martes, 19 de mayo de 2015
jueves, 23 de enero de 2014
Hola Bloggers
Free Online Surveys
Hola, como esta'n ?
Bien espero.
PERDONNNNNNNNNNNNN
por haber dejado al blog y a la novela Laliter pero teni'a mis estudios y los sigo teniendo.
Pero para disculparme os dejo un regalo La novela entera: http://www.4shared.com/file/dEV8yli1ba/La_mascara_del_amor.html
http://www.4shared.com/file/dEV8yli1ba/La_mascara_del_amor.html
Quiero volver con el blog pero para eso tengo que terminar un proyecto sobre la corrida. Y en este proyecto tengo que hacer una enquesta sobre la corrida asi que me encantaria tener vuestra ayuda cogera 2 minutos: hay 6 preguntas : Do'nde vives? Existen las corridas en tu pai's? Qué te parece la corrida? Piensas que es tradicio'n o cultura? Conoces a gente a cual gusta la corrida?
La encuesta es la primera linea de esta pagina (free online survey) GRACIAS
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HOLA
Hola, como estan ?
Bien espero.
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viernes, 1 de marzo de 2013
La Mascara Del Amor Cap 17
La Mascara Del Amor
Ese viernes, era ya tarde cuando Peter volvió de tomar el té con su
madre, Pablo y Cande.
Había sido una agradable visita, pensó al bajarse del caballo y dejar
su montura con uno de los mozos, cerca del establo. Su madre no lo había estado
incordiando con lo de que encontrara esposa. Parecía haber asumido que no
alcanzaría tal sueño con él y se había centrado en Pablo. Además, también la
preocupaba Cande. La más joven de los Kane estaba en su tercera Temporada y ya
había rechazado cuatro proposiciones de matrimonio desde su presentación en
sociedad. Con una importante dote e inversiones gracias a su hermano Trystan, Cande
no tenía ninguna prisa en «venderse», tal como ella lo describía. Peter no
podía culparla. Sólo tenía veinte años, y quería a un hombre que la quisiera
por algo más que su fortuna. Le deseó suerte, pues estaba convencido de que
tendría que esperar todavía un poco para que eso sucediera. Afortunadamente,
cualquier hombre que valiese la pena se daba cuenta de que las mujeres eran más
atractivas e interesantes a medida que se hacían mayores, así que no tenía
ninguna duda de que Cande acabaría encontrando a alguien que supiera valorarla
de verdad.
Hablando de mujeres interesantes...
Allí, sobre una manta que había colocado en la hierba del jardín
trasero de su casa, estaba Lali. Llevaba un sombrero de paja de ala ancha para
protegerse del sol, y un vestido de día de color coral con muy pocos adornos.
No era la primera vez que a Peter le vino a la mente cuánto había crecido en
comparación con cuando él se hizo cargo de ella. Ya no era una niña, era una
mujer.
Y no una cualquiera, obviamente era una maldita sirena, porque, por
mucho que tuviera por costumbre dedicarse a la organización y a algunos
negocios antes de bañarse y vestirse para la cena, se encontró dirigiéndose
hacia ella a través de la hierba recién cortada, cautivado por los volantes de
su falda que la templada brisa movía suavemente.
Estaba ocupada leyendo una revista que mantenía cogida con ambas manos
para evitar que el viento le moviera las páginas. De hecho, estaba tan inmersa
en la lectura que no se dio cuenta de su llegada.
—¿Y cuál es el color
de moda para los vestidos esta Temporada? —preguntó, con una sonrisa cuando
tuvo que anunciar su llegada.
Lali se sorprendió un poco y, cuando levantó la vista hacia él, sus
mejillas estaban rosadas y tenía los ojos muy abiertos. A falta de una mejor
comparación, tenía el aspecto de un niño al que se sorprende haciendo algo que
no debiera.
—¡Oh! Hola, Peter.
—Apartó la vista. —Hum, el azul creo que será el color de moda este año.
Arqueando una ceja, él señaló con la cabeza la revista que ella tenía
en la mano.
—Discúlpame. Pensaba
que estabas leyendo una revista de señoras.
—Así es —contestó con
una tímida sonrisa. —Pero la moda no es uno de sus temas principales.
A juzgar por su expresión, muy similar a la de un gato de Cheshire en
aquel libro de Lewis Carroll, dudaba mucho que fuera un artículo de temas
domésticos el que la hubiera hecho sonrojar tanto.
—¿Puedo? —preguntó,
tendiéndole la mano.
Lali sujetó la revista con firmeza, reacia a dársela.
—Sólo si me prometes
que no le dirás a mamá que me has visto leyéndola.
Oh, aquello sí que era un problema. Aun así, no era de su incumbencia
lo que una mujer de veintitrés años leyera. Tenía curiosidad, eso era todo.
—Lo prometo.
Ella dudó un instante, y al fin se la entregó. Peter puso el dedo para
marcar la página, y giró la revista para mirar la portada. ¡Dios bendito!
A primera vista parecía inofensiva; el dibujo de la portada mostraba a
una recatada señorita, con un vestido y sombrero a la moda, sentada en el banco
de un parque. Sólo si uno se fijaba con más detalle, podía ver como ésta
mostraba una entusiasta sonrisa y tenía su mirada fija en un hombre que se
estaba bañando en la esquina de la página. Él llevaba el pecho descubierto y
algo más, pero esa parte crucial de su anatomía estaba oculta por una línea de
texto que decía: «Diez maneras de mantener a un caballero en casa... y en la
cama».
No quiso ver lo que ella estaba leyendo. Había oído hablar de esa
revista, Voluptuous era una publicación para mujeres, subidita de tono,
llena de historias eróticas, consejos y artículos sobre relaciones sexuales,
sobre cómo comportarse para evitar escándalos, etc.
Peter podría evitar que Lali continuara leyéndola, pero ¿de qué
serviría? No había ninguna duda de que la información que contenía algún día
podría serle de gran ayuda a la joven. Le devolvió la revista.
—Tengo que reconocer
que estoy algo sorprendido al verte leer semejante... material.
Ella se encogió de hombros.
—Tenía curiosidad.
Mis padres eran tan felices en su matrimonio, tan al contrario de la mayoría de
los que conozco. Si quiero emparejarme tan bien como ellos, necesito tener el
máximo de información para conseguir un matrimonio tan satisfactorio como el
suyo.
Peter casi gimió. La imagen de Lali «satisfecha» le vino a la cabeza
con tal claridad que parecía difícil de creer que no lo hubiera visto nunca. Su
cuerpo se tensó al pensar en ello, y tuvo que cruzar las manos por delante para
disimular su creciente erección.
—Sólo hay una cosa
que no entiendo —comentó, dejando la revista a un lado.
—¿Y qué es?
Ella se acomodó la falda, impidiendo así que él le pudiera seguir
viéndole los tobillos.
—¿Por casualidad
sabes lo que es un cunnilingus? —preguntó la joven.
Peter pensaba que, a su edad, ya no se ruborizaría, pero notó el ardor
inundado sus mejillas.
—¡Por Dios, Lali!
—dijo entre dientes. —Eso es algo de lo que una jovencita no suele hablar.
Oh, pero si quería se lo podría demostrar. Estaría encantado de
escalar por sus piernas, desde sus estilizados tobillos hasta su sexo.
Ella se encogió de hombros.
—Supongo que debe de
sonar ofensivo para alguien de tu edad, pero las mujeres de ahora ya no son tan
recatadas como las de antes, Peter. Si no me lo explicas tú, estoy convencida
de que el señor Maxwell me lo explicará esta noche cuando lo vea. —Y, tras
lanzar esa amenaza, la muy pilla continuó con su pecaminosa lectura.
miércoles, 27 de febrero de 2013
La Mascara Del Amor Cap 15
La Mascara Del Amor
Y si era sincera consigo misma, empezaba a sentir también otro tipo de
impaciencia. Una impaciencia física, carnal, que la hacía sentirse sucia y
excitada al mismo tiempo. Y no tenía intención de negar tales deseos.
Lali había creído que entregándose a Peter, al llevar a la práctica
sus fantasías, se liberaría, pero no había sido así. Todo lo contrario, el
deseo que sentía por él había aumentado. Le deseaba más, le necesitaba más que
una semana atrás, a pesar de que sabía que nada bueno podía salir de aquella
relación.
Al terminarse el postre se fue a su habitación para cambiarse. Su
madre estaba convencida de que iba a pasar la noche en casa de Rochi. No le
costaba mentir. En aquellas circunstancias, era preferible a decir la verdad.
Con la ayuda de su doncella, Heather, la hija menor de Miller, el
mayordomo de la mansión Bramley, se puso un precioso vestido color chocolate y
se arregló el pelo. Luego, le dio las buenas noches a su madre y se subió a uno
de los carruajes del duque para que la llevara a casa de su amiga. Consiguió
zafarse de su doncella dándole el resto de la noche libre, cosa que no habría
funcionado de no haber creído que iba a casa de Rochi. Una vez en la verja de
entrada de ésta, cuando el carruaje se fue, Lali atravesó la calle y detuvo
otro coche, y le pidió al cochero que la llevara al Saint Row.
Se acordó de ponerse la máscara justo antes de cruzar la puerta.
—Soy una invitada del
duque de Lanzani —dijo al portero que la recibió.
El hombre se apartó y la dejó entrar sin preguntarle nada,
entregándole una llave. Lali no la miró hasta que estuvo al pie de la escalera.
De ella colgaba una cuerda con un número, el mismo que el de la habitación que
habían compartido la semana anterior. Apretándola entre los dedos, subió la
escalera y entró en los aposentos.
¿Acudiría Peter esa noche?
Se sentó en el borde de la cama y se quitó los guantes.
¿Lo haría?
Y entonces, siendo la estúpida romántica que era, esperó.
Ella volvía a llevar máscara.
La de esa noche era de seda color chocolate, a juego con el vestido y
con su melena. A Peter no le molestaba que hubiera decidido seguir ocultándole
el rostro. El también iba enmascarado, pero por su parte lo hacía siempre que
salía en público.
—Creía que no ibas a
venir —dijo, al cerrar la puerta tras él.
Ella se levantó. El vestido se le pegaba a las curvas y aquellas
delicadas mangas amenazaban con dejarle los hombros al descubierto.
—He estado a punto de
no hacerlo.
Peter habría preferido no saber ese detalle, pero entonces la joven
añadió:
—Estaba convencida de
que tú habrías cambiado de opinión y quería evitarme el disgusto.
¿Cambiar de opinión? Eso sería como pedirle a la noche que no siguiera
al día. Que él cumpliera su parte del trato estaba fuera de cuestión. Peter no
podría haberse mantenido alejado de allí aunque hubiera querido. Simplemente,
no tenía tanta fuerza de voluntad.
—Desconoce el poder
de su atractivo, madame.
—No dudo de mis
atributos, señor, sólo dudo de que basten para mantener el interés de un hombre
como usted.
—¿Y qué clase de
hombre soy?
—Uno que prefiere
acostarse con mujeres cuyo nombre desconoce.
Peter se rió.
Ella no lo había ofendido lo más mínimo, su honestidad era refrescante
a la vez que atrevida.
—Lo mismo podría
decirse de usted, madame.
—No creo, su gracia.
El se quedó inmóvil a medio camino de colgar su abrigo. Le bastó con
volver un poco la cabeza para poder mirarla. Estaba de pie, con las manos
sujetas por delante y los hombros echados hacia atrás, como si estuviera
esperando.
—¿Sabes quién soy?
Ella asintió sin soltarse las manos.
—Sí.
Peter se apartó del perchero y se le acercó, midiendo cada paso, cada
movimiento con sumo cuidado.
—Entonces, habrás
oído lo que se dice de mí.
—Sí.
—¿Y a pesar de eso
estás aquí?
—Sí, aquí estoy.
—Dejó caer los brazos a los costados, en lo que Peter creyó que era un gesto de
súplica. —¿Te sorprende?
—Si te soy sincero,
sí.
Por fin, ella le sonrió, una sonrisa que iluminó su rostro.
—Tal vez sea usted el
que desconoce el poder de su atractivo, su gracia.
—No me llames así.
—¿Cómo quieres que te
llame?
«Cariño. Amor. Mi vida.»
—Puedes llamarme Peter.
—Está bien.
—¿Y cómo quieres que
te llame yo a ti? —No podía llamarla «mía», ¿no?
—Llámame como quieras.
—¿Tú sabes mi nombre
y te niegas a decirme el tuyo? ¿Por qué?
—Porque no tienes tus
motivos para llevar esa máscara. Peterden. Y yo tengo los míos. Ponme el nombre
que quieras.
—Lali. Te llamaré Lali.
¿Eran imaginaciones suyas o ella se quedó helada durante un segundo?
Pues claro. Se había comportado como un cretino al sugerir tal cosa. Si ella
sabía quién era él, seguro que también estaba al tanto de quién era Lali.
—Como desees.
Peter le tendió la mano.
—Ven aquí.
Ella lo hizo, deslizándose entre sus brazos como si hubiera nacido
para estar allí.
—Mía —le susurró él
al oído. —Así es como quiero llamarte. —No era la primera vez que decía esa
frase, pero sí era la primera que de verdad deseaba que aquellas palabras
tuvieran significado.
La joven se apoyó en sus hombros y se echó hacia atrás para poder
mirarlo a los ojos.
—¿Por qué? ¿Ni
siquiera me conoces?
—No te conozco, pero
desde aquella mañana, hace una semana, en que me desperté sin ti a mi lad
o, no
he podido dejar de pensar en esta noche. —Deslizó una mano por su espalda y la
sujetó por la nuca. —Y tú tampoco.
Cortó cualquier respuesta, cualquier negación que hubiera podido
escapar de los labios de Lali con un beso. Sintió su dulce boca bajo la suya,
entreabriéndose para que él pudiera deslizar la lengua en su interior y
saborear aquella cálida humedad. Ella lo afectaba como el vino más fuerte, le
nublaba la mente y lo hacía entrar en calor, perder el control, la capacidad de
razonar.
Y Peter quería aferrarse a ese sentimiento el máximo de tiempo
posible.
Se desnudaron el uno al otro despacio, convirtiendo la tarea en un
juego sensual. Cuando él la llevó a la cama, la joven sólo llevaba puestas las
medias, y era lo más erótico que Peter había visto jamás.
Se acoplaron el uno al otro con facilidad, el cuerpo de ella estaba
listo y ansioso para recibirlo. Su sexo lo rodeó con tanta fuerza que Peter
tuvo que apretar los dientes para mantener cierto dominio. Dios, era como estar
en el cielo. Podría quedarse allí dentro para siempre.
Pero como para siempre no era posible, así que tendría que conformarse
con aquella noche. Antes del amanecer, sr quedaron tumbados el uno junto al
otro, enredados entre sábanas empapadas. Él se deshizo del último preservativo
que había utilizado y cerró los ojos. Con dedos temblorosos, buscó los de su
misteriosa amante.
Tenía la mano tan suave...
Cuando llegó la oscuridad. Peter luchó contra ella, consciente de que
la noche terminaría en cuanto se quedara dormido. Pero el dios del sueño no iba
a permitir que lo derrotaran, y ni siquiera su firme voluntad era digna
adversaria para él.
A la mañana siguiente, se despertó solo otra vez. Pero en esa ocasión,
una suave máscara color chocolate descansaba a su lado, en la almohada, y
debajo de ésta había una hoja del papel de escribir del Saint Row con sólo
cuatro palabras:
El jueves que viene.
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