—Bueno, ¿adónde se supone que vamos? —inquirió Peter.
—Yo voy a la ribera del río —contestó Lali—. Usted no sé dónde va.
—Donde vaya usted, encanto. Imagínese que soy su sombra.
Lali le lanzó una mirada, y volvió la vista al frente.
—Las sombras no hablan.
—Si quiere que caminemos en silencio, por mí de acuerdo, aunque no veo
qué sentido ten dría —respondió Peter, encogiéndose de hombros—. Vamos a pasar
un mes juntos le guste o no, así que deberíamos tratar de ser amigos.
¿Amigos? El no era su amigo,
se dijo Lali. No tenía muchos amigos, y desde luego ninguno que midiera casi
dos metros, tuviera unos ojos tan in creíbles como los de aquel SEAL, ni unas
facciones tan atractivas. De hecho, lo cierto era que no tenía ningún amigo del
género masculino.
De adolescente había estado perdidamente enamorada de un par de
guaperas del instituto, pero ellos ni siquiera sabían que existía, y durante
sus años de universidad había sido la estudiosa, la que siempre obtenía las
puntuaciones más altas, la que los viernes por la noche, en vez de irse a la
fiesta de alguna hermandad, se que daba estudiando en la biblioteca. Y luego,
cuando se licenció, se refugió en su trabajo, aislándose del mundo, de un mundo
en el que no conseguía encajar. Se sentía afortunada de haber conseguido ese
trabajo por sus méritos propios, sin tener que recurrir a los enchufes de su
familia, y era un trabajo que la entusiasmaba, pero había días en que deseaba
que hubiera algo más en su vida.
Y, aun así, su situación era mucho mejor que la de muchas mujeres que
conocía, que iban ya por su tercer o cuarto marido, que luchaban en los
juzgados por la custodia de sus hijos, o intentando mantener su figura con la
esperanza de retener a sus esposos o encontrar otro hombre que las llevase al
altar de nuevo. Y tampoco les envidiaba los divorcios, porque, a pesar de todo,
seguía siendo una tonta romántica que creía que el matrimonio era algo que
debía durar para siempre... cosa que probablemente explicaba por qué seguía
soltera.
—Mire, señor Lanzani... —comenzó intentando tener paciencia.
—Peter—la interrumpió él—. Y ya de paso creo que podríamos tuteamos.
Al fin y al cabo vamos a pasar un mes junto.
—Muy bien... Peter —admitió ella—. La cosa es como sigue: no hace falta
que vengas conmigo a todas partes, no quiero tu compañía, y no quiero
que seamos amigos. Así que, ¿por qué no vuelves a la casa y me esperas allí?
—¿Suele funcionarte?
—¿El qué?
—Ese tono de profesora dirigiéndose a uno de sus estudiantes —respondió
él, esbozando una sonrisa burlona—. ¿Funciona con los hombres con los
que sales?, ¿se someten y hacen lo que tú quieres?
—Yo no...
—¿No lo sabes?
—No salgo con hombres —corrigió ella.
—¿Nunca has salido con nadie?
Lali se detuvo y lo miró fijamente. El rostro de Peter estaba
parcialmente oculto en las sombras, pero aun así pudo distinguir una sonrisa
burlona en sus labios.
—Eso no es asunto tuyo.
—Llámalo curiosidad.
—Más bien lo llamaría «intrusismo».
—Oooh, qué palabra tan rimbombante.
—¿Necesitas un diccionario?
Peter prorrumpió en carcajadas, y su risa invadió como una cálida brisa
a
Lali, que se quedó mirándolo sorprendida. Normalmente su sarcasmo
incomodaba a la gente, o incluso hacía que la temiesen, pero parecía que
aquel SEAL era distinto.
—Tiene usted una lengua mordaz, doctora.
Lali se encogió de hombros.
—Soy impulsiva por naturaleza. Siempre digo lo primero que me pasa por
la mente.
—Además de una sonrisa deslumbrante —continuó Peter, como si no
estuviera escuchándola—, .cuando hace el esfuerzo de sonreír claro, y también
unos labios aterciopelados y carnosos extendió una mano y pasó el pulgar por el
labio inferior.
Lali echó la cabeza hacia atrás, apartándose de su mano., pero el
cosquilleo que aquel con tacto le había provocado no desapareció. Pasaba
demasiado tiempo sola, se dijo, ése era el problema. Debería salir más,
apuntarse a un equipo de bolos, tomar clases de baile, o algo así. Si no pasara
tanto tiempo sola no estaría en ese momento reaccionando como una adolescente
ante un hombre que sin duda debía ser de esos que dejaban a su paso un reguero
de corazones rotos.
—No... no vuelvas a hacer eso, por favor —balbució, dándole la espalda
y echando a andar de nuevo.
Al cabo de un rato alcanzó la ribera del río, se detuvo, y se levantó
entonces una ligera brisa cargada de humedad que disipó, para su alivio, la
sensación cálida y cosquilleante que la caricia de Peter le había dejado en
los labios.
En algunas de las casas que habían pasado se veía todavía, a través de
las cortinas, luz en alguna ventana. Cuando salía a dar sus paseos nocturnos se
entretenía tratando de imaginar qué ocurriría tras aquellas cortinas, qué clase
de gentes habitarían en aquellas viviendas. ¿Serían felices, o por el contrario
desdichados?, ¿estarían discutiendo porque no había dinero para pagar las
facturas y tenían que hacer malabarismos para llegar a fin de mes, o estarían
planeando sus próximas vacaciones?
Solía decirse que no le importaba observar siempre desde fuera, pero, a
veces, cuando escuchaba risas, o el llanto de un bebé, deseaba que hubiese
alguien esperándola al regresar a casa, alguien con quien hablar, alguien a
quien dormir abrazada, alguien por quien preocuparse. Alguien a quien amar.
—¿Haces esto a menudo? —inquirió de pronto Peter, que iba unos pasos
por detrás de ella.
Lali casi se había olvidado de él.
—¿El qué? —inquirió, girando la cabeza.
—Pasear sola de noche —contestó Peter deteniéndose al llegar junto a
ella.
—¿Y qué silo hago? Ya soy mayorcita.
—Puede, pero una mujer que pasea sola de noche está buscándose
problemas.
—¿Perdón? Sé cuidar muy bien de mí misma.
—No tienes que jurarlo —murmuró el SEAL—. Antes, cuando saliste de la
casa y te chocaste conmigo, por un momento me pillaste con la guardia baja y
casi me dejas KO.
—Tengo cuatro hermanos, y cuando creces entre chicos aprendes una o dos
cosillas —respondió Lali con una sonrisa de satisfacción.
Además del curso de autodefensa al que había asistido el año anterior,
añadió para sus adentros. No era una inconsciente: sabía lo importante que era
para una mujer saber defenderse, sobre todo si, como ella, vivía sola.
—Ya veo.
—¿Te convences ahora de que no necesito un guardaespaldas?
—No niego que sabes «una o dos cosillas», pero me concederás al menos
que un SEAL sabe algo más que tú sobre defensa.
—Bueno, supongo que algo más sí... tres o cuatro cosillas —concedió
ella burlona, arqueando una de las comisuras de los labios.
Y, dándole la espalda, echó a andar por el camino de tierra que
discurría paralelo a la orilla del río, iluminado por farolas de hierro
forjado.
Pasearon en silencio un buen rato, él unos pasos por detrás de ella,
observándola pensativo. Se fijó en lo finas y delicadas que eran sus manos,
pero también en lo estropeadas que estaban sus zapatillas de deporte, y
en que a la cazadora le faltaba un botón en la manga y en que el bolsillo
derecho estaba algo descosido. Era un verdadero contraste, pensó: una mujer que
procedía de una familia con dinero para aburrir, pero que pasaba sus noches
paseando sola por la ribera del río. ¿Por qué no estaba cenando en algún
restaurante de lujo con algún tipo bien parecido, al frente de algún negocio, y
con acciones en las empresas más importantes del país? ¿Por qué no estaba en
una fiesta, con un vestido carísimo de un diseñador y una gargantilla de
diamantes en el cuello? ¿Y por qué tenía que preocuparle a él lo que hiciese en
su tiempo libre? Qué tontería; no le preocupaba en absoluto, trató de con
vencerse, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón.
Lali se había detenido al borde del agua, con la brisa haciendo ondear
los mechones de negro cabello que se habían soltado del recogido que se había
hecho. Tenía la mirada perdida en las aguas oscuras del río, y cuando la oyó
suspirar se sintió mal por estar coartando su derecho a la intimidad.
Diablos, a él tampoco le sentaría bien no poder tener libertad.
A unos metros de ella apareció una pareja paseando de la mano y
deteniéndose de vez en cuando para intercambiar un beso, y Peter se encontró
pensando en otras cosas que podía estar haciendo en vez de ejercer de niñera de
una científica de cara bonita. Pero la pareja se alejó y volvieron a quedarse
los dos solos en el silencio de la noche, roto sólo por el murmullo del agua
corriendo.
Peter se acercó a Lali.
—¿Por qué te gusta venir aquí? —le preguntó.
Ella volvió la cara hacia él, y la mirada de sus ojos negros se le
antojó a
Peter remota, como si acabara de volver al mundo real desde alguna
tierra de ensueño y, de alguna manera, increíblemente seductora.
—Me gusta el agua.
—Bueno, supongo que tiene sentido, ya que eres bióloga marina —contestó
Peter—. A mí también me gusta —añadió—: dame un océano y seré el hombre más
feliz del mundo.
—Supongo que eso también tiene sentido, ya que perteneces a la Armada
—dijo ella, volviendo el rostro hacia el agua.
Peter se río.
—Supongo. Aunque hay algo que no me cuadra en tu caso: ¿qué hace una
mujer que estudia la vida en los océanos... a la orilla de un río en plena
noche?
Lali giró el rostro de nuevo hacia él, y Peter volvió a advertir esa
mirada lejana y soñadora en sus ojos.
—El océano está a kilómetros de aquí —dijo—, y no me gusta conducir de
noche.
—Pero no te importa caminar casi una hora para venir hasta aquí
—replicó Peter. Había un buen recorrido entre su casa y aquel lugar.
Lali sonrió, y el SEAL sintió un cosquilleo en el estómago. Nunca
hubiera pensado que pudiera sentirse atraído por una científica.
—Caminar es distinto —replicó ella, encogiéndose de hombros—. Me
relaja. En cambio, cuando me pongo al volante me noto tensa todo el tiempo,
teniendo que ir pendiente de la carretera. Hay tanto conductor temerario por
ahí suelto...
—¿Haces esto a menudo? —inquirió Peter al cabo de un rato.
—Todas las noches.
—¿Todas las noches? —repitió él frunciendo los labios.
Lali asintió con la cabeza.
—Sí, eso he dicho. ¿Por qué?
—Las rutinas pueden ser peligrosas —respondió Peter—. Si alguien
quisiera raptarte lo tendría extremadamente fácil. Le bastaría con observar tus
movimientos tres o cuatro días para saber que vienes aquí cada noche a la misma
hora, y que vienes sola.
Lali puso los ojos en blanco, resopló, y dejó caer los hombros.
—Por favor... —farfulló—. Nadie está observando mis movimientos.
—¿Cómo estás tan segura?
—Si alguien estuviera observándome lo sabría.
—Ya veo, además de doctora en biología marina tienes poderes psíquicos.
—Escucha, Peter —insistió ella—. Mi padre está preocupado por mi
seguridad y ése es el motivo por el que te he dejado quedarte, pero mi vida no
corre ningún peligro.
—No mientras yo esté aquí —reconvino él, arqueando una de las comisuras
de sus labios.
Lali frunció el entrecejo.
—Soy una persona independiente; no me gusta que tengan que cuidar de
mí.
—A mí tampoco me ha gustado nunca —le confesó él, extendiendo una mano
para apartar un mechón de su rostro. Al retirar la mano le rozó el cuello sin
querer, y la sintió estremecerse—. ¿Ves?, tenemos algo en común.
—Tal vez —concedió ella.
—Bueno, supongo que después de que empezáramos con tan mal pie, un «tal
vez» no está mal —murmuró.
Dio un paso atrás, diciéndose
que sería mejor mantener las distancias.
Aquello era sólo trabajo, sólo un trabajo. Sin embargo, cuando la miró
a los ojos, sintió que quería zambullirse en sus profundidades y perderse en
ellos. Diablos, ¿qué le estaba pasando? En los próximos treinta días le haría
falta algo más que un par de metros entre ellos para controlar su deseo.


bueno ya se estan llevando mejor :P y si eso de las rutinas es malo por que saben como te mueves :P masssssssssss
ResponderEliminarMe encanto el CAP, es tierno y un poco romántico!!! Poco a poco Lali va a dejar que Peter la cuide no???
ResponderEliminarGracias por los caps!!!!
@Titel842
Poco a poco se van domesticando ambos,tienen un largo mes delante q puede resultar muy corto si la pasan bien!
ResponderEliminarLali cediendo un poco, y Peter ya comienza a sentir deseo x ella y pensando en como va a pasar ese laaaaaargo mes ,si sigue pensando así.
ResponderEliminarJajaja,me hiciste sentir como un SEAL,cuando mis hijos eran peques ,y comenzaron a ir solos al cole ,a los 8 años,les dejé con la condición k en el camino se fueran juntando con sus amigos y compañeros, les pedía k nunca tomaran el mismo camino,y k siempre fueran acompañados .En las excursiones les ponía camisetas d colores fuertes ,como rojo o naranja,x si pasaba algo ,fuera fácil verlos.
ResponderEliminarUuui si qe no va a pader aguantar jaj
ResponderEliminarEspero maas :)
Besitoo
Arii
@AriadnaAyelen
me encanta, peter de a poco va cayendo rendido a sus pies je! Más!!
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