Tras hacer el pedido Teñido volvió a sentarse, y Tres Cartas comenzó a
relatar lo ocurrido a Cazador. Lali se había girado hacia él en el sofá para
poder mirarlo de frente, y cuando Peter se sentó en el brazo, detrás de ella,
sintió su muslo, duro y cálido, contra su espalda. Se recostó, apoyándose en
él, y pudo notar cómo Peter se removía incómodo mientras su amigo le hablaba de
su última misión.
Las palabras de Tres Cartas pintaron un vívido cuadro: la oscuridad, el peligro... Lali se emocionó como si hubiera estado allí cuando llegó a la parte en la que lograron rescatar al rehén, y compartió la furia que debieron sentir cuando sus superiores les ordenaron que se marcharan dejando atrás a uno de los suyos.
—Qué horrible —balbució.
—Eso mismo nos pareció a nosotros —asintió Tres Cartas, apretando los labios.
—Pero ésas fueron las órdenes —intervino Perro Loco—. Los altos mandos por lo general no son más que un puñado de militares politizados que se han olvidado de lo que es estar ahí, arriesgando tu vida.
En ese momento llamaron a la puerta, y Teñido fue a abrir. Era el repartidor de pizzas, cargado con las cuatro pizzas tamaño familiar y las latas de cerveza que habían pedido. Cuando le hubo pagado y el chico se hubo ido, Teñido puso las cajas sobre la mesita del salón y le tendió una cerveza a Lali.
—No, Teñido, ella no toma... —comenzó Peter.
Pero antes de que pudiera acabar la frase Lali había agarrado la lata, tirado de la anilla, y dado un sorbo. Peter sonrió para sí. ¿Dejaría de sorprenderlo alguna vez?
—Y qué pasó entonces? —instó Lali a Tres Cartas a continuar.
—Pues que finalmente conseguimos sacar a Cazador de allí, y ahora está en el hospital —concluyó Peter, como deseoso de llegar al final de la historia.
—Gracias a Dios —dijo Lali.
—No, señorita —apuntó Teñido, mirando a Peter—, gracias al jefe. «Revólver» le dijo a esos mandamases que se fueran al infierno y entró otra vez allí, y volvió con Cazador a cuestas.
—¿«Revólver»? —repitió Lali confusa.
—Es el nombre en clave del jefe —explicó Teñido.
—Cállate, Teñido —farfulló Peter.
—No le hagas caso, Teñido. Continúa, por favor -le pidió Lali.
—A sus órdenes, señorita —respondió el hawaiano, sonriendo e ignorando a Peter— Revólver llevó a Cazador a cuestas atravesando el fuego enemigo, y consiguió llegar con él hasta la Zodiac a tiempo para que fuéramos evacua dos de allí.
—¿Y lo hiciste tú solo? —inquirió Lali sorprendida, girándose hacia él.
No podía imaginarse enfrentándose al peligro ella sola. Peter se frotó la nuca azorado y farfulló algo incomprensible, como quitándole importancia.
—El jefe siempre se las apaña bien solo, señorita —intervino Perro Loco—. De hecho, aunque somos un equipo, solo es como le gusta trabajar.
Peter le lanzó una mirada irritada, pero Lali lo miró llena de orgullo. Nunca había conocido a nadie como Peter. Los hombres de su círculo social se jactaban de cosas como engañar a Hacienda o de la exitosa fusión que habían conseguido absorbiendo pequeñas empresas, y en cambio Peter, que había cruzado en medio de una lluvia de disparos para salvar la vida de un compañero, y no quería ni que lo mencionasen.
Y no sólo admiraba su modestia y su coraje, sino que también envidiaba la confianza que mostraba en sí mismo. Ella nunca había tenido demasiada. Bueno, en lo que se refería a su trabajo no le faltaba, porque conocía muy bien los océanos y la vida marina, pero en ciertas situaciones, como las reuniones de sociedad en las que se veía obligada a hablar con gente, se sen tía perdida. En las fiestas solía quedarse en un rincón, y cuando hallaba la ocasión se escabullía y se marchaba a casa, a su santuario.
O al menos lo había sido hasta que Peter lo invadiera. Y ahora dudaba que volviera a ser lo mismo jamás, cuando él se marchara, porque aunque sólo llevaba allí unos días, era como si ya hubiese dejado su impronta en cada habitación, en cada rincón de la casa. Se había convertido en parte de su vida diaria, y no estaba segura de cómo podría acostumbrarse a vivir de nuevo sin él. Ni siquiera estaba segura de querer tener que separarse de él.
—Le salvaste la vida —murmuró, mirándolo a los ojos.
Peter se sonrojó, y quizá porque nunca lo hubiera esperado, aquello hizo que Lali sintiera aún más afecto por él.
—No se deja atrás a un compañero —dijo Peter, encogiéndose de hombros.
—Hoo-yah —contestaron los otros tres al unísono, empleando el grito de guerra de los SEAL y levantando sus latas de cerveza.
El resto de la tarde transcurrió apacible mente entre más charla y risas, y la televisión, que Peter no había apagado, se quedó como ruido de fondo. Lali se rió y habló más de lo que recordaba haberlo hecho en años. Aquellos hombres, que eran como hermanos los unos para los otros, la hicieron partícipe de su complicidad su camaradería, y sus bromas, permitiendo que durante unas horas se convirtiera en uno más del grupo, y le encantó. Era una sensación agradable, se dijo, la de sentirse aceptada. Bebió cerveza, y tomó pizza, cosa que no había hecho desde su época universitaria.
Además, Peter la miraba de un modo distinto aquella noche, como con cierta admiración, como si se sintiese feliz de que se llevase tan bien con sus compañeros.
Cuando iba ya por su cuarta cerveza, habían empezado a hablar de submarinismo, y ellos no eran los únicos que tenían batallitas que contar. Aquellos hombres comprendían y compartían su amor por el mar, los peligros y los atractivos de visitar ese mundo mágico bajo las aguas.
—¡Eh, mirad, ésta es la mejor parte! —exclamó Teñido de pronto, interrumpiendo la conversación.
—¿El qué? —preguntó Lali, volviendo la cabeza tan bruscamente que de repente toda la habitación parecía dar vueltas. No debería haber tomado esa tercera cerveza... Oh, qué demonios.
—Esta escena —aclaró Teñido, señalando el televisor.
Perro Loco gimió con disgusto.
—Por Dios, tío, ¿nunca te cansas de eso?
—¿De qué? —inquirió Lali confundida, enfocando la vista en la pantalla.
Estaban poniendo la primera película de la saga Tiburón, y en ese momento los tres personajes protagonistas estaban emborrachándose en torno a una mesa en el camarote de una cochambrosa embarcación, comparando sus cicatrices.
—Yo les gano —dijo Teñido.
Plantó el pie izquierdo sobre la mesita de la sala de estar, se levantó una de las perneras del pantalón, y les enseñó una cicatriz horrible cerca del tobillo.
—Esto me lo hizo una barracuda en Florida Keys.
—Diablos, eso no es nada —farfulló Perro Loco, levantándose la camiseta para enseñarles una cicatriz circular en su abdomen—: tiburón tigre, Golfo de México.
Lali sonrió cuando Tres Cartas enrolló hacia arriba la manga derecha de su camiseta y señaló una cicatriz blanquecina cerca del hombro, al tiempo que proclamaba:
—Raya venenosa, Malibú.
Peter, que no iba a ser menos, se levantó la camisa, se dio la vuelta, y les enseñó una cicatriz ondulante en la parte baja de su espalda. Y, Dios, qué espalda, pensó Lali tragando saliva.
—Morena, Tailandia.
Cuatro pares de ojos se posaron sobre Lali en un desafió no verbal. Ella lo consideró un instante, y finalmente decidió «¿Por qué no?» Ahora era parte del grupo. La habían acogido sin reservas, y tenía que corresponderles.
Plantó el pie izquierdo en la mesita, como había hecho Perro Loco, y se subió la pernera del pantalón dejando al descubierto una serie de pequeñas marcas circulares en la parte interna de su pantorrilla:
—Pulpo, Mar del Japón.
—¡Hoo-yah! —exclamaron los cuatro hombres, levantando sus latas de cerveza en su honor.
Lali sonrió y, por primera vez en su vida, se sintió parte de algo.
Horas después Peter estaba tendido en su cama, con la vista fija en el
techo Hacia rato que se habían ido los chicos en el taxi que les había pedido,
y Lali estaba acostada también, pero no dormida, y cada vez que se movía
chirriaban los muelles de su colchón.
Observándola durante toda la noche, le había costado horrores no agarrarla por la cintura y besarla hasta dejarla sin sentido. Nunca hubiera pensado que una científica pudiera re mangarse el pantalón y presumir de cicatrices con un puñado de militares. Diablos, ¡si hasta había bebido cerveza y tomado pizza! Y se había reído, y bromeado, y contado historias, y su sonrisa había hecho que se derritiese por dentro. Diablos.
Los muelles del colchón de Lali volvieron a chirriar, y Peter intentó nuevamente pensar en otra cosa. Incluso cerró los ojos, pero aquello tampoco le sirvió de nada, porque en su menteseguía viéndola, alegre y sonriente como horas atrás.
—¿Peter?
La voz de la joven lo sobresaltó. Abrió los ojos y giró la cabeza hacia la pared, mirándola fija mente, como si tuviera rayos X en los ojos y esperara poder ver a través de ella.
—¿Si?
—Me han caído bien tus amigos —le dijo Lali con su voz suave y clara.
Peter se repasó una mano por el rostro.
—Tú también les has caído bien a ellos —respondió.
—¿De verdad?
Peter frunció el entrecejo.
—Claro que es verdad. ¿Te sorprende? -Hubo una larga pausa.
—La verdad es que sí.
—¿Por qué?
—Bueno, como a ti no te caigo muy bien, pensé que a ellos tampoco les caería bien.
—Yo nunca he dicho que me cayeras mal.
—Entonces... ¿te caigo bien?
Peter se incorporó, apoyándose en el codo.
—¿Por qué iba a estar hablando con una pared si no?
Lali se rió, y le dijo al cabo de otra larga pausa:
—Tú a mí también me caes bien. Al principio no creí que pudieras llegar a caerme bien, pero ahora veo que no eres un mal tipo.
—Vaya, gracias —farfulló Peter.
Genial, él muriéndose por ella, y ella acababa de descubrir que no era un mal tipo. Sencilla mente genial.
—Si te digo algo... ¿prometes quedarte donde estás? —le preguntó Lali de improviso.
—No tengo por costumbre hacer promesas sin saber a qué se refieren —contestó él, dejándose caer de nuevo sobre la almohada.
Por amor de Dios... no podía sacársela de la cabeza, ¿y a esas horas de la noche quería ponerse a hacerle confesiones a través de la pared?
—¿Tanto te cuesta darme tu palabra? —le espetó Lali irritada.
—Está bien, si con eso consigo que te calles y te duermas, te lo prometo.
Pasaron unos segundos antes de que ella volviera a hablar. El viento soplaba fuera, agitando las ramas de los árboles.
—Tenías razón.., en lo que me dijiste antes —comenzó Lali en un tono quedo, vacilante.
—Nunca me cansaré de oír esas palabras de labios de una mujer —contestó Zack con soma, esbozando una media sonrisa—, pero, ¿podrías ser más específica?
—Me refiero a antes de que llegaran los chicos —respondió ella—cuando estábamos fuera, discutiendo.
Peter notó cómo se tensaban sus músculos.
-Mmm...
—En fin..., me refiero a cuando dijiste que... bueno, que te deseaba.
-¿Y…?
—Pues... que tenías razón.
La puerta del dormitorio de Lali se abrió de repente, y la joven vio la silueta de Peter de pie en el umbral. Se incorporó en la cama como un resorte, tapándose hasta el cuello con el edredón de plumas, y mirándolo indignada le gritó:
—¡Prometiste quedarte en tu habitación!
-Te mentí.
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Peter en el cuarto de Lali ? Qué puede pasar ?
Gracias!

Q buen cap! Sobre todo el final! hasta logre imaginarme los tonos de voz y expresiones de ambos!Exc escena!Me encantí!
ResponderEliminarJajaja me encanto lali comparando cicatrices jajaja
ResponderEliminarY peter q se va para el cuarto d ella jumm esq terminara eso massss
ResponderEliminarEstuvo bueno el capi pero quiero saber que va a pasar con peter en el cuarto de lali, espero capi pronto
ResponderEliminarJajaja,le faltó tiempo a Peter para presentarse en la habitación d Lali.
ResponderEliminarApaaa, qe pasara ahi?
ResponderEliminarQuieero mas, besote :)
Arii
@AriadnaAyelen
Jajajajajaja buenisimoo me encanto cuando lali les mostro su cicatriz me dio mucha risaa! Jaja & la ultima parte fue buenisimaa! Ya quiero ver que pasaraa entre lali & peter! :DD
ResponderEliminar@mf_lazaro
Primero amo a los amigos de peter!
ResponderEliminarSegundo lali no puede ser tan linda, tierna!
Tercero peter un genio, que promesa ni promesa ja ja!
Más!
Me reí con lo de la cicatriz y espero que Peter entre y se la chape, hagan el amor y todo lo demás jaja
ResponderEliminar@Masi_ruth