Adaptacion Laliter: La Mascara Del Amor. Twitter : @Joslielove . Gracias por leer y por comentar.

jueves, 23 de enero de 2014

Hola Bloggers

Free Online Surveys
Hola, como esta'n ?
Bien espero.
PERDONNNNNNNNNNNNN
por haber dejado al blog y a la novela Laliter pero teni'a mis estudios y los sigo teniendo.
Pero para disculparme os dejo un regalo La novela entera: http://www.4shared.com/file/dEV8yli1ba/La_mascara_del_amor.html

http://www.4shared.com/file/dEV8yli1ba/La_mascara_del_amor.html
Quiero volver con el blog pero para eso tengo que terminar un proyecto sobre la corrida. Y en este proyecto tengo que hacer una enquesta sobre la corrida asi que me encantaria tener vuestra ayuda cogera 2 minutos: hay 6 preguntas : Do'nde vives?  Existen las corridas en tu pai's? Qué te parece la corrida?  Piensas que es tradicio'n o cultura? Conoces a gente a cual gusta la corrida?
La encuesta es la primera linea de esta pagina (free online survey)  GRACIAS

HOLA

Hola, como estan ?
Bien espero.
PERDONNNNNNNNNNNNN
por haber dejado al blog y a la novela Laliter pero tenia mis estudios y los sigo teniendo.
Pero para disculparme os dejo un regalo La novela entera: http://www.4shared.com/file/dEV8yli1ba/La_mascara_del_amor.html

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Quiero volver con el blog pero para eso tengo que terminar un proyecto sobre la corrida. Y en este proyecto tengo que hacer una enquesta sobre la corrida asi que me encantaria tener vuestra ayuda cogera 2 minutos: hay 6 preguntas : Do'nde vives?  Existen las corridas en tu pai's? Qué te parece la corrida?  Piensas que es tradicio'n o cultura? Conoces a gente a cual gusta la corrida?

viernes, 1 de marzo de 2013

La Mascara Del Amor Cap 17

                                                       La Mascara Del Amor




Ese viernes, era ya tarde cuando Peter volvió de tomar el té con su madre, Pablo y Cande.

Había sido una agradable visita, pensó al bajarse del caballo y dejar su montura con uno de los mozos, cerca del establo. Su madre no lo había estado incordiando con lo de que encontrara esposa. Parecía haber asumido que no alcanzaría tal sueño con él y se había centrado en Pablo. Además, también la preocupaba Cande. La más joven de los Kane estaba en su tercera Temporada y ya había rechazado cuatro proposiciones de matrimonio desde su presentación en sociedad. Con una importante dote e inversiones gracias a su hermano Trystan, Cande no tenía ninguna prisa en «venderse», tal como ella lo describía. Peter no podía culparla. Sólo tenía veinte años, y quería a un hombre que la quisiera por algo más que su fortuna. Le deseó suerte, pues estaba convencido de que tendría que esperar todavía un poco para que eso sucediera. Afortunadamente, cualquier hombre que valiese la pena se daba cuenta de que las mujeres eran más atractivas e interesantes a medida que se hacían mayores, así que no tenía ninguna duda de que Cande acabaría encontrando a alguien que supiera valorarla de verdad.

Hablando de mujeres interesantes...

Allí, sobre una manta que había colocado en la hierba del jardín trasero de su casa, estaba Lali. Llevaba un sombrero de paja de ala ancha para protegerse del sol, y un vestido de día de color coral con muy pocos adornos. No era la primera vez que a Peter le vino a la mente cuánto había crecido en comparación con cuando él se hizo cargo de ella. Ya no era una niña, era una mujer.

Y no una cualquiera, obviamente era una maldita sirena, porque, por mucho que tuviera por costumbre dedicarse a la organización y a algunos negocios antes de bañarse y vestirse para la cena, se encontró dirigiéndose hacia ella a través de la hierba recién cortada, cautivado por los volantes de su falda que la templada brisa movía suavemente.

Estaba ocupada leyendo una revista que mantenía cogida con ambas manos para evitar que el viento le moviera las páginas. De hecho, estaba tan inmersa en la lectura que no se dio cuenta de su llegada.

¿Y cuál es el color de moda para los vestidos esta Temporada? —preguntó, con una sonrisa cuando tuvo que anunciar su llegada.

Lali se sorprendió un poco y, cuando levantó la vista hacia él, sus mejillas estaban rosadas y tenía los ojos muy abiertos. A falta de una mejor comparación, tenía el aspecto de un niño al que se sorprende haciendo algo que no debiera.

¡Oh! Hola, Peter. —Apartó la vista. —Hum, el azul creo que será el color de moda este año.

Arqueando una ceja, él señaló con la cabeza la revista que ella tenía en la mano.

Discúlpame. Pensaba que estabas leyendo una revista de señoras.

Así es —contestó con una tímida sonrisa. —Pero la moda no es uno de sus temas principales.

A juzgar por su expresión, muy similar a la de un gato de Cheshire en aquel libro de Lewis Carroll, dudaba mucho que fuera un artículo de temas domésticos el que la hubiera hecho sonrojar tanto.

¿Puedo? —preguntó, tendiéndole la mano.

Lali sujetó la revista con firmeza, reacia a dársela.

Sólo si me prometes que no le dirás a mamá que me has visto leyéndola.

Oh, aquello sí que era un problema. Aun así, no era de su incumbencia lo que una mujer de veintitrés años leyera. Tenía curiosidad, eso era todo.

Lo prometo.

Ella dudó un instante, y al fin se la entregó. Peter puso el dedo para marcar la página, y giró la revista para mirar la portada. ¡Dios bendito!

A primera vista parecía inofensiva; el dibujo de la portada mostraba a una recatada señorita, con un vestido y sombrero a la moda, sentada en el banco de un parque. Sólo si uno se fijaba con más detalle, podía ver como ésta mostraba una entusiasta sonrisa y tenía su mirada fija en un hombre que se estaba bañando en la esquina de la página. Él llevaba el pecho descubierto y algo más, pero esa parte crucial de su anatomía estaba oculta por una línea de texto que decía: «Diez maneras de mantener a un caballero en casa... y en la cama».

No quiso ver lo que ella estaba leyendo. Había oído hablar de esa revista, Voluptuous era una publicación para mujeres, subidita de tono, llena de historias eróticas, consejos y artículos sobre relaciones sexuales, sobre cómo comportarse para evitar escándalos, etc.

Peter podría evitar que Lali continuara leyéndola, pero ¿de qué serviría? No había ninguna duda de que la información que contenía algún día podría serle de gran ayuda a la joven. Le devolvió la revista.

Tengo que reconocer que estoy algo sorprendido al verte leer semejante... material.

Ella se encogió de hombros.

Tenía curiosidad. Mis padres eran tan felices en su matrimonio, tan al contrario de la mayoría de los que conozco. Si quiero emparejarme tan bien como ellos, necesito tener el máximo de información para conseguir un matrimonio tan satisfactorio como el suyo.

Peter casi gimió. La imagen de Lali «satisfecha» le vino a la cabeza con tal claridad que parecía difícil de creer que no lo hubiera visto nunca. Su cuerpo se tensó al pensar en ello, y tuvo que cruzar las manos por delante para disimular su creciente erección.

Sólo hay una cosa que no entiendo —comentó, dejando la revista a un lado.

¿Y qué es?

Ella se acomodó la falda, impidiendo así que él le pudiera seguir viéndole los tobillos.

¿Por casualidad sabes lo que es un cunnilingus? —preguntó la joven.

Peter pensaba que, a su edad, ya no se ruborizaría, pero notó el ardor inundado sus mejillas.

¡Por Dios, Lali! —dijo entre dientes. —Eso es algo de lo que una jovencita no suele hablar.

Oh, pero si quería se lo podría demostrar. Estaría encantado de escalar por sus piernas, desde sus estilizados tobillos hasta su sexo.

Ella se encogió de hombros.

Supongo que debe de sonar ofensivo para alguien de tu edad, pero las mujeres de ahora ya no son tan recatadas como las de antes, Peter. Si no me lo explicas tú, estoy convencida de que el señor Maxwell me lo explicará esta noche cuando lo vea. —Y, tras lanzar esa amenaza, la muy pilla continuó con su pecaminosa lectura.

miércoles, 27 de febrero de 2013

La Mascara Del Amor Cap 15


                             La Mascara Del Amor


Y si era sincera consigo misma, empezaba a sentir también otro tipo de impaciencia. Una impaciencia física, carnal, que la hacía sentirse sucia y excitada al mismo tiempo. Y no tenía intención de negar tales deseos.

Lali había creído que entregándose a Peter, al llevar a la práctica sus fantasías, se liberaría, pero no había sido así. Todo lo contrario, el deseo que sentía por él había aumentado. Le deseaba más, le necesitaba más que una semana atrás, a pesar de que sabía que nada bueno podía salir de aquella relación.

Al terminarse el postre se fue a su habitación para cambiarse. Su madre estaba convencida de que iba a pasar la noche en casa de Rochi. No le costaba mentir. En aquellas circunstancias, era preferible a decir la verdad.

Con la ayuda de su doncella, Heather, la hija menor de Miller, el mayordomo de la mansión Bramley, se puso un precioso vestido color chocolate y se arregló el pelo. Luego, le dio las buenas noches a su madre y se subió a uno de los carruajes del duque para que la llevara a casa de su amiga. Consiguió zafarse de su doncella dándole el resto de la noche libre, cosa que no habría funcionado de no haber creído que iba a casa de Rochi. Una vez en la verja de entrada de ésta, cuando el carruaje se fue, Lali atravesó la calle y detuvo otro coche, y le pidió al cochero que la llevara al Saint Row.

Se acordó de ponerse la máscara justo antes de cruzar la puerta.

Soy una invitada del duque de Lanzani —dijo al portero que la recibió.

El hombre se apartó y la dejó entrar sin preguntarle nada, entregándole una llave. Lali no la miró hasta que estuvo al pie de la escalera. De ella colgaba una cuerda con un número, el mismo que el de la habitación que habían compartido la semana anterior. Apretándola entre los dedos, subió la escalera y entró en los aposentos.

¿Acudiría Peter esa noche?

Se sentó en el borde de la cama y se quitó los guantes.

¿Lo haría?

Y entonces, siendo la estúpida romántica que era, esperó.
 

Ella volvía a llevar máscara.

La de esa noche era de seda color chocolate, a juego con el vestido y con su melena. A Peter no le molestaba que hubiera decidido seguir ocultándole el rostro. El también iba enmascarado, pero por su parte lo hacía siempre que salía en público.

Creía que no ibas a venir —dijo, al cerrar la puerta tras él.

Ella se levantó. El vestido se le pegaba a las curvas y aquellas delicadas mangas amenazaban con dejarle los hombros al descubierto.

He estado a punto de no hacerlo.

Peter habría preferido no saber ese detalle, pero entonces la joven añadió:

Estaba convencida de que tú habrías cambiado de opinión y quería evitarme el disgusto.

¿Cambiar de opinión? Eso sería como pedirle a la noche que no siguiera al día. Que él cumpliera su parte del trato estaba fuera de cuestión. Peter no podría haberse mantenido alejado de allí aunque hubiera querido. Simplemente, no tenía tanta fuerza de voluntad.

Desconoce el poder de su atractivo, madame.

No dudo de mis atributos, señor, sólo dudo de que basten para mantener el interés de un hombre como usted.

¿Y qué clase de hombre soy?

Uno que prefiere acostarse con mujeres cuyo nombre desconoce.

Peter se rió.

Ella no lo había ofendido lo más mínimo, su honestidad era refrescante a la vez que atrevida.

Lo mismo podría decirse de usted, madame.

No creo, su gracia.

El se quedó inmóvil a medio camino de colgar su abrigo. Le bastó con volver un poco la cabeza para poder mirarla. Estaba de pie, con las manos sujetas por delante y los hombros echados hacia atrás, como si estuviera esperando.

¿Sabes quién soy?

Ella asintió sin soltarse las manos.

Sí.

Peter se apartó del perchero y se le acercó, midiendo cada paso, cada movimiento con sumo cuidado.

Entonces, habrás oído lo que se dice de mí.

Sí.

¿Y a pesar de eso estás aquí?

Sí, aquí estoy. —Dejó caer los brazos a los costados, en lo que Peter creyó que era un gesto de súplica. —¿Te sorprende?

Si te soy sincero, sí.

Por fin, ella le sonrió, una sonrisa que iluminó su rostro.

Tal vez sea usted el que desconoce el poder de su atractivo, su gracia.

No me llames así.

¿Cómo quieres que te llame?

«Cariño. Amor. Mi vida.»

Puedes llamarme Peter.

Está bien.

¿Y cómo quieres que te llame yo a ti? —No podía llamarla «mía», ¿no?

Llámame como quieras.

¿Tú sabes mi nombre y te niegas a decirme el tuyo? ¿Por qué?

Porque no tienes tus motivos para llevar esa máscara. Peterden. Y yo tengo los míos. Ponme el nombre que quieras.

Lali. Te llamaré Lali.

¿Eran imaginaciones suyas o ella se quedó helada durante un segundo? Pues claro. Se había comportado como un cretino al sugerir tal cosa. Si ella sabía quién era él, seguro que también estaba al tanto de quién era Lali.

Como desees.

Peter le tendió la mano.

Ven aquí.

Ella lo hizo, deslizándose entre sus brazos como si hubiera nacido para estar allí.

Mía —le susurró él al oído. —Así es como quiero llamarte. —No era la primera vez que decía esa frase, pero sí era la primera que de verdad deseaba que aquellas palabras tuvieran significado.

La joven se apoyó en sus hombros y se echó hacia atrás para poder mirarlo a los ojos.

¿Por qué? ¿Ni siquiera me conoces?

No te conozco, pero desde aquella mañana, hace una semana, en que me desperté sin ti a mi lad
o, no he podido dejar de pensar en esta noche. —Deslizó una mano por su espalda y la sujetó por la nuca. —Y tú tampoco.

Cortó cualquier respuesta, cualquier negación que hubiera podido escapar de los labios de Lali con un beso. Sintió su dulce boca bajo la suya, entreabriéndose para que él pudiera deslizar la lengua en su interior y saborear aquella cálida humedad. Ella lo afectaba como el vino más fuerte, le nublaba la mente y lo hacía entrar en calor, perder el control, la capacidad de razonar.

Y Peter quería aferrarse a ese sentimiento el máximo de tiempo posible.

Se desnudaron el uno al otro despacio, convirtiendo la tarea en un juego sensual. Cuando él la llevó a la cama, la joven sólo llevaba puestas las medias, y era lo más erótico que Peter había visto jamás.

Se acoplaron el uno al otro con facilidad, el cuerpo de ella estaba listo y ansioso para recibirlo. Su sexo lo rodeó con tanta fuerza que Peter tuvo que apretar los dientes para mantener cierto dominio. Dios, era como estar en el cielo. Podría quedarse allí dentro para siempre.

Pero como para siempre no era posible, así que tendría que conformarse con aquella noche. Antes del amanecer, sr quedaron tumbados el uno junto al otro, enredados entre sábanas empapadas. Él se deshizo del último preservativo que había utilizado y cerró los ojos. Con dedos temblorosos, buscó los de su misteriosa amante.

Tenía la mano tan suave...

Cuando llegó la oscuridad. Peter luchó contra ella, consciente de que la noche terminaría en cuanto se quedara dormido. Pero el dios del sueño no iba a permitir que lo derrotaran, y ni siquiera su firme voluntad era digna adversaria para él. 
 
A la mañana siguiente, se despertó solo otra vez. Pero en esa ocasión, una suave máscara color chocolate descansaba a su lado, en la almohada, y debajo de ésta había una hoja del papel de escribir del Saint Row con sólo cuatro palabras:

El jueves que viene.