guarda espaldas de Mariana Esposito comparadas con el duro entrenamiento que había tenido que pasar para convertirse en un SEAL Incluso se había graduado con las mejores calificaciones de su promoción. Y luego, en las misiones que había tenido que cumplir, también había hecho cosas muchísimo más difíciles que aquello, como bucear en aguas infestadas de tiburones, atravesar campos de minas.., demonios, incluso había sobrevivido cuatro días en el desierto con poco más de un litro de agua y un GPS. Si había hecho esas casas, bien podía sobrevivir tres se manas bajo el mismo techo que Mariana Esposito.
Se giró, dándole la espalda a la ventana, y su vista se posó en la cafetera que había comprado dos días atrás, sobre la reluciente encimera, al lado de la batidora. Mientras Lali se preparaba batidos repugnantes, con zanahorias, apio, y cualquier otra cosa que tuviese a mano, él disfrutaba del intenso aroma del café inundando la pequeña cocina. Y cuando se sentaban a la mesa, ella tomaba yogur natural y tostadas de pan integral con queso bajo en calorías, y él huevos revueltos con beicon y tortitas con sirope.
—Completamente opuestos —murmuró moviendo la cabeza. ¿Cómo podía sentirse tan atraído por ella cuando eran completamente opuestos?
—Dicen que hablar sólo es el primer signo de demencia.
La voz de Lali lo devolvió a la realidad.
—¿Ya estás otra vez con tus palabras rebuscadas? —la picó, apartándose de la ventana. Menos mal que no podía leerle mente.
Lali esbozó una sonrisa, y Peter tardó un instante en recobrar el habla.
—Bueno, ¿y qué vamos a hacer hoy? —inquirió.
—Quiero ir en coche a Tybee Island para tomar unas fotos.
—¿De qué?
—Del océano, de los macizos de quelpo..., de lo que sea.
—¿Es para ese proyecto de investigación que estás haciendo?
—No —respondió ella, recogiéndose el largo cabello negro en una coleta y sujetándolo con una goma—, quiero ir allí porque me apetece.
—No creo que sea una buena idea —dijo Peter.
Lali dejó caer las manos a los lados y las apretó al tiempo que ponía los ojos en blanco y resoplaba irritada.
—Necesito salir y que me dé el aire, Peter.
—No hemos dejado los paseos nocturnos —apuntó él.
En realidad también se había planteado decirle que deberían reducirlos a un par de veces por semana, pero estaba seguro de que si se lo decía en ese momento pondría el grito en el cielo.
—Sí, y si por ti fuera, no saldría más que de noche, como si fuera un vampiro —le recordó ella—. Y me parece que tú también deberías admitir que este encierro obligado te está poniendo de los nervios.
—Bueno, desde luego hay momentos en que estas paredes resultan un poco asfixiantes —confesó él.
Sin embargo, por nada del mundo le diría que ella era el auténtico motivo por el que es taba como estaba. Diablos, en el fondo no tenía nada que ver con la casa: si en ese momento es tuviesen a bordo de un porta aviones, igual mente le parecería que faltaba espacio.
—Pues vamos -dijo Lali.
—Va a llover.
—¿Y qué? Sólo es un poco de agua.
Peter la miró largamente. Mientras que la mayoría de las mujeres a las que conocía eran inca paces de salir a la calle sin una gruesa capa de maquillaje, Lali ni se había mirado en el espejo para ver si tenía bien el pelo. No llevaba siquiera colorete, pero tampoco le hacía falta, porque su piel tenía un tono cremoso, como la de un melocotón.
—Está bien, vamos entonces.
—Estupendo —dijo ella con una Sonrisa de triunfo—. Espera un momento, vuelvo enseguida.
Salió de la cocina y volvió al cabo de un rato con una mochila que le arrojó. El la agarró al vuelo, pero se tambaleó un poco porque no había esperado que pesase tanto.
—¿Qué demonios llevas aquí?
Lali esbozó una sonrisa maliciosa.
—¿Necesitas ayuda?
—No digas bobadas —replicó él, echándose la mochila al hombro y saliendo de la cocina en dirección al vestíbulo—. He llevado mochilas con el doble de peso a través de junglas tan densas que no ves más allá de tus narices, y no puedes dar un paso sin que se te enrede el pie en alguna raíz.
—Junglas, ¿eh? —repitió Lali siguiéndolo—. ¿Fue en una jungla donde cumpliste tu última misión? Antes de venir aquí, quiero decir.
—No —respondió Peter. Saco del armario del vestíbulo su cazadora y le tendió a ella su chubasquero. Sólo había habido colinas, bosques, ríos, y fuego de ametralladora.
—¿No puedes decirme dónde estuviste? —insistió ella, poniéndose el chubasquero al tiempo que él se metía también la cazadora.
—Podría —respondió él. Abrió la puerta principal y salieron los dos—. Pero, silo hiciera, después tendría que pegarte un tiro, y eres demasiado bonita para morir sólo por ser curiosa.
Lali se tensó visiblemente y le dio la espalda.
—¿Qué… qué ocurre? —inquirió Peter contrariado.
—No vuelvas a hacer eso, por favor.
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Que Peter no vuelva a hacer qué ? :O
Gracias!

Ya estoy intrigada!Q esconde Peter?y q es lo q hizo q puso así a Lali!
ResponderEliminarQuien es el que le causa tanto miedo a la familia de lali?? Pq le molesto lo que hizo peter??? Me encanta más!
ResponderEliminarholaa! hoy empece a leer tu nove y te cuento q me encanta esta genial!! te dejo mi twitter por las dudas https://twitter.com/AmorEternoLalit y maaas nove!! jaja
ResponderEliminarPeter empieza a sentir algo por ella! pero me pregunto que paso? espero mas beso!
ResponderEliminary a esta que bicho le pico? jaja me encanta maaaaaaas. @foreverlaliterr Mer Pilling
ResponderEliminarYo creo que es por lo que Peter dijo de morir porque ella esta muy asustada!!
ResponderEliminarEspero maas :)
besitoo
Arii
@AriadnaAyelen
HAHAHAHA quiero mas ;) esta buenísima
ResponderEliminarNoo, nos dejas en un momento bien interesante Jaja espero el próximo v
ResponderEliminarCAP con ansias!!
Gracia por subir me gusta la nove
@Titel842
que paso? D: no entendi que no vulva a hacer quee? lo de bonita o lo del tiro?
ResponderEliminar@maaff_lazaro
MASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS
ResponderEliminaraun mas misterio!!!! que lindo eh...sube mas por favor!!
ResponderEliminarMAS MAS MAS MAS MAS!!
ResponderEliminarX un piropo se pone así,jajaja,debe ser k no está acostumbrada.
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